martes, 31 de mayo de 2022

jueves, 26 de mayo de 2022

Parecidos razonables 25

Autor desconocido, Virgen de la Antigua (final s. XIV), catedral de Jaén
Foto: Rafael Alarcón Sierra

Rafael Zabaleta, Maternidad (1952), colección particular
Fuente: Fundación Zabaleta (página web)
Ostensión (anterior entrada del blog)

martes, 24 de mayo de 2022

Ayer y hoy 29

Don Juan de Borbón se inclina ante el rey Juan Carlos tras renunciar
a sus derechos dinásticos (La Zarzuela, 14.05.1977). Fuente: Don Diario
El rey Juan Carlos deja el palacio de la Zarzuela
Foto: Alberto Ortega (23.05.22)
Católica, sacra y real majestad, 
que Dios en la tierra os hizo deidad: 

un anciano pobre, sencillo y honrado, 
humilde os invoca y os habla postrado. 

Diré lo que es justo, y le pido al cielo 
que así me suceda cual fuere mi celo. 

Ministro tenéis de sangre y valor, 
que solo pretende que reinéis, señor, 

y que un memorial de piedades lleno 
queráis despacharle con lealtad de bueno. 

La Corte, que es franca, paga en nuestros días 
más pechos y cargas que las behetrías. 

Aun aquí lloramos con tristes gemidos, 
sin llegar las quejas a vuestros oídos. 

Mal oiréis, señor, gemidos y queja 
de las dos Castillas, la Nueva y la Vieja. 

Alargad los ojos; que el Andalucía 
sin zapatos anda, si un tiempo lucía. 

Si aquí viene el oro y todo no vale, 
¿qué será en los pueblos de donde ello sale? 

La arroba menguada de zupia y de hez 
paga nueve reales, y el aceite diez. 

Ocho los borregos por cada cabeza, 
y las demás reses, a rata por pieza. 

Hoy viven los peces o mueren de risa, 
que no hay quien los pesque, por la grande sisa. 

En cuanto Dios cría, sin lo que se inventa, 
de más que ello vale se paga la renta. 

A cien reyes juntos nunca ha tributado 
España las sumas que a vuestro reinado. 

Y el pueblo doliente llega a recelar 
no le echen gabela sobre el respirar. 

Aunque el cielo frutos inmensos envía. 
le infama de estéril nuestra carestía. 

El honrado, pobre y buen caballero 
si enferma no alcanza a pan y carnero. 

Perdieron su esfuerzo pechos españoles, 
porque se sustentan de tronchos de coles. 

Si el despedazarlos acaso barrunta 
que valdrá dinero, lo admite la Junta. 

Familias sin pan y viudas sin tocas 
esperan hambrientas y mudas sus bocas. 

Ved que los pobretes, solos y escondidos, 
callando os invocan con mil alaridos. 

Un ministro, en paz, se come de gajes 
más que en guerra pueden gastar diez linajes. 

Venden ratoneras los extranjerillos, 
y en España compran horcas y cuchillos

y, porque con logro prestan seis reales, 
nos mandan y rigen nuestros tribunales. 

Honrad a españoles chapados, macizos; 
no así nos prefieran los advenedizos. 

Con los medios juros que el vasallo aumenta, 
el que es de Ginebra barata la renta. 

Más de mil nos cuesta el daros quinientos; 
lo demás nos hurtan para los asientos. 

Los que tienen puestos, lo caro encarecen, 
y los otros plañen, revientan, perecen. 

No es buena grandeza hollar al menor; 
que al polluelo tierno Dios todo es tutor. 

En vano el agosto nos colma de espigas, 
si más lo almacenan logreros que hormigas. 

Cebada que sobra los años mejores 
de nuevo la encierran los revendedores. 

El vulgo es sin rienda ladrón homicida; 
burla del castigo; da coz a la vida. 

"¿Qué importa mil horcas", dice alguna vez, 
"si es muerte más fiera hambre y desnudez?" 

Los ricos repiten por mayores modos: 
"¿Ya todo se acaba? Pues hurtemos todos." 

Perpetuos se venden oficios, gobiernos, 
que es dar a los pueblos verdugos eternos. 

Compran vuestras villas el grande, el pequeño; 
rabian los vasallos de perderos dueño. 

En vegas de pasto realengo vendido, 
ya todo ganado se da por perdido. 

Si a España pisáis, apenas os muestra 
tierra que ella pueda deciros que es vuestra. 

Así en mil arbitrios se enriquece el rico, 
y todo lo paga el pobre y el chico. 

Sin duda el demonio, propicio y benino,
aquel que por nombre llaman Peregrino, 

al Conde le dijo, favorable y plácido, 
cuando su excelencia oraba en San Plácido: 

«Del rey los vasallos compiten tu puesto; 
destruye, aniquila y acábalo presto. 

Los de la Corona mayores contrarios 
serán la disculpa para tus erarios: 

que, si acaban estos con la monarquía, 
morirá también quien te perseguía. 

Mejor libra en guerra el que es prisionero 
que el que es sentenciado por el juez severo. 

La causa de todo lo que ellos ganaron, 
no la mataron, sino la libraron.» 

Esto dijo el diablo al conde Guzmán, 
y el Conde prosigue como don Julián. 

Consentir no pueden las leyes reales 
pechos más injustos que los desiguales. 

Ved tantas miserias como se han contado 
teniendo las costas del papel sellado. 

Si en algo he excedido, merezco perdones: 
duelos tan del alma no afectan razones. 

Servicios son grandes las verdades ciertas; 
las falsas razones son flechas cubiertas. 

Estímanse lenguas que alaban el crimen, 
honran al que pierde y al que vence oprimen. 

Las palabras vuestras son la honra mayor, 
y, aun si fueran muchas, perdieran, señor.

Todos somos hijos que Dios os encarga; 
no es bien que, cual bestias, nos mate la carga. 

Si guerras se alegan, y gastos terribles, 
las justas piedades son las invencibles. 

No hay riesgo que abone, y más en batalla, 
trinchando vasallos para sustentalla. 

Demás que lo errado de algunas quimeras 
llamó a los franceses a nuestras fronteras. 

El quitarle Mantua a quien la heredaba 
comenzó la guerra que nunca se acaba. 

Azares, anuncios, incendios, fracasos 
es pronosticar infelices casos. 

Pero, ya que hay gastos en Italia y Flandes, 
cesen los de casa superfluos y grandes. 

Y no con la sangre de mí y de mis hijos 
abunden estanques para regocijos. 

Plazas de madera costaron millones, 
quitando a los templos vigas y tablones.

Crecen los palacios ciento en cada cerro, 
y, al gran San Isidro, ni ermita ni entierro.

Madrid a los pobres pide mendigante, 
y en gastos perdidos es Roma triunfante. 

Al labrador triste le venden su arado 
y os labran de hierro un balcón sobrado. 

Y con lo que cuesta la tela de caza 
pudieran enviar socorro a una plaza. 

Es lícito a un rey holgarse y gastar, 
pero es de justicia medirse, y pagar. 

Piedras excusadas con tantas labores 
os preparan templos de eternos honores. 

Nunca tales gastos son migajas pocas, 
porque se las quitan muchos de sus bocas. 

Ni es bien que en mil piezas la púrpura sobre, 
si todo se tiñe con sangre del pobre. 

Ni en provecho os entran, ni son agradables, 
grandezas que lloran tantos miserables. 

¿Qué honor, qué edificios, qué fiesta, qué sala, 
como un reino alegre que os cante la gala? 

Más adorna a un rey su pueblo abundante. 
que vestirse al tope de fino diamante. 

Si el rey es cabeza del reino, mal pudo 
lucir la cabeza de un cuerpo desnudo. 

Lleváranse bien los gastos enormes; 
lleváranse mal si fueren disformes. 

Muere la milicia de hambre en la costa; 
vive la malicia de ayuda de costa. 

Gana la vitoria el valiente arriesgado; 
brindan con el premio al que está sentado. 

El que por la guerra pretende alabanza 
con sangre enemiga la escribe en su lanza. 

Del mérito propio sale el resplandor, 
y no de la tinta del adulador. 

La fama, ella misma, si es digna, se canta: 
no busca en ayuda algazara tanta. 

Contra lo que vemos quieren proponernos 
que son Paraíso los mismos Infiernos. 

Las plumas compradas a Dios jurarán 
que el palo es regalo y las piedras pan. 

Vuestro es el remedio: ponedle, señor. 
Así Dios os haga, de Grande, el Mayor. 

Grande sois, Filipo, a manera de hoyo; 
ved esto que digo, en razón lo apoyo: 

Quien más quita al hoyo, más grande le hace; 
mirad quién lo ordena, veréis a quien place. 

Porque lo demás todo es cumplimiento 
de gente civil que vive del viento. 

Y así de estas honras no hagáis caudal; 
mas honrad al vuestro, que es lo principal. 

Servicios son grandes las verdades ciertas; 
las falsas lisonjas son flechas cubiertas. 

Si en algo he excedido, merezca perdones: 
¡Dolor tan del alma no afecta razones! 

Quevedo, Memorial a Felipe IV (atrib.)

jueves, 19 de mayo de 2022

Olivo

Lámina botánica del olivo (Olea europaea)
Köhler’s Medizinal Pflanzen, Vol. 2, 1890

Nos lleva el coche velozmente por la carretera y, entonces, aquí, en Jaén, a derecha e izquierda, olivos. Pero eso es nada más verlos. Y creo que vienen ocasiones en que hay que estar con ellos; es decir, intimar con ellos y conocerlos. ¿Por qué? ¿Para qué? El olivo es nuestro árbol, ejemplo vivo para todos los hombres de Jaén. De él podemos aprender mil cosas estupendas. Primera, a no ser espectaculares. ¿Conocen ustedes un árbol menos sensacional? Se achaparra y parece que hace todo lo posible por disimular su eficacia e incluso su belleza. El álamo narciso junto al río está muy ufano de su vertical empaque. Todas las acacias predican primaveras presentes o ausentes. Naranjos, melocotoneros, limoneros, están contentos se les ve el júbilo vegetal, porque hay también júbilos vegetales de su perfume y de su fruto. Y están satisfechos con razón. Pero yo advierto en el olivo algo único que me encanta. Miro y admiro en él no se qué abnegación. Diría que es un árbol ascético. Por supuesto, exige poquísimo. Hay olivos de secano, en la altura de las lomas, lejos de todo regato, que viven al amparo exclusivo de «lo que Dios quiere», del agua de la lluvia. Estos olivos predican ese «sea lo que Dios quiera», frase que, para mí, no implica ningún conformismo, sino que más bien me parece la expresión de una firme elegancia estética del ánimo. Porque, en el fondo, la elegancia es escepticismo. Escepticismo del bueno, porque conduce directamente a la esperanza. Lo contrario del optimismo, obtuso, de quienes creen que todo sucederá a la medida de nuestros deseos. Ese optimismo bobo conduce, al final, o a la necedad (si por casualidad vienen bien unas cuantas cosas), o al nihilismo (si luego las cosas no nos dan la razón).

[…]

Y pienso que caminar entre olivos da una fortaleza de ánimo. Árbol que reduce sus necesidades, que no pide seguridades, que no condiciona su fruto, su eficacia o su belleza a ningún paraje. Es decir, árbol generoso que otorga mucho y apenas reclama nada. Crece igual en la eminencia que en el llano; escala las laderas, se acerca a la vereda y al camino; se uniforma en ringleras cuya monotonía no empece su belleza. (A mí los olivares me recuerdan las estrofas de Berceo, de la «quaderna vía», que tan gratas le eran a Antonio Machado). Porque la belleza no siempre es bonita o pinturera. El olivo no es pinturero y, sin embargo, conforta contemplar el olivar. Infunde serenidad, paz…

No me deja contento pasar de largo ante el olivar. Quiero entrar en él, caminar pisando los terrones removidos, estar un rato descansando a la leve sombra del árbol…

Juan Pasquau, «De la imitación del olivo», Diario Jaén (31.01.1973)

miércoles, 18 de mayo de 2022

Rucio

José Moreno Carbonero, El encuentro del rucio, Museo del Prado

Mientras esto pasaba, vieron venir por el camino donde ellos iban a un hombre caballero sobre un jumento, y cuando llegó cerca les pareció que era gitano; pero Sancho Panza, que doquiera que vía asnos se le iban los ojos y el alma, apenas hubo visto al hombre cuando conoció que era Ginés de Pasamonte, y por el hilo del gitano sacó el ovillo de su asno, como era la verdad, pues era el rucio sobre que Pasamonte venía; el cual, por no ser conocido y por vender el asno, se había puesto en traje de gitano, cuya lengua y otras muchas sabía hablar como si fueran naturales suyas. Viole Sancho y conociole, y apenas le hubo visto y conocido, cuando a grandes voces le dijo:

 

—¡Ah, ladrón Ginesillo! ¡Deja mi prenda, suelta mi vida, no te empaches con mi descanso, deja mi asno, deja mi regalo! ¡Huye, puto; auséntate, ladrón, y desampara lo que no es tuyo!

 

No fueran menester tantas palabras ni baldones, porque a la primera saltó Ginés y, tomando un trote que parecía carrera, en un punto se ausentó y alejó de todos. Sancho llegó a su rucio y, abrazándole, le dijo:

 

—¿Cómo has estado, bien mío, rucio de mis ojos, compañero mío?

 

Y con esto le besaba y acariciaba como si fuera persona. El asno callaba y se dejaba besar y acariciar de Sancho sin responderle palabra alguna. Llegaron todos y diéronle el parabién del hallazgo del rucio, especialmente don Quijote, el cual le dijo que no por eso anulaba la póliza de los tres pollinos. Sancho se lo agradeció.


Cervantes, Don Quijote, Primera Parte, Cap. XXX (fragmento, según la edición revisada de Madrid, 1605)

martes, 17 de mayo de 2022

Brumas 7

Baeza y Úbeda desde el pico Aznaitín
Foto: José Joaquín Quesada (08.05.22)
I

Desde mi ventana,
¡campo de Baeza,
a la luna clara!
 
¡Montes de Cazorla,
Aznaitín y Mágina!
 
¡De luna y de piedra
también los cachorros
de Sierra Morena!

II
 
Sobre el olivar,
se vio la lechuza
volar y volar.
 
Campo, campo, campo.
Entre los olivos,
los cortijos blancos.
 
Y la encina negra,
a medio camino
de Úbeda a Baeza.
 
III

Por un ventanal,
entró la lechuza
en la catedral.
 
San Cristobalón
la quiso espantar,
al ver que bebía
del velón de aceite
de Santa María.
 
La Virgen habló:
Déjala que beba,
San Cristobalón.
 
IV
 
Sobre el olivar,
se vio la lechuza
volar y volar.
 
A Santa María
un ramito verde
volando traía.
 
¡Campo de Baeza,
soñaré contigo
cuando no te vea!
                                               (1917)
 
Antonio Machado, «Apuntes, Tierra de olivar» (fragmento),
Nuevas Canciones (1924)

lunes, 9 de mayo de 2022

Ejemplo

Marisol Galdón (3.08.1962)
Fuente: Wikipedia

Marisol Galdón: “Muchos están jodidos como yo y solo muestran su cara ideal”

La comunicadora y actriz, que publicó un vídeo pidiendo empleo, denuncia la perversidad de un mercado que excluye a las mayores y confiesa la dureza de vivir en la precariedad y la pobreza cuando se ha tenido casi todo

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Charlando ambas sentadas en el salón de su bonito adosado con vistas al bellísimo campo alcarreño, cuesta creer que Marisol Galdón esté tan mal económicamente como para haber publicado hace unos meses un vídeo pidiendo trabajo y confesar, hoy, que sigue pasándolas canutas y no le llegan ofertas. Primer prejuicio a revisar. La casa, llena de lozanísimas plantas y estantes atestados de libros viejos, es alquilada; su casero, comprensivo, le ha aplazado y rebajado la renta, y la inquilina completa sus escuetos ingresos con ayudas de amigos. Galdón, amable y locuacísima, luce primorosamente vestida, teñida y maquillada. Segundo prejuicio: se tiñe y se maquilla ella sola, y el modelito que ha elegido para las fotos, divino, es de hace décadas. Prejuicios fuera: la pobreza y la precariedad no implican siempre pasar hambre ni llevar harapos. Y ella es la primera en saberlo.

¿Cuándo empezó a torcérsele el carro, laboralmente hablando?

En realidad, muy pronto. Después del boom de los programas Plastic y Peligrosamente juntas, en los noventa, me llamaron como opinadora en Telecinco, como jurado en programas de entretenimiento y cosas así. No me llenaba profesionalmente, pero pagaban bien, aunque jamás me hice rica. La ruina llegó con la crisis de 2008, en la que bajaron brutalmente las tarifas, y, sobre todo, con la pandemia. Se paró todo. No me salía nada. Tuve que vender mi casa, pagar deudas. Llegó un momento en que no vi otra salida que grabar y subir el vídeo.

¿Cuánto le costó publicarlo?

Muchísimo. Es durísimo salir del armario de la pobreza, y más en una época y una profesión en las que mandan el postureo y la impostura. Alucinarías con la cantidad de colegas que están tan jodidos como yo y solo muestran su cara ideal.

También hay gente que lo pasa bastante peor que usted.

Claro, yo no estoy en guerra encerrada en un sótano en Ucrania ni me han mutilado el clítoris ni paso hambre. Pero necesito trabajar y nadie me contrata. Y luego está la dictadura esa de la autoayuda y el autoempleo. “Emprende, emprende”, te dicen. Reinvéntate. Yo escribo libros, tengo un blog, acabo de rodar un corto, me invento mil cosas, pero de eso no vivo. Estoy harta de ese discurso. A la mierda la resiliencia. Al final, te culpan a ti de no darte trabajo.

¿Cómo es ser pobre cuando se ha vivido confortablemente?

Muy duro. Yo, modestamente, lo he tenido todo. Te vas empobreciendo, vas teniendo que dejar de hacer cosas. Parecerá frívolo, pero es una derrota íntima, por ejemplo, tener que dejar de usar cremas buenas por una del súper, y racionándola. Y lo de mendigar a los amigos... Es todo no, no, no.

¿Qué es ahora un lujo para usted?

Un libro. Hace siglos que no me compro uno, es de lo que peor llevo.

Un libro cuesta unos 20 euros.

Sí, pero son 20 euros que quito a la compra y las facturas. Mi único lujo es Spotify. Nueve euros al mes, incluso en los peores tiempos. Habrá quien no lo entienda, pero sin música me muero.

En el vídeo se ofrece de periodista, DJ, presentadora de eventos, guionista. ¿Está al día en todos esos frentes?

Soy muy buena haciendo todo eso. Ya lo he hecho y ahora, a mi edad, lo haría muchísimo mejor. Tengo experiencia, poso, aplomo. Pero no me quieren. Ese es el drama.

¿No se le caen los anillos por nada?

Nunca. Porque, además, estoy sola. No tengo padres ni hijos ni pareja. No tengo a nadie. Por eso me endeudé como una loca antes de pedir ayuda a los amigos. El tiempo pasa, la gente te dice que cómo puede ser, si eres muy potente. Y tú dices, seré potente, pero en un mundo impotente. Y te metes en un pozo muy negro. El año pasado por estas fechas casi termino como Verónica Forqué.

¿De verdad pensó en suicidarse?

Sí, sin dramas, además, porque siempre he pensado que la vida le pertenece a uno y a nadie le importa lo que hagas. De niña te enseñan cosas maravillosas como la bondad y luego sales al mundo y ves que son patrañas, que todo es mentira. Y si eres buena persona, lo pasas mal. Cuando te vas estrellando contra una valla y otra, y no lo logras, te desesperas. Yo me valoro mucho a mí misma. Demasiadas cosas he hecho ya por debajo de mis posibilidades. Entonces, si este mundo no está interesado en mí, dices, como Fernán Gómez: “Idos todos a la mierda”.

¿Por qué no lo hizo?

Porque me concedieron una ayuda de 400 euros de AISGE (Sociedad de Gestión de Derechos de Imagen de Intérpretes), de la que soy socia. Y me salieron de puta chamba unas secuencias en la serie Sentimos las molestias. Del Estado no he recibido nada. Esas ayudas a mí me salvaron la vida. Con eso voy tirando.

Ha dicho que no tiene a nadie. ¿Cómo lleva la soledad?

En mi fórmula de la felicidad, y cada uno tiene la suya, entra la soledad. Es maravillosa si una está a gusto consigo misma. Desconozco el aburrimiento. Estoy todo el día haciendo cosas. He vivido en pareja ocho años con el primero, cuatro con el segundo, y con el tercero no llegó ni a dos, y cada uno en su casa. Ahora hace 20 años que no tengo novio. Necesito mi mundo, mi espacio, mi rollo.

¿Ha renunciado al amor?

El amor ha renunciado a mí, lastimosamente, y eso sí me sabe mal. Cuando hice el monólogo Me río por no follar, que hablaba del sexo y las mujeres maduras, decía que me había hartado de follar y lo que quería era hacer el amor. Pero no es así: se puede hacer el amor con alguien de quien no estás enamorado. Y follar, también. Eso sigue operativo y lubricado. Las menopáusicas no somos mujeres de segunda clase como quieren hacernos creer. Al revés, para mí fue una liberación.

¿Y las arrugas?

Pero, ¿cómo me preguntas eso?

Bueno, yo las llevo regular.

Porque el puto patriarcado nos ha vendido que un hombre maduro da igual que tenga arrugas, tripa, canas. Lo importante es su sabiduría y su experiencia. Y que las mujeres podemos ser sabias, pero qué mal se nos ve pasada una edad. Ese es el problema en que nos han metido y caemos como idiotas. ¿Cómo permitimos que nos mangoneen así? Aunque reconozco que el código de barras me tiene frita. Será por la crema del súper [bromea].

¿Se siente una culpable de no encontrar trabajo?

La culpa lo único que hace es meternos veneno y tenernos controlados. Pero sí. Cuando eres autocrítica, lo primero que haces es culpabilizarte. Siempre pienso qué habré hecho mal, en qué la habré cagado. Pero eso es perverso. Este mundo no me merece. Tienen a una tía como yo, superválida, que puede hacer mil cosas en un montón de frentes, y no les interesa. Esa es la realidad.

Hace ya ocho meses que publicó su videocurrículo. ¿Ha merecido la pena?

Aquello se hizo viral, me puso en el mapa y me salieron bolillos, entrevistas, alguna cosilla, sí, pero es todo tan precario y tan puntual que no acabo de salir del hoyo. Lo digo otra vez desde aquí: necesito trabajar ya. Tuve que darme de baja en la Seguridad Social por no poder pagarla y necesito cotizar para cobrar pensión. Hace poco me ofrecieron ir [al realitySupervivientes. Les agradecí la atención, pero debí de mostrar tan poco entusiasmo que no me volvieron a llamar. Soy una mujer madura y talentosa a la que no le dan trabajo. De petarda me habría ido mejor.

'MARISOL AL DESNUDO'

Así se titula el cortometraje que ha rodado Marisol Galdón (Barcelona, 59 años) sobre su vida actual y las razones que la llevaron, en septiembre de 2021, a colgar un vídeo en Twitter relatando su abultado currículo y pidiendo trabajo. En él, no se le ve un centímetro de más de piel, pero Galdón se desnuda confesando sus más íntimos sentimientos: los de una mujer en plenitud obligada al ostracismo y la precariedad por un mercado de trabajo que la ignora. Marisol, rostro popularísimo en la televisión de los noventa y los primeros dos mil, estudió Periodismo, aunque su auténtica vocación hubiera sido ser directora de cine para narrar historias. Acaba de publicar su tercer libro, un trepidante thriller titulado Cumbres tenebrosas, y de aparecer como actriz en la serie Sentimos las molestias, junto a Antonio Resines, Miguel Rellán y Fiorella Faltoyano. Sigue buscando trabajo.

Luz Sánchez-Mellado, Gente con Luz, EL PAÍS (08.05.22)