viernes, 10 de abril de 2026

Música popular 218

Village People, fuente: culturplaza (página web)
Village People, In the Navy (vídeo)

Where can you find pleasure
Search the world for treasure
Learn science, technology?
Where can you begin
To make your dreams all come true
On the land or on the sea?
 
Where can you learn to fly
Play in sports or skindive
Study oceanography?
Sign up for the big band
Or sit in the grand stand
When your team and others meet?
 
In the Navy, yes, you can sail the seven seas
In the Navy, yes, you can put your mind at ease
In the Navy, come on now, people, make a stand
In the Navy can't you see we need a hand?
In the Navy, come on, protect the motherland
In the Navy, come on and join your fellow, man
In the Navy, come on, people, and make a stand
In the Navy, in the Navy, in the Navy. Ah!
They want you!
They want you!
They want you as a new recruit!
 
If you like adventure
Don't you wait to enter
The recruiting office fast
Don't you hesitate
There is no need to wait
They're signing up new seamen fast
 
Maybe you are too young
To join up today
But don't you worry 'bout the thing
For I'm sure there will be
Always the good Navy
Protecting the land and sea
 
In the Navy, yes, you can sail the seven seas
In the Navy, yes, you can put your mind at ease
In the Navy, come on, people, and make a stand
In the Navy
In the Navy can't you see we need a hand?
In the Navy, come on, protect the motherland
In the Navy, come on join your fellow, man
In the Navy, come on, people, and make a stand
In the Navy, in the Navy, in the Navy, in the Navy
 
They want you! They want you!
They want you as a new recruit!
Who, me?
They want you! They want you!
They want you as a new recruit!
 
But, but, but I'm afraid of water!
Hey, hey, look, man
I get seasick even watching it on the TV!
They want you!
Oh, my goodness!
They want you!
What am I gonna do in a submarine?
They want you!
They want you! In the Navy
 
In the Navy, yes, you can sail the seven seas
In the Navy, yes, you can put your mind at ease
In the Navy, come on, people, and make a stand
In the Navy
In the Navy, can't you see we need a hand?
In the Navy, come on, protect the motherland
In the Navy, come on and join your fellow, man
In the Navy

*****
 
¿Dónde puedes encontrar placer?
¿Buscar tesoros por el mundo?
¿Aprender ciencia y tecnología?
¿Dónde puedes empezar
a hacer realidad tus sueños
sobre la tierra o sobre el mar?
 
¿Dónde puedes aprender a volar?
¿Practicar deportes o bucear?
¿Estudiar oceanografía?
¿Apuntarte a la banda de música
o sentarte en la tribuna principal
cuando tu equipo y otros se enfrenten?
 
En la Marina, sí, puedes navegar por los siete mares.
En la Marina, sí, puedes estar tranquilo.
En la Marina, ¡vamos, gente, y den el paso!
En la Marina, ¿no ves que necesitamos ayuda?
En la Marina, ¡vamos, protege la patria!
En la Marina, ¡vamos y únete a tus compañeros!
En la Marina, ¡vamos, gente, y den el paso!
En la Marina, en la Marina, en la Marina ¡Ah!
 
¡Te quieren!
¡Te quieren!
¡Te quieren como nuevo recluta!
 
Si te gusta la aventura
no esperes para entrar rápido
a la oficina de reclutamiento;
no lo dudes,
no hay necesidad de esperar,
están alistando rápido nuevos marineros.
 
Quizás seas demasiado joven
para alistarte hoy,
pero no te preocupes por eso;
porque estoy seguro de que
siempre habrá una buena Marina
protegiendo la tierra y el mar.
 
En la Marina, sí, puedes navegar los siete mares.
En la Marina, sí, puedes estar tranquilo.
En la Marina, vamos, gente, y den el paso.
En la Marina.
En la Marina, ¿no ves que necesitamos ayuda?
En la Marina, vamos, protege la patria.
En la Marina, vamos, únete a tus compañeros, hombre.
En la Marina, vamos, gente, y den el paso.
En la Marina, en la Marina, en la Marina, en la Marina.
 
¡Te quieren! ¡Te quieren!
¡Te quieren como nuevo recluta!
¿Quién, yo?
¡Te quieren! ¡Te quieren!
¡Te quieren como nuevo recluta!
¡Pero, pero, pero me da miedo el agua!
¡Oye, oye, mira, hombre!
¡Me mareo hasta viéndola en la tele!
¡Te quieren!
¡Dios mío!
¡Te quieren!
¿Qué voy a hacer en un submarino?
¡Te quieren!
¡Te quieren! En la Marina.
 
En la Marina, sí, puedes navegar por los siete mares.
En la Marina, sí, puedes estar tranquilo.
En la Marina, vamos, gente, y den el paso.
En la Marina.
En la Marina, ¿no ves que necesitamos ayuda?
En la Marina, vamos, protege la patria.
En la Marina, ven y únete a tus compañeros, hombre.
En la Marina.
 
Village People,  In the Navy (1978), canción de Jacques Morali, Henri Belolo y Víctor Willis


jueves, 9 de abril de 2026

Extraterrestres 22 - 2

Claudia Montes, amiga de José Luis Ábalos, delante del Tribunal Supremo, foto: Zipi Aragón, 08.04.26
La testigo Claudia Montes pasa la mañana sentada con sus abogados en los pasillos del Supremo. Tiene cara de aburrida. El Tribunal Supremo es un sitio petado de historia, pero ojo con meterte ahí pensando que es Glastonbury. La presencia de Claudia Montes, como la de Jésica Rodríguez, obedece a un amargo conflicto político: el supuesto enchufe con el que el acusado José Luis Ábalos la empleó en la administración pública. Las horas se hacen largas y su turno está previsto que sea el último antes del receso para comer.

De repente, Claudia ve entrar en el cuarto de baño a un periodista al que reconoce. Sale ella hacia el baño de mujeres y, desde la puerta, chista cuando el otro sale. El hombre oye el “chsss” y, aturdido, se gira. “No me dejan hablar contigo”, empieza Claudia para justificar la clandestinidad de la charla en el baño de mujeres. Le pide al chico (es un periodista joven de otro medio) que se fije en cómo la mira Koldo cuando ella hable, que ponga atención en si la quiere intimidar o no. Está preocupada por eso.

“Yo consideraba a Koldo García Izaguirre mi jefe”, dice al tribunal una hora después. Claudia ya ha dicho antes de entrar al juicio lo mismo que en el baño de mujeres a un compañero: que teme las miradas de intimidación de Koldo.

La mujer tiene ganas de hablar. Era una madre soltera y militante socialista, empieza su relato, cuando conoció a José Luis Ábalos en un mitin en Gijón en mayo de 2019. Luego, le escribió por Instagram para pedirle trabajo. Y el ministro se puso en marcha. Koldo, más bien. España a veces no funciona y otras veces funciona la mar de bien; cuando pasa eso, suelen acabar todos en el banquillo. Fuera de la ley todo es más cómodo. Quieres un trabajo, le abres un privado a un ministro y te llaman de Renfe para preguntarte de qué quieres trabajar, de maquinista o qué: gorra, silbato y p’alante.

Además, ella y él empezaron una relación virtual que a Claudia le ayudó mucho porque hablaban de política y Ábalos, dijo, la ayudó a “culturizarse políticamente”. Seguramente sea eso lo que se recuerde de Ábalos, su influencia en la teoría crítica del marxismo junto a Marcuse y Adorno. “¿A la de Gijón no la pueden contratar en Renfe, ADIF o alguna de sus subcontratadas?”, le dijo un día Ábalos a Koldo, ya harto de hablar de Rosa Luxemburgo. “Lo arreglo”, respondió su mano derecha.

La contrataron en Logirail, una filial de Renfe. Ella dice que no por influencia de él. Que él le pasó unos enlaces, que es como tener un grupo, que te pidan entradas para un concierto y mandarle un link. Ella dijo haber completado el link que le pasó Ábalos y pasar luego los procesos. Dijo también que dejó de ir a trabajar porque la colocaron en una mesa frente a la pared sin ordenador. Pero no desaprovechaba el tiempo: contó que iba a la biblioteca de Oviedo a leer libros sobre trenes. Nadie le preguntó qué libros y ella no pudo contestar: “Asesinato en el Orient Express”, porque entonces se acaba el juicio y esa mujer sale a hombros como nueva presidenta del Tribunal.

A diferencia de Jésica, es justo decirlo, Claudia Montes terminó trabajando más adelante. Y duro, según la contabilidad de horas extra (80 acumuladas en un año, dijo). También presumió de madrugar porque le encantaba el trabajo, y lo podía justificar porque colgaba cada mañana en Instagram fotos de sus desayunos a horas loquísimas, tipo 4.30 de la madrugada, que habría que preguntar en la comunidad si usaba el extractor porque ahí hay otro juicio. Hay mucha gente contraria a que se cuelguen fotos de comida en Instagram. Pues bien: uno nunca sabe para qué puede servir. Un día estás sentada mirando el móvil a ver si te ponen unos likes a unos huevos rotos, pensando en leer en tu jornada laboral Extraños en un tren, y al otro estás en el Tribunal Supremo presumiendo de la hora a la que colgaste la foto. Lección de vida: entre la validación de los demás y el tiempo, siempre el tiempo.

En el banquillo de acusados, José Luis Ábalos se rasca la frente brillante de sudor y habla con Koldo sin taparse la boca, como Vinicius; Koldo, sin embargo, la cubre con sus manos para responderle. La agente de policía los mira de reojo. Aldama, en la otra esquina, es ya una figura de cera. Ábalos parpadea cada vez más despacio y en algún momento parece que no va a volver a abrir los ojos, luego se muerde el labio inferior y se queda bastante rato con él así, material de meme pero como no es Leonardo Di Caprio, aunque un día pudo serlo, no lo verás nunca.

Empezó declarando por la mañana Óscar Gómez Barbero, tipo alto, de buen pelo cano, elegante. Hay que tener en consideración que por el tribunal pasan esta semana jefazos de importantes empresas, ejecutivos que tuvieron o tienen cargos de responsabilidad, para tratar de explicar por qué dos chicas fueron colocadas en sus empresas públicas y permitieron que esas chicas no acudiesen a su trabajo. Tiene algo de humillante. Porque hubo un ministro encaprichado, por unos motivos u otros, en dos mujeres, y esas mujeres terminaron cobrando dinero público de empresas de su ministerio. Y para que eso ocurriese, una cadena de mando quedó moralmente maltrecha. Como quiera que Gómez Barbero subió de categoría a Claudia Montes, la acusación hace una pregunta estupenda: “¿Y a una persona que no estaba yendo a trabajar le sube el sueldo?”.

Manuel Jabois, «Extraños en un tren: “¿Y a una persona que no está yendo a trabajar, se le sube el sueldo?"», El País, 08.04.26

miércoles, 8 de abril de 2026

Extraterrestres 22 - 1

Jéssica Rodríguez llegando al Tribunal Supremo para declarar en el juicio contra su ex-pareja José Luis Ábalos, Koldo García y Víctor de Aldama, foto: Jaime Villanueva, 07.04.26

El 7 de enero de 2020, Pedro Sánchez fue investido presidente del Gobierno, garantizando cuatro años más de Gobierno socialista. Para una mujer enamorada del número dos del PSOE, fue un día triste. José Luis Ábalos, ministro de Transportes y secretario de Organización socialista, le había dicho a Jessica Rodríguez que nunca se divorciaría de su mujer mientras fuese ministro. En la salud, en la enfermedad y en el cargo público.

Jessica, que había conocido al exministro en 2018, decidió que la relación se terminaba. “Venían cuatro años más de PSOE, no iba a aguantarlo”. Ni quería ser la otra ni soportaba “la vida paralela” del ministro. “Él no podía divorciarse porque su mujer le dijo que, si lo hacía, le jodería la vida”, dirá más adelante Jessica. “Le tiraba cosas, se ponía histérica”. Sánchez sacó a Ábalos del Gobierno un año después.

Jessica tenía con el exministro una relación repleta de regalos (incluyendo el alquiler de un pisazo en la plaza de España) y pagos (ella dijo que sí le daba dinero en efectivo, pero lo guardaba para una vida en común), además de ser atendida en diversos contratiempos, como cuando su gato se rompió la pata. “Es que tuve un gato por él”, aclaró. Respecto al piso, dijo que seguía Ábalos haciéndose cargo de él porque de alguna manera había incumplido sus promesas. “Cambió mi estilo de vida, yo era feliz. Supongo que se sentía en deuda. La historia que vivimos él y yo solo la conocemos nosotros”. También trabajó en dos empresas públicas sin haber acudido un día al trabajo. Hay acuerdos de separación y luego esta esto: se juzga si entre todos, con nuestros impuestos, hemos ido pegando los pedacitos del corazón de José Luis Ábalos y Jessica Rodríguez.

“La relación no la terminamos mal, no hubo discusión, seguíamos hablando y alguna vez viéndonos. Pero ya en mi cumpleaños cenamos, y no me acompañó a casa, me llevaron”. ¿Y ahora? ¿Están bien ellos ahora?, ¿sigue habiendo amor? La respuesta la da Ábalos a través de su abogado, Marino Turiel. “¿Es cierto que se dedica usted a la prostitución?”. Un “oooh” gigante en la sala de prensa. Follón en la sala. El presidente del tribunal, Andrés Martínez Arrieta, pide al abogado que reformule la pregunta. El papelón es de órdago, pero Turiel se levantó fuerte y va a por todas. “Se dedica usted a un oficio que ofrece una contraprestación…”. Se rinde Turiel, pero contesta Jessica Rodríguez. Es dentista colegiada. Y antes, fue azafata de imagen.

La cámara no enfoca a la testigo, que tenía 29 años cuando conoció al ministro. Hoy tiene 37 y aparece siempre parapetada con mascarilla y gafas de sol. Ahora mismo en Madrid si usted ve a alguien con mascarilla, gorra y gafas de sol, o es Jessica o es Rufián. Como cuando Leonardo Di Caprio se pone capucha, tres gafas de sol, un pasamontañas y 12 guardaespaldas alrededor.

Jessica, que en declaraciones anteriores estaba frágil y en algún momento se rompió, este martes está entera y hasta temeraria. Cuando la trama le propuso cambiar el piso de la plaza de España dijo que no, porque el que le ofrecían era “enano”, y mejor quedarse con uno que costaba 2.700 euros al mes y no pagaba ella. “Ya se sabe cómo está el mercado de la vivienda en Madrid”, dijo en el momento más surrealista de su declaración.
Si este juicio fuese una película, Jessica Rodríguez, sentada frente a los magistrados del Tribunal Supremo, se giraría hacia la cámara y preguntaría al espectador: “Supongo que te preguntarás cómo he llegado hasta aquí”. Hasta el fiscal de Anticorrupción, Alejandro Luzón, podría girarse hacia la cámara para preguntarse qué hace él ahí, pues empieza titubeando, matizándose, sorteando charcos incómodos. “Esa relación de ustedes, llamémosle íntima o amorosa”, termina desembuchando, y a partir de ahí ya cogió vuelo el fiscal. Recordemos los apuros periodísticos cuando empezó todo: “amiga”, “amiga especial”, “conocida”, ni Corinna desenterró tantos eufemismos (bueno, no, y “amiga entrañable” sigue siendo insuperable).

Cuando se cumplían dos horas de comparecencia, Jessica Rodríguez explotó: “Estuve media mañana esperando a entrar en la sala. No me han ofrecido ni un agua, tuve que bajar a un vending”. La trama la ha dejado sola.

Mientras, Koldo García hace aspavientos cuando considera que Jessica miente, luego le enseña algo a Ábalos y Ábalos lo lee serio. Se aparta un poco para leerlo mejor, ha olvidado las gafas o las tiene guardadas en el estuche y quizá sea un coñazo cogerlas ahora para ver la tontería que está enseñando este. La vida es pesadísima si uno la ha vivido tan deprisa y de repente tiene que estar sentado muchas horas.

Cuando Jessica dice algo de sus aventuras del pasado, las cosas que vivieron juntos y pagaba él, Ábalos frunce el ceño como tratando de recordar. Pero quién va a recordar algo de los años locos, José Luis. Las pulseras en Tiffany’s, los viajes a Dubái, las ruedas de prensa, los falsos robados y las amazonas: “Adiós a los trajes de baño, los viajes pagados, los sitios de moda. / No habrá más copas de yate, tirar las botellas, dormir a deshoras”, cantaba La Costa Brava.

Minutos después, cuando Jessica se marcha, declara Virginia Barbancho, exresponsable del proyecto de Tragsatec al que estaba adscrita Jéssica Rodríguez. Dice que recibió el currículum de Jessica con el aviso de que, por encima de cualquier consideración académica, por encima de cualquier valía profesional en una empresa de ingenieros, por encima de sus virtudes, la joven era “sobrina” del ministro. Ábalos es definitivamente anterior a España. ¿Cómo va a recordar algo? ¿Quién recuerda algo cuando se está comiendo el mundo y pasa las facturas? Ya lo dijo Lemmy, de Motörhead: “El verano de 1973 fue fantástico, no me acuerdo de nada”.

Manuel Jabois, «El desenfrenado verano del 73 de Ábalos y Jessica: “Lo que vivimos solo lo sabemos nosotros”», El País, 07.04.26

lunes, 6 de abril de 2026

Ayer y hoy 46

Juan Moreno de Tejada (atrib., sobre dibujo de Luis Paret), Emblema de la Maestranza de Caballería de Sevilla, Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, inv. GR-1301
Cada año se da un paso más; cada temporada, unos pocos avisan de que ese no es el camino, de que el apoyo a la tauromaquia no supone que valga todo para defenderla de sus enemigos, de que esa avalancha de espectadores jaraneros que buscan amortizar el precio de la entrada con la concesión volcánica de trofeos no es la solución. Es más, ese enjambre de pañuelos que blanquea los tendidos puede ser la antesala de una muerte de éxito, esa que esperan, como depredadores al acecho, quienes son conscientes de que esos ‘aficionados modernos’ abandonarán las plazas el día que la seriedad dé paso a un simulacro de corrida y buscarán otro espectáculo más divertido.

Porque la esencia de la fiesta de los toros no reside en la diversión, sino en la emoción. Y un festejo como el celebrado ayer en la plaza sevillana de La Maestranza es una luz roja, un aviso fluorescente de que hay que parar, reflexionar y cambiar el planteamiento antes de que sea tarde.

Sevilla se ha ganado su alto prestigio con conocimiento, sabiduría, ecuanimidad, exigencia, generosidad, silencio y explosión de emociones, también, cuando la épica o la estética han superado los límites de lo que entendemos como nuestras posibilidades humanas.

Ayer, La Maestranza se convirtió en un circo, abarrotada de gente dispuesta a pasarlo bien, al cariño fogoso a su ídolo, a pasar por el alto a un protagonista arrinconado llamado toro, a escenificar una goleada sin balón, y salir de la plaza con la sonrisa en la boca aunque fuera un rictus impostado.

O, quizá, es que, en su voluntad sincera, tan enorme como su desconocimiento, creen que la fiesta es así.

El peligro, no obstante, no reside en el público. Paga y se considera con derecho a hacer con su ánimo y su pañuelo lo que le plazca. El problema anida en el palco, donde se sienta un señor o una señora que preside el festejo. Y presidir significa preservar la autenticidad, tutelar el prestigio y luchar hasta la última gota de sudor por la integridad del espectáculo. Impartir justicia, en una palabra, desde la autoridad y el respeto a la norma.

Pero, no. Ayer, el presidente sucumbió a los ardores enfervorizados de un público jaranero, se olvidó de la exigencia, escondió el Reglamento —aprobó unos toros impresentables— y unió su pañuelo a la bulla blanca a sabiendas de que estaba cometiendo una grave ofensa contra la alta dignidad de la plaza.

Pero no es la primera vez que sucede ni con el mismo presidente. La de ayer es una mala praxis que se está convirtiendo en una norma que se cuela peligrosamente por las rendijas de la afición.

¿Quién nombra los equipos presidenciales de Sevilla? La Junta de Andalucía, que presume, no exenta de razón, de apoyo a la tauromaquia. Ahora tiene, pues, la oportunidad de demostrar que le importa de verdad la permanencia de la fiesta más allá de la retórica vacía de los discursos.

La Maestranza se ‘hunde’, pero no los arcos, ni las gradas, ni los tendidos; se hunde su prestigio, que es algo tan valioso como su historia, su dignidad, su honor…

Y es urgente poner remedio antes de que el mal sea irremediable.

Antonio Lorca, «La Maestranza se ‘hunde’ (y urge poner remedio)», El País, 06.04.26

domingo, 5 de abril de 2026

sábado, 4 de abril de 2026

viernes, 3 de abril de 2026

Viernes Santo 2026

José María Ruiz Montes, Cristo de la Humildad y Paciencia (2022, detalle del pie derecho), fuente: Hermandad de Humildad y Paciencia, Málaga, foto: Onerom, 2022
Solo, negado, escarnecido, muerto,
enclavado en la Cruz, ¡oh Jesús mío!
la frente inclinas sobre el mundo impío,
en la cumbre del Gólgota desierto.
 
Ebrio, entre tanto, y de baldón cubierto,
el mortal, en su infame desvarío,
adora una beldad de aliento frío,
pálida y mustia cual cadáver yerto.
 
¡Perdónalo, Señor! Que si en tal hora
la majestad de tu dolor ultraja
e ingrato y loco tu pasión olvida,
 
su espíritu inmortal se agita y llora
por sacudir del cuerpo la mortaja...
¡Y vive en él como enterrado en vida!
 
Pedro Antonio de Alarcón, «El Viernes Santo», Poesías serias y humorísticas, cuarta edición, Sucesores de Rivadeneyra, Madrid, 1917, p. 73.

jueves, 2 de abril de 2026

Jueves Santo 2026

Jerónimo Quijano (atrib.), Santa Cena (c. 1520), Catedral de Jaén, en la exposición "Jaén entre la Edad Media y la Modernidad", Baños del Naranjo, Jaén, foto: Antonio Erena, 13.12.25

miércoles, 1 de abril de 2026

Miércoles Santo 2026

Joaquín Sorolla, Nazareno (Sevilla, 1914), Museo Sorolla, Madrid, inv. 10926

Semana Santa en el Sur,
primavera de recuerdos
mientras se acercan los pasos
devotos de un nazareno.
Cádiz se pone a cantar
y entona por sus callejas
una saeta que trae
aires de La Habana Vieja.
Granada, sombra que espera
al Cristo de los Gitanos.
Sacromonte tú lo llevas
en la palma de tus manos.
Engalanada está Córdoba,
olor a incienso y a flores,
por su noche se pasea
la Virgen de los Dolores.
Málaga Cristo de Mena,
Cristo de pasión viviente,
gotas de cera que caen
de los cirios penitentes.
Barrio de San Sebastián,
iglesia de Santiago,
Almería está en la calle,
la Soledad va llorando.
¡Ay Jesús de los Descalzos!
Jaén busca en ti consuelo,
clavel que a tus pies florece,
luz que alumbra sus anhelos.
Huelva caminando sola
ya le habla al Prendimiento,
verso a verso, ola a ola,
el fandango es su lamento.
Y Sevilla,
Sevilla como un espejo,
como un gran sueño que avanza,
la luna guía al cortejo,
el Gran Poder, la Esperanza.
Semana Santa en el Sur,
primavera de recuerdos,
de lágrimas que se pierden
por las orillas del tiempo.
 
Manuel Carlos Sáenz, "Semana Santa en el Sur", Jaén Hoy (diario online), 31.03.26

martes, 31 de marzo de 2026

Martes Santo 2026 - Ayer y hoy 46

Escaparate de la tienda de Hilario Lara, calle Rabadán, 5, Torredonjimeno, año 1998, fuente: "Torredonjimeno en mi memoria", Facebook
Cochera en la antigua tienda de Hilario Lara, calle Rabadán, 5, Torredonjimeno, foto: Antonio Erena, 31.03.26

lunes, 30 de marzo de 2026

viernes, 27 de marzo de 2026

jueves, 26 de marzo de 2026

Sin palabras 18


Un hombre fotografía la huella dejada por el mural de Banksy en The Royals Courts of Justice de Londres después de su borrado, foto: Jack Taylor, en "En busca de Banksy", Simon Gardner, James Pearson y Blake Morrison, Reuters, 13.03.26

miércoles, 25 de marzo de 2026

Ayer y hoy 45

Portada de la partitura del tema Strike Up the Band!Que suene la música!) del musical de mismo nombre de Ira y George Gershwin, 1927
We fought in 1917
Rum-ta-ta tum-tum-tum
And drove the tyrant from the scene
Rum-ta-ta tum-tum-tum
We're in a bigger, better war
For your patriotic pastime
We don't know what we're fighting for
But we didn't know the last time
So load the cannon, draw the blade
Rum-ta-ta tum-tum-tum
Come on and join the big parade
Rum-ta-ta tum-tum
Rum-ta-ta tum-tum
Rum-ta-ta tum-tum-tum

Let the drums roll out
Let the trumpet call
While the people shout
"Strike up the band"
Hear the cymbals ring
Callin' one and all
To the martial swing
Strike up the band
There is work to be done, to be done
Let's have fun, fun, fun
Come on you son of a son, of a gun
Take your stand
Fall in line, yea a bow
Come along, let's go
Hey, Leader, strike up the band!
There is work to be done, to be done
Let's have fun, fun, fun
Come on you son of a gun, of a gun
Take your stand
Fall in line, yea a bow
Come on, let's go
Hey, Leader, strike up
Hey, Leader, strike up
Hey, Leader, strike up the band!

Luchamos en 1917,
ra-ta-ta-ta-ta-tan,
y echamos al tirano de la escena,
ra-ta-ta-ta-ta-tan.
Estamos en una guerra más grande y mejor
por vuestra patriótica afición;
no sabemos por qué luchamos,
pero tampoco lo sabíamos la última vez.
Así que carga el cañón, desenvaina la espada,
ra-ta-ta-ta-ta-tan,
vamos y únete al gran desfile,
ran-ta-ta-ta-ta-tan,
ra-ta-ta-ta-ta-tan,
ra-ta-ta-ta-ta-tan-tan.

Que suenen los tambores,
que suene la trompeta
mientras la gente grita:
"que suene la música"
Escucha el sonido de los platillos
llamando a todos
al ritmo marcial,
que suene la música.
Hay trabajo que hacer,
vamos a divertirnos.
Vamos, hijo del hijo de un pistolero
coge tu sitio,
ponte en fila, sí, un saludo,
vamos, vamos.
¡Oye, jefe, que suene la música!
Hay trabajo que hacer,
vamos a divertirnos.
Vamos, hijo de un pistolero,
coge tu sitio,
ponte en fila, sí, un saludo,
vamos, vamos.
Oye, jefe, que suene.
Oye, jefe, que suene.
¡Oye, jefe, que suene la música!

Strike Up the Band!, letra de Ira Gershwin (trad. Antonio Erena)

lunes, 23 de marzo de 2026

Gastromanía 52

Magdalenas de la pastelería Nuestro Padre Jesús, Jamilena, foto: Antonio Erena, 23.03.26
Primero dije que no; pero luego, sin saber por qué, volví de mi acuerdo. Mandó mi madre por uno de esos bollos, cortos y abultados, que llaman magdalenas, que parece que tienen por molde una valva de concha de peregrino. Y muy pronto, abrumado por el triste día que había pasado y por la perspectiva de otro tan melancólico por venir, me llevé a los labios unas cucharadas de té en el que había echado un trozo de magdalena. Pero en el mismo instante en que aquel trago, con las migas del bollo, tocó mi paladar, me estremecí, fija mi atención en algo extraordinario que ocurría en mi interior. Un placer delicioso me invadió, me aisló, sin noción de lo que lo causaba. Y él me convirtió las vicisitudes de la vida en indiferentes, sus desastres en inofensivos y su brevedad en ilusoria, todo del mismo modo que opera el amor, llenándose de una esencia preciosa; pero, mejor dicho, esa esencia no es que estuviera en mí, es que era yo mismo. Dejé de sentirme mediocre, contingente y mortal. ¿De dónde podría venirme aquella alegría tan fuerte? Me daba cuenta de que iba unida al sabor del té y del bollo, pero le excedía en mucho, y no debía de ser de la misma naturaleza. ¿De dónde venía y qué significaba? ¿Cómo llegar a aprehenderlo? Bebo un segundo trago, que no me dice más que el primero; luego un tercero, que ya me dice un poco menos. Ya es hora de pararse, parece que la virtud del brebaje va aminorándose. Ya se ve claro que la verdad que yo busco no está en él, sino en mí. El brebaje la despertó, pero no sabe cuál es y lo único que puede hacer es repetir indefinidamente, pero cada vez con menos intensidad, ese testimonio que no sé interpretar y que quiero volver a pedirle dentro de un instante y encontrar intacto a mi disposición para llegar a una aclaración decisiva. Dejo la taza y me vuelvo hacia mi alma. Ella es la que tiene que dar con la verdad. ¿Pero cómo? Grave incertidumbre ésta, cuando el alma se siente superada por sí misma, cuando ella, la que busca, es juntamente el país oscuro por donde ha de buscar, sin que le sirva para nada su bagaje. ¿Buscar? No sólo buscar, crear.

Proust, «Por el camino de Swann» (fragmento), En busca del tiempo perdido, trad. Pedro Salinas.

jueves, 19 de marzo de 2026

Brumas 13

Jabalcuz desde el cortijo de Zorrilla, Torredelcampo, en primer término un rodal de varillas de san José (Asphodelus ramosus), foto: Antonio Erena 19.03.26

lunes, 16 de marzo de 2026

viernes, 13 de marzo de 2026

Cuarto Viernes de Cuaresma 2026

José de Mora, Ecce Homo, monasterio de Zafra, Granada, sanguina creada por el autor del blog con ChatGPT sobre fotografía propia tomada en la exposición "José de Mora. El barroco espiritual", catedral de Granada, 18.12.25

jueves, 12 de marzo de 2026

Lecturas 26

Voltaire, Cándido o el optimismo, colección Millenium, 56, El Mundo, Unidad Editorial, 1999
Los ingenuos. Los frágiles. Las almas cándidas. Esos a los que llaman flojos y tibios y buenistas y cosas peores. Los que no gritan. Los que escuchan. Los que se ponen en la piel de otros, a los que no conocen. Los que cuidan y preguntan qué tal estás con una curiosidad sincera. Los honestos que van de frente y sin doblez. Los que se revuelven aunque les critiquen, porque siempre critican. Los que hacen aquello que creen que tienen que hacer.

Los que dudan y, en cambio, tienen clara la diferencia entre lo que está bien y lo que está mal. Los que hacen preguntas pero no son equidistantes: los que se hacen preguntas para no ser equidistantes. Los que podrían dormir tranquilos y, sin embargo, se desvelan. Los que sufren y conviven con un malestar que no es por ellos, o no es solo por ellos, sino que es también por los demás. Los que se atreven a decir no estoy bien y algo me pasa. Los que se inquietan por la deriva del mundo. Los que saben dónde está la injusticia, y se rebelan.

Los que discuten que siempre gane el más fuerte y el que más se aproveche. Los que piensan que sirven de algo sus pequeños gestos, sus gestos minúsculos que no importan a nadie, y construyen a su alrededor un lugar pequeño pero seguro, un refugio sin algoritmos. Los discretos. Los que bailan. Los que se ríen. Los que no pasan los días enfadados, ahogados por la bilis de sus reproches. Los que se dan cuenta de sus rencores y saben qué hacer con la rabia. Los que conocen su sitio y desde qué altura han de mirar a los demás.

Los que tratan de cambiar algo por mucho que asuman que el mundo más global lo dominan en realidad muy pocas manos. Los que confían en la condición humana y se acuerdan de que, incluso tras el espanto de la Segunda Guerra Mundial, Camus escribió de la solidaridad entre los hombres y se congratuló de quienes cumplieron con su deber, más allá de su ideología. Los que tienden la mano. Los que no lo dan todo por perdido porque distinguen el realismo de la resignación.

Los que oyen el griterío y piensan que aun así vale la pena. Los que recuerdan, ahora más que nunca, que la alegría se ha vuelto revolucionaria, aunque no llegue a serlo tanto como otro principio sencillo y universal: tratar de ser buena gente.

José Luis Sastre, «Ser buena gente», El País, 11.03.26.

miércoles, 11 de marzo de 2026

Venatoria 14

Manuel Alcázar y Ruiz (Albacete, 1858 - Madrid, 1914), Perdices acudiendo al reclamo, Real Academia de San Fernando, N.º Inventario L-295
   El celo de la perdiz es el preludio de la primavera; no hay nada tan agradable como presenciar en el campo los poéticos crepúsculos, escuchando oculto entre chaparros, el valiente ¡cuchichí! ¡cuchichí! de la enamorada perdiz; muy joven era yo cuando empecé esta caza, vulgarmente denominada del «cuco»; debuté en las hermosas dehesas de mi padre político, el señor vizconde de Begíjar[1]; generalmente me daban a cazar los peores pájaros que tenían, no se fiaban de entregarme los superiores, por temor de que les hiciera, como novato, alguna «mala faena» y se echaran a perder; sabido es, que en la caza con reclamo un mal tiro descompone un pájaro bueno, así como los buenos tiros arreglan los resabiados o mal tirados. Llegó a ser tal mi afición y puse tanto esmero en aprender, que en un solo año me hice gran «cuquillero», como decía mi suegro; ya no tenían los concurrentes, en la época de caza, inconveniente alguno en que alternara sacando a cazar los buenos pájaros, los medianos y hasta los pollos para que les hiciera buenos tiros e irlos educando; según decían tenía bastante suerte, pero no creo que fuera esto sólo debido a mi buen resultado en dicha caza, a los malos ratos que me daba; yo ponía de mi parte más que el reclamo: jamás hacía un puesto sin haber visto antes las perdices; unas veces me colocaba en sus querencias, otras en las subidas a sus dormitorios y pude observar, por experiencia, que en todas las cazas, pero en ésta sobre las demás, el hombre tiene que poner de su parte bastante inteligencia para el logro de buenos éxitos; esto lo confirma el que en algunas ocasiones, con un mediano pájaro que casi no cantaba, me colocaba en un rebozo donde las perdices se habían dado y con un par de reclamos, al momento las tenía en plaza; tiraba y ¡claro! el pájaro, al tirarle, se enardecía y hacía un buen puesto, con esperanza de tirarle dos o más tiros.
   La primera condición que el reclamo de perdiz ha de tener, es la de ser de «salida»: esto es, levantar el campo y después, aunque no sea gran cosa de «músico», que reciba bien y al ver las perdices en plaza, no bregue y las espante, que no deje de «decirles» hasta que la perdiz esté en la jurisdicción del tiro del puesto y a la vista siempre del reclamo; pues tirar un pájaro que el reclamo no le «diga» y no le vea, es un tiro malísimo: más vale que se quede sin tirar que hacerlo en esas condiciones; el cazador de reclamo debe «cazar el pájaro»: ésta es su misión, no «ir por carne»; tampoco debe salir el cazador cuando tire; y si yerra, no correr detrás de la perdiz que se va herida, esto sorprende el reclamo y le disgusta bastante.
   Al salir del puesto, concluido que haya sido éste, debe apercibir al pájaro, bien tosiendo o haciendo algún ruido que no sea muy extraño y al irse a él para taparlo con la sayuela o cobija, se halagará con palabras o haciéndole castañuelas con los dedos: esto lo tranquiliza y no se botan ni se hacen bregadores a la presencia del amo.

Feliciano del Río Muñoz-Cobo, «Memorias de un cazador. De la perdiz, Arjona, 1914», en Patria: órgano provincial de la Unión Patriótica, Jaén, 25.01.1930, pág. 5 (actualización y nota: Antonio Erena).


[1] Alonso de Contreras y Aranda, II vizconde.