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| José María Ruiz Montes, Cristo de la Humildad y Paciencia (2022, detalle del pie derecho), fuente: Hermandad de Humildad y Paciencia, Málaga, foto: Onerom, 2022 |
Solo, negado, escarnecido, muerto,
enclavado en la Cruz, ¡oh Jesús mío!
la frente inclinas sobre el mundo impío,
en la cumbre del Gólgota desierto.
Ebrio, entre tanto, y de baldón cubierto,
el mortal, en su infame desvarío,
adora una beldad de aliento frío,
pálida y mustia cual cadáver yerto.
¡Perdónalo, Señor! Que si en tal hora
la majestad de tu dolor ultraja
e ingrato y loco tu pasión olvida,
su espíritu inmortal se agita y llora
por sacudir del cuerpo la mortaja...
¡Y vive en él como enterrado en vida!
Pedro Antonio de Alarcón, «El Viernes Santo», Poesías serias y humorísticas, cuarta
edición, Sucesores de Rivadeneyra, Madrid, 1917, p. 73.
enclavado en la Cruz, ¡oh Jesús mío!
la frente inclinas sobre el mundo impío,
en la cumbre del Gólgota desierto.
el mortal, en su infame desvarío,
adora una beldad de aliento frío,
pálida y mustia cual cadáver yerto.
la majestad de tu dolor ultraja
e ingrato y loco tu pasión olvida,
por sacudir del cuerpo la mortaja...
¡Y vive en él como enterrado en vida!
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