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| El autor ante el pantano del Tranco, al fondo la isla y el castillo de Bujaraiza, Semana Santa 1981, foto: José María Sáenz |
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miércoles, 3 de junio de 2026
Ayer y hoy 50
miércoles, 11 de marzo de 2026
Venatoria 14
| Manuel Alcázar y Ruiz (Albacete, 1858 - Madrid, 1914), Perdices acudiendo al reclamo, Real Academia de San Fernando, N.º Inventario L-295 |
El celo de la perdiz es el preludio de la primavera; no hay nada
tan agradable como presenciar en el campo los poéticos crepúsculos, escuchando
oculto entre chaparros, el valiente ¡cuchichí! ¡cuchichí! de la enamorada perdiz;
muy joven era yo cuando empecé esta caza, vulgarmente denominada del «cuco»; debuté
en las hermosas dehesas de mi padre político, el señor vizconde de Begíjar[1];
generalmente me daban a cazar los peores pájaros que tenían, no se fiaban de
entregarme los superiores, por temor de que les hiciera, como novato, alguna «mala
faena» y se echaran a perder; sabido es, que en la caza con reclamo un mal tiro
descompone un pájaro bueno, así como los buenos tiros arreglan los resabiados o
mal tirados. Llegó a ser tal mi afición y puse tanto esmero en aprender, que en
un solo año me hice gran «cuquillero», como decía mi suegro; ya no tenían los
concurrentes, en la época de caza, inconveniente alguno en que alternara
sacando a cazar los buenos pájaros, los medianos y hasta los pollos para que les
hiciera buenos tiros e irlos educando; según decían tenía bastante suerte, pero
no creo que fuera esto sólo debido a mi buen resultado en dicha caza, a los
malos ratos que me daba; yo ponía de mi parte más que el reclamo: jamás hacía un
puesto sin haber visto antes las perdices; unas veces me colocaba en sus
querencias, otras en las subidas a sus dormitorios y pude observar, por
experiencia, que en todas las cazas, pero en ésta sobre las demás, el hombre
tiene que poner de su parte bastante inteligencia para el logro de buenos éxitos;
esto lo confirma el que en algunas ocasiones, con un mediano pájaro que casi no
cantaba, me colocaba en un rebozo donde las perdices se habían dado y con un
par de reclamos, al momento las tenía en plaza; tiraba y ¡claro! el pájaro, al tirarle,
se enardecía y hacía un buen puesto, con esperanza de tirarle dos o más tiros.
La primera condición
que el reclamo de perdiz ha de tener, es la de ser de «salida»: esto es,
levantar el campo y después, aunque no sea gran cosa de «músico», que reciba bien
y al ver las perdices en plaza, no bregue y las espante, que no deje de «decirles»
hasta que la perdiz esté en la jurisdicción del tiro del puesto y a la vista
siempre del reclamo; pues tirar un pájaro que el reclamo no le «diga» y no le
vea, es un tiro malísimo: más vale que se quede sin tirar que hacerlo en esas condiciones;
el cazador de reclamo debe «cazar el pájaro»: ésta es su misión, no «ir por
carne»; tampoco debe salir el cazador cuando tire; y si yerra, no correr detrás
de la perdiz que se va herida, esto sorprende el reclamo y le disgusta
bastante.
Al salir del
puesto, concluido que haya sido éste, debe apercibir al pájaro, bien tosiendo o
haciendo algún ruido que no sea muy extraño y al irse a él para taparlo con la sayuela
o cobija, se halagará con palabras o haciéndole castañuelas con los dedos: esto
lo tranquiliza y no se botan ni se hacen bregadores a la presencia del amo.
Feliciano del Río Muñoz-Cobo, «Memorias de un cazador. De la
perdiz, Arjona, 1914», en Patria: órgano
provincial de la Unión Patriótica, Jaén, 25.01.1930, pág. 5 (actualización
y nota: Antonio Erena).
[1]
Alonso de Contreras y Aranda, II vizconde.
jueves, 18 de diciembre de 2025
Venatoria 13
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| Luis Aldehuela, Perdices, fuente: Alcalá Subastas, 19.06.25 |
fue a cazar en el invierno,
con la escopetilla al hombro
y la pólvora en un cuerno.
Se le mojó la yesca,
Al pasar por un arroyillo
tropezó con un palotillo,
y hizo la escopeta ¡pum!
Salieron las perdices
todas a revolotear,
y mi compadre Juan de Mata
no acertó ni a disparar.
todas a revolotear,
y mi compadre Juan de Mata
no acertó ni a disparar.
Se le mojó la yesca,
se le mojó el mechero,
se le mojó la escopeta,
¡ay, pobre cazador!
Volvióse pa su casa
muy mohíno y cabizbajo,
diciendo entre dientes:
¡No vuelvo a cazar más pájaros!
«Mi compadre Juan de Mata», canción infantil de Jaén, su transcripción musical en María Dolores de Torres (Lola Torres), Cancionero Popular de Jaén, IEG, 1972, pág. 51.
miércoles, 10 de diciembre de 2025
Venatoria 12
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| Goya, La caza del jabalí (1775, primer cartón para tapiz que realizó el pintor), Galería de las Colecciones Reales, Madrid |
sábado, 6 de diciembre de 2025
Fotogramas 232 - Venatoria 11
lunes, 3 de noviembre de 2025
Venatoria 10
"La arquería del palacio de al-Ma’mum en Toledo, una obra singular dentro del arte andalusí", Cultura Castilla la Mancha (página web de la Comunidad)
jueves, 30 de octubre de 2025
martes, 28 de octubre de 2025
Alúas
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| Hormiga de ala (Camponotus sylvaticus, macho, las que se usaban para cazar eran las hembras), foto: Antonio Erena, Jaén, 27.10.25 |
27. Otrosí, que ninguno pueda cavar ni cave en los ejidos de esta villa
para sacar aludas ni otra cosa alguna, así hombres como muchachos, so pena de
doce maravedís aplicados al dicho almotacén.
Juan María de la Obra Sierra, «Ordenanzas Municipales de Torredonjimeno, 1538», en Salvador Hernández Armenteros, El arca del agua, Madara Editoras, Torredonjimeno, 2025, pág. 438 (actualización: Antonio Erena).
jueves, 14 de agosto de 2025
Verano 2025 2
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| José López Enguídanos, Bodegón con sandía y conejo (1807), Academia de Bellas Artes de San Fernando, Madrid |
martes, 3 de junio de 2025
Venatoria 9
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| Juan Manuel Varela Simó, Conejo (Oryctolagus cuniculus), c. 1990-2010, Archivo del Museo Nacional de Ciencias Naturales, Madrid |
El primer censo del conejo de monte en la península Ibérica muestra una bajada generalizada del 18% con datos tomados entre 2009 y 2022, pero con importantes fluctuaciones dependiendo de las áreas. En las zonas forestales y en los montes la especie está en caída libre con una disminución del 57,75%, mientras que en las agrícolas esta cifra se reduce al 10%, pero con una tendencia al alza en los últimos años. Los cambios en los usos del suelo, con la desaparición del paisaje tradicional en mosaico, y las enfermedades son los factores que se vinculan al descenso de estas poblaciones. El trabajo, realizado dentro del proyecto europeo Life Iberconejo, incluye un mapa que muestra la densidad de población de estos animales. Una información que es “vital para la toma de decisiones partiendo del estado de la especie, clave en los paisajes mediterráneos", indican los autores del estudio.
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| Mapa que muestra la abundancia del conejo. Life Iberconejo |
El conteo se ha realizado con los datos de capturas cinegéticas, además de con exploraciones de campo en Andalucía, Castilla-La Mancha, Extremadura y Portugal, los territorios participantes en el proyecto.
El mapa muestra esta doble cara del conejo de monte, sus fluctuaciones de un lugar a otro. Su densidad es alta principalmente en cuatro grandes zonas españolas asociadas a medios agrícolas —las mesetas sur y norte, y los valles del Ebro y Guadalquivir—. Allí se concentra el conflicto con la agricultura. “Son áreas en las que hay explosiones de conejos que provocan daños graves porque tienen comida y pocos depredadores, y los cazadores no dan abasto en algunas de ellas”, explica Ramón Pérez de Ayala, director del proyecto Life y miembro de la organización conservacionista WWF.
No ocurre lo mismo en las zonas con predominio del monte mediterráneo, como Sierra Morena, las sierras extremeñas o gran parte de Portugal, donde debería cumplir su papel ecológico como especie presa y donde su caza genera beneficios socioeconómicos. Allí el declive es acusado y evidencia la razón por la que la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) lo ha catalogado en peligro de extinción. El mapa que refleja todos estos datos de abundancia, está elaborado con una resolución de 2 x 2 kilómetros en toda la península Ibérica, “alcanzando un nivel de detalle sin precedentes a escala nacional”, sostienen los autores.
Dieta favorita del lince y el águila imperial
La caída de este animal es muy relevante debido a su importancia ecológica y socioeconómica. Se le considera “un ingeniero de los ecosistemas”, señalan los autores del mapa, por su capacidad para modelar el entorno y ser presa de más de 40 especies de mamíferos y aves en el monte mediterráneo. El lince y el águila imperial dependen por completo de esta especie, y es muy importante para el buitre negro o el águila perdicera. A ellos se unen múltiples depredadores: desde el zorro, hasta serpientes que se comen a los gazapos, pasando por el jabalí que puede acabar con todas las crías de una madriguera en sus primeras semanas de vida.
Para elaborar el mapa de distribución de la especie, investigadores del Instituto de Investigación en Recursos Cinegéticos (IREC - CSIC, UCLM, JCCM) han desarrollado un modelo matemático que integra diversas fuentes de datos: la situación poblacional a gran escala —las estadísticas cinegéticas de animales cazados—, datos a escala regional y local — conteos de conejos o de indicios de su presencia sobre el terreno, respectivamente —, e información sobre las características del hábitat.
El trabajo ha partido de un acuerdo entre todos los agentes implicados en la gestión de la especie, incluido el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación y el Instituto de Conservação da Natureza e das Florestas (ICNF) de Portugal. Esta colaboración, que también incluyó a entidades científicas, conservacionistas, cinegéticas y agrarias, ha permitido estandarizar las metodologías de seguimiento del conejo de monte y coordinar la recogida de datos en el territorio, puntualizan desde el proyecto. Solo de esta forma se pueden obtener “resultados fiables y comparables a escala ibérica”, concretan.
“Los montes españoles pierden el 60% de los conejos”, Esther Sánchez, El País, 02.06.25
jueves, 20 de marzo de 2025
Desveda
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| Luis Aldehuela, Manada de lobos, fuente: Subastas Durán, 25.02.21 |
lunes, 30 de diciembre de 2024
viernes, 27 de diciembre de 2024
Invierno 2
viernes, 13 de diciembre de 2024
Aniversarios 70
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| Mario Míguez (Madrid, 20.04.1962 - 13.12.2017), fuente: Editorial Renacimiento |
No era yo el cazador
aunque entraba en los bosques interiores
que creía ser míos,
altivo y orgulloso, vanamente seguro.
No era yo el cazador,
aunque quise atraparte como al ciervo o la liebre
cuando huyen por los sotos, o en el aire a la garza.
Así, grácil y rápido,
te mostrabas de súbito un instante
brevísimo, dejando tu belleza,
tu sorpresa fugaz,
al ojo fascinado, al corazón
inquieto de aventura.
No era yo el cazador.
Fue un error cada intento.
Perdí todas mis flechas y mis fuerzas.
Jamás me fue posible
saber tus escondrijos o guaridas.
Y cómo me engañaba así buscándote.
Eras tú el cazador,
paciente, cauto,
oculto desde siempre,
y yo la presa esquiva que acechabas.
Eras tú el cazador:
porque fuiste el arquero transformado en saeta
que llevaste el veneno de la vida
de un disparo infalible a mi costado;
porque fuiste el montero transformado en lebrel
que clavaste los dientes en mi carne, sanándola;
porque fuiste el cetrero transformado en halcón
que me hincaste las garras en los ojos
para darme los tuyos,
y que en mi corazón hundiste el pico
haciendo que sangrara,
vaciándome de sangre para darme la tuya.
Eras tú el cazador:
el Señor de los bosques.
Tú que siempre eres pobre y desnudo y hambriento
me estabas vigilando a mí, tu presa,
con ojos invisibles
desde toda mi vida
y morías herido de amor entre el ramaje.
Mario Míguez, «El cazador», en el libro del mismo título,
Pre-Textos, 2008
aunque entraba en los bosques interiores
que creía ser míos,
altivo y orgulloso, vanamente seguro.
No era yo el cazador,
aunque quise atraparte como al ciervo o la liebre
cuando huyen por los sotos, o en el aire a la garza.
te mostrabas de súbito un instante
brevísimo, dejando tu belleza,
tu sorpresa fugaz,
al ojo fascinado, al corazón
inquieto de aventura.
No era yo el cazador.
Fue un error cada intento.
Perdí todas mis flechas y mis fuerzas.
Jamás me fue posible
saber tus escondrijos o guaridas.
Y cómo me engañaba así buscándote.
paciente, cauto,
oculto desde siempre,
y yo la presa esquiva que acechabas.
Eras tú el cazador:
porque fuiste el arquero transformado en saeta
que llevaste el veneno de la vida
de un disparo infalible a mi costado;
porque fuiste el montero transformado en lebrel
que clavaste los dientes en mi carne, sanándola;
porque fuiste el cetrero transformado en halcón
que me hincaste las garras en los ojos
para darme los tuyos,
y que en mi corazón hundiste el pico
haciendo que sangrara,
vaciándome de sangre para darme la tuya.
el Señor de los bosques.
Tú que siempre eres pobre y desnudo y hambriento
me estabas vigilando a mí, tu presa,
con ojos invisibles
desde toda mi vida
y morías herido de amor entre el ramaje.
sábado, 28 de septiembre de 2024
Fotogramas 203 - Obituarios 62
| Maggie Smith (Ilford, 28.12.1934 - Londres, 27.09.24) en Gosford Park, Robert Altman, 2001 |
lunes, 11 de diciembre de 2023
Aniversarios 62 - Excéntricos 32
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| Luis Berenguer (Ferrol, 11.12.1923 - San Fernando, 14.09.1979), fuente: Cadena Ser |
Fotogramas 186 - Venatoria 5 (anterior entrada del blog)
Soy cazador como lo fue padre y
lo fue abuelo y toda mi sangre desde que se recuerda. La casta, con ser muy
principal, no lo es todo, pues hay quien sale a ella y quien no.
Mi hermano Pepe, que fue el que me crio, hijo de padre y madre como yo, salió más, un estilo, como la gente de madre. Tenía saberes y facultades, pero no llevaba la cacería en el cuerpo y la dejó en cuanto tuvo oportunidad. Cazaba, pero no era cazador. El que lo es vive de eso; el que no lo es, no. En todos los oficios los hay buenos y los hay malos. Hay herrador que, bestia que calza, bestia que deja coja, y hay herrador que calza la coja y la pone buena.
En todos los oficios pasa esto menos en el mío. Aquí, el que lo hace mal, o se busca otra cosa o se muere de hambre. Con ver mucho hechío de conejo, no se come conejo, ni con ver cabra o corzo en el monte se trinca cabra o corzo. Aquí, quien pierde la ocasión, pierde el día y no se enmienda.
El Clemente, el encargado de don Gumersindo, vino esta mañana, y al verme en el cuarto dijo de broma:
—El gandano está todavía en el cepo.
Para él, el gandano era yo. Lo decía por bromear con una poca mala leche, pero me dio igual, porque el que no cace de la misma forma que el gandano, ni es cazador ni es nada. El gandano caza con hambre y con miedo, por eso lo hace bien. Ni la puntería, ni la ropa, ni las buenas piernas, dan el sentido que hay que tener.
En el monte sólo viven los flacos, los que andan con el miedo metido por el culo. El ojo confiado no ve, ni la oreja escucha, y la nariz ventea. Al cazador lo amaña el miedo a volver de vacío que es la muerte, y el miedo a la guardería que es la cárcel. El miedo enseña lo mismo a taparse del guarda en un lentisco de a palmo, que a arrimarse a una cabra subida a las piedras. El miedo enseña a llevar la sombra en los riñones, a ser como una piedra en un limpio y un tronco de chaparro en el chaparral. A eso enseña el miedo, que el hambre enseña a todo lo demás.
Padre, que lo sabía todo y también sabía leer, decía que abuelo era mejor cazador que él porque no tenía libros en la cabeza. Eso decía padre que nunca dejó el monte y que mataba cochinos con los perros y un cuchillo, sin escopeta.
Por eso es tontera pensar que don Gumersindo o don Senén sean cazadores. ¿Dónde van sin uno, con toda su puntería, sus botellas de agua, su asiento y tantísima pamplina? De mí sé decir que nunca aprendí nada de nadie que llevara las uñas limpias. Pues, ¿y las cosas que ponen ellos en los libros? (…).
Soy cazador como soy moreno, como
la Sinta es bizca. Bueno o malo, es lo mío y apechugo con ello. Además, ¿qué
otra cosa podía ser yo? Se engancha el mulo al carro y tira. Yo soy un mulo
contento con su carro, y sé muy bien que, quitando el oficio de médico, que es
el que hay que respetar, los demás todos son peores que el mío.
Hay oficios macho y oficios hembra. Oficios que van dando: cazar, sembrar, curar; y oficios que van tomando: guardar, limpiar, divertir.
Para un tío que hace algo, hay cuatro que chupan. Porque yo cazo, hay guardas en la Zarza y hay guarda en Cabrahigo y en el Tarajal, hay civiles, hay juez. Porque Miguel hace pan, coge espárragos o amontona huevos y anea, hay un recovero, hay un puesto en la plaza, hay guardias civiles y hay juez. Porque Vitilo labra la tierra y siembra su grano, hay camionero, hay marchantes, hay tiendas de montañés, hay civiles y hay juez.
Hay oficio de médico, como don Celestino, que donde pone la mano la pone Dios; y hay oficio de ésos de los pleitos, como don Senén, que sin ellos nada se perdía, y donde ponen la mano todo se caga.
Así tendrá que ser porque así ha sido siempre, pero el que tiene oficio hembra que nunca quiera montarse en el que tiene oficio macho. Que un guarda, cuando cumpla con lo suyo, cumpla bien, busque al cazador que le ensucia el campo, pero que nunca olvide por quién come. Cariño le tengo yo al conejo que trinco y al que se me va, porque de él como.
Luis Berenguer, El
mundo de Juan Lobón, Algaida Editores, 2009, págs. 16-19.
Mi hermano Pepe, que fue el que me crio, hijo de padre y madre como yo, salió más, un estilo, como la gente de madre. Tenía saberes y facultades, pero no llevaba la cacería en el cuerpo y la dejó en cuanto tuvo oportunidad. Cazaba, pero no era cazador. El que lo es vive de eso; el que no lo es, no. En todos los oficios los hay buenos y los hay malos. Hay herrador que, bestia que calza, bestia que deja coja, y hay herrador que calza la coja y la pone buena.
En todos los oficios pasa esto menos en el mío. Aquí, el que lo hace mal, o se busca otra cosa o se muere de hambre. Con ver mucho hechío de conejo, no se come conejo, ni con ver cabra o corzo en el monte se trinca cabra o corzo. Aquí, quien pierde la ocasión, pierde el día y no se enmienda.
El Clemente, el encargado de don Gumersindo, vino esta mañana, y al verme en el cuarto dijo de broma:
—El gandano está todavía en el cepo.
Para él, el gandano era yo. Lo decía por bromear con una poca mala leche, pero me dio igual, porque el que no cace de la misma forma que el gandano, ni es cazador ni es nada. El gandano caza con hambre y con miedo, por eso lo hace bien. Ni la puntería, ni la ropa, ni las buenas piernas, dan el sentido que hay que tener.
En el monte sólo viven los flacos, los que andan con el miedo metido por el culo. El ojo confiado no ve, ni la oreja escucha, y la nariz ventea. Al cazador lo amaña el miedo a volver de vacío que es la muerte, y el miedo a la guardería que es la cárcel. El miedo enseña lo mismo a taparse del guarda en un lentisco de a palmo, que a arrimarse a una cabra subida a las piedras. El miedo enseña a llevar la sombra en los riñones, a ser como una piedra en un limpio y un tronco de chaparro en el chaparral. A eso enseña el miedo, que el hambre enseña a todo lo demás.
Padre, que lo sabía todo y también sabía leer, decía que abuelo era mejor cazador que él porque no tenía libros en la cabeza. Eso decía padre que nunca dejó el monte y que mataba cochinos con los perros y un cuchillo, sin escopeta.
Por eso es tontera pensar que don Gumersindo o don Senén sean cazadores. ¿Dónde van sin uno, con toda su puntería, sus botellas de agua, su asiento y tantísima pamplina? De mí sé decir que nunca aprendí nada de nadie que llevara las uñas limpias. Pues, ¿y las cosas que ponen ellos en los libros? (…).
*
Hay oficios macho y oficios hembra. Oficios que van dando: cazar, sembrar, curar; y oficios que van tomando: guardar, limpiar, divertir.
Para un tío que hace algo, hay cuatro que chupan. Porque yo cazo, hay guardas en la Zarza y hay guarda en Cabrahigo y en el Tarajal, hay civiles, hay juez. Porque Miguel hace pan, coge espárragos o amontona huevos y anea, hay un recovero, hay un puesto en la plaza, hay guardias civiles y hay juez. Porque Vitilo labra la tierra y siembra su grano, hay camionero, hay marchantes, hay tiendas de montañés, hay civiles y hay juez.
Hay oficio de médico, como don Celestino, que donde pone la mano la pone Dios; y hay oficio de ésos de los pleitos, como don Senén, que sin ellos nada se perdía, y donde ponen la mano todo se caga.
Así tendrá que ser porque así ha sido siempre, pero el que tiene oficio hembra que nunca quiera montarse en el que tiene oficio macho. Que un guarda, cuando cumpla con lo suyo, cumpla bien, busque al cazador que le ensucia el campo, pero que nunca olvide por quién come. Cariño le tengo yo al conejo que trinco y al que se me va, porque de él como.
sábado, 9 de diciembre de 2023
Fotogramas 188 - Venatoria 7
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| La escopeta nacional, José Luis García Berlanga, 1978 |
lunes, 4 de diciembre de 2023
Venatoria 6 - Perritos 36
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| Jean Daret y Nicasius Bernaerts, Retrato de cazador sentado con sus perros (1661), hoy considerado el primer retrato de cazador de la pintura francesa, en venta en René Millet Tableaux & Dessins |
sábado, 18 de noviembre de 2023
Fotogramas 186 - Venatoria 5
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| El mundo de Juan Lobón, Enrique Brasó, 1989 (escena del Capítulo 2) |
miércoles, 8 de noviembre de 2023
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