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| El autor ante el pantano del Tranco, al fondo la isla y el castillo de Bujaraiza, Semana Santa 1981, foto: José María Sáenz |
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miércoles, 3 de junio de 2026
Ayer y hoy 50
lunes, 1 de julio de 2019
jueves, 4 de abril de 2019
miércoles, 20 de marzo de 2019
Desolación 13
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| Enrique Jardiel Poncela, Los habitantes de la casa deshabitada, Talía Editorial, 1943 |
martes, 12 de marzo de 2019
viernes, 22 de febrero de 2019
Aniversarios 36 - Exilios 6
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| Antonio Machado (26.07.1875-22.02.1939), retratado por Joaquín Sorolla (1917), sala de lectura de la Hispanic Society of America (Nueva York) |
Mediaba el mes de
julio. Era un hermoso día.
Yo, solo, por las quiebras
del pedregal subía,
buscando los recodos
de sombra, lentamente.
A trechos me paraba
para enjugar mi frente
y dar algún respiro
al pecho jadeante;
o bien, ahincando el
paso, el cuerpo hacia adelante
y hacia la mano
diestra vencido y apoyado
en un bastón, a guisa
de pastoril cayado,
trepaba por los
cerros que habitan las rapaces
aves de altura,
hollando las hierbas montaraces
de fuerte olor
—romero, tomillo, salvia, espliego—.
Sobre los agrios
campos caía un sol de fuego.
Un buitre de anchas
alas con majestuoso vuelo
cruzaba solitario el
puro azul del cielo.
Yo divisaba, lejos,
un monte alto y agudo,
y una redonda loma
cual recamado escudo,
y cárdenos alcores
sobre la parda tierra
—harapos esparcidos
de un viejo arnés de guerra—,
las serrezuelas calvas
por donde tuerce el Duero
para formar la corva
ballesta de un arquero
en torno a Soria.
—Soria es una barbacana,
hacia Aragón, que
tiene la torre castellana—.
Veía el horizonte
cerrado por colinas
obscuras, coronadas
de robles y de encinas;
desnudos peñascales,
algún humilde prado
donde el merino pace
y el toro, arrodillado
sobre la hierba,
rumia; las márgenes del río
lucir sus verdes
álamos al claro sol de estío,
y, silenciosamente,
lejanos pasajeros,
¡tan diminutos!
—carros, jinetes y arrieros—
cruzar el largo
puente, y bajo las arcadas
de piedra
ensombrecerse las aguas plateadas
del Duero.
El Duero cruza el
corazón de roble
de Iberia y de
Castilla.
¡Oh, tierra triste y
noble,
la de los altos
llanos y yermos y roquedas,
de campos sin arados,
regatos ni arboledas;
decrépitas ciudades,
caminos sin mesones,
y atónitos palurdos
sin danzas ni canciones
que aun van,
abandonando el mortecino hogar,
como tus largos ríos,
Castilla, hacia la mar!
Castilla miserable,
ayer dominadora,
envuelta en sus
andrajos desprecia cuanto ignora.
¿Espera, duerme o
sueña? ¿La sangre derramada
recuerda, cuando tuvo
la fiebre de la espada?
Todo se mueve, fluye,
discurre, corre o gira;
cambian la mar y el
monte y el ojo que los mira.
¿Pasó? Sobre sus campos
aún el fantasma yerra
de un pueblo que
ponía a Dios sobre la guerra.
La madre en otro
tiempo fecunda en capitanes
madrastra es hoy
apenas de humildes ganapanes.
Castilla no es
aquella tan generosa un día,
cuando Myo Cid
Rodrigo el de Vivar volvía,
ufano de su nueva
fortuna y su opulencia,
a regalar a Alfonso
los huertos de Valencia;
o que, tras la
aventura que acreditó sus bríos,
pedía la conquista de
los inmensos ríos
indianos a la corte,
la madre de soldados,
guerreros y adalides
que han de tornar, cargados
de plata y oro, a
España, en regios galeones,
para la presa
cuervos, para la lid leones.
Filósofos nutridos de
sopa de convento
contemplan impasibles
el amplio firmamento;
y si les llega en
sueños, como un rumor distante,
clamor de mercaderes
de muelles de Levante,
no acudirán siquiera
a preguntar ¿qué pasa?
Y ya la guerra ha
abierto las puertas de su casa.
Castilla miserable,
ayer dominadora,
envuelta en sus
harapos desprecia cuanto ignora.
El sol va declinando.
De la ciudad lejana
me llega un armonioso
tañido de campana
—ya irán a su rosario
las enlutadas viejas—.
De entre las peñas
salen dos lindas comadrejas;
me miran y se alejan,
huyendo, y aparecen
de nuevo ¡tan
curiosas!... Los campos se obscurecen.
Hacia el camino
blanco está el mesón abierto
al campo ensombrecido
y al pedregal desierto.
Antonio Machado, «A orillas del Duero», Campos de Castilla, 1912
martes, 6 de febrero de 2018
Casas 8
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| Venta de la Inés o del Alcalde y su actual propietario Felipe Ferreiro, Almodóvar del Campo, Ciudad Real, fuente: lacomarcadepuertollano.com |
En la venta del Molinillo, que
está puesta en los fines de los famosos campos de Alcudia, como vamos de
Castilla a la Andalucía ,
un día de los calurosos del verano, se hallaron en ella acaso dos muchachos de
hasta edad de catorce a quince años: el uno ni el otro no pasaban de diez y
siete; ambos de buena gracia, pero muy descosidos, rotos y maltratados; capa,
no la tenían; los calzones eran de lienzo y las medias de carne. Bien es verdad
que lo enmendaban los zapatos, porque los del uno eran alpargates, tan traídos
como llevados, y los del otro picados y sin suelas, de manera que más le
servían de cormas que de zapatos. Traía el uno montera verde de cazador, el
otro un sombrero sin toquilla, bajo de copa y ancho de falda. A la espalda y
ceñida por los pechos, traía el uno una camisa de color de camuza, encerrada y
recogida toda en una manga; el otro venía escueto y sin alforjas, puesto que en
el seno se le parecía un gran bulto, que, a lo que después pareció, era un
cuello de los que llaman valones, almidonado con grasa, y tan deshilado de
roto, que todo parecía hilachas. Venían en él envueltos y guardados unos naipes
de figura ovada, porque de ejercitarlos se les habían gastado las puntas, y
porque durasen más se las cercenaron y los dejaron de aquel talle. Estaban los
dos quemados del sol, las uñas caireladas y las manos no muy limpias; el uno
tenía una media espada, y el otro un cuchillo de cachas amarillas, que los
suelen llamar vaqueros.
Saliéronse los
dos a sestear en un portal, o cobertizo, que delante de la venta se hace; y,
sentándose frontero el uno del otro, el que parecía de más edad dijo al más
pequeño:
-¿De qué
tierra es vuesa merced, señor gentilhombre, y para adónde bueno camina?
-Mi tierra,
señor caballero -respondió el preguntado-, no la sé, ni para dónde camino,
tampoco.
-Pues en
verdad -dijo el mayor- que no parece vuesa merced del cielo, y que éste no es
lugar para hacer su asiento en él; que por fuerza se ha de pasar adelante.
-Así es
-respondió el mediano-, pero yo he dicho verdad en lo que he dicho, porque mi
tierra no es mía, pues no tengo en ella más de un padre que no me tiene por
hijo y una madrastra que me trata como alnado; el camino que llevo es a la
ventura, y allí le daría fin donde hallase quien me diese lo necesario para pasar
esta miserable vida.
Cervantes, Rinconete y Cortadillo (comienzo)
martes, 22 de agosto de 2017
Lejos
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| Camino del pico Banderillas, sobre el valle del río Aguamula, en la sierra de Segura; al fondo a la izquierda, El Yelmo, fuente: ventepalmonte.blogspot.com |
Parecidos razonables 3, anterior entrada del blog
martes, 27 de septiembre de 2016
Desolación 2
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| Aldea y castillo de El Berrueco, Torredelcampo (Jaén) Fuente: Panoramio |
Si en la etimología de su
toponimia es "lugar de paso de caravanas" en los albores de la
historia, la propia pujanza de la cultura Ibérica en nuestra tierra, evidencia
que lo que hoy llamamos Jaén, fue lugar de notables asentamientos; la
atravesaban dos importantes calzadas romanas y desde siempre el paso de la
meseta al valle del Guadalquivir –hasta que en mal día un político sevillano decidió
hacerlo por Brazatortas- fue Despeñaperros.
Por la posesión de ese eje
vertical, se libraron dos batallas con medio milenio de diferencia que deberían
ser motivo de mayores enorgullecimientos, si tuviéramos menos complejos: las
Navas de Tolosa en 1212 y Bailén en 1808. ¿Esa recurrencia en el tiempo no nos
hace pensar que estamos en un terreno valioso? Parece que no y es difícil
entenderlo. Los viejos y tradicionales caminos, veredas y mestas -que esa es
otra historia que está por escribir por estos pagos- se completaron en el siglo
XIX con el ferrocarril entre Andalucía y el resto de España por Despeñaperros.
Nada más pasar el Guadalquivir, el empresario constructor, Marqués de Casa
Loring, no sabremos nunca, si por acortar la ruta seguida en la reconquista por
el Rey Santo, pasando por Baeza y Jaén, o por complacer a su amigo Prado y
Palacio y que el tren llegara al Rincón de San Ildefonso, plantó sus traviesas
en las mismas vegas del río dejando tres cuartas partes de la provincia a la
luna de Valencia.
A finales del siglo XIX, por el
auge de la burguesía del aceite, nacida de las desamortizaciones, se construyó
el ramal a Granada y Almería por la zona más despoblada de la provincia y el
tren de Linares a Puente Genil que, por casualidad tropezó en su camino con la
capital. Hoy la vía de Almería esta amenazada de muerte y el tren del aceite,
cerrado hace treinta años, se convirtió en vía verde, "sic transit gloria mundi".
Quede como moraleja del pasado
que la vieja calzada romana que unía la Bética con Cartagonova, tenía -y tiene hoy- mejor
pavimento que cualquiera de nuestras carreteras, no hay más que ver los restos
que quedan cerca de Porcuna y los puentes de Andújar y el Piélago, hacia el
condado.
Las comunicaciones de Jaén
-ferrocarril y carreteras- son lamentables; tras el declinar de Espeluy -¿qué
diría hoy Prado y Palacio?- el ferrocarril se desmorona a ojos vista pese a las
buenas intenciones en forma de limosneras presupuestarias: en los dieciséis
años de este siglo no se ha abierto ni un kilómetro de vías y la mejora del
supuesto VA (velocidad alta, no alta velocidad, que el orden de los factores sí
altera el producto) a Madrid va por Grañena, solo faltan trescientos y pico
kilómetros. Que nadie se sienta especialmente culpable, son muchos los
gobiernos en Madrid y en Sevilla, culpables somos todos.
En carreteras, la peor de las
radiales y la menos conservada es la
A-4 a su paso por la provincia; de la A-44 mejor no hablar, la
hicieron tarde y mal y la abandonaron a su suerte; sorprendentemente mejora al
pasar Noalejo. La conexión con Levante, dejó de estar operativa con la caída
del imperio romano de Occidente; el último buen pretexto para su demora fue la
crisis, que en Jaén ha venido para quedarse. ¿La autovía del olivar? Ha tenido
sus años de oro, tras muchas fatigas, con la llegada a Úbeda, con numerosos
fastos celebrativos, ¡como si hubiera algo que celebrar! De Jaén a Martos está
hecha unos zorros y siguen irredentos Alcaudete y Alcalá que añoran realidades
como soñaron su Parador en la
Mota. Quedan endemias históricas: Badajoz-Granada a su paso por
la provincia, cenicienta de alto riesgo entre periferias que sería inadmisible de
Madrid para arriba; y Torredonjimeno-El Carpio que, estoy convencido que no la
inician siquiera para que los políticos de uno u otro bando puedan tener munición
gorda para atacarse entre sí, con el consiguiente regocijo en Sevilla; sobran
más comentarios.
Quisiera ser optimista, pero aún
no he perdido la capacidad de reflexionar y por más que los busco, no hallo
motivos; este breve apunte sin más fuente que la memoria y el conocimiento del
medio, constituye la cruda realidad, pido disculpas si hay alguna imprecisión;
garantizo que no hay ninguna mentira. Jaén en comunicaciones lo precisa todo y
a estas alturas no le bastan los anuncios, ni planes ni proyectos: quiere
realidades, plasmadas en el BOE o en el BOJA; que acaben de una vez las
milongas y alguien nos ponga en el mapa de la alta velocidad y que acaben lo
iniciado o prometido, que tampoco es tanto. La causa de estos males es una
clase política, de todos los partidos, mande quien mande, que no se ocupa más
que en discutir quién tiene la paja y quién tiene la viga; pierden la fuerza
por la boca y prefieren obedecer a sus jefes de filas de Sevilla o Madrid antes
que incomodarlos pidiendo simplemente, lo que otros tienen.
Sería injusto no constatar una
excepción honrosa, aunque insuficiente: si transitan por un camino más o menos
pavimentado, si ven una carretera en obras en Jaén, pueden estar casi seguros
que es competencia de la Diputación ;
si esta llegara a faltar, la echaríamos de menos. En materia de infraestructuras,
si me apuran, tiene un nombre, José Castro, diputado provincial, “rara avis” en
la política, ¡hace mucho y habla poco!, de lo que no hay.
Los males de Jaén son los mismos
del XIX: decisiones de complacencia y un granero de votos dóciles con votantes
de escasa memoria, caciquismo clientelar y adhesiones inquebrantables. Si en
vez de buscar lo fácil, el valle del río, los creadores de infraestructuras
hubieran seguido a los viajeros románticos, la ruta de Granada, Jaén seguiría
siendo lugar de paso de caravanas; hoy los viajeros, hartos de malos caminos cumplen
el refrán con el rito de llorar al llegar y al salir. Entretanto los jienenses deberíamos
llorar como Boabdil, por perder lo que tuvimos.
Jaén. De caravanas,
batallas y caminos de hierro o aislamiento
José Calabrús Lara
(Publicado en extracto en el diario Jaén, pulsar aquí)
lunes, 6 de junio de 2016
Desolación 1
| La Mancha, entre Argamasilla de Alba y Campo de Criptana Foto: Suroeste (rodadas.net) |
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