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martes, 14 de abril de 2026

Extraterrestres 22 - 3

Patricia Úriz, ex mujer de Koldo García, sale del Tribunal Supremo, foto: Matías Chiofalo, 13.04.26
En 2019, Koldo García Izaguirre y su entonces mujer, Patricia Uriz, mantuvieron una conversación de WhatsApp de esta guisa: “Tengo una pequeña alegría para el día de elecciones”, escribió Koldo. “¿Pase lo que pase?”, dijo Patricia. “Sí”, respondió Koldo. Y añadió, en un mensaje posterior, frustrando la sorpresa: “2.000 txistorras”. Era “pequeña” la alegría.

Cuando estas conversaciones salieron a la luz, incluidas otras en las que Koldo reclamaba a su mujer que guardase las chistorras en “maleta, bolso, abrigo y cartera”, el exasesor de Ábalos dijo que por chistorras se refería a eso: a chistorras. No se puede faltar al respeto de esa forma al Dios Amor. Es preferible contar la verdad al tribunal que decir que, pase lo que pase en las elecciones, le vas a dar una alegría a tu mujer que consiste en regalarle 2.000 chistorras. Tampoco estás mandándole un mensaje muy elegante: en las elecciones europeas qué le vas a regalar, ¿forraje? Y luego mandarla por ahí con las chistorras metidas en el abrigo y en la cartera (¿en qué cartera cabe una chistorra?, ¿no hay que investigar eso?).

A estos hechos se tuvo que enfrentar Patricia Uriz esta mañana en el Tribunal Supremo. Uriz llegó a declarar al Supremo envuelta en misterio (es increíble que hayamos tenido que sufrir todos una pandemia para que unos cuantos, hasta entonces en la inopia, descubriesen la relación de la mascarilla con el anonimato). Ya no es esposa de Koldo, y reclamó no ser grabada ―el juicio solo se retransmite para la prensa― en su declaración. Dijo que no reconocía los mensajes en que su exmarido le hablaba de 2.000 chistorras. Normal. Quién, en un momento de euforia, no le ha dicho a su mujer que le regalaría 2.000 chistorras, y su mujer no quiere ni acordarse de eso: “Mira, mira, ni me hables...”. Y el día de las elecciones generales, ni más ni menos, el día más romántico de la legislatura. Si estar enamorado consiste en que te ofrezcan la luna, por qué no matar con tus propias manos cinco cerdos y ponerte a hacer 2.000 chistorras en el salón esperando las encuestas a pie de urna, “aunque el resultado me da igual”.

No le daba igual el resultado a Uriz y así lo dijo en su declaración, ya que si el PSOE perdía, ella perdía su trabajo, pero Koldo no. Eso implicaba vivir separados, dijo, una en Pamplona y otro en Madrid. ¿Cuántas chistorras hay que atar para unir las dos ciudades y que Koldo agarrase un extremo y Patricia otro, el famoso hilo rojo?

Se juzgan más dramas de lo que parece. Dijo Uriz, por ejemplo, que Koldo compró una vivienda en Benidorm y la puso a nombre de su hija menor de edad. ¿Por qué? Para “dejar fuera de la herencia” a su otro hijo. Claro que sí. Es probable que hasta ni le apeteciera comprarlo. Y raro es que no lo pusiese a nombre del tipo que peor le caía a su hijo. Había que joder al muchacho como fuese. ¿Se imaginan que fuera por eso? ¿Quién no organizó alguna vez una gran fiesta, una fiesta increíble, solo para no invitar a un amigo? Si no lo hiciste, es que no tienes amigos. Por los amigos y por los hijos se hace lo que sea, hasta comprar un piso en Benidorm solo para que el chaval no lo tenga.

Manuel Jabois, «¿Quién no hizo alguna vez una fiesta solo para no invitar a un amigo?», El País, 13.04.26

jueves, 9 de abril de 2026

Extraterrestres 22 - 2

Claudia Montes, amiga de José Luis Ábalos, delante del Tribunal Supremo, foto: Zipi Aragón, 08.04.26
La testigo Claudia Montes pasa la mañana sentada con sus abogados en los pasillos del Supremo. Tiene cara de aburrida. El Tribunal Supremo es un sitio petado de historia, pero ojo con meterte ahí pensando que es Glastonbury. La presencia de Claudia Montes, como la de Jésica Rodríguez, obedece a un amargo conflicto político: el supuesto enchufe con el que el acusado José Luis Ábalos la empleó en la administración pública. Las horas se hacen largas y su turno está previsto que sea el último antes del receso para comer.

De repente, Claudia ve entrar en el cuarto de baño a un periodista al que reconoce. Sale ella hacia el baño de mujeres y, desde la puerta, chista cuando el otro sale. El hombre oye el “chsss” y, aturdido, se gira. “No me dejan hablar contigo”, empieza Claudia para justificar la clandestinidad de la charla en el baño de mujeres. Le pide al chico (es un periodista joven de otro medio) que se fije en cómo la mira Koldo cuando ella hable, que ponga atención en si la quiere intimidar o no. Está preocupada por eso.

“Yo consideraba a Koldo García Izaguirre mi jefe”, dice al tribunal una hora después. Claudia ya ha dicho antes de entrar al juicio lo mismo que en el baño de mujeres a un compañero: que teme las miradas de intimidación de Koldo.

La mujer tiene ganas de hablar. Era una madre soltera y militante socialista, empieza su relato, cuando conoció a José Luis Ábalos en un mitin en Gijón en mayo de 2019. Luego, le escribió por Instagram para pedirle trabajo. Y el ministro se puso en marcha. Koldo, más bien. España a veces no funciona y otras veces funciona la mar de bien; cuando pasa eso, suelen acabar todos en el banquillo. Fuera de la ley todo es más cómodo. Quieres un trabajo, le abres un privado a un ministro y te llaman de Renfe para preguntarte de qué quieres trabajar, de maquinista o qué: gorra, silbato y p’alante.

Además, ella y él empezaron una relación virtual que a Claudia le ayudó mucho porque hablaban de política y Ábalos, dijo, la ayudó a “culturizarse políticamente”. Seguramente sea eso lo que se recuerde de Ábalos, su influencia en la teoría crítica del marxismo junto a Marcuse y Adorno. “¿A la de Gijón no la pueden contratar en Renfe, ADIF o alguna de sus subcontratadas?”, le dijo un día Ábalos a Koldo, ya harto de hablar de Rosa Luxemburgo. “Lo arreglo”, respondió su mano derecha.

La contrataron en Logirail, una filial de Renfe. Ella dice que no por influencia de él. Que él le pasó unos enlaces, que es como tener un grupo, que te pidan entradas para un concierto y mandarle un link. Ella dijo haber completado el link que le pasó Ábalos y pasar luego los procesos. Dijo también que dejó de ir a trabajar porque la colocaron en una mesa frente a la pared sin ordenador. Pero no desaprovechaba el tiempo: contó que iba a la biblioteca de Oviedo a leer libros sobre trenes. Nadie le preguntó qué libros y ella no pudo contestar: “Asesinato en el Orient Express”, porque entonces se acaba el juicio y esa mujer sale a hombros como nueva presidenta del Tribunal.

A diferencia de Jésica, es justo decirlo, Claudia Montes terminó trabajando más adelante. Y duro, según la contabilidad de horas extra (80 acumuladas en un año, dijo). También presumió de madrugar porque le encantaba el trabajo, y lo podía justificar porque colgaba cada mañana en Instagram fotos de sus desayunos a horas loquísimas, tipo 4.30 de la madrugada, que habría que preguntar en la comunidad si usaba el extractor porque ahí hay otro juicio. Hay mucha gente contraria a que se cuelguen fotos de comida en Instagram. Pues bien: uno nunca sabe para qué puede servir. Un día estás sentada mirando el móvil a ver si te ponen unos likes a unos huevos rotos, pensando en leer en tu jornada laboral Extraños en un tren, y al otro estás en el Tribunal Supremo presumiendo de la hora a la que colgaste la foto. Lección de vida: entre la validación de los demás y el tiempo, siempre el tiempo.

En el banquillo de acusados, José Luis Ábalos se rasca la frente brillante de sudor y habla con Koldo sin taparse la boca, como Vinicius; Koldo, sin embargo, la cubre con sus manos para responderle. La agente de policía los mira de reojo. Aldama, en la otra esquina, es ya una figura de cera. Ábalos parpadea cada vez más despacio y en algún momento parece que no va a volver a abrir los ojos, luego se muerde el labio inferior y se queda bastante rato con él así, material de meme pero como no es Leonardo Di Caprio, aunque un día pudo serlo, no lo verás nunca.

Empezó declarando por la mañana Óscar Gómez Barbero, tipo alto, de buen pelo cano, elegante. Hay que tener en consideración que por el tribunal pasan esta semana jefazos de importantes empresas, ejecutivos que tuvieron o tienen cargos de responsabilidad, para tratar de explicar por qué dos chicas fueron colocadas en sus empresas públicas y permitieron que esas chicas no acudiesen a su trabajo. Tiene algo de humillante. Porque hubo un ministro encaprichado, por unos motivos u otros, en dos mujeres, y esas mujeres terminaron cobrando dinero público de empresas de su ministerio. Y para que eso ocurriese, una cadena de mando quedó moralmente maltrecha. Como quiera que Gómez Barbero subió de categoría a Claudia Montes, la acusación hace una pregunta estupenda: “¿Y a una persona que no estaba yendo a trabajar le sube el sueldo?”.

Manuel Jabois, «Extraños en un tren: “¿Y a una persona que no está yendo a trabajar, se le sube el sueldo?"», El País, 08.04.26

miércoles, 8 de abril de 2026

Extraterrestres 22 - 1

Jéssica Rodríguez llegando al Tribunal Supremo para declarar en el juicio contra su ex-pareja José Luis Ábalos, Koldo García y Víctor de Aldama, foto: Jaime Villanueva, 07.04.26

El 7 de enero de 2020, Pedro Sánchez fue investido presidente del Gobierno, garantizando cuatro años más de Gobierno socialista. Para una mujer enamorada del número dos del PSOE, fue un día triste. José Luis Ábalos, ministro de Transportes y secretario de Organización socialista, le había dicho a Jessica Rodríguez que nunca se divorciaría de su mujer mientras fuese ministro. En la salud, en la enfermedad y en el cargo público.

Jessica, que había conocido al exministro en 2018, decidió que la relación se terminaba. “Venían cuatro años más de PSOE, no iba a aguantarlo”. Ni quería ser la otra ni soportaba “la vida paralela” del ministro. “Él no podía divorciarse porque su mujer le dijo que, si lo hacía, le jodería la vida”, dirá más adelante Jessica. “Le tiraba cosas, se ponía histérica”. Sánchez sacó a Ábalos del Gobierno un año después.

Jessica tenía con el exministro una relación repleta de regalos (incluyendo el alquiler de un pisazo en la plaza de España) y pagos (ella dijo que sí le daba dinero en efectivo, pero lo guardaba para una vida en común), además de ser atendida en diversos contratiempos, como cuando su gato se rompió la pata. “Es que tuve un gato por él”, aclaró. Respecto al piso, dijo que seguía Ábalos haciéndose cargo de él porque de alguna manera había incumplido sus promesas. “Cambió mi estilo de vida, yo era feliz. Supongo que se sentía en deuda. La historia que vivimos él y yo solo la conocemos nosotros”. También trabajó en dos empresas públicas sin haber acudido un día al trabajo. Hay acuerdos de separación y luego esta esto: se juzga si entre todos, con nuestros impuestos, hemos ido pegando los pedacitos del corazón de José Luis Ábalos y Jessica Rodríguez.

“La relación no la terminamos mal, no hubo discusión, seguíamos hablando y alguna vez viéndonos. Pero ya en mi cumpleaños cenamos, y no me acompañó a casa, me llevaron”. ¿Y ahora? ¿Están bien ellos ahora?, ¿sigue habiendo amor? La respuesta la da Ábalos a través de su abogado, Marino Turiel. “¿Es cierto que se dedica usted a la prostitución?”. Un “oooh” gigante en la sala de prensa. Follón en la sala. El presidente del tribunal, Andrés Martínez Arrieta, pide al abogado que reformule la pregunta. El papelón es de órdago, pero Turiel se levantó fuerte y va a por todas. “Se dedica usted a un oficio que ofrece una contraprestación…”. Se rinde Turiel, pero contesta Jessica Rodríguez. Es dentista colegiada. Y antes, fue azafata de imagen.

La cámara no enfoca a la testigo, que tenía 29 años cuando conoció al ministro. Hoy tiene 37 y aparece siempre parapetada con mascarilla y gafas de sol. Ahora mismo en Madrid si usted ve a alguien con mascarilla, gorra y gafas de sol, o es Jessica o es Rufián. Como cuando Leonardo Di Caprio se pone capucha, tres gafas de sol, un pasamontañas y 12 guardaespaldas alrededor.

Jessica, que en declaraciones anteriores estaba frágil y en algún momento se rompió, este martes está entera y hasta temeraria. Cuando la trama le propuso cambiar el piso de la plaza de España dijo que no, porque el que le ofrecían era “enano”, y mejor quedarse con uno que costaba 2.700 euros al mes y no pagaba ella. “Ya se sabe cómo está el mercado de la vivienda en Madrid”, dijo en el momento más surrealista de su declaración.
Si este juicio fuese una película, Jessica Rodríguez, sentada frente a los magistrados del Tribunal Supremo, se giraría hacia la cámara y preguntaría al espectador: “Supongo que te preguntarás cómo he llegado hasta aquí”. Hasta el fiscal de Anticorrupción, Alejandro Luzón, podría girarse hacia la cámara para preguntarse qué hace él ahí, pues empieza titubeando, matizándose, sorteando charcos incómodos. “Esa relación de ustedes, llamémosle íntima o amorosa”, termina desembuchando, y a partir de ahí ya cogió vuelo el fiscal. Recordemos los apuros periodísticos cuando empezó todo: “amiga”, “amiga especial”, “conocida”, ni Corinna desenterró tantos eufemismos (bueno, no, y “amiga entrañable” sigue siendo insuperable).

Cuando se cumplían dos horas de comparecencia, Jessica Rodríguez explotó: “Estuve media mañana esperando a entrar en la sala. No me han ofrecido ni un agua, tuve que bajar a un vending”. La trama la ha dejado sola.

Mientras, Koldo García hace aspavientos cuando considera que Jessica miente, luego le enseña algo a Ábalos y Ábalos lo lee serio. Se aparta un poco para leerlo mejor, ha olvidado las gafas o las tiene guardadas en el estuche y quizá sea un coñazo cogerlas ahora para ver la tontería que está enseñando este. La vida es pesadísima si uno la ha vivido tan deprisa y de repente tiene que estar sentado muchas horas.

Cuando Jessica dice algo de sus aventuras del pasado, las cosas que vivieron juntos y pagaba él, Ábalos frunce el ceño como tratando de recordar. Pero quién va a recordar algo de los años locos, José Luis. Las pulseras en Tiffany’s, los viajes a Dubái, las ruedas de prensa, los falsos robados y las amazonas: “Adiós a los trajes de baño, los viajes pagados, los sitios de moda. / No habrá más copas de yate, tirar las botellas, dormir a deshoras”, cantaba La Costa Brava.

Minutos después, cuando Jessica se marcha, declara Virginia Barbancho, exresponsable del proyecto de Tragsatec al que estaba adscrita Jéssica Rodríguez. Dice que recibió el currículum de Jessica con el aviso de que, por encima de cualquier consideración académica, por encima de cualquier valía profesional en una empresa de ingenieros, por encima de sus virtudes, la joven era “sobrina” del ministro. Ábalos es definitivamente anterior a España. ¿Cómo va a recordar algo? ¿Quién recuerda algo cuando se está comiendo el mundo y pasa las facturas? Ya lo dijo Lemmy, de Motörhead: “El verano de 1973 fue fantástico, no me acuerdo de nada”.

Manuel Jabois, «El desenfrenado verano del 73 de Ábalos y Jessica: “Lo que vivimos solo lo sabemos nosotros”», El País, 07.04.26

lunes, 2 de junio de 2025

Parecidos razonables 39 - Profesiones 4 (fontanera)

Leire Díez, junto a un hombre no identificado, en mayo de 2022, foto: A. Pérez Meca
Joan Cusack como Debbie y Christopher Lloyd como Fétido en La familia Addams. La tradición continúa (Barry Sonnenfeld, 1993)

lunes, 21 de noviembre de 2022

Esfera

Balón de fútbol Adidas del Mundial de Qatar 2022
Fuente: futbolmania

Preferiría no saber por qué el Mundial se juega en Qatar. Sin embargo, lo sé. Bueno, sé lo que sabe todo el mundo, o sea, poco, pero suficiente. Bastante como para sufrir una grave disonancia cognitiva, según llaman los psicólogos a pensar una cosa y hacer la contraria. La disonancia, o incoherencia si lo prefieren, suele provocar un malestar interno que a veces se resuelve con el autoengaño y otras veces con la honesta constatación de que uno da asco.

El arriba firmante ha intentado muy en serio el autoengaño. Sin éxito.

Joseph Blatter, que era presidente de la Federación Internacional de Fútbol Asociación (FIFA) cuando en 2010 Qatar fue elegido como sede y hoy está inhabilitado por corrupción, acusa a Michel Platini, que por entonces presidía la Unión de Asociaciones Europeas de Fútbol (UEFA) y hoy está igualmente inhabilitado por corrupción, de presionar a favor del pequeño emirato arábigo. Resulta que el entonces presidente de Francia, Nicolas Sarkozy, hoy condenado por corrupción (disculpen que me repita, la culpa es de ellos), había exigido a Platini que consiguiera para Qatar los votos necesarios y evitara que el Mundial de 2022 se dispu­tara en Estados Unidos, como estaba previsto.

Francia quería vender a Qatar aviones de combate. Y los vendió, a cambio del Mundial.

Yo me dije: ¿y cuándo no ha sido corrupto el negocio del fútbol? Nada nuevo.

Otra parte del acuerdo, alcanzado por el presidente francés, el hoy emir de Qatar y Michel Platini durante un almuerzo en el palacio del Elíseo el 23 de noviembre de 2010, nueve días antes de la votación mundialista, consistía en que Qatar comprara el PSG, el club del que Sarkozy es forofo, y lo convirtiera en el más rico del planeta. Cosa que se cumplió al año siguiente. La justicia francesa investiga ahora a Sarkozy y a su hijo por engañar a los cataríes: consiguieron que el emirato pagara por el PSG 64 millones de euros, en lugar de los 30 que valía. Visto en conjunto, calderilla.

No nací ayer, me dije, y sé cómo funcionan estas cosas. Lo de siempre. No pasa nada.

Amnistía Internacional dice que miles de trabajadores murieron durante la construcción de los estadios para el Mundial.

Intenté convencerme de que no era nada extraño y que los difuntos no serían tantos. Teniendo en cuenta que en Qatar los trabajadores inmigrantes están sometidos a la kafala, algo no muy distinto a la esclavitud, si esa pobre gente no hubiera fallecido por calor o una caída en el andamio de un estadio, lo habría hecho, pensé, en cualquier otra obra faraónica.

Qatar ha hecho saber a los homosexuales que no deben hacer cosas homosexuales (sea lo que sea eso) si acuden al Mundial. Uno de sus embajadores deportivos, el exfutbolista Khalid Salman, proclamó hace unos días que la homosexualidad es “un daño en la mente”.

Quise seguir autoengañándome, pero no doy para tanto. Resolví mi disonancia cognitiva por la vía penosa de la honestidad: participaré como espectador-cómplice en una conspiración repugnante y mortífera (la del negocio, no la del juego). Asumiré, supongo que como otros muchos futboleros, mi propia vergüenza.

Enric González, «La disonancia cognitiva», El País, 12.11.22

martes, 7 de junio de 2022

Espacios 1

Madrid, plaza de Colón / calle Génova / paseo de Recoletos
Fotos: Antonio Erena (06.06.22 y 05.10.24)
«Pandemia 1», anterior entrada del blog
«Pormishuevismo» en Oficina Periferia (página web)

No todos los acontecimientos culturales han sufrido los efectos destructivos de la pandemia. Acabo de enterarme de que se está levantando en la ya atroz plaza de Colón una menina gigante que medirá 10 metros de altura y pesará 1.300 kilos, una estructura de aluminio “decorada con lentejuelas y bolas de plata acompañadas de diamantes de plástico translúcido, creación del reconocido diseñador de moda Andrés Sardá”, según asegura no sin entusiasmo un comunicado del Ayuntamiento. Madrid es una ciudad en la que abundan los museos excepcionales y en la que viven y trabajan artistas de mucho talento, pero sus instituciones municipales y regionales llevan muchos años concentrándose en la propagación del horror. Aún me acuerdo de la chispeante estatua de La Violetera que estuvo plantada en la esquina de Alcalá con la Gran Vía, infamando con su vacua cursilería la memoria de una bella canción, y a diario tengo la desdicha de cruzar la duradera pesadilla de la plaza de Felipe II, en la que se logró la hazaña de cubrir un aparcamiento subterráneo con un espacio tan baldío como otro aparcamiento. La plaza de Felipe II hay que atravesarla sin levantar la vista del suelo, a fin de no encontrarse con esa especie de dolmen inexplicable y esa escultura que demuestran que las parodias y las falsificaciones más baratas de Dalí las perpetró el propio Dalí. Aunque quizás el dolmen daliniano tenga la ventaja de distraer los ojos de la fachada del antes llamado Palacio de los Deportes, ahora bautizado en un idioma extraño como WiZink Center.

Pero aquí no acaban los peligros visuales, porque si uno huye de Felipe II puede encontrarse, en la esquina de Goya y Alcalá, un pavoroso cabezón de don Francisco de Goya, que, a diferencia de Dalí, no tuvo culpa de nada. Es un cabezón que conjuga la estética de la rotonda de tráfico y una propensión escultórica a lo mostrenco que al menos desde el Valle de los Caídos ha sido muy cultivada por esa derecha mesetaria que gobierna Madrid. Los teatros y los cines languidecen en este desastre sanitario que no acaba, y que las autoridades regionales hacen todo lo posible por agravar con su mezcla tóxica de chulería y de incompetencia, las salas de música no levantan cabeza, las librerías resisten como pueden, las pocas galerías de arte que aún quedan sobreviven de milagro: en medio de esta desolación, lo único que resplandece y prolifera, invulnerable a la crisis, son esas meninas que multiplican su espanto por las aceras y las plazas como zombis o replicantes, como clones degenerados de un modelo que inventó hace ya muchos años Manolo Valdés. Es como en esas películas en que una sustancia o una criatura híbrida creada en un laboratorio escapa de él y se multiplica sin control, y amenaza con invadir una ciudad entera, un planeta. Las meninas como hongos enormes de alegres colores nos acechan en cualquier esquina de Madrid, y un público antes sobre todo turístico y ahora local se abraza a ellas o las elige como fondo para sus selfis, añadiendo así su propia creatividad a la de los diversos artistas y celebridades que han contribuido a personalizarlas, como es apropiado decir ahora. Las autoridades municipales participaron con entusiasmo visible en la presentación de la campaña, y, no contentas con repetir y ampliar el despliegue de los últimos años, han completado lo que ellos llamarán sin duda su “apuesta cultural” con esa nueva menina gigantesca, la de los 10 metros, las 37.000 bombillas, las lentejuelas y bolas de plata acompañadas de diamantes de plástico translúcido.

Belicismo ideológico

La plaza de Colón es sin duda el sitio adecuado, y no solo por la inmensa bandera que ya ondea allí desde los tiempos patrióticos de José María Aznar, ni por la querencia que la derecha y la extrema derecha llevan mostrando hacia ella como escenario de su belicismo ideológico. La plaza de Castilla logra un grado semejante de espanto urbano, con su boca de túnel, su monumento franquista a Calvo Sotelo, la aguja monumental del arquitecto Calatrava, las dos torres inclinadas que despiertan tantos recuerdos entrañables de la economía del pelotazo financiero. La plaza de Castilla es un espacio urbano tan depravado como la de Colón, igual de hostil a la escala y a la presencia humana. Pero esta última está en el corazón mismo de la ciudad, y en su gran vacío tiranizado por el tráfico se levantaron hasta finales de los sesenta hermosos edificios condenados a la piqueta por la codicia y la ignorancia, por una barbarie municipal que desdichadamente no terminó con la dictadura: en esa plaza, a un lado de la calle de Génova, estuvo el palacio de Medinaceli; al otro, la casa donde vivió muchos años Pérez Galdós, justo donde están ahora esas torres coronadas por una especie de montera como de Miami Beach.

Madrid está llena de gente disconforme, inventiva, moderna, cultivada, activista: pero su destino cívico es el de un derechismo rancio volcado en la promoción del ladrillo y del coche privado, en un oscurantismo que tiene su traducción estética en la vulgaridad, y su consigna política, en la beligerancia contra las nuevas expectativas de vitalidad urbana y empeño ambiental que están cobrando forma en otras capitales de Europa y de América, y en la misma España. En todas ellas la pandemia ha acelerado la adopción de formas de movilidad saludables y sostenibles, de espacios propicios para los caminantes, de carriles bien conectados y seguros para los ciclistas. En Londres, en París, en Bogotá, los gobiernos municipales son núcleos activos de debate y puesta en práctica de ideas sobre un modelo de ciudad habitable, gestionada con la participación vecinal, rescatada del sometimiento a los intereses de los especuladores y de los fabricantes de coches privados, empeñada en políticas ambientales que mitiguen en lo posible el cambio climático o, al menos, a estas alturas, ayuden a sobreponerse a sus peores efectos. Me he movido en bicicleta por unas cuantas ciudades, incluida Nueva York, y ninguna es tan peligrosa y tan hostil para los ciclistas como Madrid. Circular en bicicleta, como ir a pie, es cada vez más una afirmación política: un activismo concreto en la humanización de la ciudad. Quizás por eso el Ayuntamiento hace lo posible por sabotearlo. No hacía ninguna falta el suplicio añadido de las meninas como zombis, de la menina gigante y luminosa alzándose en la noche como en una de esas pesadillas que se han vuelto tan frecuentes con la pandemia.

Antonio Muñoz Molina, «Madrid zombie», Babelia (6.11.20)

martes, 24 de mayo de 2022

Ayer y hoy 29

Don Juan de Borbón se inclina ante el rey Juan Carlos tras renunciar
a sus derechos dinásticos (La Zarzuela, 14.05.1977). Fuente: Don Diario
El rey Juan Carlos deja el palacio de la Zarzuela
Foto: Alberto Ortega (23.05.22)
Católica, sacra y real majestad, 
que Dios en la tierra os hizo deidad: 

un anciano pobre, sencillo y honrado, 
humilde os invoca y os habla postrado. 

Diré lo que es justo, y le pido al cielo 
que así me suceda cual fuere mi celo. 

Ministro tenéis de sangre y valor, 
que solo pretende que reinéis, señor, 

y que un memorial de piedades lleno 
queráis despacharle con lealtad de bueno. 

La Corte, que es franca, paga en nuestros días 
más pechos y cargas que las behetrías. 

Aun aquí lloramos con tristes gemidos, 
sin llegar las quejas a vuestros oídos. 

Mal oiréis, señor, gemidos y queja 
de las dos Castillas, la Nueva y la Vieja. 

Alargad los ojos; que el Andalucía 
sin zapatos anda, si un tiempo lucía. 

Si aquí viene el oro y todo no vale, 
¿qué será en los pueblos de donde ello sale? 

La arroba menguada de zupia y de hez 
paga nueve reales, y el aceite diez. 

Ocho los borregos por cada cabeza, 
y las demás reses, a rata por pieza. 

Hoy viven los peces o mueren de risa, 
que no hay quien los pesque, por la grande sisa. 

En cuanto Dios cría, sin lo que se inventa, 
de más que ello vale se paga la renta. 

A cien reyes juntos nunca ha tributado 
España las sumas que a vuestro reinado. 

Y el pueblo doliente llega a recelar 
no le echen gabela sobre el respirar. 

Aunque el cielo frutos inmensos envía. 
le infama de estéril nuestra carestía. 

El honrado, pobre y buen caballero 
si enferma no alcanza a pan y carnero. 

Perdieron su esfuerzo pechos españoles, 
porque se sustentan de tronchos de coles. 

Si el despedazarlos acaso barrunta 
que valdrá dinero, lo admite la Junta. 

Familias sin pan y viudas sin tocas 
esperan hambrientas y mudas sus bocas. 

Ved que los pobretes, solos y escondidos, 
callando os invocan con mil alaridos. 

Un ministro, en paz, se come de gajes 
más que en guerra pueden gastar diez linajes. 

Venden ratoneras los extranjerillos, 
y en España compran horcas y cuchillos

y, porque con logro prestan seis reales, 
nos mandan y rigen nuestros tribunales. 

Honrad a españoles chapados, macizos; 
no así nos prefieran los advenedizos. 

Con los medios juros que el vasallo aumenta, 
el que es de Ginebra barata la renta. 

Más de mil nos cuesta el daros quinientos; 
lo demás nos hurtan para los asientos. 

Los que tienen puestos, lo caro encarecen, 
y los otros plañen, revientan, perecen. 

No es buena grandeza hollar al menor; 
que al polluelo tierno Dios todo es tutor. 

En vano el agosto nos colma de espigas, 
si más lo almacenan logreros que hormigas. 

Cebada que sobra los años mejores 
de nuevo la encierran los revendedores. 

El vulgo es sin rienda ladrón homicida; 
burla del castigo; da coz a la vida. 

"¿Qué importa mil horcas", dice alguna vez, 
"si es muerte más fiera hambre y desnudez?" 

Los ricos repiten por mayores modos: 
"¿Ya todo se acaba? Pues hurtemos todos." 

Perpetuos se venden oficios, gobiernos, 
que es dar a los pueblos verdugos eternos. 

Compran vuestras villas el grande, el pequeño; 
rabian los vasallos de perderos dueño. 

En vegas de pasto realengo vendido, 
ya todo ganado se da por perdido. 

Si a España pisáis, apenas os muestra 
tierra que ella pueda deciros que es vuestra. 

Así en mil arbitrios se enriquece el rico, 
y todo lo paga el pobre y el chico. 

Sin duda el demonio, propicio y benino,
aquel que por nombre llaman Peregrino, 

al Conde le dijo, favorable y plácido, 
cuando su excelencia oraba en San Plácido: 

«Del rey los vasallos compiten tu puesto; 
destruye, aniquila y acábalo presto. 

Los de la Corona mayores contrarios 
serán la disculpa para tus erarios: 

que, si acaban estos con la monarquía, 
morirá también quien te perseguía. 

Mejor libra en guerra el que es prisionero 
que el que es sentenciado por el juez severo. 

La causa de todo lo que ellos ganaron, 
no la mataron, sino la libraron.» 

Esto dijo el diablo al conde Guzmán, 
y el Conde prosigue como don Julián. 

Consentir no pueden las leyes reales 
pechos más injustos que los desiguales. 

Ved tantas miserias como se han contado 
teniendo las costas del papel sellado. 

Si en algo he excedido, merezco perdones: 
duelos tan del alma no afectan razones. 

Servicios son grandes las verdades ciertas; 
las falsas razones son flechas cubiertas. 

Estímanse lenguas que alaban el crimen, 
honran al que pierde y al que vence oprimen. 

Las palabras vuestras son la honra mayor, 
y, aun si fueran muchas, perdieran, señor.

Todos somos hijos que Dios os encarga; 
no es bien que, cual bestias, nos mate la carga. 

Si guerras se alegan, y gastos terribles, 
las justas piedades son las invencibles. 

No hay riesgo que abone, y más en batalla, 
trinchando vasallos para sustentalla. 

Demás que lo errado de algunas quimeras 
llamó a los franceses a nuestras fronteras. 

El quitarle Mantua a quien la heredaba 
comenzó la guerra que nunca se acaba. 

Azares, anuncios, incendios, fracasos 
es pronosticar infelices casos. 

Pero, ya que hay gastos en Italia y Flandes, 
cesen los de casa superfluos y grandes. 

Y no con la sangre de mí y de mis hijos 
abunden estanques para regocijos. 

Plazas de madera costaron millones, 
quitando a los templos vigas y tablones.

Crecen los palacios ciento en cada cerro, 
y, al gran San Isidro, ni ermita ni entierro.

Madrid a los pobres pide mendigante, 
y en gastos perdidos es Roma triunfante. 

Al labrador triste le venden su arado 
y os labran de hierro un balcón sobrado. 

Y con lo que cuesta la tela de caza 
pudieran enviar socorro a una plaza. 

Es lícito a un rey holgarse y gastar, 
pero es de justicia medirse, y pagar. 

Piedras excusadas con tantas labores 
os preparan templos de eternos honores. 

Nunca tales gastos son migajas pocas, 
porque se las quitan muchos de sus bocas. 

Ni es bien que en mil piezas la púrpura sobre, 
si todo se tiñe con sangre del pobre. 

Ni en provecho os entran, ni son agradables, 
grandezas que lloran tantos miserables. 

¿Qué honor, qué edificios, qué fiesta, qué sala, 
como un reino alegre que os cante la gala? 

Más adorna a un rey su pueblo abundante. 
que vestirse al tope de fino diamante. 

Si el rey es cabeza del reino, mal pudo 
lucir la cabeza de un cuerpo desnudo. 

Lleváranse bien los gastos enormes; 
lleváranse mal si fueren disformes. 

Muere la milicia de hambre en la costa; 
vive la malicia de ayuda de costa. 

Gana la vitoria el valiente arriesgado; 
brindan con el premio al que está sentado. 

El que por la guerra pretende alabanza 
con sangre enemiga la escribe en su lanza. 

Del mérito propio sale el resplandor, 
y no de la tinta del adulador. 

La fama, ella misma, si es digna, se canta: 
no busca en ayuda algazara tanta. 

Contra lo que vemos quieren proponernos 
que son Paraíso los mismos Infiernos. 

Las plumas compradas a Dios jurarán 
que el palo es regalo y las piedras pan. 

Vuestro es el remedio: ponedle, señor. 
Así Dios os haga, de Grande, el Mayor. 

Grande sois, Filipo, a manera de hoyo; 
ved esto que digo, en razón lo apoyo: 

Quien más quita al hoyo, más grande le hace; 
mirad quién lo ordena, veréis a quien place. 

Porque lo demás todo es cumplimiento 
de gente civil que vive del viento. 

Y así de estas honras no hagáis caudal; 
mas honrad al vuestro, que es lo principal. 

Servicios son grandes las verdades ciertas; 
las falsas lisonjas son flechas cubiertas. 

Si en algo he excedido, merezca perdones: 
¡Dolor tan del alma no afecta razones! 

Quevedo, Memorial a Felipe IV (atrib.)

jueves, 19 de abril de 2018

Ayer y hoy 22

El rector de la Universidad Rey Juan Carlos, Javier Ramos, el pasado 21 de marzo
en rueda de prensa en el campus de Móstoles, fuente: EFE
Miguel de Unamuno en su despacho del rectorado de la Universidad de Salamanca