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lunes, 27 de septiembre de 2021

Miradas 18

Mishi en la escalera de caracol
Foto: Antonio Erena (09.21)

Les Chats

Les amoureux fervents et les savants austères
Aiment également, dans leur mûre saison,
Les chats puissants et doux, orgueil de la maison,
Qui comme eux sont frileux et comme eux sédentaires.
 
Amis de la science et de la volupté
Ils cherchent le silence et l'horreur des ténèbres;
L'Erèbe les eût pris pour ses coursiers funèbres,
S'ils pouvaient au servage incliner leur fierté.
 
Ils prennent en songeant les nobles attitudes
Des grands sphinx allongés au fond des solitudes,
Qui semblent s'endormir dans un rêve sans fin;
 
Leurs reins féconds sont pleins d'étincelles magiques,
Et des parcelles d'or, ainsi qu'un sable fin,
Etoilent vaguement leurs prunelles mystiques.
 
Los gatos
 
Los amantes fervientes y los austeros sabios,
adoran por igual, en la estación senecta,
los dulces, recios gatos, orgullo de la casa,
friolentos como ellos, como ellos, sedentarios.
 
Amigos de la ciencia y la voluptuosidad,
prefieren el silencio y el horror de las tinieblas;
si su fiereza fuera domable a servidumbre,
los fúnebres corceles serían del Erebo.
 
Adoptan, pensativos, las nobles actitudes
de las grandes esfinges que esconden los desiertos,
entregadas a un sueño que finge ser eterno.
 
Sus lomos fecundantes de mágicos destellos
se llenan, y el oro, como una fina arena
sus místicas pupilas en átomos constela.
 
Baudelaire, Las flores del mal, «Los gatos»
(fuente: https://lyricstranslate.com/es/les-chats-los-gatos.html)

sábado, 30 de julio de 2016

Año Cervantes 13

Gustavo Doré (dib.) y Héliodore Pisan (grab.), Don Quijote, II-46, París, 1863
El País, Entrevista a Roger Schank

Y volviéndose a los gatos que andaban por el aposento les tiró muchas cuchilladas. Ellos acudieron a la reja y por allí se salieron, aunque uno, viéndose tan acosado de las cuchilladas de don Quijote, le saltó al rostro y le asió de las narices con las uñas y los dientes, por cuyo dolor don Quijote comenzó a dar los mayores gritos que pudo. Oyendo lo cual el duque y la duquesa, y considerando lo que podía ser, con mucha presteza acudieron a su estancia y, abriendo con llave maestra, vieron al pobre caballero pugnando con todas sus fuerzas por arrancar el gato de su rostro. Entraron con luces y vieron la desigual pelea; acudió el duque a despartirla, y don Quijote dijo a voces:
—¡No me le quite nadie! ¡Déjenme mano a mano con este demonio, con este hechicero, con este encantador, que yo le daré a entender de mí a él quién es don Quijote de la Mancha!
Pero el gato, no curándose destas amenazas, gruñía y apretaba; mas en fin el duque se le desarraigó y le echó por la reja.
Quedó don Quijote acribado el rostro y no muy sanas las narices, aunque muy despechado porque no le habían dejado fenecer la batalla que tan trabada tenía con aquel malandrín encantador. Hicieron traer aceite de Aparicio, y la misma Altisidora con sus blanquísimas manos le puso unas vendas por todo lo herido y, al ponérselas, con voz baja le dijo:
—Todas estas malandanzas te suceden, empedernido caballero, por el pecado de tu dureza y pertinacia; y plega a Dios que se le olvide a Sancho tu escudero el azotarse, porque nunca salga de su encanto esta tan amada tuya Dulcinea, ni tú lo goces, ni llegues a tálamo con ella, a lo menos viviendo yo, que te adoro.

Don Quijote, II-XLVI, Del temeroso espanto cencerril y gatuno que recibió don Quijote en el discurso de los amores de la enamorada Altisidora (fragmento)