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viernes, 6 de marzo de 2026

Tercer Viernes de Cuaresma 2026

José Basurto, Cruz procesional de Jesús Nazareno (plata cincelada, 1677, detalle), Hermandad de Jesús Nazareno, Bujalance, exposición «El legado de la fe», Palacio de la Merced, Córdoba, foto: Antonio Erena, 25.02.26
Sierra de Córdoba. Sierras de Adamuz, de Montoro, de Marmolejo…
Cinta azul de nostalgia desde las barandas de la Ermita de Nuestro Padre Jesús Nazareno, los días claros de invierno, cuando el viento solano bruñe las lejanías y cincela las cruces de piedra de sus atrios.
Viento áspero, diáfano, el más luminoso de todos, el más propicio también para gozar la soledad y el silencio, hermosos, bajo la tensa armonía de los cipreses. De los cipreses y los arcos, cegados a yeso y cal. Herméticos tabiques tras los que suponías las dramáticas tallas de los «santos menores» San Juan, La Magdalena, La Verónica, todo el año aguardando su amanecer de Viernes Santo entre penumbras de sacristía o granero.
Verdes siembras de marzo en torno a la Ermita. Refulgentes paredes al abrigo del viento, soleadas, frente al vasto e idílico territorio de olivos de El Chaparral. Ámbito de los lirios a horizontes más turbios en puro azul fundidos. Diadema de palomas para la geografía de la comarca.
Ángelus campesino, tras el vitral plomado del camarín de Cristo, donde exvotos y trenzas de muchachas antiguas sufrían el rubor tenue del crepúsculo y dardos de su melancolía…

Mario López, «La ermita», de Nostalgiario andaluz (1979), en Mario López, Poesía, Diputación de Córdoba, 1997,  p. 211.

jueves, 26 de febrero de 2026

Geometrías 16

Plaza de Capuchinos, Córdoba, foto: Antonio Erena, 25.02.26
Recinto de silencios. Aljamiada
Plaza de los Dolores. Geometría
de cielo y cal. Tapiada de Andalucía.
Córdoba en soledades cubicada.
 
Cristo de piedra. Muda cruz alzada
sobre los barrios de la torería.
Trágico monumento de agonía.
Rincón de luna y muerte traspasada…
 
Patio de estrellas. Virgen entre lirios
de primavera. Virgen desmayada
bajo el temblor incierto de los cirios.
 
Ámbito de la sombra iluminada.
Huerto interior de ascéticos delirios.
¡Oh aljibe de suspiros encalada!
 
Mario López, “Plaza de los Dolores (Córdoba)”, de Cal muerta. Cielo vivo... (1969)

miércoles, 28 de mayo de 2025

Barros

Luisa Roldán, la Roldana, San Juan Bautista Niño (1689–1706), Meadows Museum, Dallas
José Risueño, San Juan Bautista Niño (también llamado El Buen Pastor, 1712-1732), iglesia de San Francisco, Priego de Córdoba, fuente: Hermandad de la Columna
"Dos barros de José Risueño", Francisco Ferrer Lerín (blogspot), entrada del 05.10.11

domingo, 25 de mayo de 2025

Domingo de Jesús

Jesús Nazareno regresa a su iglesia de San Francisco, Domingo de Jesús, Priego de Córdoba, foto: Antonio Erena, 25.05.25
Almas piadosas, clamad
Con espíritu sereno:
Padre Jesús Nazareno,
Perdón, clemencia, piedad.
 
            Los honrados ascendientes
Que su nombre nos legaron,
A Jesús nos enseñaron
A venerar reverentes:
Y a fuer de buenos creyentes
Pedimos con humildad.
            Padre Jesús Nazareno,
Perdón, clemencia, piedad.
 
            Por eso le dedicamos
Plegarias, votos, ofrendas,
Que son auténticas prendas
De lo que en Él esperamos:
Por eso todos clamamos
En cualquier necesidad.
            Padre Jesús Nazareno,
Perdón, clemencia, piedad.
 
            Si cuando el Padre padece
Se compadecen sus hijos,
Pongamos los ojos fijos
En la imagen que aparece:
¿Quién no pena y aborrece
De sus culpas la maldad...?
            Padre Jesús Nazareno,
Perdón, clemencia, piedad.
 
            Almas devotas, clamad
Con espíritu sereno;
Padre Jesús Nazareno,
Perdón, clemencia, piedad.
 
            Las imágenes sagradas
Del Nazareno divino,
Están mostrando que vino
Tras de ovejas extraviadas:
En la cruz van figuradas
Que agobia a su Majestad.
            Padre Jesús Nazareno,
Perdón, clemencia, piedad.
 
            Llevaba de muy buen grado
Jesús en la cruz a cuestas,
Las consecuencias funestas
De nuestro enorme pecado:
Y habiéndolas Él cargado,
Nos perdonó la Deidad.
            Padre Jesús Nazareno,
Perdón, clemencia, piedad.
 
            Al que a Jesucristo siga
Con su propia cruz cargado,
Penitente y resignado
El peso se le mitiga:
Para que confíe y diga
(No obstante su indignidad.)
            Padre Jesús Nazareno,
Perdón, clemencia, piedad.
 
            El que tierno se mostrara
Con su dolorida Madre,
Muéstrasenos como Padre
Bajo la cruz en la cara:
Es la expresión viva y clara
De su entrañable bondad.
            Padre Jesús Nazareno,
Perdón, clemencia, piedad.
 
            Es tan noble y desprendido,
De entrañas tan generosas,
Que en las mujeres piadosas
Declinará su plañido:
No lloréis por mí afligidas
No: por vosotras llorad.
            Padre Jesús Nazareno,
Perdón, clemencia, piedad.
 
            ¡Quién fuera tan fervoroso
Como la dicha Verónica
De quien refiere la Crónica
Que limpió su rostro hermoso!
Y la imagen... ¡don precioso!
Mereció su caridad.
            Padre Jesús Nazareno,
Perdón, clemencia, piedad.

Carlos Valverde López, "Gozos a Nuestro Padre Jesús Nazareno" (de su Novena a Nuestro Padre Jesús Nazareno), en Enrique Alcalá Ortiz, Hablan del Nazareno de Priego (edición digital), Priego de Córdoba, 2005, pp. 163-165.

viernes, 7 de marzo de 2025

Primer Viernes de Cuaresma 2025

Luisa Roldán, la Roldana, Jesús Nazareno (c. 1700, las manos de Federico Coullaut-Valera), retablo mayor del monasterio de clarisas de Jesús Nazareno, Sisante, foto: Antonio Erena, 14.02.25
   Fue natural de la ciudad de Sevilla, fue hija y discípulo de Pedro Roldán, escultor eminente, pasó a Madrid; donde hizo una Imagen de Jesús Nazareno, del tamaño del natural, de tan extremada belleza, y afecto compasivo al mismo tiempo, que fue el pasmo y la admiración de toda la Corte, y tal fue el estupor que me causó al verla, que me pareció irreverencia no mirarla de rodillas, porque verdaderamente se me representaba, ser su mismo Original; y después de haberle estado admirando y examinando gran rato, nos fuimos a sentar [el autor y Luis Antonio de los Arcos, viudo de la artista]; y volviendo a mirarle, le dije al amigo, que si no cubría su Majestad, no me sentaría. ¡Tanto era el respeto y la reverencia que causaba! Que aseguro, me faltan palabras para significarlo; pues no sólo la expresión que he dicho de la cabeza, sino las manos y los pies, estaban tan divinamente ejecutados, y con algunas gotas de sangre que corrían, que todo parecía el mismo natural. A este soberano Portento, acompañó otra Efigie de su Madre Santísima Dolorosa, no menos admirable; y son colocados en la Villa de Sisante en la Mancha, junto a San Clemente, y en un Convento de Religiosas Descalzas, con el título de Jesús Nazareno. Murió en esta Corte, 1704, y apenas a los 50 de su edad.

Antonio Palomino, Las vidas de los pintores y estatuarios eminentes…, «211. Doña LUISA ROLDÁN, eminente escultora», Londres, Henry Woodfall, 1744, págs. 171-172 (actualización: Antonio Erena).

jueves, 26 de septiembre de 2024

lunes, 25 de marzo de 2024

Lunes Santo 2024

Jóvenes esperando la procesión
Foto: Antonio Erena, Cabra, 24.03.24
   Temprano aún, el vagabundo se mete por Cabra, en su río y al pie de su sierra, la de los montes de trágicos nombres: cerro Lóbrego, cerro de la Horca, cerro de la Camorra. Quizá fuera en la loma que dicen Torre del Puerto donde apuñalaron al mocito del Romance sonámbulo:

Compadre, vengo sangrando

desde los puertos de Cabra.

…………………

¿No ves la herida que tengo

desde el pecho a la garganta?

   En la sierra, a espaldas de la cortada de Camarena y a una legua cumplida de la ciudad, está la sima de Cabra, a la que Casildea de Vandalia, que era muy caprichosa, mandó bajar al caballero del Bosque para que le contase lo que había en sus profundidades. Esta cueva tiene muy ilustre prosapia literaria, y son varios y muy nombrados los autores que la mencionan: por ejemplo, Juan de Padilla, el Cartujano, en Los doze triumphos de los doze Apóstoles; Gonzalo Gómez de Luque, en Celidón de Iberia; Vélez de Guevara, en El diablo cojuelo, y Cervantes, en el Quijote y en El celoso extremeño, entre otros de menor mérito y fama más escasa.
   El vagabundo, que no es ni un científico ni un deportista, no bajó a la sima de Cabra, pero, por quien lo hizo, pudo saber que en sus negras honduras no había más que ranas y, para eso, asustadizas, minúsculas y de ningún lucimiento.
   Cabra es pueblo que florece, violentamente blanco, en el vallecico que forman los cerros de Villa Vieja y de San Juan —que fueron collaciones en el siglo XVI—, con el castillo en uno y, en el otro, la ermita.
   El vagabundo, que no tenía por qué haber entrado por la ventana, se cuela en Cabra por la puerta; un arco enjalbegado bajo el que canta su rumor la fuente. Cabra tiene muy buenas y numerosas aguas; la ciudad bebe de la que cae de la fuente del Río, que no se seca nunca y que tiene caudal para regar la huerta, para llegar a cada casa, para formar el río y para dar y tomar. En la huerta de Cabra nacen el árbol frutal y la dulce batata, el haba tierna y la lechuga fresca, la rica alverja y el nutricio alverjón y el sabroso y socorrido garbanzo. Donde la huerta acaba, comienza el olivar. Por estos andurriales, el Cid Campeador derrotó a los moros granadinos e mesole una pieça de la barva al conde don García Ordóñez, que hacía la guerra con ellos. En término de Monturque hay una cortijada de cien almas que se llama Cid-Toledo. En el río Cabra se pescan bogas de las dos especies: las que dicen del río —como si las otras fueran del monte— y las genileñas, que son más finas y plateadas. Por el monte corren las liebres y los conejos y vuelan las perdices, las codornices, las tórtolas y el zorzal, que es primo del tordillo.
   Cabra es ciudad en la que sus mujeres, bellas como pocas, tienen una rara obsesión que llegó a preocupar al vagabundo: la de la limpieza. Las mujeres de Cabra, no contentas con andar con el cubo de cal durante toda su vida de un lado para otro, sacan brillo a los guijarros de la calle frotándolos con aceite. El blancor y el aseo son, quizá, los dos más nobles monumentos de Cabra, el caserío más pulcro que el vagabundo haya pisado —¡y con qué miedo!— jamás.
   En Cabra nació don Juan Valera —colega, aunque más ilustre, del vagabundo—, probablemente el mejor prosista de todo el XIX español, al lado de Larra, tan distinto. Cabra —la ciudad— y la vecina Doña Mencía —Villabermeja— llenan muy deleitosas páginas de la dilatada obra de don Juan Valera.
   El vagabundo, después de almorzar en el parador de Ordóñez, salió por donde entrara para meterse, poco más allá del río y hacia el norte, por el camino de Montilla. En Moriles, a lo que se ve, el vagabundo no había escarmentado.

Camilo José Cela, «15. Hasta los puertos de Cabra» (fragmento), Primer viaje andaluz, Notas de un vagabundaje. Por Jaén, Córdoba, Sevilla, Huelva y sus tierras, 1959.

martes, 30 de mayo de 2023

martes, 2 de mayo de 2023

Edículo

Anillo con edículo que representa el Santo Sepulcro, ¿Torredonjimeno?, S. VII (Museo Arqueológico de Córdoba), exposición «Cambio de Era. Córdoba y el Mediterráneo Cristiano», Córdoba, foto: Antonio Erena, 9.03.23
«Viaje al secreto más oculto del Santo Sepulcro», La Vanguardia, 14.04.17

martes, 4 de abril de 2023

Fuentes 7 - Templetes 1

El pocito de la Fuensanta en su templete-humilladero (finales s. XV), el brocal del pozo de Mateo Inurria (1897), Córdoba, foto: Antonio Erena, 3.04.23

lunes, 3 de abril de 2023

Lunes Santo 2023

Cristo del Remedio de Ánimas, iglesia de San Lorenzo, Córdoba, foto: Antonio Erena, 6.02.16
En tu cuerpo desnudo, amor del viento,
beben su palidez las alboradas
y en tus manos enclavadas,
la luna siega en flor el sentimiento.
 
Cómo aprenden de tu estremecimiento
las hojas por las brisas acunadas.
Cómo aprenden quejidos y baladas
de tu cuerpo desnudo y violento.
 
El manantial que copia tus heridas,
tu corazón, el pájaro; tus dedos
las pobres cañamizas abatidas;
 
que haya un enorme aletear de credos
y desde esa vendimia en la que anidas
acaricien tus ojos a mis miedos.
 
Antonio Gala, Amor del viento (soneto al Santísimo Cristo del Remedio de Ánimas)

lunes, 27 de marzo de 2023

Osio

Lorenzo Coullaut Valera, Monumento al obispo Osio (1926), Córdoba
Foto: Antonio Erena, 9.03.23
Con más individuación trató Zósimo el punto de la conversión de Constantino en su Libro 2, Capítulo 685, donde dice que, no hallando Constantino modo entre los sacerdotes gentiles para purificar sus manchas por las muertes dadas a su hijo el césar Crispo y a su mujer Fausta, había venido a Roma un egipcio español (esto es, sabio o mago) quien le informó de que la (p. m. 111) ley y religión de los cristianos tenía virtud para borrar cuantos delitos se hubiesen cometido; y, aceptando el emperador la propuesta del egipcio, mudó de religión haciéndose cristiano: egiptius quidam ex Hispania Roman veniens, etc. Habla aquí Zósimo, como pagano, que sintió mal de la conversión de Constantino; pero la noticia que nos da de que fue español el que le instruyó en nuestros misterios y dogmas, junto con lo que queda referido de la familiaridad y aprecio de Constantino a Osio, son manifiesto testimonio de que Osio fue el catequista y maestro del gran Constantino en los misterios y enseñanza de nuestra santa fe; y que, si de este principio se siguió su conversión y los singulares bienes que hizo a la religión cristiana con la paz y acrecentamiento de la Iglesia, todo fue y es debido a Dios, origen y fontal de todo bien, como lo confesamos; pero es inmortal gloria de nuestra España y en especial de nuestra Andalucía el que diese a la Iglesia un héroe tan grande, capaz de desempeñar las divinas disposiciones.
Fr. Juan Lendínez, Augusta Gemela Ilustrada, cap. 20 (fragmento), transcripción: Antonio Erena

lunes, 20 de marzo de 2023

Ríos 4

El río Guadalquivir en Córdoba, al fondo el puente romano, foto: Antonio Erena, 9.03.23
Pasas y estás como una pisada antigua sobre el mármol,
y hay en tu fondo un velo de argenterías fenicias,
y en la noche de la Albolafia
surgen de oscuro labio enamorado
las suras como negras palomas implorantes.
Eres el rey, turbio césar que se desangra
sobre su propia púrpura de barros,
carne deshecha las rojizas gredas,
y flotas sobre tu huyente melancolía,
y fugaz permaneces
con tus manos de plateado exvoto acariciando
el toro, la columna, el santuario
y los pétreos plegados de la estatua.
Tu cuerpo generoso se queda entre los juncos
como en un verde acetre de vegetales oros,
herido entre las zarzas por la voz y la noche
que la guitarra vierte sombría y encelada,
mientras los que se aman, de una orilla a otra orilla,
con las tendidas manos sollozantes hundidas en tu agua,
escuchan silenciosos tu bronco latido solitario
de astro centelleante entre los naranjales.
Brizas la inocente madera de las barcas
y abres un surco de congelado asombro
ante la esteva sacra que guía la bogante rueda de los molinos,
donde descansa erguida
la dorada y bermeja palmera de los Mártires:
el cielo ya en los ojos torcaces de Victoria
y Acisclo como un bello ostensorio labrado.
Tal audaz caminante
que un punto se detiene en la suave colina
y fija la mirada en la ciudad que adora y aleja para siempre,
así tú te remansas por los jardines tristes,
por las torres guardianas, por humildes tejares;
y tu rumor real, que baja victorioso
como guerrero esbelto de laureles
desde la áspera cueva de las sierras natales,
anida dulcemente en la cárdena adelfa
que tu mano instrumenta como roja viola apasionada.
Cuando sube la noche a su ajimez de luna
y el licuor de tus ópalos se agita intensamente,
los jóvenes ahogados del estío
levantan en silencio sus lívidas cabezas
que rojos ungüentarios perfuman de estoraques,
y sus miradas líquidas,
donde engastan los sábalos alhajas cinerarias,
contemplan el ciprés, la celosía, el patio,
los muros con la lepra verde de la alcaparra;
y suspiran y tejen coronas de amaranto,
de granadilla y mirto de hojas chorreantes
que van frescas, intactas, por tus crines undosas
hasta la sien vencida del amante que vive,
a tu orilla, la noche mortal del paraíso.
 
Pablo García Baena, «Río de Córdoba»
, en Un navío cargado de palomas y especias, Antología, ed. Guillermo Carnero, Junta de Andalucía, 2018

lunes, 26 de diciembre de 2022