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| Patricia Úriz, ex mujer de Koldo García, sale del Tribunal Supremo, foto: Matías Chiofalo, 13.04.26 |
martes, 14 de abril de 2026
Extraterrestres 22 - 3
jueves, 9 de abril de 2026
Extraterrestres 22 - 2
miércoles, 8 de abril de 2026
Extraterrestres 22 - 1
| Jéssica Rodríguez llegando al Tribunal Supremo para declarar en el juicio contra su ex-pareja José Luis Ábalos, Koldo García y Víctor de Aldama, foto: Jaime Villanueva, 07.04.26 |
Jessica, que había conocido al exministro en 2018, decidió que la relación se terminaba. “Venían cuatro años más de PSOE, no iba a aguantarlo”. Ni quería ser la otra ni soportaba “la vida paralela” del ministro. “Él no podía divorciarse porque su mujer le dijo que, si lo hacía, le jodería la vida”, dirá más adelante Jessica. “Le tiraba cosas, se ponía histérica”. Sánchez sacó a Ábalos del Gobierno un año después.
Jessica tenía con el exministro una relación repleta de regalos (incluyendo el alquiler de un pisazo en la plaza de España) y pagos (ella dijo que sí le daba dinero en efectivo, pero lo guardaba para una vida en común), además de ser atendida en diversos contratiempos, como cuando su gato se rompió la pata. “Es que tuve un gato por él”, aclaró. Respecto al piso, dijo que seguía Ábalos haciéndose cargo de él porque de alguna manera había incumplido sus promesas. “Cambió mi estilo de vida, yo era feliz. Supongo que se sentía en deuda. La historia que vivimos él y yo solo la conocemos nosotros”. También trabajó en dos empresas públicas sin haber acudido un día al trabajo. Hay acuerdos de separación y luego esta esto: se juzga si entre todos, con nuestros impuestos, hemos ido pegando los pedacitos del corazón de José Luis Ábalos y Jessica Rodríguez.
“La relación no la terminamos mal, no hubo discusión, seguíamos hablando y alguna vez viéndonos. Pero ya en mi cumpleaños cenamos, y no me acompañó a casa, me llevaron”. ¿Y ahora? ¿Están bien ellos ahora?, ¿sigue habiendo amor? La respuesta la da Ábalos a través de su abogado, Marino Turiel. “¿Es cierto que se dedica usted a la prostitución?”. Un “oooh” gigante en la sala de prensa. Follón en la sala. El presidente del tribunal, Andrés Martínez Arrieta, pide al abogado que reformule la pregunta. El papelón es de órdago, pero Turiel se levantó fuerte y va a por todas. “Se dedica usted a un oficio que ofrece una contraprestación…”. Se rinde Turiel, pero contesta Jessica Rodríguez. Es dentista colegiada. Y antes, fue azafata de imagen.
La cámara no enfoca a la testigo, que tenía 29 años cuando conoció al ministro. Hoy tiene 37 y aparece siempre parapetada con mascarilla y gafas de sol. Ahora mismo en Madrid si usted ve a alguien con mascarilla, gorra y gafas de sol, o es Jessica o es Rufián. Como cuando Leonardo Di Caprio se pone capucha, tres gafas de sol, un pasamontañas y 12 guardaespaldas alrededor.
Jessica, que en declaraciones anteriores estaba frágil y en algún momento se rompió, este martes está entera y hasta temeraria. Cuando la trama le propuso cambiar el piso de la plaza de España dijo que no, porque el que le ofrecían era “enano”, y mejor quedarse con uno que costaba 2.700 euros al mes y no pagaba ella. “Ya se sabe cómo está el mercado de la vivienda en Madrid”, dijo en el momento más surrealista de su declaración.
Si este juicio fuese una película, Jessica Rodríguez, sentada frente a los magistrados del Tribunal Supremo, se giraría hacia la cámara y preguntaría al espectador: “Supongo que te preguntarás cómo he llegado hasta aquí”. Hasta el fiscal de Anticorrupción, Alejandro Luzón, podría girarse hacia la cámara para preguntarse qué hace él ahí, pues empieza titubeando, matizándose, sorteando charcos incómodos. “Esa relación de ustedes, llamémosle íntima o amorosa”, termina desembuchando, y a partir de ahí ya cogió vuelo el fiscal. Recordemos los apuros periodísticos cuando empezó todo: “amiga”, “amiga especial”, “conocida”, ni Corinna desenterró tantos eufemismos (bueno, no, y “amiga entrañable” sigue siendo insuperable).
Cuando se cumplían dos horas de comparecencia, Jessica Rodríguez explotó: “Estuve media mañana esperando a entrar en la sala. No me han ofrecido ni un agua, tuve que bajar a un vending”. La trama la ha dejado sola.
Mientras, Koldo García hace aspavientos cuando considera que Jessica miente, luego le enseña algo a Ábalos y Ábalos lo lee serio. Se aparta un poco para leerlo mejor, ha olvidado las gafas o las tiene guardadas en el estuche y quizá sea un coñazo cogerlas ahora para ver la tontería que está enseñando este. La vida es pesadísima si uno la ha vivido tan deprisa y de repente tiene que estar sentado muchas horas.
Cuando Jessica dice algo de sus aventuras del pasado, las cosas que vivieron juntos y pagaba él, Ábalos frunce el ceño como tratando de recordar. Pero quién va a recordar algo de los años locos, José Luis. Las pulseras en Tiffany’s, los viajes a Dubái, las ruedas de prensa, los falsos robados y las amazonas: “Adiós a los trajes de baño, los viajes pagados, los sitios de moda. / No habrá más copas de yate, tirar las botellas, dormir a deshoras”, cantaba La Costa Brava.
Minutos después, cuando Jessica se marcha, declara Virginia Barbancho, exresponsable del proyecto de Tragsatec al que estaba adscrita Jéssica Rodríguez. Dice que recibió el currículum de Jessica con el aviso de que, por encima de cualquier consideración académica, por encima de cualquier valía profesional en una empresa de ingenieros, por encima de sus virtudes, la joven era “sobrina” del ministro. Ábalos es definitivamente anterior a España. ¿Cómo va a recordar algo? ¿Quién recuerda algo cuando se está comiendo el mundo y pasa las facturas? Ya lo dijo Lemmy, de Motörhead: “El verano de 1973 fue fantástico, no me acuerdo de nada”.
sábado, 21 de junio de 2025
Fotogramas 222
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| Luis Zahera, Antonio de la Torre y Paco Revilla en El Reino, Rodrigo Sorogoyen, 2018 |
lunes, 2 de junio de 2025
Parecidos razonables 39 - Profesiones 4 (fontanera)
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| Leire Díez, junto a un hombre no identificado, en mayo de 2022, foto: A. Pérez Meca |
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| Joan Cusack como Debbie y Christopher Lloyd como Fétido en La familia Addams. La tradición continúa (Barry Sonnenfeld, 1993) |
lunes, 21 de noviembre de 2022
Esfera
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| Balón de fútbol Adidas del Mundial de Qatar 2022 Fuente: futbolmania |
Preferiría no saber por qué el Mundial se juega en Qatar. Sin embargo, lo
sé. Bueno, sé lo que sabe todo el mundo, o sea, poco, pero suficiente. Bastante
como para sufrir una grave disonancia cognitiva, según llaman los psicólogos a
pensar una cosa y hacer la contraria. La disonancia, o incoherencia si lo
prefieren, suele provocar un malestar interno que a veces se resuelve con el
autoengaño y otras veces con la honesta constatación de que uno da asco.
El arriba firmante ha intentado muy en serio el autoengaño. Sin éxito.
Joseph Blatter, que era presidente de la Federación
Internacional de Fútbol Asociación (FIFA) cuando en 2010 Qatar fue elegido como
sede y hoy está inhabilitado por corrupción, acusa a Michel Platini, que por
entonces presidía la Unión de Asociaciones Europeas de Fútbol (UEFA) y hoy está
igualmente inhabilitado por corrupción, de presionar a favor del pequeño
emirato arábigo. Resulta que el entonces presidente de Francia, Nicolas
Sarkozy, hoy condenado por corrupción (disculpen que me repita, la culpa es de
ellos), había exigido a Platini que consiguiera para Qatar los
votos necesarios y evitara que el Mundial de 2022 se disputara en Estados
Unidos, como estaba previsto.
Francia quería vender a Qatar aviones de combate. Y los vendió, a cambio
del Mundial.
Yo me dije: ¿y cuándo no ha sido corrupto el negocio del fútbol? Nada
nuevo.
Otra parte del acuerdo, alcanzado por el presidente francés, el hoy emir de
Qatar y Michel Platini durante un almuerzo en el palacio del Elíseo el 23 de
noviembre de 2010, nueve días antes de la votación mundialista, consistía en
que Qatar comprara el PSG, el club del que Sarkozy es forofo, y lo convirtiera
en el más rico del planeta. Cosa que se cumplió al año siguiente. La justicia
francesa investiga ahora a Sarkozy y a su hijo por engañar a los cataríes:
consiguieron que el emirato pagara por el PSG 64 millones de euros, en lugar de
los 30 que valía. Visto en conjunto, calderilla.
No nací ayer, me dije, y sé cómo funcionan estas cosas. Lo de siempre. No
pasa nada.
Amnistía Internacional dice que miles de trabajadores
murieron durante la construcción de los estadios para el Mundial.
Intenté convencerme de que no era nada extraño y que los difuntos no serían
tantos. Teniendo en cuenta que en Qatar los trabajadores inmigrantes están
sometidos a la kafala, algo no muy distinto a la esclavitud, si esa pobre gente
no hubiera fallecido por calor o una caída en el andamio de un estadio, lo
habría hecho, pensé, en cualquier otra obra faraónica.
Qatar ha hecho saber a los homosexuales que no deben hacer cosas
homosexuales (sea lo que sea eso) si acuden al Mundial. Uno de sus embajadores
deportivos, el exfutbolista Khalid Salman, proclamó hace unos días que la
homosexualidad es “un daño en la mente”.
Quise seguir autoengañándome, pero no doy para tanto. Resolví mi disonancia cognitiva por la vía penosa de la honestidad: participaré como espectador-cómplice en una conspiración repugnante y mortífera (la del negocio, no la del juego). Asumiré, supongo que como otros muchos futboleros, mi propia vergüenza.
Enric González, «La disonancia cognitiva», El País, 12.11.22
sábado, 11 de junio de 2022
Fotogramas 142
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| La hoguera de las vanidades (The Bonfire of the Vanities), Brian de Palma, 1990 |
martes, 7 de junio de 2022
Espacios 1
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| Madrid, plaza de Colón / calle Génova / paseo de Recoletos Fotos: Antonio Erena (06.06.22 y 05.10.24) |
Pero aquí no
acaban los peligros visuales, porque si uno huye de Felipe II puede
encontrarse, en la esquina de Goya y Alcalá, un pavoroso cabezón de don
Francisco de Goya, que, a diferencia de Dalí, no tuvo culpa de nada. Es un
cabezón que conjuga la estética de la rotonda de tráfico y una propensión
escultórica a lo mostrenco que al menos desde el Valle de los Caídos ha sido
muy cultivada por esa derecha mesetaria que gobierna Madrid. Los teatros y los
cines languidecen en este desastre sanitario que no acaba, y que las
autoridades regionales hacen todo lo posible por agravar con su mezcla tóxica
de chulería y de incompetencia, las salas de música no levantan cabeza, las
librerías resisten como pueden, las pocas galerías de arte que aún quedan
sobreviven de milagro: en medio de esta desolación, lo único que resplandece y
prolifera, invulnerable a la crisis, son esas meninas que multiplican su
espanto por las aceras y las plazas como zombis o replicantes, como clones
degenerados de un modelo que inventó hace ya muchos años Manolo Valdés. Es como en esas películas en
que una sustancia o una criatura híbrida creada en un laboratorio escapa de él
y se multiplica sin control, y amenaza con invadir una ciudad entera, un
planeta. Las meninas como hongos enormes de alegres colores nos acechan en
cualquier esquina de Madrid, y un público antes sobre todo turístico y ahora
local se abraza a ellas o las elige como fondo para sus selfis, añadiendo así su
propia creatividad a la de los diversos artistas y celebridades que han
contribuido a personalizarlas, como es apropiado decir ahora. Las autoridades
municipales participaron con entusiasmo visible en la presentación de la
campaña, y, no contentas con repetir y ampliar el despliegue de los últimos
años, han completado lo que ellos llamarán sin duda su “apuesta cultural” con
esa nueva menina gigantesca, la de los 10 metros, las 37.000 bombillas, las
lentejuelas y bolas de plata acompañadas de diamantes de plástico translúcido.
Belicismo ideológico
La plaza de
Colón es sin duda el sitio adecuado, y no solo por la inmensa bandera que ya
ondea allí desde los tiempos patrióticos de José María Aznar, ni por la
querencia que la derecha y la extrema derecha llevan mostrando hacia ella como
escenario de su belicismo ideológico. La plaza de Castilla logra un grado
semejante de espanto urbano, con su boca de túnel, su monumento franquista a
Calvo Sotelo, la aguja monumental del arquitecto Calatrava, las dos torres inclinadas
que despiertan tantos recuerdos entrañables de la economía del pelotazo
financiero. La plaza de Castilla es un espacio urbano tan depravado como la de
Colón, igual de hostil a la escala y a la presencia humana. Pero esta última
está en el corazón mismo de la ciudad, y en su gran vacío tiranizado por el
tráfico se levantaron hasta finales de los sesenta hermosos edificios
condenados a la piqueta por la codicia y la ignorancia, por una barbarie
municipal que desdichadamente no terminó con la dictadura: en esa plaza, a un
lado de la calle de Génova, estuvo el palacio de Medinaceli; al otro, la casa
donde vivió muchos años Pérez Galdós, justo donde están ahora esas torres
coronadas por una especie de montera como de Miami Beach.
Madrid está
llena de gente disconforme, inventiva, moderna, cultivada, activista: pero su
destino cívico es el de un derechismo rancio volcado en la promoción del
ladrillo y del coche privado, en un oscurantismo que tiene su traducción
estética en la vulgaridad, y su consigna política, en la beligerancia contra
las nuevas expectativas de vitalidad urbana y empeño ambiental que están
cobrando forma en otras capitales de Europa y de América, y en la misma España.
En todas ellas la pandemia ha acelerado la adopción de formas de movilidad
saludables y sostenibles, de espacios propicios para los caminantes, de
carriles bien conectados y seguros para los ciclistas. En Londres, en París, en
Bogotá, los gobiernos municipales son núcleos activos de debate y puesta en
práctica de ideas sobre un modelo de ciudad habitable, gestionada con la
participación vecinal, rescatada del sometimiento a los intereses de los
especuladores y de los fabricantes de coches privados, empeñada en políticas
ambientales que mitiguen en lo posible el cambio climático o, al menos, a estas
alturas, ayuden a sobreponerse a sus peores efectos. Me he movido en bicicleta
por unas cuantas ciudades, incluida Nueva York, y ninguna es tan peligrosa y
tan hostil para los ciclistas como Madrid. Circular en bicicleta, como ir a pie,
es cada vez más una afirmación política: un activismo concreto en la
humanización de la ciudad. Quizás por eso el Ayuntamiento hace lo posible por
sabotearlo. No hacía ninguna falta el suplicio añadido de las meninas como
zombis, de la menina gigante y luminosa alzándose en la noche como en una de
esas pesadillas que se han vuelto tan frecuentes con la pandemia.
Antonio Muñoz Molina, «Madrid zombie», Babelia (6.11.20)
martes, 24 de mayo de 2022
Ayer y hoy 29
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| Don Juan de Borbón se inclina ante el rey Juan Carlos tras renunciar a sus derechos dinásticos (La Zarzuela, 14.05.1977). Fuente: Don Diario |
| El rey Juan Carlos deja el palacio de la Zarzuela Foto: Alberto Ortega (23.05.22) |
lunes, 23 de mayo de 2022
jueves, 25 de julio de 2019
Aficiones 20
| Joaquín Pallarés, Inválido del arte, Museo del Prado |
jueves, 19 de abril de 2018
Ayer y hoy 22
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| El rector de la Universidad Rey Juan Carlos, Javier Ramos, el pasado 21 de marzo en rueda de prensa en el campus de Móstoles, fuente: EFE |
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| Miguel de Unamuno en su despacho del rectorado de la Universidad de Salamanca |
sábado, 14 de abril de 2018
Fotogramas 81
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| Desmadre en la universidad (King Frat), Ken Wiederhorn, 1979 |
NNGG, Juventudes del PSOE, Vox, la Policía... los chollos de la Universidad Rey Juan Carlos, El Confidencial
miércoles, 4 de abril de 2018
Mondo brutto 11
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| Cartel en una carretera para avisar de posibles atropellos de linces ibéricos Fuente: EFE Life+Iberlince |
lunes, 5 de marzo de 2018
Energía
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| Ángel González, castañero de León Foto: Eloísa Otero |
lunes, 26 de febrero de 2018
jueves, 1 de febrero de 2018
Locus amoenus 9 - Mondo brutto 10
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| Vista típica del valle de Viñales en Cuba con granja, tabaco y mogotes Foto: Anna Jedynak |




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