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jueves, 2 de abril de 2026

Jueves Santo 2026

Jerónimo Quijano (atrib.), Santa Cena (c. 1520), Catedral de Jaén, en la exposición "Jaén entre la Edad Media y la Modernidad", Baños del Naranjo, Jaén, foto: Antonio Erena, 13.12.25

lunes, 16 de marzo de 2026

lunes, 20 de octubre de 2025

Excéntricos 38

Antonio Muñoz Molina (Úbeda, 10.01.1956), foto: Victoria Iglesias (2018)
Salir a la calle ha sido como entrar en un mar con oleaje. Quién es él entre la gente que lo esquiva apresurada, se pregunta. Soy un hombre anciano que pasea a su perra, se responde. Tal vez no sea en rigor un anciano, aunque sin duda lo es para los jóvenes con los que algunas noches se cruza, grupos testosterónicos que parecían haber desaparecido del mapa y han vuelto más temibles que antes. A veces los une el fútbol, otras, como el viernes pasado, el Cara al Sol no tan improvisado en la esquina de su casa: mismo corte de pelo, misma vestimenta, musculación hormonada, esa férrea voluntad de algunos hombres de parecerse unos a otros. Él es el hombre solo, aturdido y temeroso, sin más propósito que comprar un periódico. Ya en sí este es el inicio de una historia anacrónica. Pasea a una cachorrilla atolondrada. Sujeta con fuerza la correa porque los autobuses recorren la calle a una velocidad inusitada, acercan tanto las ruedas a la acera que siente un escalofrío al pensar que podrían llevársela por delante. Decía Buñuel en sus memorias que de la vida eterna solo esperaba poder salir cada veinte años de su tumba, comprar el periódico, ver cómo estaba el mundo y regresar al sueño eterno. Qué pensaría Buñuel de este mundo precipitado que él atraviesa ahora con el mismo propósito: asomarse a unas páginas para luego volver a refugiarse en casa. Qué pensaría su padre, se pregunta, si levantara la cabeza esta mañana y observara atónito a toda esta gente que se le cruza sin mantener un mínimo contacto visual porque anda sumergida en una pantalla. ¿Sabría aquel hombre del campo ponerle un nombre apropiado a esta extrañeza? Hace tiempo que se siente fuera de época, pero no lo dice, ni lo escribe, porque teme afianzar una misantropía que lo recluya y lo induzca a rehuir a la multitud. ¿No acusan con frecuencia a los hombres de edad, de la suya, de ser iracundos? Él no se ve como una amenaza para nadie, es que no tendría fuerzas para serlo, muy al contrario, siente que ya no ocupa casi espacio, como si se fuera poco a poco desvaneciéndose. Se acobarda cuando ocupan la acera estas nuevas hordas de varones enormes, el renovado furor de motoristas que atraviesan la ciudad dejando a su paso una estela de ruido o al sentir el estruendo de esos coches deportivos tan en boga que arañan el asfalto y son alquilados por un día para asustar a los hombres de pobres propósitos como él: comprar el periódico, pasear a su perra, seguir una rutina que lo aferre a la vida, contrarrestar su creciente invisibilidad. No hay vida sin ambición, dicen, y se pregunta cuál es la suya. Refugiarse en su cuarto de juegos, como cuando era niño; los juegos son prácticamente los mismos. No ha cambiado nada en él, los mismos miedos, las mismas fantasías. Qué fracaso de aprendizaje, piensa cuando se entrega a pensamientos negros. Echa de menos la presencia de su padre en la huerta, aunque ya no tiene ni edad para ser huérfano. Aun así, la vida no lo ha tratado mal, se dice, al fin y al cabo, cuántos pueden entregarse a tareas solitarias y lanzar luego aviones de papel por la ventana para dar cuenta al mundo de su existencia: “¡Sigo aquí!”. A menudo se encuentra con un viejo en una silla de ruedas empujada por una chica de acento dulce. El viejo tiende la mano para acariciar a la perra y él se la sube al regazo. La perrilla le devuelve algo de la memoria perdida. Ignorado perro de la dicha, escribió Onetti. “Mejores que las personas”, murmura el viejo antes de emprender uno de sus últimos paseos.

Soy el hombre al que le van cerrando kioscos, piensa, el hombre de la Edad del Papel, y paseo a mi tercera perra. Soy el protagonista de un cuento del siglo XX. Y entonces, al alzar la vista, la ve. Tan suya. Avanza hacia él y al acercarse lo agarra fuerte por los hombros como si quisiera sacarlo del agua. Él no sabe si es una aparición del pasado o del futuro, pero de pronto se siente a salvo.

Elvira Lindo, «Sentirse a salvo», El País, 19.10.25

sábado, 4 de enero de 2025

Invierno 4

Goya, La nevada o El Invierno (1786), Museo del Prado
The room was suddenly rich and the great bay-window was
Spawning snow and pink roses against it
Soundlessly collateral and incompatible:
World is suddener than we fancy it.
 
World is crazier and more of it than we think,
Incorrigibly plural. I peel and portion
A tangerine and spit the pips and feel
The drunkenness of things being various.
 
And the fire flames with a bubbling sound for world
Is more spiteful and gay than one supposes — 
On the tongue on the eyes on the ears in the palms of one's hands —
There is more than glass between the snow and the huge roses.

La habitación se enriqueció de repente y la gran ventana mirador fue
cubierta de nieve y rosas rosadas contra ella
silenciosamente adyacentes e incompatibles:
el mundo es más repentino de lo que imaginamos.
 
El mundo es más loco y más de lo que pensamos,
incorregiblemente plural. Pelo y corto
una mandarina y escupo las pepitas y siento
la embriaguez de las cosas siendo varias.
 
Y el fuego arde con un burbujeante sonido para el mundo,
es más malicioso y alegre de lo que uno supone
—en la lengua, en los ojos, en los oídos, en las palmas de las manos—,
hay más que cristal entre la nieve y las enormes rosas.
 
Louis MacNeice, Snow (Nieve), The Collected Poems of Louis MacNeice, Oxford University Press, 1967, trad. Antonio Erena.

martes, 10 de diciembre de 2024

viernes, 21 de junio de 2024

Música popular 187

Rafael Farina (Martinamor, 2.06.1923 - Madrid, 21.11.1995), fuente: Todocolección)

Mi perro amigo (vídeo)

Mi perrito Lucero fue mi alegría,
el mejor compañero que yo tenía,
a la escuela a mi niño lo acompañaba
y con cuánto cariño con él jugaba.
 
Pero una noche él solito,
en defensa de mi hogar,
en la mano de un maldito
ya no pudo más ladrar.
 
No siento los dineros que me robaron,
sino al pobre Lucero que me mataron;
a pesar del tormento de su agonía
su rabito contento aún se movía
 
Alma de tirano, corazón de hierro,
¡maldita sea la mano que mata a un perro!
¡Maldita sea la mano que mata a un perro!
 
En penar y contento, siempre testigo,
goce en todo momento sintió conmigo;
fue tan grande y tan sano, tanto adoraba,
que lamía la mano que le pegaba.
 
Pero una noche él solito…

Rafael Farina, Mi perro amigo

martes, 21 de mayo de 2024

Hoteles 1 - Perritos 38

El Hotel Alhambra Palace desde el Campo del Príncipe, Granada, foto: Antonio Erena Camacho, 17.05.24
Borde el Darro gentil su margen de oro                   
sobre tapetes de esmeralda hermosa,            
y matutina, deshojada rosa               
en él disipe intacto su tesoro;            
 
   las bellas ninfas, olvidando el coro,           
en profusión de flores olorosa,                     
imiten divertidas a la diosa               
que presta a mayo su primer decoro;            
 
   para que Fénix con altivo orgullo              
favorecida pise arroyo y prado:
mas si le da como el amor desvío,                
 
   ni deshoje la rosa su capullo,                     
ni de Flora las ninfas sean traslado:
ni de oro el margen suyo borde el río.          

Pedro Soto de Rojas, Sonetos, «XXXII - Tapices de rosas», ed. Ramón García González, Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, Alicante, 2005.

lunes, 4 de diciembre de 2023

Venatoria 6 - Perritos 36

Jean Daret y Nicasius Bernaerts, Retrato de cazador sentado con sus perros (1661), hoy considerado el primer retrato de cazador de la pintura francesa, en venta en René Millet Tableaux & Dessins

jueves, 5 de octubre de 2023

Perritos 35

Iglesia de Castillejo de Robledo, Soria, foto: Antonio Erena, 04.08.23
Castillejo de Robledo en el Camino del Cid

A la izquierda dejan Atienza,   una peña muy fuerte,
la sierra de Miedes   la pasaron entonces, 
por los Montes Claros   espolean con vigor. 
A la izquierda dejan Griza,   que Álamos pobló 
(allí están los subterráneos   donde a Elfa encerró), 
a la derecha dejan San Esteban,   que queda más remoto. 
Los infantes han entrado   en el robledo de Corpes, 
el arbolado es muy alto,   las ramas suben a las nubes, 
los animales salvajes  andan alrededor. 
Hallaron un vergel   con una limpia fuente, 
mandaron plantar la tienda   los infantes de Carrión, 
con cuantos traen consigo   allí duermen esa noche, 
abrazando a sus mujeres   les demuestran amor, 
¡mal se lo cumplieron   cuando salió el sol!

Cantar de Mío Cid, Cantar Tercero, versos 2691 - 2704 (versión modernizada de Alberto Montaner Frutos)

jueves, 20 de abril de 2023

Perritos 34

Cora (I) y Andrés, cortijada de los Villares, Torredonjimeno, foto: Andrés Erena, c. 1970
Noticias de yerros cometidos en olor de santidad
noticias de hombres que aquilatan el valor de las cosas nimias
noticias de enormes descubrimientos y periplos inigualables
y sobre la panza gris del alabardero
un gato de porcelana,
 
oh retorno a la vida sencilla
chorreante de ambrosía sin par
adobada en la refringencia de soles maduros
y la lentitud de las labores
con sus aperos hechos catalepsia
y la densa amplitud de unas estancias
mecidas en los hilos de una época
los paseos con los amigos que perciben el olor de los geranios
con los amigos que distinguen el color de los pájaros
son esas tangibles entonces seguridades de estar haciendo algo exacto
luego
con la mezcolanza de gentes y caminos
una bisagra diferenció nuestras vidas
nostalgia en nuestras manos y rostros
oh neblinosa tarde junto a la umbría fuente plena de mantillo
una salamandra juega con su maravillosa piel,
y mi hermano arranca el sonido de la piedra oscura,
 
recuerdos apañados por dedos de sonrisa
imbricados en la melopea de las especias picantes
y tú viviendo aún en la cárcava de nuestros primeros años
despidiéndote un pañuelo a puntos amarillos
lanzado a un invierno distante
oh magnate del disimulo
ahora veo claro en tus apariencias saciadas de miedo
las hojas tornasoladas
te acuerdas
junto a la pared vieja
y la perra
siempre con la mano derecha levantada
claro
en primavera otra vez reunidos
y la huida
juntos
a la frondosa cénit de toda existencia
y de nuevo
un largo verano
hasta que muchas cosas cambiaron
y tu mirada se tornó lejana
desprovista de lo esencial para ser nuestra
seguramente fueron ellos los que te hicieron mirar así
aunque ya ahora da lo mismo
fíjate
hasta los árboles han cambiado
e incluso las gentes tienen otro aspecto
parecen descontentos
y sus labios no se abren apenas
tengo la impresión de que alguien nos ha engañado
a lo mejor todo fue una broma
contempla las colinas.
 
Francisco Ferrer Lerín, «Antiguo», De las condiciones humanas (1964), en Poesía reunida, Tusquets, 2023, pp. 29-30.