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jueves, 5 de octubre de 2023

Perritos 35

Iglesia de Castillejo de Robledo, Soria, foto: Antonio Erena, 04.08.23
Castillejo de Robledo en el Camino del Cid

A la izquierda dejan Atienza,   una peña muy fuerte,
la sierra de Miedes   la pasaron entonces, 
por los Montes Claros   espolean con vigor. 
A la izquierda dejan Griza,   que Álamos pobló 
(allí están los subterráneos   donde a Elfa encerró), 
a la derecha dejan San Esteban,   que queda más remoto. 
Los infantes han entrado   en el robledo de Corpes, 
el arbolado es muy alto,   las ramas suben a las nubes, 
los animales salvajes  andan alrededor. 
Hallaron un vergel   con una limpia fuente, 
mandaron plantar la tienda   los infantes de Carrión, 
con cuantos traen consigo   allí duermen esa noche, 
abrazando a sus mujeres   les demuestran amor, 
¡mal se lo cumplieron   cuando salió el sol!

Cantar de Mío Cid, Cantar Tercero, versos 2691 - 2704 (versión modernizada de Alberto Montaner Frutos)

martes, 28 de junio de 2022

Plazas 1 - Fuentes 2

Plaza de España con la fuente de los Tritones, Atienza (Concurso de Pintura Rápida 2022)
Foto: Antonio Erena (25.06.22)
Atienza de los juglares,
alto navío de ruinas
que nunca has visto los mares:
te traigo —mis azahares—
ramos de espumas marinas.

Castillo, línea quebrada,
dibujada
sobre el azul, que es ya verde,
que palidece, que pierde,
que se arría,
que —sin bandera— se estrella.

Línea aún más voltaica y fría
cuando ya el alba destella,
y su anís de luz vacía
—limón, naranja, grosella—
arde en júbilos de grana.
Para volver al celeste
—norte, sur, este y oeste—
cenit de luz castellana.

Abre, Atienza, tus balcones
—verdes balcones de Atienza—,
ábrelos al aire y trenza
tu piedra heráldica en nudos
y en cordones,
y encréspala en tus escudos.

Diez siglos caen en vellones
sobre tus niños desnudos.
Vuela el águila, y tu plaza
—triángulo— ve en declive.
Lenta, sus círculos traza
y el triángulo en medio inscribe.

Atienza, tus campanarios,
torres casi vegetales,
crecer querrían leales,
pero no alcanzan los nidos
caudales
que esconden itinerarios
en sus ovillos, dormidos.

Más altas van tus almenas.
Huid, sombras agarenas.

Cuatro enemigos paisajes
frente a frente
dominas, cuatro tatuajes,
que el ojo cerrado miente
—Atienza, adiós— todavía.
Adiós, flor de los cristianos.

Del Cid fuiste y ya eres mía.
Yo he de volver otro día
a tocarte con mis manos.

Gerardo Diego, «Atienza», Primera antología de sus versos (1918 – 1941), Colección Austral, Espasa-Calpe, 1980