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sábado, 13 de junio de 2026

San Antonio bendito (3)

Diego de Mora, San Antonio de Padua con el Niño Jesús (basílica de la Virgen de las Angustias), exposición "José de Mora. El barroco espiritual", catedral de Granada, foto: Antonio Erena, 18.12.25

martes, 13 de junio de 2023

Onomástica

Francisco Ribalta, San Antonio de Padua
Museo del Colegio de Corpus Christi, Valencia
Foto: Antonio Erena, 16.11.22
El día del Corpus, el de San Antonio y el de San Juan configuraban el comienzo sacramental y campesino del verano. San Antonio es uno de esos santos populares de la tradición medieval que hacían todo tipo de milagros prácticos. En Lisboa san Antonio se encarga de aproximar a la ciudad los grandes bancos de sardinas, que son el alimento barato y delicioso de los barrios pobres en los que se celebra tan festivamente su procesión, con farolillos y banderolas en las calles estrechas de Alfama y la Mouraria. San Antonio era un santo adecuado para mí porque también era hijo de hortelano. Uno de sus milagros consistió en predicar a los pájaros, a la manera de San Francisco de Asís, para persuadirlos de que no picotearan los frutales ni se comieran las semillas que su padre acababa de sembrar. El verano empezaba con San Antonio y San Juan y la siega de los cereales y terminaba con San Miguel y San Francisco de Asís y la vendimia. Los trabajos y las cosechas eran más variados porque aún no se había impuesto el monocultivo del olivar, que iba a convertir todo aquel oleaje de colinas en un desierto cuadriculado de olivos idénticos. Como el repertorio de nombres propios era muy limitado, el día del santo lo compartía mucha gente. Todos nos llamábamos más o menos igual, en masculino o femenino. Nos llamábamos Francisco, Manuel, Carmen, Pedro, Juan, Asunción, Miguel, Andrés, Antonio, Paula, Teresa. Una vez llegó a mi escuela un niño forastero que se llamaba Hipólito y yo imaginé que sería rico. (…) Como en cada familia se repetían mucho los nombres, el día del santo era una celebración colectiva, aunque casi siempre muy modesta. Un vecino nuestro que había acumulado muchos olivares y se llamaba Bartolomé celebraba el día de su santo contratando camareros que servían mesas largas cubiertas con manteles y hasta una orquestina de baile. Por esa razón yo sé que el día de San Bartolomé es el 24 de agosto.

Antonio Muñoz Molina, Volver a dónde, Seix Barral, Colección Booket, 2023, pp. 52-54.

lunes, 13 de junio de 2022

Casamentero

Juan Bautista Maíno, La aparición del Niño Jesús a san Antonio (atrib., c. 1608-10), c. p., Italia. Fuente: Ars Magazine
A san Antonio,
como es un santo
casamentero,
pidiendo matrimonio
le agobian tanto,
que yo no quiero
pedirle al santo
más que un amor sincero.
 
Yo, señorita,
que soy soltero
y enamorado,
la veo tan bonita,
y soy sincero,
que estoy pasmado
de que un soltero
no lleve usted a su lado.
 
¡Ay, que zaragatero es usted!
¡Yo soy un caballero español!
¡Yo no soy extranjera!
¡Abra usted el quitasol
para que no se muera
de celos el sol!
 
A la sombra
de una sombrilla,
de encaje y seda,
con voz muy queda
canta el amor.
A la sombra
de una sombrilla
son ideales
los madrigales
a media voz... (bis).
 
Me maravilla,
cuando llegaba
lo más sabroso,
que cierre la sombrilla.
Lo bueno acaba,
si es peligroso.
Pero faltaba
saber si soy dichoso.
 
La dicha es cosa
que no se alcanza
tan de repente,
la dicha es caprichosa.
Mas gira y danza
junto al que siente
que una esperanza
le alumbra suavemente.
 
¡Ay, qué zaragatero es usted!
¡Yo soy un caballero español!
¡Yo no soy extranjera!
¡Abra usted el quitasol
para que no se muera
de celos el sol!
 
A la sombra
de una sombrilla,
de encaje y seda,
con voz muy queda
canta el amor.
A la sombra
de una sombrilla
son ideales
los madrigales
a media voz… (bis).

¡Qué amable intimidad!
¡Qué bueno el quitasol!
¡Qué gozo da sentir
las flechas del amor!
¡Amor!
 
Federico Romero y Guillermo Fernández-Shaw, «Mazurca de las Sombrillas», Luisa Fernanda