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| Maruja Mallo, Huella, 1929, c. p., Madrid, exposición "Maruja Mallo. Máscara y compás", Museo Reina Sofía, Madrid, foto: Antonio Erena, 08.11.25 |
[L]
I
En mi pequeño
huerto
brilla la sonrosada margarita,
tan fecunda y humilde,
como agreste y sencilla.
Ella borda
primores en el césped,
y finge maravillas
entre el fresco verdor de las praderas
do proyectan sus sombras las encinas,
y a orillas de la fuente y del arroyo
que recorre en silencio las umbrías.
Y aun cuando el
pie la huella, ella revive
y vuelve a levantarse siempre limpia,
a semejanza de las almas blancas
que en vano quiere ennegrecer la envidia.
II
Cuando llega
diciembre y las lluvias abundan,
ellas con las acacias tornan a florecer,
tan puras y tan frescas y tan llenas de aroma
como aquellas que un tiempo con fervor adoré.
¡Loca ilusión la mía es en verdad, bien loca
brilla la sonrosada margarita,
tan fecunda y humilde,
como agreste y sencilla.
y finge maravillas
entre el fresco verdor de las praderas
do proyectan sus sombras las encinas,
y a orillas de la fuente y del arroyo
que recorre en silencio las umbrías.
y vuelve a levantarse siempre limpia,
a semejanza de las almas blancas
que en vano quiere ennegrecer la envidia.
ellas con las acacias tornan a florecer,
tan puras y tan frescas y tan llenas de aroma
como aquellas que un tiempo con fervor adoré.
cuando mi propia
mano honda tumba les dio!
Y ya no son aquellas en cuyas hojas pálidas
deposité mis besos... ni yo la misma soy.
Rosalía de Castro, «En mi pequeño huerto», En las orillas del Sar, edición digital a partir de la edición de Establecimiento tipográfico de Ricardo Fe (Madrid, 1884), cotejada con la edición crítica de Xesús Alonso Montero (Madrid, Cátedra, 1985) y la de Marina Mayoral (Madrid, Castalia, 1976), Biblioteca
Virtual Miguel de Cervantes
Y ya no son aquellas en cuyas hojas pálidas
deposité mis besos... ni yo la misma soy.

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