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domingo, 24 de mayo de 2026

domingo, 26 de abril de 2026

Profesiones 7 (pastor)

Anónimo, Nuestra Señora de la Cabeza (s. XVII), Real Academia de San Fernando, Madrid, inv. AC-00100
Leyenda: «Milagrosa Efigie de Nra. Señora de la Ca[be]za de Sierra / morena. El Emmo. S[r]. Carl. Borja con[ce]dio cien di[a]s de Indulg[A]. / rezando una Salve delante de [es]ta Di[v]in[a] Señora». (El texto debe referirse al cardenal Carlos de Borja y Centellas, 1663-1733, quien fue abad de Alcalá la Real).

Estando un pobre pastor
en el rebaño con sus ovejas
una campana sintió
y con fatiga logró dar con ella.
Era Juan de Rivas
natural de Colomera
se le apareció la Virgen
en el hueco de una piedra.
Sin parar de contemplar
él se creía que era un ensueño
y aunque temblando su voz
estas palabras le iba diciendo.
Pues dime quién eres
que se me espeluzna el vello
si eres obra del Señor
si eres ser que ha bajado del Cielo.
La Virgen por convencerlo
le sanó un brazo que tenía enfermo
y como pago al favor
a Juan de Rivas dio este mandamiento.
Anda ve a Andújar
y dile al Ayuntamiento
que me hagan una ermita
en lo alto de este cerro.

«Aparición de la Virgen de la Cabeza» (letra de la canción popular de Andújar), en María Dolores de Torres (Lola Torres), Cancionero Popular de Jaén, IEG, 1972, p. 441.

domingo, 5 de abril de 2026

miércoles, 1 de abril de 2026

Miércoles Santo 2026

Joaquín Sorolla, Nazareno (Sevilla, 1914), Museo Sorolla, Madrid, inv. 10926

Semana Santa en el Sur,
primavera de recuerdos
mientras se acercan los pasos
devotos de un nazareno.
Cádiz se pone a cantar
y entona por sus callejas
una saeta que trae
aires de La Habana Vieja.
Granada, sombra que espera
al Cristo de los Gitanos.
Sacromonte tú lo llevas
en la palma de tus manos.
Engalanada está Córdoba,
olor a incienso y a flores,
por su noche se pasea
la Virgen de los Dolores.
Málaga Cristo de Mena,
Cristo de pasión viviente,
gotas de cera que caen
de los cirios penitentes.
Barrio de San Sebastián,
iglesia de Santiago,
Almería está en la calle,
la Soledad va llorando.
¡Ay Jesús de los Descalzos!
Jaén busca en ti consuelo,
clavel que a tus pies florece,
luz que alumbra sus anhelos.
Huelva caminando sola
ya le habla al Prendimiento,
verso a verso, ola a ola,
el fandango es su lamento.
Y Sevilla,
Sevilla como un espejo,
como un gran sueño que avanza,
la luna guía al cortejo,
el Gran Poder, la Esperanza.
Semana Santa en el Sur,
primavera de recuerdos,
de lágrimas que se pierden
por las orillas del tiempo.
 
Manuel Carlos Sáenz, "Semana Santa en el Sur", Jaén Hoy (diario online), 31.03.26

martes, 3 de marzo de 2026

Desolación 25

Jan Steen, The Effects of Intemperance (Las consecuencias de los excesos, 1663-1665), National Gallery, Londres

Las botellas que llevan 15 años abasteciendo de agua potable a Bernuy-Zapardiel (Ávila, 90 habitantes) sirven incluso al vaciarse: se rellenan del imbebible líquido que sale del grifo y acaban en los umbrales de las puertas para que los perros no meen en ellas. Los vecinos se han acostumbrado al camión que cada 15 días reparte palés de botellas porque el suministro está contaminado por nitratos y arsénico, cuya concentración en los acuíferos de Castilla y León supera a menudo un porcentaje crítico. Un estudio del Sistema de Información Nacional de Aguas de Consumo, publicado por el Ministerio de Sanidad, indica que en 2024 hubo 195 pueblos afectados, lo que alcanza a 33.168 habitantes. Las plataformas vecinales y los ecologistas advierten de que, además de los plaguicidas y fertilizantes, la proliferación de macrogranjas porcinas y plantas de biogás y sus purines asociados pueden agravar el problema.

Huele mal. El viento mueve el hedor de las cercanas granjas de cerdos por las calles vacías de Bernuy, donde solo hay unas almas en el bar. El camarero, Luis Encinas, de 52 años, comenta que ya antes de rebasar los niveles actuales “el agua sabía a cloro que jodía”. Su parroquiano Miguel Ángel González, de 50, corta tortilla y chorizo con una navaja y menciona el arsénico —“ya nos hemos acostumbrado”— antes de dirigirse a su garaje, donde infinidad de botellas esperan turno. “Somos cinco y se beben sin querer”. Con el vino, bromea, no hay fallo.

La peste se intensifica cerca de la laguna de Lavajuelo, entre los pueblos abulenses Arévalo (8.200 habitantes) y Aldeaseca (210), al norte de la provincia, donde las lluvias invernales han resucitado una balsa antaño desecada para ganar terreno agrícola. Luis Martín, ornitólogo, otea tras su telescopio con la nariz arrugada y señala una de las aún pequeñas granjas de cerdos, anticipo de las venideras cuando avancen los tres proyectos en marcha de plantas de biogás, una energía verde que emana del tratamiento de purines y restos orgánicos o cadáveres de animales. Pocos empleos, mucha potencial afección medioambiental, resume Martín, molesto con la ubicación de esas instalaciones: una loma cuyas aguas resbalan hacia esa laguna, donde las precipitaciones. que se contaminan también, recalan en los acuíferos subterráneos.

Manuel Iglesias, geólogo por la Universidad de Salamanca, afirma que las macrogranjas “son un problema por el exceso de deshechos, los acuíferos son difíciles y el del Duero tiene zonas más permeables y menos permeables”, de modo que según donde acaben los purines pueden perjudicar más o menos a estas balsas subterráneas. “En la huerta siempre se ha echado la mierda de los marranos pero depende de lo superficial que sea el acuíferos y que haya ríos, la clave es el control”, resume.

“NoMetaNo”, reza una pintada en un muro de una fábrica contigua, como protestan muchas asociaciones en la comunidad donde hay ya tramitándose hasta 95 de estas instalaciones y unos cinco millones de cerdos, el doble que personas, con decenas de macrogranjas en tramitación. “Las plantas de biometano van a centralizar toda la mierda y contaminar con miles de camiones que traerán purines de otros lados”, censura Martín. Su compañero de lucha Agustín Canales, de 57, lamenta que en Arévalo, donde a veces se libran de agua con concentración 50 miligramos por litro que marcan el límite aceptable, mucha gente compra garrafas porque no se fía. “Hay Ayuntamientos que conservan la dignidad y defienden a los vecinos y otros que se venden y nos enfrentan, son correligionarios”, reprueba. Su municipio, gobernado por el PP, como la Junta, promulgó una moción contra esos proyectos, aunque estos activistas temen que ceda porque los echaron del último Pleno.

“Cuando lleguemos a ese río, cruzaremos ese puente”, aseguró el alcalde, Vidal Galicia, a quien ahora los carteles reivindicativos del colectivo, pegados sobre anuncios de eventos taurinos, le recuerdan la frase con ilustraciones de ríos contaminados y peces muertos. Aurora Vilarino, de la coordinadora de Stop Biogás España, Stop Biogás Castilla y León y presidenta de la asociación de vecinos de Milagros (Burgos, 420 habitantes), lo resume así: “Estos proyectos son una espiral donde unos pocos ganan y los demás perdemos calidad de vida y futuro sostenible. Los políticos deben defender nuestro territorio, no venderlo. Somos personas viviendo en territorio, no territorio”. Koldo Hernández, coordinador de Agua en Ecologistas en Acción, esgrime que “es algo recurrente que afecta al medio ambiente, a la salud y a la calidad de vida, urge reducir la contaminación para evitar que la solución sea la resignación o que el arreglo recaiga en los sistemas de potabilización de pequeños Ayuntamientos sin recursos”.

La también activista arevalense Blanca Alonso, de 59, celebra el éxito de las movilizaciones, con 4.300 firmas contra el biogás y manifestaciones con 800 personas, pero lamenta que los empresarios y hosteleros, pese a que el combo de cerdos y biometano no los beneficia, “tienen miedo a posicionarse”. “Vamos a presentar un contencioso-administrativo para intentar parar las licencias”, agrega. Su colega Sara Martín, de 54, destaca las infecciones oculares que ella y los hijos de unos amigos, con quienes no habían hablado del tema hasta que les sucedió lo mismo, sufrieron a raíz del agua de la ducha: “El médico me recetó colirios y me reconoció que podría venir por ese motivo, llevo 20 años cocinando con agua embotellada, 400 euros anuales, porque las tuberías de mi casa nueva cogieron color ¡y eso es lo que nos bebemos”. El grupo llama a la movilización: “Hay gente que dice ¿Por qué os movéis si ya está hecho? Para que vean que no concordamos”.

«La Ávila que no puede beber agua del grifo por la contaminación de los acuíferos: “Se va a agravar por las macrogranjas” Al menos 195 pueblos de Castilla y León carecieron de suministro de agua potable en 2024 por la agricultura intensiva y la proliferación de purines del creciente sector porcino», Juan Navarro, El País, 02.03.26

viernes, 20 de febrero de 2026

Primer Viernes de Cuaresma 2026

Hornacina del Cristo de la Amargura, calle San Bartolomé / plazoleta del Vinagre, Jaén, foto: Antonio Erena, 13.12.25
En estos días, en los que todo adquiere movimiento, es cuando mi alma más ansía la paz del barrio viejo. Acaricio cada historia de sus sombras, pues más de una vez he creído ver la luz de Belén en el ninfeo donde, tiempo atrás, habitó aquel que convirtió mi amor en sierpe.
 
No sé qué tendrá este tiempo que tanto incita al recuerdo. A mí me obliga a abandonar Valparaíso y recorrer callejas. Calles tristes, calles de duendes sin rumbo, como yo. Calles donde habitan las almas perdidas.
 
Y, el andar por estas calles, trae a mi memoria el recuerdo desgastado de aquel extraño amigo. Hace ya tantos años… Nunca, en ningún cielo, pudo verse más dolor que en el cielo de sus ojos.
 
Su nombre jamás le importó a nadie. Mucho menos, acaso  que su sonrisa: era tan sincera… Vivía en una pequeña plazoleta que presidía una magnífica escultura de un tal Constantino Unghetti. Un artista que debió ser muy famoso, por las cosas tan bonitas que hacía. A los pies de su casa, se hallaba una de sus obras: un zagal acompañado de ese gran amigo del hombre, el perro. A él le gustaba mirarla cuando la noche y el silencio caían por las calles. Siempre le contaron que, antaño, aquella plazuela estuvo llena de bullicio. El Colegio de San Agustín desbordaba de risas y alboroto los días que, a pesar de todo, se sucedían monótonos.
 
Su vida, a los ojos de todos, era bastante vacía. Pero a él no le importaba que murmuraran. Se hacía llamar “el buscador de estrellas”, pues era su obsesión diaria, recoger todas las estrellas posibles de la calle, alardeando de su belleza. Todos se reían de aquella hazaña pues nunca lograron que se las enseñara. Eso provocó que las burlas de todos cayeran sobre él. Sin embargo, no parecía importarle.
 
Sus momentos de calma transcurrían envueltos con el olor a azahar de la plaza de San Bartolomé. Las horas muertas se deslizaban entre sus dedos, casi siempre con arañazos. Cuando las viejas entraban en la iglesia, él corría presto a advertirlas de que miraran sus ojos, los ojos de aquel Cristo Expirante. Ojos llenos de sufrimiento. Y, a la vez, ojos llenos de luz. Un tormento que daba refugio en sus noches. “No hay mejor guía ni camino que su mirada mirando al cielo, rogando al cielo, suplicando al cielo… que acabe este dolor”.
 
Justo al lado de la Hermandad del Trabajo había una taberna. Casi haciendo esquina con Josefa Sevillanos. Calle que miraba de reojo pues allí vivió su gran amor, aquella mujer que un día le abandonó. Y los recuerdos se amontonaban en su mente por las muchas horas que pasaba allí, frente a la taberna. Esperando que el alcohol pariera su milagro. Algunas veces, si ellos tardaban mucho en salir, se recostaba en algún portal de la calle Las Palmas mientras el tiempo pasaba y mientras observaba sus dedos: habían nacido para recoger estrellas, dijeran lo que dijeran los demás. En sus manos, es donde mejor descansaban las estrellas del cielo jaenés.
 
A las claras, comenzaba siempre el bullicio. Y era la señal de que el alcohol había consumado el milagro que sus dedos esperaban. Los hombres salían con su ebriedad a cuestas y comenzaban las discusiones, las amenazas y los golpes. Las botellas rotas sembraban en la calle un camino inescrutable de cristales rotos. Él quedaba un rato más, hasta que los demás se marchaban. En silencio, mirando desde la calleja. Luego, recorría el sendero  andado. Tras él, la calle quedaba limpia. Y, entonces, se dirigía hacia el Campillejo del Vinagre para hablar, a solas, frente al Cristo de la Amargura, que cada día, amaneciendo, escuchaba el Padrenuestro más sincero del mundo, desde su hermosa hornacina. Cuando el sol se colaba por la espadaña de San Bartolomé, él ya estaba de regreso a casa. Y, mientras las campanas volteaban llamando a la primera misa de la mañana, él ya se encontraba durmiendo, soñando con sus estrellas y con las calles llenas de esperanza.
 
Sin embargo, una vez, a las claras, los borrachos volvieron al lugar de los hechos para seguir con sus peleas y le encontraron recostado sobre el suelo.
 
—Pero, ¿qué hace éste?
 
—Estoy recogiendo estrellas, dijo él.
 
—¿Qué dices “sooo tonto”? ¡Si son cristales de botellas!
 
—¡No!. ¡Son estrellas!
 
Las burlas no se hicieron esperar. Entre risas y achuchones, le pedían que enseñara sus estrellas, mientras las carcajadas clavaban una lanza infame en el Cristo de la Amargura, que desde lejos, sentía caer sus lágrimas. Le empujaban, le empujaban sin piedad. Hasta que, a la fuerza, sacaron una de sus manos de los bolsillos de su abrigo. La mano delgada, huesuda, estaba cubierta de sangre y la sangre se deslizaba. Por querer retener a sus estrellas, las había apretado fuerte entre sus manos, para que no las encontraran, para que no se escaparan…
 
Al ver la sangre correr, los hombres se asustaron, no pudiendo evitar que los agentes del orden se personaran en el lugar al ser informados de los gritos. Sin embargo, no hubo detenciones. En realidad, no había ocurrido nada. Se quedaron a solas con él y que les contara lo que había ocurrido. Sin faltar a la verdad, dijo que nada, que él solo estaba recogiendo estrellas. Pero se negó a enseñárselas. Ellos se armaron de paciencia y le preguntaron dónde vivía, pues le acompañarían a casa.
 
A la altura de San Bartolomé se empezó a tambalear. Su único pensamiento era volverse y correr hasta el Campillejo del Vinagre pues el Cristo de la Amargura esperaba un Padrenuestro… y sus palabras. Los agentes le sujetaron. La quietud de los naranjos lanzaba un perfume que embriagada. Él, inconscientemente, sacó una de sus manos de los bolsillos. Los hombres vieron que sangraba. Y, para curarle las heridas, uno de ellos metió sus manos en el agua de la fuente. Y la sangre se diluía, como si fuera un tul de rosas macabras.
 
Registraron sus bolsillos y sacaron trozos de cristales rotos, ensangrentados… que también tiraron en la taza. Y, al disiparse la sangre, ahora, a las claras, que casi los primeros rayos del sol acariciaban la espadaña. Y la luz se impuso en los trozos, sobre el reflejo del agua… brillaban… más que las estrellas brillaban. Él sonrió levemente. Los agentes estaban confundidos, sin saber qué decir. Más aún, cuando llegó una vieja  casi sin aliento a la plaza asegurando que al pasar por el Campillejo, al Cristo de la Amargura, le brotaban lágrimas.
 
Mari Ángeles Solís, "Estrellas cautivas", ExtraJaén, Diario Jaén, 02.01.26

jueves, 25 de diciembre de 2025

Feliz Navidad 2025 4

Acuarela creada por el autor con Chat GPT sobre fotografía del barro de José Risueño, Descanso en la huida a Egipto (1712-32, Casa Grande de las Escuelas del Ave María, Granada), tomada en la exposición "José de Mora. El barroco espiritual", catedral de Granada, 18.12.25

martes, 16 de diciembre de 2025

Año Austen 4 - Aniversarios 66 - Casas 30

La casa de College Street, n.º 8, donde murió Jane Austen (Steventon, 16.12.1775 - Winchester, 18.07.1817), la de su nacimiento no se conserva, fuente: Country Life (página web)
Capítulo I

   Es una verdad mundialmente reconocida que un hombre soltero, poseedor de una gran fortuna, necesita una esposa. 
   Sin embargo, poco se sabe de los sentimientos u opiniones de un hombre de tales condiciones cuando entra a formar parte de un vecindario. Esta verdad está tan arraigada en las mentes de algunas de las familias que lo rodean, que algunas le consideran de su legítima propiedad y otras de la de sus hijas. 
   —Mi querido señor Bennet —le dijo un día su esposa—, ¿sabías que, por fin, se ha alquilado Netherfield Park? 
   El señor Bennet respondió que no. 
   —Pues así es —insistió ella—; la señora Long ha estado aquí hace un momento y me lo ha contado todo. 
   El señor Bennet no hizo ademán de contestar. 
   —¿No quieres saber quién lo ha alquilado? —se impacientó su esposa. 
   —Eres tú la que quieres contármelo, y yo no tengo inconveniente en oírlo.
   Esta sugerencia le fue suficiente.

Jane Austen, Orgullo y prejuicio (1813), fuente: Weeblebooks (página web)

martes, 28 de octubre de 2025

Alúas

Hormiga de ala (Camponotus sylvaticus, macho, las que se usaban para cazar eran las hembras), foto: Antonio Erena, Jaén, 27.10.25
27. Otrosí, que ninguno pueda cavar ni cave en los ejidos de esta villa para sacar aludas ni otra cosa alguna, así hombres como muchachos, so pena de doce maravedís aplicados al dicho almotacén.

Juan María de la Obra Sierra, «Ordenanzas Municipales de Torredonjimeno, 1538», en Salvador Hernández Armenteros, El arca del agua, Madara Editoras, Torredonjimeno, 2025, pág. 438 (actualización: Antonio Erena).