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martes, 6 de enero de 2026

Revelación

Maestro de Covarrubias, Tríptico de la adoración de los Reyes Magos, finales s. XV - principios s. XVI, colegiata de San Cosme y San Damián, Covarrubias, fuente: Santa María la Real (página web)
El tríptico en Flemish Art in Spain (página web)

lunes, 5 de enero de 2026

Caminito de Belén

Los Magos de Oriente (y Occidente), caricatura creada por el autor con ChatGPT, 05.01.26
Es María la concha de nácar,
fuente de agua fina, vaso de cristal
y escalera por donde se sube
a la gloria eterna de Dios a gozar.
Y escalera por donde se sube
a la gloria eterna de Dios a gozar.
Una estrella los guió,
tres Reyes buscando un rey,
una estrella los guió,
a la puerta de la choza
donde la Virgen parió.

Una letra de "Los campanilleros" (procedente de los auroros o grupos musicales nocturnos que anunciaban el Rosario de la Aurora), en María Dolores de Torres (Lola Torres), Cancionero Popular de Jaén, IEG, 1972, p. 528.

Los disidentes del este de Europa y de Rusia descubrieron con amargura en los años noventa que después del comunismo lo que venía era un capitalismo sin ley, del que se beneficiaban sobre todo los antiguos dirigentes comunistas. En China, se ha comprobado que capitalismo y comunismo, aquellos grandes enemigos de la Guerra Fría, son perfectamente compatibles, a condición de que se prescinda de la democracia. Y no parece que la democracia sea ahora una prioridad, aunque sí una molestia, para las oligarquías que en Estados Unidos controlan desde el Tribunal Supremo hasta la más vil y banal de las redes sociales. Así que no nos queda más remedio que hacernos de nuevo antimperialistas, y esta vez no contra uno, sino contra tres imperios, dotados cada uno de unas capacidades de vigilancia, control y destrucción que no habían existido nunca.

Antonio Muñoz Molina, «Contra el imperio», El País, 31.01.26 (fragmento final)

viernes, 2 de enero de 2026

Música popular 213

Eartha Kitt (North, Carolina del Sur, 17.01.1927 - Weston, Connecticut, 25.12.2008), foto: Philippe Halsman, 1954, fuente: Smithsonian Institution
Eartha Kitt, Santa Baby (vídeo)

Santa baby, just slip a sable under the tree for me,
Been an awful good girl, Santa baby;
So hurry down the chimney tonight.

Santa baby, a '54 convertible too, light blue,
I'll wait up for you, dear, Santa baby;
So hurry down the chimney tonight.

Think of all the fun I've missed,
Think of all the fellas that I haven't kissed,
Next year I could be just as good 
If you check off my Christmas list.

Santa baby, I want a yacht and really that's not a lot,
Been an angel all year, Santa baby;
So hurry down the chimney tonight.

Santa honey, one little thing I really need... the deed 
To a platinum mine, Santa baby;
So hurry down the chimney tonight.

Santa cutie, and fill my stocking with the duplex and checks,
Sign your 'X' on the line, Santa cutie;
And hurry down the chimney tonight.

Come and trim my Christmas tree 
With some decorations bought at Tiffany's;
I really do believe in you,
Let's see if you believe in me...

Santa baby, forgot to mention one little thing... a ring,
I don't mean on the phone, Santa baby;
So hurry down the chimney tonight,
Hurry down the chimney tonight,
Hurry, tonight.

Santa, cariño, deja un abrigo de marta cibelina bajo el árbol para mí,
he sido una terrible buena chica, Santa, cariño; 
por eso date prisa en bajar la chimenea esta noche.

Santa, cariño, quiero un Cadillac descapotable del 54, azul celeste,
te esperaré despierta, querido, Santa, cariño;
por eso date prisa en bajar la chimenea esta noche.

Piensa en toda la diversión que me he perdido,
piensa en todos los chicos que no he besado;
el próximo año puedo portarme igual de bien
si tachas todos los regalos de mi lista de Navidad.

Santa, cariño, quiero un yate, y realmente, no es mucho,
he sido un ángel todo el año, Santa, cariño;
por eso date prisa en bajar la chimenea esta noche.

Santa, tesoro, hay algo que realmente necesito... la escritura
de una mina de platino, Santa, cariño;
por eso date prisa en bajar la chimenea esta noche.

Santa, guapo, llena mis medias con un dúplex y unos cheques,
firma con tu X en la línea, Santa, guapo;
y date prisa en bajar la chimenea esta noche.

Ven y decora mi árbol de Navidad
con algunos adornos comprados en Tiffany’s;
yo de verdad creo en ti,
vamos a ver si tú crees en mí...

Santa, cariño, olvidé mencionar una cosita más… un anillo,
no me refiero al timbre del teléfono, Santa, cariño;
por eso date prisa en bajar la chimenea esta noche,
date prisa en bajar la chimenea esta noche,
date prisa, esta noche.

Santa Baby, Joan Javits (letra) y Philip Springer (música), 1953 (trad. Antonio Erena)

Cadillac Eldorado 1954 azul celeste en Driveshare

jueves, 25 de diciembre de 2025

Feliz Navidad 2025 4

Acuarela creada por el autor con Chat GPT sobre fotografía del barro de José Risueño, Descanso en la huida a Egipto (1712-32, Casa Grande de las Escuelas del Ave María, Granada), tomada en la exposición "José de Mora. El barroco espiritual", catedral de Granada, 18.12.25

miércoles, 24 de diciembre de 2025

Feliz Navidad 2025 3

"Unos soldados ucranios, el pasado domingo 7 de diciembre en una trinchera cerca de Kostiantinivka", foto: Anatolii Stepanov (REUTERS), fuente: El País, 09.12.25
Madre en la puerta (popular español), Les Petits Chanteurs à la Croix de Bois (audio)

Madre, en la puerta hay un niño
más bello que flor de lirio,
cubierto de blanco lino,
madre, (el) niño tiene frío.
Que venga a la lumbre y se calentará,
¡ay!, que en esta tierra ya no hay caridad,
ya no hay caridad, ya no hay caridad.

Letra cantada por Les Petits Chanteurs à la Croix de Bois

lunes, 24 de noviembre de 2025

Mondo brutto 31

Una multitud se dirige por Gran Vía hacia Cibeles para ver el encendido de las luces navideñas, Madrid, foto: Antonio Erena, 22.11.25

María de Orube no puede salir de su casa porque el propietario del edificio ha quitado la rampa que le permitía a ella superar con su silla de ruedas el obstáculo de los escalones del portal. Tampoco puede descansar muchas veces, por el ruido constante de las obras de reforma en los pisos contiguos, y porque la sobresaltan con frecuencia las llamadas y mensajes de los propietarios impacientes por que se marche de esta casa que ha sido la suya desde que era niña, porque el edificio entero lo hizo construir su abuelo en 1928, aunque ella tiene un contrato de alquiler. Es uno de esos edificios nobles del último tramo de la Gran Vía, los que se abren a la bella perspectiva de la plaza de España y de la única periferia no horrenda de Madrid, la que da al Campo del Moro y a la Casa de Campo, y termina en el horizonte azulado del Guadarrama, en el que parece que quedó impresa para siempre la mirada de Velázquez.

En la plaza de España y en los alrededores del Palacio de Oriente se terminó hace pocos años una reforma paisajista de extraordinaria sensibilidad, poblando de plantas autóctonas y de paseos propicios a las caminatas lo que había sido uno de los espantos usuales del urbanismo español, las rampas y avenidas como autopistas que fragmentaban ese espacio de la ciudad y lo hacían invivible e incaminable, y además abolían las vistas que ahora se abren en abanico hacia la calle Ferraz y el templo de Debod, en ese cerro ahora casi campestre donde estuvo hasta el verano de 1936 el cuartel de la Montaña. La reforma hacía posible la secuencia de un paseo por el presente y la naturaleza y además por el tiempo, porque los edificios históricos despliegan ante la mirada una amplitud de más de dos siglos. Arropado por árboles y plantas silvestres, el monumento a Cervantes ya no quedaba perdido como en una desolación de extrarradio. En un ejercicio de la usual brutalidad municipal, el Ayuntamiento derechista de Madrid impuso un gran espacio vacío y sin árboles que ocupa una gran parte de la plaza, y que se alquila para ferias y celebraciones privadas. También impusieron casi a última hora una bandera gigante y un mástil como de cohete espacial de Elon Musk, a fin de informar de que Madrid está en España —y no en Venezuela, supongo—.

No sé si María de Orube puede ver la mancha verde de la plaza de España desde alguna de las ventanas de su casa. Lo que es improbable es que pueda seguir mucho tiempo viviendo en ella. Los nuevos propietarios del edificio, hasta hace poco ocupado por vecinos tan de siempre como María, lo están reformando para dedicarlo entero al alquiler de pisos turísticos. Por ahora carecen de licencia, y en teoría todos los alquileres son de temporada. Pero María oye subir y bajar a cada momento los ascensores, y las voces de gente que llega o sale a deshoras o celebra fiestas hasta la madrugada, y se habrá acostumbrado a ese ruido ominoso que ya es uno de los rasgos acústicos de esta época en las ciudades, el de las ruedas de las maletas que rebotan por las aceras y luego por los corredores de los edificios invadidos.

En un reportaje sobre ella, acompañado por fotos elocuentes de Álvaro García, Álvaro Sánchez-Martín cuenta el cruce de trampas legales y simple negligencia y corrupción con que el Ayuntamiento y la Comunidad están favoreciendo la codicia de los grandes propietarios y los fondos financieros para expulsar de sus viviendas a vecinos que pagan con puntualidad su alquiler y tienen contratos legítimos. Hay una ley de la Comunidad de Madrid llamada de alquileres de temporada, supuestamente ideada para evitar ocupaciones de unos días. Pero la ley tiene una trampa, y es que no indica el tiempo mínimo que se considera temporada, de modo que puede ser lo mismo unos meses que una semana o un día. Cuando María pidió que repusieran la rampa para su silla de ruedas, la respuesta de la propiedad fue terminante: “Si no te gusta, te vas”.

La pregunta es adónde. El Ayuntamiento de Madrid tiene un llamado Plan Reside, cuya finalidad parece ser expulsar a los ya residentes para que turistas con mucho dinero puedan residir en las viviendas desalojadas por ellos. María de Orube tiene 82 años espléndidos, con un pelo blanco luminoso y un cara de gran firmeza ósea, y si se mueve en silla de ruedas no es por una prematura fragilidad de los años, sino porque en 2006 tuvo la mala suerte de encontrarse en la Terminal 4 de Barajas el día en que los criminales de ETA pusieron una bomba, con el gran logro patriótico de matar a dos trabajadores inmigrantes. Uno supondría que la condición de víctima del terrorismo le aseguraría al menos una cierta estabilidad, un grado suficiente de protección en la vida. Pero su indefensión contra el atentado de hace 20 años es muy parecida a la que sufre contra los buitres inmobiliarios que quieren despojarla de un derecho casi tan valioso como el de la vida, tan elemental como el derecho al alimento o la salud, el simple derecho a un refugio personal y seguro contra la intemperie.

Para los ancianos, los enfermos, los discapacitados, los niños, las mujeres embarazadas, los pobres, los sintecho, las personas de alma frágil, una ciudad como Madrid es cada día más inhabitable. Hasta los pájaros y los perros huyen despavoridos del escándalo de los coches y las motos trucadas para irritar más los oídos. Los repartidores de paquetes o de comidas van de un lado a otro sin sosiego en la confusión del tráfico, en la prisa despiadada de las aceras. A las tiendas se les permite mantener a todo volumen la calefacción o el aire acondicionado y las puertas de par en par, con objeto de favorecer más aún el despilfarro de energía. María de Orube, que ha vivido siempre en la Gran Vía, cuando logre salir a la calle no reconocerá nada, como si se viera por error en un país extranjero o futuro. Hay una extraña capacidad española para borrar cualquier rastro del pasado inmediato, una vocación no ya de amnesia sino de cruda lobotomía pública. La Gran Vía que ven los ojos de una persona de su edad es una especie de zafio shopping mall al aire libre, al aire contaminado del tráfico, atufado por los olores de comida basura. Sin políticas serias de vivienda de alquiler social una reforma tan admirable como la de la plaza de España es un acicate para los propietarios de los edificios próximos y una nueva posibilidad gratuita de ocio para los privilegiados.

Quien se siente amenazado por la ciudad privatizada e inhóspita, el viejo, el discapacitado, la embarazada, el que ha de moverse en silla de ruedas y no para de encontrar obstáculos, tienen el reflejo de salir huyendo, de esconderse en el lugar seguro, en el sagrado de su casa. Recluida en ella, María de Orube podrá permitirse el recuerdo de una Gran Vía vecinal y civilizada, con las cafeterías de aire americano, las marquesinas iluminadas y los carteles gigantes de los cines, la Gran Vía de aquellas mujeres enlazadas alegremente del brazo que retrató Català-Roca en una foto memorable de los años cincuenta. Cada uno tiene derecho a su propia forma de nostalgia, igual que a la atmósfera particular de su casa, construida a lo largo de los años con detalles que son como los hilos con que un gusano labra su capullo de seda. Pero a María, igual que a tantos como ella, ya no le queda ni esa madriguera sin la que no es posible la vida. En el techo se anuncian las humedades de una piscina ilegal construida en la última terraza del edificio. Cada llamada de teléfono, cada ruido en la escalera, en el ascensor, es una amenaza. Más grave que no tener dónde caerse muerto es no tener dónde caerse vivo.

Antonio Muñoz Molina, «Quién quedará viviendo aquí», El País, 22.11.25

lunes, 6 de enero de 2025

Navidad 2024 y 6

Gilesbertus de Autun, Capitel del sueño de los Reyes Magos (1125-1145), catedral de San Lázaro, Autun, Francia, fuente: Wikimedia Commons
Habiendo nacido Jesús en Belén de Judea en tiempos del rey Herodes, unos magos de Oriente se presentaron en Jerusalén preguntando: «¿Dónde está el Rey de los judíos que ha nacido? Porque hemos visto salir su estrella y venimos a adorarlo». Al enterarse el rey Herodes, se sobresaltó y toda Jerusalén con él; convocó a los sumos sacerdotes y a los escribas del país, y les preguntó dónde tenía que nacer el Mesías. Ellos le contestaron: «En Belén de Judea, porque así lo ha escrito el profeta: “Y tú, Belén, tierra de Judá, no eres ni mucho menos la última de las poblaciones de Judá, pues de ti saldrá un jefe que pastoreará a mi pueblo Israel”». Entonces Herodes llamó en secreto a los magos para que le precisaran el tiempo en que había aparecido la estrella, y los mandó a Belén, diciéndoles: «Id y averiguad cuidadosamente qué hay del niño y, cuando lo encontréis, avisadme, para ir yo también a adorarlo». Ellos, después de oír al rey, se pusieron en camino y, de pronto, la estrella que habían visto salir comenzó a guiarlos hasta que vino a pararse encima de donde estaba el niño. Al ver la estrella, se llenaron de inmensa alegría. Entraron en la casa, vieron al niño con María, su madre, y cayendo de rodillas lo adoraron; después, abriendo sus cofres, le ofrecieron regalos: oro, incienso y mirra. Y habiendo recibido en sueños un oráculo, para que no volvieran a Herodes, se retiraron a su tierra por otro camino.

Mateo 2:1-12 (Biblia de la Conferencia Episcopal Española)

domingo, 5 de enero de 2025

Invierno 5

Pieter Brueghel el Viejo, Paisaje de invierno con patinadores y trampa para pájaros (1565), Museos Reales de Bellas Artes, Bruselas
Copia de Paisaje de invierno... por Pieter Brueghel el Joven en el Museo del Prado

Snow-happy hicks of a boy’s world –
O crunch of bull’s-eyes in the mouth,
O crunch of frost beneath the foot –
If time would only remain furled
In white, and thaw were not for certain
And snow would but stay put, stay put!
 
When the pillar-box wore a white bonnet –
O harmony of roof and hedge,
O parity of sight and thought –
And each flake had your number on it
And lives were round for not a number
But equalled nought, but equalled nought!
 
But now the sphinx must change her shape –
O track that reappears through slush,
O broken riddle, burst grenade –
And lives must be pulled out like tape
To measure something not themselves,
Things not given but made, but made.
 
For now the time of gifts is gone –
O boys that grow, O snows that melt,
O bathos that the years must fill –
Here is dull earth to build upon
Undecorated; we have reached
Twelfth Night or what you will … you will.

Felices paletos en la nieve de un mundo infantil.
¡Oh crujido de caramelos en la boca!
¡Oh crujido de escarcha bajo el pie!
Si el tiempo permaneciera sólo enrollado,
en blanco, y el deshielo no fuera cierto,
y la nieve se quedara quieta, ¡quieta!
 
Cuando el buzón llevaba un gorro blanco.
¡Oh armonía de tejado y seto!
¡Oh paridad de vista y pensamiento!
Y cada copo tenía tu número en él,
y las vidas eran redondas, no para un número
sino que equivalían a nada, ¡equivalían a nada!
 
Pero ahora la esfinge debe cambiar su forma.
¡Oh huella que reaparece a través de la nieve medio derretida!
¡Oh acertijo roto, granada reventada!
Y las vidas deben ser arrancadas como cinta
para medir algo pero no ellas mismas,
cosas no dadas sino hechas, pero hechas.
 
Por ahora el tiempo de los regalos se acabó.
¡Oh chicos que crecen! ¡Oh nieves que se derriten!
¡Oh trivialidades que los años deben llenar!
Aquí hay tierra harta para construir,
sin decorar: hemos llegado a la
Noche de Reyes o lo que quieras... lo harás.

Louis MacNeice, «Noche de Reyes» (“Twelfth Night”), de Holes in the Sky (1948), en Louis MacNeice Collected Poems, ed. Peter Mcdonald, Faber & Faber, 2007 (eBook 2015), trad. Antonio Erena

Patrick Leigh Fermor, El tiempo de los regalos (Casa del Libro)

martes, 31 de diciembre de 2024

martes, 24 de diciembre de 2024

Navidad 2024 3

Plaza de Isabel II y Teatro Real, Madrid, foto: Antonio Erena, 17.12.24
   Mi hijo mayor tuvo esta semana su primera duda teológica. Dando un paseo nos encontramos con varias ventanas decoradas con estandartes del niño Jesús que le llamaron la atención, así que le recordé que estaban ahí porque en Navidad celebramos que Dios ha nacido. Sin soltarme la mano y desde abajo ―ojalá se pudieran guardar esas miradas―, frunció el ceño y me respondió que no, que Dios no había nacido. Que quien había nacido era Jesús.
   Tenía dos opciones: intentar explicarle la Santísima Trinidad a un niño de tres años o pasar por alto lo que acababa de ocurrir y decirle “¡mira, un perro con abrigo!”, táctica que utilizo cuando no me conviene el cariz que está tomando alguna situación. Opté por la primera y, como bien pude, le expliqué que Jesús era el hijo de Dios y Dios encarnado, pero él seguía poniendo pegas. Su argumento final fue que Cristo no podía ser Dios porque era un bebé, y comprendí que el germen de su arrianismo igual no era la incomprensión de la Santísima Trinidad sino que Dios pudiera andar por ahí en pañales. Para mi hijo, que le cuenta a todo el que se preste a escucharle que él ya va al colegio y que su seño se llama Nerea, los bebés son el escalón más bajo de la sociedad, así que, ¿cómo iba a ser Dios uno de ellos?
   Esa misma tarde leí una columna de Sergio C. Fanjul en la que exponía dos cuestiones: cómo el capitalismo ha fagocitado el sentido de la Navidad y las consecuencias de la secularización en las generaciones más jóvenes. “Nunca imaginé que iba a requerir tanto esfuerzo que mi hija conociese la antes ubicua figura de Cristo. Más bien pensaba que tendría que protegerla del adoctrinamiento”, confesaba, en la línea de otro artículo en el que Sergio del Molino contaba: “Nunca pensé que me fuera a preocupar algo así, pero sin una cierta familiaridad con el catolicismo (...) casi toda la cultura occidental se vuelve incomprensible”. Cabe preguntarles qué solución proponen. Si es la del laicismo ―relegar la educación religiosa al ámbito privado―, la brecha cultural entre clases se acrecentará, pues, en una sociedad secularizada como la nuestra, sólo los hijos de las clases ilustradas acabarán sabiendo decodificar su propia cultura.
   Pero, volviendo a la columna navideña de Fanjul, en ella no daba el paso de relacionar la propuesta económica del liberalismo ―el hedonismo consumista― con la antropológica ―la muerte de Dios, el laicismo, el desencantamiento del mundo―. No sólo los mercaderes han expulsado a Cristo de su cumpleaños; también lo han hecho quienes se empeñan en borrar su nombre y su huella, los de los belenes laicos y el felices fiestas en nombre de la inclusión, que no parecen plantearse que para integrar a alguien a una cultura antes hay que tenerla.
   Fanjul no tiene fe, pero eso no le impide entristecerse al observar que casi nadie se acuerda de Cristo en Navidad. Y yo, que no es que empezara a creer en Dios sino a dejar de negar su existencia hace unos años, tengo que decirle que no se preocupe. Que no somos pocos los que, como canta Pablo Martínez, estos días celebramos ese escándalo para los poderosos que es que Dios anduviera en pañales. Que no naciera en un palacio lleno de oro sino en un pesebre. Que se presentara ante nosotros sin cetro, con la fragilidad y la ternura de un recién nacido, señalándonos así el camino. No somos pocos y he de confesarles, aunque los datos me contradigan, que creo que cada día seremos más. Porque es del frío de donde surge la necesidad de una lumbre. Feliz Navidad.

Ana Iris Simón, «Nuestro Dios anduvo en pañales», El País, 21.12.24