miércoles, 25 de marzo de 2026

Ayer y hoy 45

Portada de la partitura del tema Strike Up the Band!Que suene la música!) del musical de mismo nombre de Ira y George Gershwin
We fought in 1917
Rum-ta-ta tum-tum-tum
And drove the tyrant from the scene
Rum-ta-ta tum-tum-tum
We're in a bigger, better war
For your patriotic pastime
We don't know what we're fighting for
But we didn't know the last time
So load the cannon, draw the blade
Rum-ta-ta tum-tum-tum
Come on and join the big parade
Rum-ta-ta tum-tum
Rum-ta-ta tum-tum
Rum-ta-ta tum-tum-tum

Let the drums roll out
Let the trumpet call
While the people shout
"Strike up the band"
Hear the cymbals ring
Callin' one and all
To the martial swing
Strike up the band
There is work to be done, to be done
Let's have fun, fun, fun
Come on you son of a son, of a gun
Take your stand
Fall in line, yea a bow
Come along, let's go
Hey, Leader, strike up the band!
There is work to be done, to be done
Let's have fun, fun, fun
Come on you son of a gun, of a gun
Take your stand
Fall in line, yea a bow
Come on, let's go
Hey, Leader, strike up
Hey, Leader, strike up
Hey, Leader, strike up the band!

Luchamos en 1917,
¡ra-ta-ta-ta-ta-tan!,
y expulsamos al tirano,
¡ra-ta-ta-ta-ta-tan!
Estamos en una guerra más grande y mejor
por vuestra afición patriótica,
no sabemos por qué luchamos,
pero tampoco lo sabíamos la última vez.
Así que carga el cañón, desenvaina la espada,
¡ra-ta-ta-ta-ta-tan!
¡Vamos, únete al gran desfile!
¡Ran-ta-ta-ta-ta-tan,
ra-ta-ta-ta-ta-tan,
ra-ta-ta-ta-ta-tan-tan!

Que suenen los tambores,
que suene la trompeta
mientras la gente grita:
"¡que suene la música!"
Escucha el sonido de los platillos
llamando a todos
al ritmo marcial,
¡que suene la música!
Hay trabajo que hacer,
vamos a divertirnos.
Vamos, hijo del hijo de un pistolero
coge tu sitio,
ponte en fila, sí, un saludo,
vamos, vamos.
¡Oye, jefe, que suene la música!
Hay trabajo que hacer,
vamos a divertirnos.
Vamos, hijo de un pistolero,
coge tu sitio,
ponte en fila, sí, un saludo,
vamos, vamos.
Oye, jefe, que suene.
Oye, jefe, que suene.
¡Oye, jefe, que suene la música!

Letra de Ira Gershwin (trad. Antonio Erena)



lunes, 23 de marzo de 2026

Gastromanía 52

Magdalenas de la pastelería Nuestro Padre Jesús, Jamilena, foto: Antonio Erena, 23.03.26
Primero dije que no; pero luego, sin saber por qué, volví de mi acuerdo. Mandó mi madre por uno de esos bollos, cortos y abultados, que llaman magdalenas, que parece que tienen por molde una valva de concha de peregrino. Y muy pronto, abrumado por el triste día que había pasado y por la perspectiva de otro tan melancólico por venir, me llevé a los labios unas cucharadas de té en el que había echado un trozo de magdalena. Pero en el mismo instante en que aquel trago, con las migas del bollo, tocó mi paladar, me estremecí, fija mi atención en algo extraordinario que ocurría en mi interior. Un placer delicioso me invadió, me aisló, sin noción de lo que lo causaba. Y él me convirtió las vicisitudes de la vida en indiferentes, sus desastres en inofensivos y su brevedad en ilusoria, todo del mismo modo que opera el amor, llenándose de una esencia preciosa; pero, mejor dicho, esa esencia no es que estuviera en mí, es que era yo mismo. Dejé de sentirme mediocre, contingente y mortal. ¿De dónde podría venirme aquella alegría tan fuerte? Me daba cuenta de que iba unida al sabor del té y del bollo, pero le excedía en mucho, y no debía de ser de la misma naturaleza. ¿De dónde venía y qué significaba? ¿Cómo llegar a aprehenderlo? Bebo un segundo trago, que no me dice más que el primero; luego un tercero, que ya me dice un poco menos. Ya es hora de pararse, parece que la virtud del brebaje va aminorándose. Ya se ve claro que la verdad que yo busco no está en él, sino en mí. El brebaje la despertó, pero no sabe cuál es y lo único que puede hacer es repetir indefinidamente, pero cada vez con menos intensidad, ese testimonio que no sé interpretar y que quiero volver a pedirle dentro de un instante y encontrar intacto a mi disposición para llegar a una aclaración decisiva. Dejo la taza y me vuelvo hacia mi alma. Ella es la que tiene que dar con la verdad. ¿Pero cómo? Grave incertidumbre ésta, cuando el alma se siente superada por sí misma, cuando ella, la que busca, es juntamente el país oscuro por donde ha de buscar, sin que le sirva para nada su bagaje. ¿Buscar? No sólo buscar, crear.

Proust, «Por el camino de Swann» (fragmento), En busca del tiempo perdido, trad. Pedro Salinas.

jueves, 19 de marzo de 2026

Brumas 13

Jabalcuz desde el cortijo de Zorrilla, Torredelcampo, en primer término un rodal de varillas de san José (Asphodelus ramosus), foto: Antonio Erena 19.03.26

lunes, 16 de marzo de 2026

viernes, 13 de marzo de 2026

Cuarto Viernes de Cuaresma 2026

José de Mora, Ecce Homo, monasterio de Zafra, Granada, sanguina creada por el autor del blog con ChatGPT sobre fotografía propia tomada en la exposición "José de Mora. El barroco espiritual", catedral de Granada, 18.12.25

jueves, 12 de marzo de 2026

Lecturas 26

Voltaire, Cándido o el optimismo, colección Millenium, 56, El Mundo, Unidad Editorial, 1999
Los ingenuos. Los frágiles. Las almas cándidas. Esos a los que llaman flojos y tibios y buenistas y cosas peores. Los que no gritan. Los que escuchan. Los que se ponen en la piel de otros, a los que no conocen. Los que cuidan y preguntan qué tal estás con una curiosidad sincera. Los honestos que van de frente y sin doblez. Los que se revuelven aunque les critiquen, porque siempre critican. Los que hacen aquello que creen que tienen que hacer.

Los que dudan y, en cambio, tienen clara la diferencia entre lo que está bien y lo que está mal. Los que hacen preguntas pero no son equidistantes: los que se hacen preguntas para no ser equidistantes. Los que podrían dormir tranquilos y, sin embargo, se desvelan. Los que sufren y conviven con un malestar que no es por ellos, o no es solo por ellos, sino que es también por los demás. Los que se atreven a decir no estoy bien y algo me pasa. Los que se inquietan por la deriva del mundo. Los que saben dónde está la injusticia, y se rebelan.

Los que discuten que siempre gane el más fuerte y el que más se aproveche. Los que piensan que sirven de algo sus pequeños gestos, sus gestos minúsculos que no importan a nadie, y construyen a su alrededor un lugar pequeño pero seguro, un refugio sin algoritmos. Los discretos. Los que bailan. Los que se ríen. Los que no pasan los días enfadados, ahogados por la bilis de sus reproches. Los que se dan cuenta de sus rencores y saben qué hacer con la rabia. Los que conocen su sitio y desde qué altura han de mirar a los demás.

Los que tratan de cambiar algo por mucho que asuman que el mundo más global lo dominan en realidad muy pocas manos. Los que confían en la condición humana y se acuerdan de que, incluso tras el espanto de la Segunda Guerra Mundial, Camus escribió de la solidaridad entre los hombres y se congratuló de quienes cumplieron con su deber, más allá de su ideología. Los que tienden la mano. Los que no lo dan todo por perdido porque distinguen el realismo de la resignación.

Los que oyen el griterío y piensan que aun así vale la pena. Los que recuerdan, ahora más que nunca, que la alegría se ha vuelto revolucionaria, aunque no llegue a serlo tanto como otro principio sencillo y universal: tratar de ser buena gente.

José Luis Sastre, «Ser buena gente», El País, 11.03.26.

miércoles, 11 de marzo de 2026

Venatoria 14

Manuel Alcázar y Ruiz (Albacete, 1858 - Madrid, 1914), Perdices acudiendo al reclamo, Real Academia de San Fernando, N.º Inventario L-295
   El celo de la perdiz es el preludio de la primavera; no hay nada tan agradable como presenciar en el campo los poéticos crepúsculos, escuchando oculto entre chaparros, el valiente ¡cuchichí! ¡cuchichí! de la enamorada perdiz; muy joven era yo cuando empecé esta caza, vulgarmente denominada del «cuco»; debuté en las hermosas dehesas de mi padre político, el señor vizconde de Begíjar[1]; generalmente me daban a cazar los peores pájaros que tenían, no se fiaban de entregarme los superiores, por temor de que les hiciera, como novato, alguna «mala faena» y se echaran a perder; sabido es, que en la caza con reclamo un mal tiro descompone un pájaro bueno, así como los buenos tiros arreglan los resabiados o mal tirados. Llegó a ser tal mi afición y puse tanto esmero en aprender, que en un solo año me hice gran «cuquillero», como decía mi suegro; ya no tenían los concurrentes, en la época de caza, inconveniente alguno en que alternara sacando a cazar los buenos pájaros, los medianos y hasta los pollos para que les hiciera buenos tiros e irlos educando; según decían tenía bastante suerte, pero no creo que fuera esto sólo debido a mi buen resultado en dicha caza, a los malos ratos que me daba; yo ponía de mi parte más que el reclamo: jamás hacía un puesto sin haber visto antes las perdices; unas veces me colocaba en sus querencias, otras en las subidas a sus dormitorios y pude observar, por experiencia, que en todas las cazas, pero en ésta sobre las demás, el hombre tiene que poner de su parte bastante inteligencia para el logro de buenos éxitos; esto lo confirma el que en algunas ocasiones, con un mediano pájaro que casi no cantaba, me colocaba en un rebozo donde las perdices se habían dado y con un par de reclamos, al momento las tenía en plaza; tiraba y ¡claro! el pájaro, al tirarle, se enardecía y hacía un buen puesto, con esperanza de tirarle dos o más tiros.
   La primera condición que el reclamo de perdiz ha de tener, es la de ser de «salida»: esto es, levantar el campo y después, aunque no sea gran cosa de «músico», que reciba bien y al ver las perdices en plaza, no bregue y las espante, que no deje de «decirles» hasta que la perdiz esté en la jurisdicción del tiro del puesto y a la vista siempre del reclamo; pues tirar un pájaro que el reclamo no le «diga» y no le vea, es un tiro malísimo: más vale que se quede sin tirar que hacerlo en esas condiciones; el cazador de reclamo debe «cazar el pájaro»: ésta es su misión, no «ir por carne»; tampoco debe salir el cazador cuando tire; y si yerra, no correr detrás de la perdiz que se va herida, esto sorprende el reclamo y le disgusta bastante.
   Al salir del puesto, concluido que haya sido éste, debe apercibir al pájaro, bien tosiendo o haciendo algún ruido que no sea muy extraño y al irse a él para taparlo con la sayuela o cobija, se halagará con palabras o haciéndole castañuelas con los dedos: esto lo tranquiliza y no se botan ni se hacen bregadores a la presencia del amo.

Feliciano del Río Muñoz-Cobo, «Memorias de un cazador. De la perdiz, Arjona, 1914», en Patria: órgano provincial de la Unión Patriótica, Jaén, 25.01.1930, pág. 5 (actualización y nota: Antonio Erena).


[1] Alonso de Contreras y Aranda, II vizconde.

viernes, 6 de marzo de 2026

Tercer Viernes de Cuaresma 2026

José Basurto, Cruz procesional de Jesús Nazareno (plata cincelada, 1677, detalle), Hermandad de Jesús Nazareno, Bujalance, exposición «El legado de la fe», Palacio de la Merced, Córdoba, foto: Antonio Erena, 25.02.26
Sierra de Córdoba. Sierras de Adamuz, de Montoro, de Marmolejo…
Cinta azul de nostalgia desde las barandas de la Ermita de Nuestro Padre Jesús Nazareno, los días claros de invierno, cuando el viento solano bruñe las lejanías y cincela las cruces de piedra de sus atrios.
Viento áspero, diáfano, el más luminoso de todos, el más propicio también para gozar la soledad y el silencio, hermosos, bajo la tensa armonía de los cipreses. De los cipreses y los arcos, cegados a yeso y cal. Herméticos tabiques tras los que suponías las dramáticas tallas de los «santos menores» San Juan, La Magdalena, La Verónica, todo el año aguardando su amanecer de Viernes Santo entre penumbras de sacristía o granero.
Verdes siembras de marzo en torno a la Ermita. Refulgentes paredes al abrigo del viento, soleadas, frente al vasto e idílico territorio de olivos de El Chaparral. Ámbito de los lirios a horizontes más turbios en puro azul fundidos. Diadema de palomas para la geografía de la comarca.
Ángelus campesino, tras el vitral plomado del camarín de Cristo, donde exvotos y trenzas de muchachas antiguas sufrían el rubor tenue del crepúsculo y dardos de su melancolía…

Mario López, «La ermita», de Nostalgiario andaluz (1979), en Mario López, Poesía, Diputación de Córdoba, 1997,  p. 211.

jueves, 5 de marzo de 2026

Apocalipsis

Alberto Durero, Los cuatro jinetes del Apocalipsis, c. 1498, The Cleveland Museum of Art
Y cuando el Cordero abrió el primero de los siete sellos, miré y oí a uno de los vivientes que decía con voz de trueno: «Ven». Y vi un caballo blanco; el jinete tenía un arco, se le dio una corona y salió como vencedor y para vencer otra vez. Cuando abrió el segundo sello, oí al segundo viviente que decía: «Ven». Salió otro caballo, rojo, y al jinete se le dio poder para quitar la paz de la tierra y hacer que los hombres se degüellen unos a otros; se le dio también una gran espada. Cuando abrió el tercer sello, oí al tercer viviente que decía: «Ven». Y vi un caballo negro; el jinete tenía en la mano una balanza. Y oí como una voz en medio de los cuatro vivientes que decía: «Una medida de trigo, un denario; tres medidas de cebada, un denario; al aceite y al vino no los dañes». Cuando abrió el cuarto sello, oí la voz del cuarto viviente que decía: «Ven». Y vi un caballo amarillento; el jinete se llamaba Muerte, y el Abismo lo seguía. Se les dio potestad sobre la cuarta parte de la tierra, para matar con espada, hambre, epidemias y con las fieras salvajes. Cuando abrió el quinto sello, vi debajo del altar las almas de los degollados por causa de la Palabra de Dios y del testimonio que mantenían. Y gritaban con voz potente: «¿Hasta cuándo, Dueño santo y veraz, vas a estar sin hacer justicia y sin vengar nuestra sangre de los habitantes de la tierra?». A cada uno de ellos se le dio una túnica blanca, y se les dijo que tuvieran paciencia todavía un poco, hasta que se completase el número de sus compañeros y hermanos que iban a ser martirizados igual que ellos. Vi cuando abrió el sexto sello: se produjo un gran terremoto, el sol se puso negro como un sayal de pelo, la luna entera se tiñó de sangre, y las estrellas del cielo cayeron a la tierra como caen los higos de una higuera cuando la sacude un huracán. Desapareció el cielo como un libro que se enrolla, y montes e islas se desplazaron de su lugar. Los reyes de la tierra, los magnates, los generales, los ricos, los poderosos y todos, esclavos y libres, se escondieron en las cuevas y entre las rocas. Y decían a los montes y a las rocas: «Caed sobre nosotros y ocultadnos de la vista del que está sentado en el trono y de la ira del Cordero, porque ha llegado el gran Día de su ira, y ¿quién podrá mantenerse en pie?».

Juan, Apocalipsis, 6

miércoles, 4 de marzo de 2026

Ayer y hoy 44

"Estación de Torredonjimeno (Jaén) a mediados de los 80", foto: José Manuel García, en El Ferrocarril en Andalucía, página de Facebook, 29.01.26
La antigua estación de Torredonjimeno, hoy, foto: Antonio Erena, 03.03.26
"Camino Natural Vía Verde del Aceite", en Vías Verdes, página web de la Fundación de los Ferrocarriles Españoles

martes, 3 de marzo de 2026

Desolación 25

Jan Steen, The Effects of Intemperance (Las consecuencias de los excesos, 1663-1665), National Gallery, Londres

Las botellas que llevan 15 años abasteciendo de agua potable a Bernuy-Zapardiel (Ávila, 90 habitantes) sirven incluso al vaciarse: se rellenan del imbebible líquido que sale del grifo y acaban en los umbrales de las puertas para que los perros no meen en ellas. Los vecinos se han acostumbrado al camión que cada 15 días reparte palés de botellas porque el suministro está contaminado por nitratos y arsénico, cuya concentración en los acuíferos de Castilla y León supera a menudo un porcentaje crítico. Un estudio del Sistema de Información Nacional de Aguas de Consumo, publicado por el Ministerio de Sanidad, indica que en 2024 hubo 195 pueblos afectados, lo que alcanza a 33.168 habitantes. Las plataformas vecinales y los ecologistas advierten de que, además de los plaguicidas y fertilizantes, la proliferación de macrogranjas porcinas y plantas de biogás y sus purines asociados pueden agravar el problema.

Huele mal. El viento mueve el hedor de las cercanas granjas de cerdos por las calles vacías de Bernuy, donde solo hay unas almas en el bar. El camarero, Luis Encinas, de 52 años, comenta que ya antes de rebasar los niveles actuales “el agua sabía a cloro que jodía”. Su parroquiano Miguel Ángel González, de 50, corta tortilla y chorizo con una navaja y menciona el arsénico —“ya nos hemos acostumbrado”— antes de dirigirse a su garaje, donde infinidad de botellas esperan turno. “Somos cinco y se beben sin querer”. Con el vino, bromea, no hay fallo.

La peste se intensifica cerca de la laguna de Lavajuelo, entre los pueblos abulenses Arévalo (8.200 habitantes) y Aldeaseca (210), al norte de la provincia, donde las lluvias invernales han resucitado una balsa antaño desecada para ganar terreno agrícola. Luis Martín, ornitólogo, otea tras su telescopio con la nariz arrugada y señala una de las aún pequeñas granjas de cerdos, anticipo de las venideras cuando avancen los tres proyectos en marcha de plantas de biogás, una energía verde que emana del tratamiento de purines y restos orgánicos o cadáveres de animales. Pocos empleos, mucha potencial afección medioambiental, resume Martín, molesto con la ubicación de esas instalaciones: una loma cuyas aguas resbalan hacia esa laguna, donde las precipitaciones. que se contaminan también, recalan en los acuíferos subterráneos.

Manuel Iglesias, geólogo por la Universidad de Salamanca, afirma que las macrogranjas “son un problema por el exceso de deshechos, los acuíferos son difíciles y el del Duero tiene zonas más permeables y menos permeables”, de modo que según donde acaben los purines pueden perjudicar más o menos a estas balsas subterráneas. “En la huerta siempre se ha echado la mierda de los marranos pero depende de lo superficial que sea el acuíferos y que haya ríos, la clave es el control”, resume.

“NoMetaNo”, reza una pintada en un muro de una fábrica contigua, como protestan muchas asociaciones en la comunidad donde hay ya tramitándose hasta 95 de estas instalaciones y unos cinco millones de cerdos, el doble que personas, con decenas de macrogranjas en tramitación. “Las plantas de biometano van a centralizar toda la mierda y contaminar con miles de camiones que traerán purines de otros lados”, censura Martín. Su compañero de lucha Agustín Canales, de 57, lamenta que en Arévalo, donde a veces se libran de agua con concentración 50 miligramos por litro que marcan el límite aceptable, mucha gente compra garrafas porque no se fía. “Hay Ayuntamientos que conservan la dignidad y defienden a los vecinos y otros que se venden y nos enfrentan, son correligionarios”, reprueba. Su municipio, gobernado por el PP, como la Junta, promulgó una moción contra esos proyectos, aunque estos activistas temen que ceda porque los echaron del último Pleno.

“Cuando lleguemos a ese río, cruzaremos ese puente”, aseguró el alcalde, Vidal Galicia, a quien ahora los carteles reivindicativos del colectivo, pegados sobre anuncios de eventos taurinos, le recuerdan la frase con ilustraciones de ríos contaminados y peces muertos. Aurora Vilarino, de la coordinadora de Stop Biogás España, Stop Biogás Castilla y León y presidenta de la asociación de vecinos de Milagros (Burgos, 420 habitantes), lo resume así: “Estos proyectos son una espiral donde unos pocos ganan y los demás perdemos calidad de vida y futuro sostenible. Los políticos deben defender nuestro territorio, no venderlo. Somos personas viviendo en territorio, no territorio”. Koldo Hernández, coordinador de Agua en Ecologistas en Acción, esgrime que “es algo recurrente que afecta al medio ambiente, a la salud y a la calidad de vida, urge reducir la contaminación para evitar que la solución sea la resignación o que el arreglo recaiga en los sistemas de potabilización de pequeños Ayuntamientos sin recursos”.

La también activista arevalense Blanca Alonso, de 59, celebra el éxito de las movilizaciones, con 4.300 firmas contra el biogás y manifestaciones con 800 personas, pero lamenta que los empresarios y hosteleros, pese a que el combo de cerdos y biometano no los beneficia, “tienen miedo a posicionarse”. “Vamos a presentar un contencioso-administrativo para intentar parar las licencias”, agrega. Su colega Sara Martín, de 54, destaca las infecciones oculares que ella y los hijos de unos amigos, con quienes no habían hablado del tema hasta que les sucedió lo mismo, sufrieron a raíz del agua de la ducha: “El médico me recetó colirios y me reconoció que podría venir por ese motivo, llevo 20 años cocinando con agua embotellada, 400 euros anuales, porque las tuberías de mi casa nueva cogieron color ¡y eso es lo que nos bebemos”. El grupo llama a la movilización: “Hay gente que dice ¿Por qué os movéis si ya está hecho? Para que vean que no concordamos”.

«La Ávila que no puede beber agua del grifo por la contaminación de los acuíferos: “Se va a agravar por las macrogranjas” Al menos 195 pueblos de Castilla y León carecieron de suministro de agua potable en 2024 por la agricultura intensiva y la proliferación de purines del creciente sector porcino», Juan Navarro, El País, 02.03.26

jueves, 26 de febrero de 2026

Geometrías 16

Plaza de Capuchinos, Córdoba, foto: Antonio Erena, 25.02.26
Recinto de silencios. Aljamiada
Plaza de los Dolores. Geometría
de cielo y cal. Tapiada de Andalucía.
Córdoba en soledades cubicada.
 
Cristo de piedra. Muda cruz alzada
sobre los barrios de la torería.
Trágico monumento de agonía.
Rincón de luna y muerte traspasada…
 
Patio de estrellas. Virgen entre lirios
de primavera. Virgen desmayada
bajo el temblor incierto de los cirios.
 
Ámbito de la sombra iluminada.
Huerto interior de ascéticos delirios.
¡Oh aljibe de suspiros encalada!
 
Mario López, “Plaza de los Dolores (Córdoba)”, de Cal muerta. Cielo vivo... (1969)

miércoles, 25 de febrero de 2026

viernes, 20 de febrero de 2026

Primer Viernes de Cuaresma 2026

Hornacina del Cristo de la Amargura, calle San Bartolomé / plazoleta del Vinagre, Jaén, foto: Antonio Erena, 13.12.25
En estos días, en los que todo adquiere movimiento, es cuando mi alma más ansía la paz del barrio viejo. Acaricio cada historia de sus sombras, pues más de una vez he creído ver la luz de Belén en el ninfeo donde, tiempo atrás, habitó aquel que convirtió mi amor en sierpe.
 
No sé qué tendrá este tiempo que tanto incita al recuerdo. A mí me obliga a abandonar Valparaíso y recorrer callejas. Calles tristes, calles de duendes sin rumbo, como yo. Calles donde habitan las almas perdidas.
 
Y, el andar por estas calles, trae a mi memoria el recuerdo desgastado de aquel extraño amigo. Hace ya tantos años… Nunca, en ningún cielo, pudo verse más dolor que en el cielo de sus ojos.
 
Su nombre jamás le importó a nadie. Mucho menos, acaso  que su sonrisa: era tan sincera… Vivía en una pequeña plazoleta que presidía una magnífica escultura de un tal Constantino Unghetti. Un artista que debió ser muy famoso, por las cosas tan bonitas que hacía. A los pies de su casa, se hallaba una de sus obras: un zagal acompañado de ese gran amigo del hombre, el perro. A él le gustaba mirarla cuando la noche y el silencio caían por las calles. Siempre le contaron que, antaño, aquella plazuela estuvo llena de bullicio. El Colegio de San Agustín desbordaba de risas y alboroto los días que, a pesar de todo, se sucedían monótonos.
 
Su vida, a los ojos de todos, era bastante vacía. Pero a él no le importaba que murmuraran. Se hacía llamar “el buscador de estrellas”, pues era su obsesión diaria, recoger todas las estrellas posibles de la calle, alardeando de su belleza. Todos se reían de aquella hazaña pues nunca lograron que se las enseñara. Eso provocó que las burlas de todos cayeran sobre él. Sin embargo, no parecía importarle.
 
Sus momentos de calma transcurrían envueltos con el olor a azahar de la plaza de San Bartolomé. Las horas muertas se deslizaban entre sus dedos, casi siempre con arañazos. Cuando las viejas entraban en la iglesia, él corría presto a advertirlas de que miraran sus ojos, los ojos de aquel Cristo Expirante. Ojos llenos de sufrimiento. Y, a la vez, ojos llenos de luz. Un tormento que daba refugio en sus noches. “No hay mejor guía ni camino que su mirada mirando al cielo, rogando al cielo, suplicando al cielo… que acabe este dolor”.
 
Justo al lado de la Hermandad del Trabajo había una taberna. Casi haciendo esquina con Josefa Sevillanos. Calle que miraba de reojo pues allí vivió su gran amor, aquella mujer que un día le abandonó. Y los recuerdos se amontonaban en su mente por las muchas horas que pasaba allí, frente a la taberna. Esperando que el alcohol pariera su milagro. Algunas veces, si ellos tardaban mucho en salir, se recostaba en algún portal de la calle Las Palmas mientras el tiempo pasaba y mientras observaba sus dedos: habían nacido para recoger estrellas, dijeran lo que dijeran los demás. En sus manos, es donde mejor descansaban las estrellas del cielo jaenés.
 
A las claras, comenzaba siempre el bullicio. Y era la señal de que el alcohol había consumado el milagro que sus dedos esperaban. Los hombres salían con su ebriedad a cuestas y comenzaban las discusiones, las amenazas y los golpes. Las botellas rotas sembraban en la calle un camino inescrutable de cristales rotos. Él quedaba un rato más, hasta que los demás se marchaban. En silencio, mirando desde la calleja. Luego, recorría el sendero  andado. Tras él, la calle quedaba limpia. Y, entonces, se dirigía hacia el Campillejo del Vinagre para hablar, a solas, frente al Cristo de la Amargura, que cada día, amaneciendo, escuchaba el Padrenuestro más sincero del mundo, desde su hermosa hornacina. Cuando el sol se colaba por la espadaña de San Bartolomé, él ya estaba de regreso a casa. Y, mientras las campanas volteaban llamando a la primera misa de la mañana, él ya se encontraba durmiendo, soñando con sus estrellas y con las calles llenas de esperanza.
 
Sin embargo, una vez, a las claras, los borrachos volvieron al lugar de los hechos para seguir con sus peleas y le encontraron recostado sobre el suelo.
 
—Pero, ¿qué hace éste?
 
—Estoy recogiendo estrellas, dijo él.
 
—¿Qué dices “sooo tonto”? ¡Si son cristales de botellas!
 
—¡No!. ¡Son estrellas!
 
Las burlas no se hicieron esperar. Entre risas y achuchones, le pedían que enseñara sus estrellas, mientras las carcajadas clavaban una lanza infame en el Cristo de la Amargura, que desde lejos, sentía caer sus lágrimas. Le empujaban, le empujaban sin piedad. Hasta que, a la fuerza, sacaron una de sus manos de los bolsillos de su abrigo. La mano delgada, huesuda, estaba cubierta de sangre y la sangre se deslizaba. Por querer retener a sus estrellas, las había apretado fuerte entre sus manos, para que no las encontraran, para que no se escaparan…
 
Al ver la sangre correr, los hombres se asustaron, no pudiendo evitar que los agentes del orden se personaran en el lugar al ser informados de los gritos. Sin embargo, no hubo detenciones. En realidad, no había ocurrido nada. Se quedaron a solas con él y que les contara lo que había ocurrido. Sin faltar a la verdad, dijo que nada, que él solo estaba recogiendo estrellas. Pero se negó a enseñárselas. Ellos se armaron de paciencia y le preguntaron dónde vivía, pues le acompañarían a casa.
 
A la altura de San Bartolomé se empezó a tambalear. Su único pensamiento era volverse y correr hasta el Campillejo del Vinagre pues el Cristo de la Amargura esperaba un Padrenuestro… y sus palabras. Los agentes le sujetaron. La quietud de los naranjos lanzaba un perfume que embriagada. Él, inconscientemente, sacó una de sus manos de los bolsillos. Los hombres vieron que sangraba. Y, para curarle las heridas, uno de ellos metió sus manos en el agua de la fuente. Y la sangre se diluía, como si fuera un tul de rosas macabras.
 
Registraron sus bolsillos y sacaron trozos de cristales rotos, ensangrentados… que también tiraron en la taza. Y, al disiparse la sangre, ahora, a las claras, que casi los primeros rayos del sol acariciaban la espadaña. Y la luz se impuso en los trozos, sobre el reflejo del agua… brillaban… más que las estrellas brillaban. Él sonrió levemente. Los agentes estaban confundidos, sin saber qué decir. Más aún, cuando llegó una vieja  casi sin aliento a la plaza asegurando que al pasar por el Campillejo, al Cristo de la Amargura, le brotaban lágrimas.
 
Mari Ángeles Solís, "Estrellas cautivas", ExtraJaén, Diario Jaén, 02.01.26