Mostrando entradas con la etiqueta Plazas. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Plazas. Mostrar todas las entradas

jueves, 26 de febrero de 2026

Geometrías 16

Plaza de Capuchinos, Córdoba, foto: Antonio Erena, 25.02.26
Recinto de silencios. Aljamiada
Plaza de los Dolores. Geometría
de cielo y cal. Tapiada de Andalucía.
Córdoba en soledades cubicada.
 
Cristo de piedra. Muda cruz alzada
sobre los barrios de la torería.
Trágico monumento de agonía.
Rincón de luna y muerte traspasada…
 
Patio de estrellas. Virgen entre lirios
de primavera. Virgen desmayada
bajo el temblor incierto de los cirios.
 
Ámbito de la sombra iluminada.
Huerto interior de ascéticos delirios.
¡Oh aljibe de suspiros encalada!
 
Mario López, “Plaza de los Dolores (Córdoba)”, de Cal muerta. Cielo vivo... (1969)

domingo, 25 de mayo de 2025

Domingo de Jesús

Jesús Nazareno regresa a su iglesia de San Francisco, Domingo de Jesús, Priego de Córdoba, foto: Antonio Erena, 25.05.25
Almas piadosas, clamad
Con espíritu sereno:
Padre Jesús Nazareno,
Perdón, clemencia, piedad.
 
            Los honrados ascendientes
Que su nombre nos legaron,
A Jesús nos enseñaron
A venerar reverentes:
Y a fuer de buenos creyentes
Pedimos con humildad.
            Padre Jesús Nazareno,
Perdón, clemencia, piedad.
 
            Por eso le dedicamos
Plegarias, votos, ofrendas,
Que son auténticas prendas
De lo que en Él esperamos:
Por eso todos clamamos
En cualquier necesidad.
            Padre Jesús Nazareno,
Perdón, clemencia, piedad.
 
            Si cuando el Padre padece
Se compadecen sus hijos,
Pongamos los ojos fijos
En la imagen que aparece:
¿Quién no pena y aborrece
De sus culpas la maldad...?
            Padre Jesús Nazareno,
Perdón, clemencia, piedad.
 
            Almas devotas, clamad
Con espíritu sereno;
Padre Jesús Nazareno,
Perdón, clemencia, piedad.
 
            Las imágenes sagradas
Del Nazareno divino,
Están mostrando que vino
Tras de ovejas extraviadas:
En la cruz van figuradas
Que agobia a su Majestad.
            Padre Jesús Nazareno,
Perdón, clemencia, piedad.
 
            Llevaba de muy buen grado
Jesús en la cruz a cuestas,
Las consecuencias funestas
De nuestro enorme pecado:
Y habiéndolas Él cargado,
Nos perdonó la Deidad.
            Padre Jesús Nazareno,
Perdón, clemencia, piedad.
 
            Al que a Jesucristo siga
Con su propia cruz cargado,
Penitente y resignado
El peso se le mitiga:
Para que confíe y diga
(No obstante su indignidad.)
            Padre Jesús Nazareno,
Perdón, clemencia, piedad.
 
            El que tierno se mostrara
Con su dolorida Madre,
Muéstrasenos como Padre
Bajo la cruz en la cara:
Es la expresión viva y clara
De su entrañable bondad.
            Padre Jesús Nazareno,
Perdón, clemencia, piedad.
 
            Es tan noble y desprendido,
De entrañas tan generosas,
Que en las mujeres piadosas
Declinará su plañido:
No lloréis por mí afligidas
No: por vosotras llorad.
            Padre Jesús Nazareno,
Perdón, clemencia, piedad.
 
            ¡Quién fuera tan fervoroso
Como la dicha Verónica
De quien refiere la Crónica
Que limpió su rostro hermoso!
Y la imagen... ¡don precioso!
Mereció su caridad.
            Padre Jesús Nazareno,
Perdón, clemencia, piedad.

Carlos Valverde López, "Gozos a Nuestro Padre Jesús Nazareno" (de su Novena a Nuestro Padre Jesús Nazareno), en Enrique Alcalá Ortiz, Hablan del Nazareno de Priego (edición digital), Priego de Córdoba, 2005, pp. 163-165.

martes, 24 de diciembre de 2024

Navidad 2024 3

Plaza de Isabel II y Teatro Real, Madrid, foto: Antonio Erena, 17.12.24
   Mi hijo mayor tuvo esta semana su primera duda teológica. Dando un paseo nos encontramos con varias ventanas decoradas con estandartes del niño Jesús que le llamaron la atención, así que le recordé que estaban ahí porque en Navidad celebramos que Dios ha nacido. Sin soltarme la mano y desde abajo ―ojalá se pudieran guardar esas miradas―, frunció el ceño y me respondió que no, que Dios no había nacido. Que quien había nacido era Jesús.
   Tenía dos opciones: intentar explicarle la Santísima Trinidad a un niño de tres años o pasar por alto lo que acababa de ocurrir y decirle “¡mira, un perro con abrigo!”, táctica que utilizo cuando no me conviene el cariz que está tomando alguna situación. Opté por la primera y, como bien pude, le expliqué que Jesús era el hijo de Dios y Dios encarnado, pero él seguía poniendo pegas. Su argumento final fue que Cristo no podía ser Dios porque era un bebé, y comprendí que el germen de su arrianismo igual no era la incomprensión de la Santísima Trinidad sino que Dios pudiera andar por ahí en pañales. Para mi hijo, que le cuenta a todo el que se preste a escucharle que él ya va al colegio y que su seño se llama Nerea, los bebés son el escalón más bajo de la sociedad, así que, ¿cómo iba a ser Dios uno de ellos?
   Esa misma tarde leí una columna de Sergio C. Fanjul en la que exponía dos cuestiones: cómo el capitalismo ha fagocitado el sentido de la Navidad y las consecuencias de la secularización en las generaciones más jóvenes. “Nunca imaginé que iba a requerir tanto esfuerzo que mi hija conociese la antes ubicua figura de Cristo. Más bien pensaba que tendría que protegerla del adoctrinamiento”, confesaba, en la línea de otro artículo en el que Sergio del Molino contaba: “Nunca pensé que me fuera a preocupar algo así, pero sin una cierta familiaridad con el catolicismo (...) casi toda la cultura occidental se vuelve incomprensible”. Cabe preguntarles qué solución proponen. Si es la del laicismo ―relegar la educación religiosa al ámbito privado―, la brecha cultural entre clases se acrecentará, pues, en una sociedad secularizada como la nuestra, sólo los hijos de las clases ilustradas acabarán sabiendo decodificar su propia cultura.
   Pero, volviendo a la columna navideña de Fanjul, en ella no daba el paso de relacionar la propuesta económica del liberalismo ―el hedonismo consumista― con la antropológica ―la muerte de Dios, el laicismo, el desencantamiento del mundo―. No sólo los mercaderes han expulsado a Cristo de su cumpleaños; también lo han hecho quienes se empeñan en borrar su nombre y su huella, los de los belenes laicos y el felices fiestas en nombre de la inclusión, que no parecen plantearse que para integrar a alguien a una cultura antes hay que tenerla.
   Fanjul no tiene fe, pero eso no le impide entristecerse al observar que casi nadie se acuerda de Cristo en Navidad. Y yo, que no es que empezara a creer en Dios sino a dejar de negar su existencia hace unos años, tengo que decirle que no se preocupe. Que no somos pocos los que, como canta Pablo Martínez, estos días celebramos ese escándalo para los poderosos que es que Dios anduviera en pañales. Que no naciera en un palacio lleno de oro sino en un pesebre. Que se presentara ante nosotros sin cetro, con la fragilidad y la ternura de un recién nacido, señalándonos así el camino. No somos pocos y he de confesarles, aunque los datos me contradigan, que creo que cada día seremos más. Porque es del frío de donde surge la necesidad de una lumbre. Feliz Navidad.

Ana Iris Simón, «Nuestro Dios anduvo en pañales», El País, 21.12.24

martes, 21 de mayo de 2024

Hoteles 1 - Perritos 38

El Hotel Alhambra Palace desde el Campo del Príncipe, Granada, foto: Antonio Erena Camacho, 17.05.24
Borde el Darro gentil su margen de oro                   
sobre tapetes de esmeralda hermosa,            
y matutina, deshojada rosa               
en él disipe intacto su tesoro;            
 
   las bellas ninfas, olvidando el coro,           
en profusión de flores olorosa,                     
imiten divertidas a la diosa               
que presta a mayo su primer decoro;            
 
   para que Fénix con altivo orgullo              
favorecida pise arroyo y prado:
mas si le da como el amor desvío,                
 
   ni deshoje la rosa su capullo,                     
ni de Flora las ninfas sean traslado:
ni de oro el margen suyo borde el río.          

Pedro Soto de Rojas, Sonetos, «XXXII - Tapices de rosas», ed. Ramón García González, Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, Alicante, 2005.

miércoles, 3 de mayo de 2023

Día de la Cruz

Cruz de Mayo en Plaza Larga, dibujo de Julio Cámara Romero (2012) para la novela El secreto del escultor de Antonio Erena

Caía la tarde y a partir de Plaza Nueva una multitud se agolpaba en la estrecha calle junto al río, rumbo a lo alto del Albaicín. Para evitar los agobios nos desviamos a la izquierda, por un callejón, y a paso lento fuimos trepando hasta alcanzar por fin el mirador de San Nicolás, esta vez no lleno del público de la ocasión anterior del Domingo de Ramos, sino abarrotado de hermanos de la cofradía más numerosa de la ciudad, muy por encima de las de Semana Santa: la del botellón y asimilados, montándose la gran juerga.

Me encantan estas fiestas populares comenté en medio de la gente.

Te lo advertí rio Esperanza viendo mi cara.

Eres una gran profeta le dije.

La agarré y saltamos a un lado para esquivar a unos que se divertían arrojándose el contenido de las litronas, mientras hablaban a gritos por el móvil.

Hace fresquito. Mira la sierra. Todavía hay bastante nieve. ¡Qué año tan raro! ¡Con el calor que siempre hace en las Cruces! chilló mi amiga.

Entre la bulla, nos acercamos al pretil de la plaza para contemplar el panorama.

¡Como me empujen me mato! gritó Esperanza mirando a la calle, unos metros por debajo.

Vamos a Plaza Larga a ver la cruz le sugerí en vista de las circunstancias.

¿El qué? dijo Esperanza. ¡No te oigo! ¡Con este jaleo!

Que me sigas a un sitio más tranquilo le contesté, levantando también la voz. A Plaza Larga, a ver la cruz repetí.

Vale, sí, vámonos de aquí. Espero que la hayan montado, con estos vándalos comentó escéptica.

Sí que estaba la cruz, adornada con flores, macetas, cacharros de cobre y de cerámica, mantones de Manila y otros muchos objetos en abigarrada composición, y, cómo no, con sus tijeras clavadas en un pero o manzana en primer término, para que no le pusiéramos defectos, según la tradición. En uno de los mostradores instalados al aire libre pedimos unas cervezas, bajo los decibelios que atronaban el ambiente, y fuimos luego al mismo restaurante en el que almorzamos el Domingo de Ramos. Después de luchar para conseguir una mesa apartada de los altavoces, en los que también rugían a todo sonar las sevillanas y otras músicas indefinibles, elegimos varias tapas y cenando le conté a Esperanza mis últimos avances. Coincidió con Mario: puras invenciones y fantasías. Tampoco yo me los creía demasiado. Pero ahí estaban las cosas, como dijo Germán, para quién las quisiera ver.

Terminando me pedí un whisky y, mientras enumeraba mentalmente los detalles de lo que nos quedaba por hacer, para tranquilizarla a ella, y también a mí, le estuve narrando a mi amiga el origen de la tumultuosa celebración en cuyo ruidoso meollo nos encontrábamos. Lo había leído unos días antes, para distraer mi espera en el lejano Madrid. Había nacido la fiesta de un suceso ocurrido en otro famoso convento granadino, quizás el más bello de la ciudad, el de Santa Isabel la Real, erigido por la reina Católica sobre parte de lo que había sido el palacio de Aixa, la madre de Boabdil, que se trasladó allí desde la Alhambra tras ser repudiada por su marido, el sultán Muley Hacén, enamorado de la cautiva Isabel de Solís, y que fue conocido desde entonces como Dar al-Horra, «la casa de la señora honesta». Resulta que, no mucho después de su fundación, las monjas habían oído salir voces de una pared y, derribando el muro, habían hallado dentro un trozo de la verdadera cruz de Cristo, un auténtico lignum crucis, desde entonces venerado con fervor por todo el barrio.

Antonio Erena Camacho, El secreto del escultor, Gráficas La Paz, Torredonjimeno, 2012, pp. 247-249.

«Adiós a una cruz histórica de Granada», diario Ideal, 1.05.19

lunes, 31 de octubre de 2022

martes, 28 de junio de 2022

Plazas 1 - Fuentes 2

Plaza de España con la fuente de los Tritones, Atienza (Concurso de Pintura Rápida 2022)
Foto: Antonio Erena (25.06.22)
Atienza de los juglares,
alto navío de ruinas
que nunca has visto los mares:
te traigo —mis azahares—
ramos de espumas marinas.

Castillo, línea quebrada,
dibujada
sobre el azul, que es ya verde,
que palidece, que pierde,
que se arría,
que —sin bandera— se estrella.

Línea aún más voltaica y fría
cuando ya el alba destella,
y su anís de luz vacía
—limón, naranja, grosella—
arde en júbilos de grana.
Para volver al celeste
—norte, sur, este y oeste—
cenit de luz castellana.

Abre, Atienza, tus balcones
—verdes balcones de Atienza—,
ábrelos al aire y trenza
tu piedra heráldica en nudos
y en cordones,
y encréspala en tus escudos.

Diez siglos caen en vellones
sobre tus niños desnudos.
Vuela el águila, y tu plaza
—triángulo— ve en declive.
Lenta, sus círculos traza
y el triángulo en medio inscribe.

Atienza, tus campanarios,
torres casi vegetales,
crecer querrían leales,
pero no alcanzan los nidos
caudales
que esconden itinerarios
en sus ovillos, dormidos.

Más altas van tus almenas.
Huid, sombras agarenas.

Cuatro enemigos paisajes
frente a frente
dominas, cuatro tatuajes,
que el ojo cerrado miente
—Atienza, adiós— todavía.
Adiós, flor de los cristianos.

Del Cid fuiste y ya eres mía.
Yo he de volver otro día
a tocarte con mis manos.

Gerardo Diego, «Atienza», Primera antología de sus versos (1918 – 1941), Colección Austral, Espasa-Calpe, 1980