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José Romero Benítez, San Amador de Martos, catedral de Jaén Foto: Zarateman (Wikipedia) |
«San Amador o Amatre de Auxerre, Obispo», en Vidas Santas (blogspot, entrada del 1.05.2013)
Nació
Amador en Tucci, de padres cristianos, en el siglo IX de la venida de Cristo
(tiempo en que España estaba dominada de los moros). Ignórase como se llamaron
sus padres, pero sabemos por el santo historiador de su martirio que tuvo otros
hermanos; y como en Córdoba florecían los estudios y letras sagradas entre los
cristianos, especialmente en los monasterios, y el santo, joven, se inclinaba a
cultivar sus potencias con la instrucción de las ciencias, pasó a la corte
siguiéndole sus hermanos y padre. Y aplicado al estudio aprovechó mucho no sólo
en la literatura, sino en descubrir grandes fondos de prudencia y honestidad,
por lo que inclinándose a vida casta y al servicio de las iglesias fue ordenado
en los grados eclesiásticos hasta subir al honor de presbítero.
Vivían
al mismo tiempo en Córdoba otros varones ilustres, fervorosos en fe y cristiandad,
desprendidos del [175] siglo y enamorados de los bienes eternos; y, como cada
ave busca a su semejante, con éstos se acompañaba Amador para volar con su
ejemplo a las alturas. Los amigos más íntimos que tuvo fueron un hermano de san
Pablo Diácono y pariente de san Eulogio que se llamaba Luis, y un monje cuyo
nombre era Pedro. Estos tres, uniéndose como ascuas inflamadas en el amor de
Dios, se encendían más y más cada día en el fuego de nuestra sagrada religión
contra las sombras del mahometanismo; y, cuando ya el celo de la casa de Dios
no los permitía callar ni estar encerrados en las suyas, salieron confederados
al público para anunciar las verdades del Evangelio contra la superstición de
Mahoma.
Presentáronse
voluntariamente al juez de los enemigos de la fe. Y en vista de que Amador era
sacerdote y que san Eulogio lo pone en primer lugar, no hay duda que éste fuese
el que llevó la mano y voz, haciendo en nombre de sus hermanos la solemne y
heroica confesión de la fe que les movía a desengañar a los que iban fuera del
camino de la verdad que es Cristo nuestro Señor, publicando sus misterios divinos
sin miedo de padecer cuantos tormentos sugiriese el enemigo a sus aliados y
manifestando los engaños del Corán y de Mahoma, su perverso compositor. Y que
en contestación y defensa de nuestra santa ley y sus verdades estaban prontos a
dar la vida por Cristo. Así se cumplió. Porque [176] al oír el tirano juez en nuestros
santos la misma confesión que habían hecho poco antes otros a quienes había martirizado,
y no pudiendo tolerar manifestasen la inmundicia y abominaciones de su falso profeta
Mahoma, mandó que sin detención fuesen degollados. Lo que entendido por los santos
con singular júbilo de sus almas y empleando sus labios en divinas alabanzas,
se ejecutó con la sentencia en sus sagradas gargantas, recibiendo el golpe del
alfanje con constancia invencible. Fue su glorioso triunfo en el día último del
mes de abril, corriendo entonces la era de 893, año de 855, y reinando Mahomad,
hijo de Abderramán II. Y en el mismo día celebra el Martirologio Romano su memoria y reza de ellos Córdoba, por haber
sido ilustrada con la sangre gloriosamente derramada por estos tres campeones.
El
obispado de Jaén celebra con rito doble a san Amador, por caer en su recinto la
patria de este sacerdote santo, pero eligió para su festividad el día 5 de
mayo, por estar introducido antecedentemente otro culto en dicho día último de
abril. La villa de Martos, gloriosa madre y patria de san Amador, le tiene
elegido por uno de sus patronos. Y como a tal le tiene dedicado templo, que hoy
es iglesia parroquial con título de Santa Ana y San Amador. Y en ella se celebran
anualmente dos solemnes festividades: la una en el día del martirio, [177] a
costa y con asistencia de su muy ilustre ayuntamiento. Y la otra, en el expresado
día 5, a devoción de la muy noble cofradía que a su nombre está congregada en
su iglesia. Disfrutando esta dichosa villa la protección de este su glorioso
hijo con muchos y repetidos beneficios y milagros con que corresponde a la
devoción de sus paisanos.
En ninguna parte se sabe haya carne o hueso
de este glorioso santo; y, aunque en esta villa se venera un hueso con título y
denominación de san Amador, es de aquellos que llamamos bautizados, que se
traen de la ciudad de Roma para premiar la devoción cristiana. Su sagrado cuerpo
fue arrojado con los de sus compañeros al río Guadalquivir, no habiendo querido
Dios dar indicios del sitio en que yacía el cuerpo de su digno ministro, según
escribe su historiador san Eulogio. Creyendo persevere en tumba de cristal por
no ser digno el mundo de tratarlo; pero desde el profundo del elemento
cristalino, no olvida este gigante de la gracia a los que con fe le invocan y desde
allí clama mejor y más sonora su voz que aquéllos que refiere Job: Gigantes gemunt sub aquis (Job, 26).
Alcanzando a sus devotos la divina piedad como en todas sus tribulaciones lo
experimenta esta villa ilustre.
Fray
Juan Lendínez, Augusta Gemela Ilustrada, Capítulo 30, «Trata del glorioso martirio de san Amador y del destierro del abad Sansón a Tucci» (fragmento), manuscrito, 1778. Transcripción: Antonio Erena.