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miércoles, 17 de junio de 2026

Darwinismo

Conejo de monte (Oryctolagus cuniculus) junto al Encinar de los Reyes, Alcobendas, foto: Antonio Erena, 16.06.26
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Las ciudades parecen remodelar el comportamiento de quienes las habitan. Una idea que, de acuerdo con una reciente investigación, incluye a diversas especies de animales. Se trata de un amplio análisis internacional que acaba de reunir décadas de estudios sobre fauna urbana y concluye que los animales que viven en estos entornos son, en promedio, más audaces, más agresivos, más activos y más exploradores que sus congéneres de ambientes naturales.

La revisión científica, basada en 81 estudios y 279 comparaciones conductuales, es la síntesis cuantitativa más extensa sobre cómo la urbanización altera el comportamiento animal a escala global. Acaba de ser publicada en el Journal of Animal Ecology, la revista de la Sociedad Ecológica Británica, y abarca aves, mamíferos, reptiles, anfibios e insectos.

De acuerdo con los investigadores Tracy T. Burkhard, Ana Charmantier y Ned A. Dochtermann, las ciudades podrían estar actuando como un gigantesco filtro evolutivo que favorece determinados tipos de personalidad.

La bióloga Burkhard, profesora asistente en el Lewis & Clark College, Estados Unidos, y primera autora de la investigación, explica que lo que el estudio defiende es que, debido a que identificaron respuestas similares, independientemente de la especie y del lugar del mundo, “las ciudades están creando un conjunto de condiciones ambientales parecidas para los animales”.

Según esta investigadora, las urbes cuentan con un contexto ecológico similar: fragmentación de hábitats, aumento de temperaturas, contaminación, ruido y nuevas fuentes de alimento. En este entorno, apunta, “determinados comportamientos tienen ventaja”. “Ya sea porque solo los animales más atrevidos pueden sobrevivir allí o porque incluso para entrar en esas ciudades hay que ser suficientemente valiente”, subraya.

Más urbanos, más audaces

La señal predominante encontrada por los investigadores fue el aumento de la audacia. En biología, explica Burkhard, la audacia se define como una mayor disposición a asumir riesgos. Por ejemplo, un pájaro que tolera mejor la proximidad humana puede acceder a comida en plazas y terrazas. Un roedor más atrevido puede aprovechar residuos urbanos. Un lagarto menos temeroso puede sobrevivir en superficies artificiales calientes y expuestas, ejemplifica la investigadora.

Desde hace años, subraya el estudio, ecólogos urbanos sospechan que las urbes favorecen a las especies más flexibles. Pero hasta ahora no contaban con una evaluación global capaz de cuantificar el fenómeno entre especies y continentes.

Sin embargo, los expertos advierten de que casi tres cuartas partes de los datos procedían de aves. Los mamíferos estuvieron mucho menos representados, y anfibios, reptiles e insectos apenas contaban con unas pocas observaciones. Eso, denuncian, resulta especialmente problemático para estos grupos, organismos extremadamente sensibles a la temperatura y a los cambios ambientales urbanos. “Muchos anfibios y reptiles dependen completamente de la temperatura para procesos biológicos fundamentales”, explica Burkhard. “Es muy posible que estén respondiendo de manera aún más extrema de lo que estamos observando en aves”.

Además, Europa y Norteamérica concentran la mayor parte de los datos, mientras que regiones con enorme biodiversidad, como gran parte de África o América Latina, apenas aparecen representadas. “Nos falta mucha información sobre diferentes partes del mundo y sobre muchos tipos de especies”, afirma la bióloga.

En esa línea, la bióloga Zaida Ortega, especialista que no participó en la investigación, considera que “hay un sesgo importante hacia ciudades del norte global y occidentales”. “De haber diferencias entre ciudades, es posible que estos efectos se deban a características comunes de los entornos urbanos, como la contaminación y el ruido”, apunta esta profesora de Biodiversidad en la Universidad de León.

Un mundo diseñado para ciertas especies

El trabajo también refuerza la idea de que la urbanización no afecta por igual a toda la biodiversidad. Las ciudades favorecen a determinadas especies mientras expulsan a otras. Palomas, gorriones, ratas, zorros urbanos o mapaches parecen adaptarse gracias a comportamientos flexibles y tolerancia al ser humano. En cambio, otras especies más sensibles al ruido van desapareciendo progresivamente.

Los investigadores describen este proceso como un filtrado ambiental. Aquí las condiciones urbanas actúan como un tamiz que deja pasar solo a ciertos perfiles. El resultado, apuntan, podría ser una homogenización biológica de las ciudades del mundo. Aunque estén separadas por miles de kilómetros, muchas urbes terminan albergando animales con comportamientos parecidos.

Para Ortega, lo que han hecho hasta el momento ha sido mostrar el fenómeno, pero no identificar sus causas. “Tendrán que hacerse estudios futuros para dilucidar si es por adaptación evolutiva o por respuesta flexible al entorno urbano”, apunta.

La experta comenta que los estudios experimentales podrían confirmar si efectivamente las ciudades podrían estar actuando como una fuerza de selección que favorece determinadas personalidades animales. “Se me ocurre que pudiera testarse con insectos, como las moscas de la fruta, que tienen tiempos de generación rápido y conocemos muy bien su genética, cogiendo poblaciones silvestres y criándolas en condiciones urbanas, para verificar si los cambios, según van pasando las generaciones, son evolutivos y cómo se producen”, sostiene.

Ortega explica que, si llegan individuos con perfiles variados, pero sobreviven o se reproducen mejor los más audaces o exploradores, eso indica una selección natural dentro del ambiente urbano; y, si esos rasgos son heredables y aumentan generación tras generación, podríamos hablar de adaptación evolutiva.

El factor luz

Un componente urbano que preocupa a los investigadores es la contaminación lumínica. Si bien el metaanálisis no evaluó específicamente el efecto de la luz artificial nocturna, Burkhard considera que su influencia modifica el comportamiento de la fauna, un hecho que ha sido documentado ampliamente. Las noches más brillantes e iluminadas han modificado el horario en el que los pájaros cantan y las tortugas marinas no encuentran el camino al mar por la iluminación costera. La luz artificial ha alterado patrones de la actividad diaria, como estos, pero también la producción hormonal e incluso los propios genes.

La bióloga recuerda que muchas aves migratorias utilizan las estrellas y la luna para orientarse, y que las luces urbanas alteran esas rutas. “Estamos cambiando prácticamente todo en el ambiente”, resume. “La luz, la temperatura, incluso cómo huele el entorno”.

Para Ortega, mejorar la coexistencia entre humanos y animales en las ciudades es todavía una tarea pendiente: “Además de por esos seres, debemos hacerlo por nosotros. Está demostrado que la presencia de muchas especies en las ciudades aporta bienestar psicológico a las personas”.

«Las ciudades modifican la personalidad de los animales: “Solo los más atrevidos sobreviven”», Selva Vargas Reátegui, El País, 13.06.26

martes, 21 de abril de 2026

miércoles, 11 de marzo de 2026

Venatoria 14

Manuel Alcázar y Ruiz (Albacete, 1858 - Madrid, 1914), Perdices acudiendo al reclamo, Real Academia de San Fernando, N.º Inventario L-295
   El celo de la perdiz es el preludio de la primavera; no hay nada tan agradable como presenciar en el campo los poéticos crepúsculos, escuchando oculto entre chaparros, el valiente ¡cuchichí! ¡cuchichí! de la enamorada perdiz; muy joven era yo cuando empecé esta caza, vulgarmente denominada del «cuco»; debuté en las hermosas dehesas de mi padre político, el señor vizconde de Begíjar[1]; generalmente me daban a cazar los peores pájaros que tenían, no se fiaban de entregarme los superiores, por temor de que les hiciera, como novato, alguna «mala faena» y se echaran a perder; sabido es, que en la caza con reclamo un mal tiro descompone un pájaro bueno, así como los buenos tiros arreglan los resabiados o mal tirados. Llegó a ser tal mi afición y puse tanto esmero en aprender, que en un solo año me hice gran «cuquillero», como decía mi suegro; ya no tenían los concurrentes, en la época de caza, inconveniente alguno en que alternara sacando a cazar los buenos pájaros, los medianos y hasta los pollos para que les hiciera buenos tiros e irlos educando; según decían tenía bastante suerte, pero no creo que fuera esto sólo debido a mi buen resultado en dicha caza, a los malos ratos que me daba; yo ponía de mi parte más que el reclamo: jamás hacía un puesto sin haber visto antes las perdices; unas veces me colocaba en sus querencias, otras en las subidas a sus dormitorios y pude observar, por experiencia, que en todas las cazas, pero en ésta sobre las demás, el hombre tiene que poner de su parte bastante inteligencia para el logro de buenos éxitos; esto lo confirma el que en algunas ocasiones, con un mediano pájaro que casi no cantaba, me colocaba en un rebozo donde las perdices se habían dado y con un par de reclamos, al momento las tenía en plaza; tiraba y ¡claro! el pájaro, al tirarle, se enardecía y hacía un buen puesto, con esperanza de tirarle dos o más tiros.
   La primera condición que el reclamo de perdiz ha de tener, es la de ser de «salida»: esto es, levantar el campo y después, aunque no sea gran cosa de «músico», que reciba bien y al ver las perdices en plaza, no bregue y las espante, que no deje de «decirles» hasta que la perdiz esté en la jurisdicción del tiro del puesto y a la vista siempre del reclamo; pues tirar un pájaro que el reclamo no le «diga» y no le vea, es un tiro malísimo: más vale que se quede sin tirar que hacerlo en esas condiciones; el cazador de reclamo debe «cazar el pájaro»: ésta es su misión, no «ir por carne»; tampoco debe salir el cazador cuando tire; y si yerra, no correr detrás de la perdiz que se va herida, esto sorprende el reclamo y le disgusta bastante.
   Al salir del puesto, concluido que haya sido éste, debe apercibir al pájaro, bien tosiendo o haciendo algún ruido que no sea muy extraño y al irse a él para taparlo con la sayuela o cobija, se halagará con palabras o haciéndole castañuelas con los dedos: esto lo tranquiliza y no se botan ni se hacen bregadores a la presencia del amo.

Feliciano del Río Muñoz-Cobo, «Memorias de un cazador. De la perdiz, Arjona, 1914», en Patria: órgano provincial de la Unión Patriótica, Jaén, 25.01.1930, pág. 5 (actualización y nota: Antonio Erena).


[1] Alonso de Contreras y Aranda, II vizconde.

jueves, 18 de diciembre de 2025

Venatoria 13

Luis Aldehuela, Perdices, fuente: Alcalá Subastas, 19.06.25
Mi compadre Juan de Mata
fue a cazar en el invierno,
con la escopetilla al hombro
y la pólvora en un cuerno.

Al pasar por un arroyillo
tropezó con un palotillo,
y hizo la escopeta ¡pum!

Salieron las perdices
todas a revolotear,
y mi compadre Juan de Mata
no acertó ni a disparar.

Se le mojó la yesca,
se le mojó el mechero,
se le mojó la escopeta,
¡ay, pobre cazador!

Volvióse pa su casa
muy mohíno y cabizbajo,
diciendo entre dientes:
¡No vuelvo a cazar más pájaros!

«Mi compadre Juan de Mata», canción infantil de Jaén, su transcripción musical en María Dolores de Torres (Lola Torres), Cancionero Popular de Jaén, IEG, 1972, pág. 51.

jueves, 12 de junio de 2025

Primavera 10

Tomás Yepes, Florero sobre un pedestal en un fondo de paisaje, pájaros y fruteros con peras y cerezas, Museo de Bellas Artes de Valencia (adquirido en 2025 en Subastas Fernando Durán), fuente: Ars Magazine (página web)

viernes, 9 de mayo de 2025

Habemus papam

Gaviotas patiamarillas (Larus michahellis) con su cría en el tejado de la Capilla Sixtina justo antes de la fumata blanca que anunció ayer la elección del nuevo papa, fuente: El País (YouTube)

martes, 1 de abril de 2025

Brumas 11

Cernícalo ¿vulgar, primilla? (Falco tinnunculus y Falco naumanni) en la cornisa de la torre de la iglesia de San Pedro, Torredonjimeno, foto: Antonio Erena, 31.03.25

domingo, 5 de enero de 2025

Invierno 5

Pieter Brueghel el Viejo, Paisaje de invierno con patinadores y trampa para pájaros (1565), Museos Reales de Bellas Artes, Bruselas
Copia de Paisaje de invierno... por Pieter Brueghel el Joven en el Museo del Prado

Snow-happy hicks of a boy’s world –
O crunch of bull’s-eyes in the mouth,
O crunch of frost beneath the foot –
If time would only remain furled
In white, and thaw were not for certain
And snow would but stay put, stay put!
 
When the pillar-box wore a white bonnet –
O harmony of roof and hedge,
O parity of sight and thought –
And each flake had your number on it
And lives were round for not a number
But equalled nought, but equalled nought!
 
But now the sphinx must change her shape –
O track that reappears through slush,
O broken riddle, burst grenade –
And lives must be pulled out like tape
To measure something not themselves,
Things not given but made, but made.
 
For now the time of gifts is gone –
O boys that grow, O snows that melt,
O bathos that the years must fill –
Here is dull earth to build upon
Undecorated; we have reached
Twelfth Night or what you will … you will.

Felices paletos en la nieve de un mundo infantil.
¡Oh crujido de caramelos en la boca!
¡Oh crujido de escarcha bajo el pie!
Si el tiempo permaneciera sólo enrollado,
en blanco, y el deshielo no fuera cierto,
y la nieve se quedara quieta, ¡quieta!
 
Cuando el buzón llevaba un gorro blanco.
¡Oh armonía de tejado y seto!
¡Oh paridad de vista y pensamiento!
Y cada copo tenía tu número en él,
y las vidas eran redondas, no para un número
sino que equivalían a nada, ¡equivalían a nada!
 
Pero ahora la esfinge debe cambiar su forma.
¡Oh huella que reaparece a través de la nieve medio derretida!
¡Oh acertijo roto, granada reventada!
Y las vidas deben ser arrancadas como cinta
para medir algo pero no ellas mismas,
cosas no dadas sino hechas, pero hechas.
 
Por ahora el tiempo de los regalos se acabó.
¡Oh chicos que crecen! ¡Oh nieves que se derriten!
¡Oh trivialidades que los años deben llenar!
Aquí hay tierra harta para construir,
sin decorar: hemos llegado a la
Noche de Reyes o lo que quieras... lo harás.

Louis MacNeice, «Noche de Reyes» (“Twelfth Night”), de Holes in the Sky (1948), en Louis MacNeice Collected Poems, ed. Peter Mcdonald, Faber & Faber, 2007 (eBook 2015), trad. Antonio Erena

Patrick Leigh Fermor, El tiempo de los regalos (Casa del Libro)

viernes, 27 de diciembre de 2024

Invierno 2

Józef Chełmoński, Perdices (Kuropatwy, 1891), Museo Nacional de Varsovia (perdices pardillas, Perdix perdix), fuente: Wikimedia Commons

lunes, 23 de diciembre de 2024

martes, 3 de diciembre de 2024

Ríos 8

Río Tajo, al fondo el Embarcadero Real, Aranjuez, foto: Antonio Erena, 30.11.24
Breve o inverno virá com sua branca
        Nudez vestir os campos.
As lareiras serão as nossas pátrias
        E os contos que contarmos
Assentados ao pé do seu calor
        Valerão as canções
Com que outrora entre as verdes ervas rijas
        Dizíamos ao sol
O ave atque vale triste e alegre,
        Solenes e carpindo.
Por ora o outono está connosco ainda.
        Se ele nos não agrada
A memória do estio cotejemos
        Com a esperança hiemal.
E entre essas dádivas memoradas
        Como um rio passemos.
 
Pronto el invierno vendrá con su blanca
        desnudez vistiendo los campos.
Las chimeneas serán nuestras patrias
        y los cuentos que vamos a contar.
Sentados al pie de su calor,
        valdrán la pena las canciones
conque otrora, entre las verdes hierbas duras,
        decíamos al sol.
El pájaro, no obstante, está triste y feliz,
        solemne y lloroso.
Por ahora, el otoño sigue con nosotros.
        Si él no nos agrada
el recuerdo del verano comparemos
        con esperanza invernal.
Y entre esas dádivas recordadas
        como un río pasemos.

Fernando Pessoa, «Breve o inverno virá com sua branca» (17.07.1914), Poemas de Ricardo Reis, Edição Crítica de Luiz Fagundes Duarte, Lisboa, Imprensa Nacional - Casa da Moeda, 1994,  p. 41 (trad. Antonio Erena).

martes, 25 de junio de 2024

lunes, 8 de abril de 2024

Brumas 10

La Peña de Martos desde Casa Fuerte, Torredelcampo, foto: Antonio Erena, 05.04.24
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Capítulo XI

De la muerte de don Fernando el Cuarto, rey de Castilla.

Todo el orbe cristiano estaba alterado con el desastre y caída de los templarios. Los culpados fueron castigados, los que no tenían culpa quedaron libres, y por decreto de los prelados de Viena se les señalaron pensiones en cada un año de las rentas de los mismos conventos, con que pudiesen pasar su vida; solamente les quitaron el hábito y insignia de aquella orden. […] El infante don Pedro, hermano del rey, nombrado por general contra los moros, llegada la primavera del año de 1312, aprestado su ejército, fue sobre Alcaudete, que, como dijimos arriba, se perdió y le tomaron los moros. El rey fue en pos dél hasta Martos. Allí sucedió una cosa muy notable. Por su mandado dos hermanos Carvajales, Pedro y Juan, fueron presos. Achacábanles la muerte de un caballero de la casa de los Benavides, que mataron en Palencia al salir del palacio real. No se podía averiguar quién fuese el matador; por indicios muchos fueron maltratados. En particular estos caballeros, oído su descargo, fueron condenados de haber cometido aquel crimen contra la majestad, sin ser convencidos en juicio ni confesar ellos el delito; cosa muy peligrosa en semejantes casos. Mandáronlos despeñar de un peñasco que allí hay, sin que ninguno fuese parte para aplacar al rey, por ser intratable cuando se enojaba y no saber refrenarse en la saña. Los cortesanos, por saber muy bien ésta su condición, se aprovechaban della a propósito de malsinar y derribar a los que se les antojaba. Al tiempo que los llevaban a justiciar, a voces se quejaban de que morían injustamente y a gran tuerto; ponían a Dios por testigo, al cielo y a todo el mundo; decían que pues las orejas del rey estaban sordas a sus quejas y descargos, que ellos apelaban para delante el divino tribunal, y citaban al rey para que en él pareciese dentro de treinta días. Estas palabras, que al principio fueran tenidas por vanas, por un notable suceso, que por ventura fue acaso[1], hicieron después reparar y pensar diferentemente. El rey, muy descuidado de lo hecho, se partió para Alcaudete, donde su ejército alojaba; allí le sobrevino una enfermedad tan grande, que fue forzado dar la vuelta a Jaén, bien que los moros movían prática de entregar la villa[2]. Aumentábase el mal de cada día y agravábase la dolencia de suerte, que el rey no podía por sí negociar. Todavía alegre por la nueva que le vino que la villa era tomada, revolvía en su pensamiento nuevas conquistas, cuando un jueves, que se contaron 7 días del mes de setiembre, como después de comer se retirase a dormir, a cabo de rato le hallaron muerto. Falleció en la flor de su edad, que era de veinte y cuatro años y nueve meses, en sazón que sus negocios se encaminaban prósperamente. Tuvo el reino por espacio de diez y siete años, cuatro meses y diez y nueve días, y fue el cuarto de su nombre. Entendióse que su poco orden en el comer y beber le acarrearon la muerte; otros decían que era castigo de Dios, porque desde el día que fue citado hasta la hora de su muerte, cosa maravillosa y extraordinaria, se contaban precisamente treinta días. Por esto entre los reyes de Castilla fue llamado don Fernando el Emplazado. Su cuerpo depositaron en Córdoba, porque a causa de los calores, que todavía duraban, no pudo ser llevado a Sevilla ni a Toledo do tenían los enterramientos reales. Acrecentose la fama y opinión susodicha, concebida en los ánimos del vulgo, por la muerte de dos grandes príncipes, que por semejante razón fallecieron en los dos años próximos siguientes; esto fueron Filipo, rey de Francia, y el papa Clemente[3], ambos citados por los templarios para delante el divino tribunal al tiempo que con fuego y todo género de tormentos los mandaban castigar y perseguían toda aquella religión. Tal era la fama que corría, si verdadera si falsa no se sabe; más es de creer que fuese falsa; lo que sucedió el rey don Fernando nadie pone duda.

Padre Juan de Mariana, Historia General de España, Libro Decimoquinto, Capítulo XI (fragmento), en Biblioteca de Autores Españoles, Obras del Padre Juan de Mariana, Tomo I, Rivadeneyra, Madrid, 1854, págs. 444 y 445 (actualización y notas: Antonio Erena).


[1] Que quizás sucediera por casualidad.

[2] Plática.

[3] Felipe IV el Hermoso y Clemente V.

lunes, 4 de diciembre de 2023

Venatoria 6 - Perritos 36

Jean Daret y Nicasius Bernaerts, Retrato de cazador sentado con sus perros (1661), hoy considerado el primer retrato de cazador de la pintura francesa, en venta en René Millet Tableaux & Dessins