sábado, 30 de julio de 2022

Fotogramas 147

Mi calle, Edgar Neville (1960)
Mi calle, película completa en Rtve (hasta el 28.08.22)
«El Madrid de Edgar Neville» en Madrid Film Office

Con más frecuencia de la que parece, el refugio que deparan las artes adquiere una consistencia literal. En el verano tórrido, en el calor seco y extremo de Madrid, animado con eficacia aterradora por la costumbre municipal de las obras superfluas, los cuadros de Carlos García-Alix en el Círculo de Bellas Artes ofrecen un respiro de aire helado y quietud, una huida invernal. En París, en una visita a casa de un coleccionista, Gian Lorenzo Bernini se quedó mirando unos paisajes tardíos de Poussin y, descolgando uno para acercarlo a una ventana y verlo con mejor luz, hizo un elogio extraordinario: “¡Qué silencio!”. Vengo del calor, del ruido del tráfico, del aire enturbiado de dióxido de carbono y polvo del desierto, de las zanjas municipales como trincheras, del tableteo bélico de las taladradoras. En esta sala grande y de bien calculada penumbra del Círculo hay un silencio fragante como de iglesia a media mañana, y en él los cuadros se vuelven más visibles e irradian su propio silencio hacia el espectador solitario, el fugitivo del verano y del fragor de la ciudad, que siente el deseo de internarse en esos caminos como entre desfiladeros de árboles desnudos, en las espesuras de verde casi negro de los bosques de coníferas, en esos paisajes de una pálida luz boreal en los que el aire tiene un filo helado de cuchillo y las hojas y las ramas tiesas por el frío crujen bajo las pisadas, en el suelo endurecido.

Antonio Muñoz Molina, «Invierno en verano», Babelia (16.07.22, fragmento)

miércoles, 27 de julio de 2022

lunes, 25 de julio de 2022

Lecturas 13

Arthur Rimbaud, Una temporada en el infierno
(Une Saison en enfer), Hiperión, 1995
A quatre heures du matin, l'été,
Le sommeil d'amour dure encore.
Sous les bocages s'évapore
L'odeur du soir fêté.
 
Là-bas, dans leur vaste chantier
Au soleil des Hespérides,
Déjà s'agitent —en bras de chemise—
Les Charpentiers.
 
Dans leurs Déserts de mousse, tranquilles,
Ils préparent les lambris précieux
Où la ville
Peindra de faux cieux.
 
Ô, pour ces Ouvriers charmants
Sujets d'un roi de Babylone,
Vénus! quitte un instant les Amants
Dont l'âme est en couronne.
 
Ô Reine des Bergers,
Porte aux travailleurs l'eau-de-vie,
Que leurs forces soient en paix
En attendant le bain dans la mer à midi.
 
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A las cuatro de la mañana, en verano,
el sueño del amor todavía dura.
Bajo las arboledas se evapora
el olor de la noche festiva.
 
Allá, en su vasto astillero
al sol de las Hespérides,
ya se agitan —en mangas de camisa—
los carpinteros.
 
En sus desiertos de espuma, tranquilos,
preparan los preciosos paneles
donde la ciudad
pintará falsos cielos.
 
¡Oh, por estos obreros encantadores,
súbditos de un rey de Babilonia,
Venus, deja un momento a los amantes
de alma coronada!
 
¡Oh, reina de los pastores,
lleva a los trabajadores el aguardiente,
que sus fuerzas estén en paz
esperando el baño en el mar al mediodía!

Rimbaud, Una temporada en el infierno,
«Delirios, II, Alquimias del verbo» (fragmento),
trad.: Antonio Erena

martes, 12 de julio de 2022

Excéntricos 27

Álvaro Retana (26.08.1890 - 10.02.1970),
autorretrato en su obra Historia del arte frívolo (1964)
«Álvaro Retana en la erotografía del primer tercio de siglo. Un acercamiento a los textos del cuplé sicalíptico», entrada del blog Javier Barreiro, 5.03.2014

Yo me voy todas las tardes
a merendar al hotel Ritz,
y tras el té suelo hacer mil locuras
con un galán que está loco por mí.
Juntos a bailar salimos,
nos enlazamos con pasión,
y al final tengo yo que decirle
toda llena de miedo y rubor:
 
¡Ay, no por Dios, no me baile usted así!
¡Ay, por favor, que me siento morir!
Tenga usted en cuenta que mira mamá
y si se fija nos va a regañar.
¡Ay, suélteme, no me oprima usted más!
Pues le diré, si me quiere asustar,
que soy cardíaca y por esta razón
no debo llevarme ninguna emoción.
 
Las mamás, cotorreando,
toman el té sin advertir
que en el salón, al bailar, las parejas
se hablan de amor con atroz frenesí.
A las tres o cuatro danzas
suele crecer nuestra ilusión,
y las niñas a coro decimos
rebosantes de satisfacción:
 
¡Ay, yo no sé lo que pasa por mí,
pero ya ve que me siento feliz!
Siga bailando, aunque mire mamá,
que si se irrita ya se calmará.
¡Ay, qué placer es bailar un fox-trot
con un doncel que nos habla de amor!
Aunque cien años llegase a vivir
yo no olvidaría las tardes del Ritz.
 
Las tardes del Ritz (c. 1919), letra de Álvaro Retana, música de Genaro Monreal

lunes, 11 de julio de 2022

Calles 6

Calle Miguel Lucas de Iranzo, Fuentelespino de Haro
Foto: Antonio Erena, 29.06.22

Y porque su Alteza no cumplia asi con él, como prometido lo habia, acordó de se partir de Pinto, é irse fuera del reyno; y como quiera que el Obispo gelo estorvaba mucho, no pudo con él, y asi se partieron luego á otro dia, y fueron su camino fasta que llegaron á la villa de Pareja, que era del señor Obispo, dia de San Miguel, á la qual villa llegaron luego mensageros del señor Rey y tras el señor Condestable, escribiendole y rogandole que si en el mundo lo deseaba servir, no se partiese de alli, y mandando á el Obispo que por cosa del mundo le dexase partir, aunque el Condestable quisiese. Y en esto pasaron mas de veinte dias debatiendo, y á cada dia venia un mensagero del señor Rey que unos con otros se encontraban; y estando en este devate, el señor Condestable embió una noche secretamente á un lugar de Aragon, en manera que el Obispo no lo sintió, toda su plata y el thesoro que tenia, y al fin ovolo de saber, y vino á el señor Condestable, y rogóle mui mucho que no quisiese fazer aquella partida. Y tanto insistió sobre ello con él que le ovo de tomar la fé que no se partiese de alli, fasta que el Obispo oviese la respuesta del señor Rey de una carta que sobre estas cosas le habia embiado. Y en estas diferencias estando, su Alteza escribió á el dicho señor Condestable y al seüor Obispo que escogiese y tomase qualesquier ciudad villa ó lugar de todos sus reynos, y que se fuese á ella, que él gela mandaria dar desembargada donde estubiese á su plazer, y que alli estando, se farian mucho mejor y mas presto sus fechos que estando fuera del reyno. Y tanto porfió en esto el señor Obispo con él, que ovo de venir en ello; y con el gran deseo que tenia de estar en la frontera por fazer guerra á los moros, elijió la ciudad de Jaen. Y esto asi acabado y concluido el señor Condestable se partió de Parexa á diez y ocho dias de Octubre, y fuése al castillo de Montizon que era de su hermano el Comendador, é alli se aposentó él y su gente. En Belmonte tuvo la fiesta de Todos los Santos y mandó facer un oficio por las animas de todos sus parientes finados y pasada la dicha fiesta el señor Condestable se fué para Chiclana, y estovo alli algunos dias y dende partióse y fué á dormir á las Navas de Santiesteban, y otro dia fué á comer á Linares, y á dormir á Baylen, donde fué mui alegremente recibido de la señora condesa su esposa y de la señora Doña Guiomar Carrillo su madre, y de todos los suios: las cuales señoras habia mandado venir por causa que la ciudad no estaba bien sana y morian en ella de pestilencia; asi mismo fué mui bien recibido de todos los vezinos de aquella villa en la qual él, y los suios fueron mui bien aposentados.

«Relacion de los fechos del mui magnifico é mas virtuoso señor, el señor don Miguel Lucas, mui digno condestable de Castilla», ed. Pascual de Gayangos, Memorial Histórico Español, Tomo VIII, Real Academia de la Historia, 1855, pp. 32 y 33.

viernes, 8 de julio de 2022

Música popular 121

Las Hermanas Fleta, Elia (izq., 13.02.1928 - 14.02.2019) y Paloma (?),
portada de la revista Meridiano Femenino, julio 1955
Fuente: Todocolección
El chacachá del tren, García Cote y Zapata


A Lisboa en tren de lujo yo viajaba
y a mi lado muy galante un portugués
al momento un gran amor me declaraba
con mayor velocidad
que nos llevaba aquel exprés.
 
Al compás del chacachá,
del chacachá del tren,
¡qué gusto da viajar
cuando se va en exprés!
Pues parece que el amor,
con su dulzón vaivén,
produce mais calor
que el chacachá del tren
 
Al regreso de la tierra de los fados,
muy atento y muy cumplido el revisor
el billete me picó, «muito obrigado»,
declarándome que estaba
muertecito por mi amor.
 
Al compás del chacachá…
 
El chacachá del tren
, letra de Julio Zapata, música de Manuel García Cote (1950)

jueves, 7 de julio de 2022

Torada

José Elbo, Toros de Veragua (p. m. s. XIX), Real Academia de San Fernando, Madrid
Sol y pueblo testigos,
contra cien enemigos
en el coso a luchar vais condenados
sin madrina de guerra y entregados
y no con caballeros lidiadores
que en clásica actitud, su pie avanzando
serenos, la salvaje acometida
en la cruz esperaban de su espada
en oro dando el pecho y en primores
bordado—, y la liada
púrpura en la siniestra mano asida.
No con el avezado caballista
en la gineta artista—,
que sobre el lomo de su jaca overa
tu asta burla ligera.
 
Con un rudo jayán de infantería
bachiller diplomado,
sobre un rocín enteco el acerado
lanzón interponiendo entre dos vidas
frías—, a la suicidas
villanas manos de palafreneros
encomienda un azar de caballeros.
 
¿Quién de vosotros, ¡zafios lidiadores!,
de púberes bicornios engordados
en las mesas de Capua—, y desangrados
por los verdugos sobre pedestales
de carne enferma—, bordaría primores,
ante inquietos puñales
rociados de ira y de furores?
 
¿Quién al del prado rey su mano aleve,
osó poner en la rizada frente?
En el aire del campo en donde gira,
y sus puñales mueve,
¿quién el que impunemente
desafió su ira?
 
Nuevos Sansones entre filisteos,
los viejos toros de la Iberia vieja,
en los nuevos torneos,
su antiguo Dios sin compasión los deja.
 
Fernando Villalón, «La Toriada» (1928, fragmento), Poesías completas, ed. Jacques Issorel, Cátedra, 1998

lunes, 4 de julio de 2022

Misil

Capilla de la Asunción, iglesia de San Pedro, Villaescusa de Haro
Foto: Antonio Erena, 29.06.22
La capilla de la Asunción en El Arte en Cuenca (página web)

Fifteenth of May. Cherry blossom. The swifts
Materialize at the tip of a long scream
Of needle. ‘Look! They’re back! Look!’ And they’re gone
On a steep
 
Controlled scream of skid
Round the house-end and away under the cherries. Gone.
Suddenly flickering in sky summit, three or four together,
Gnat-whisp frail, and hover-searching, and listening
 
For air-chills – are they too early? With a bowing
Power-thrust to left, then to right, then a flicker they
Tilt into a slide, a tremble for balance,
Then a lashing down disappearance
 
Behind elms.
They’ve made it again,
Which means the globe’s still working, the Creation’s
Still waking refreshed, our summer’s
Still all to come —
And here they are, here they are again
Erupting across yard stones
Shrapnel-scatter terror. Frog-gapers,
Speedway goggles, international mobsters —
 
A bolas of three or four wire screams
Jockeying across each other
On their switchback wheel of death.
They swat past, hard-fletched
 
Veer on the hard air, toss up over the roof,
And are gone again. Their mole-dark labouring,
Their lunatic limber scramming frenzy
And their whirling blades
 
Sparkle out into blue —
Not ours any more.
Rats ransacked their nests so now they shun us.
Round luckier houses now
They crowd their evening dirt-track meetings,
 
Racing their discords, screaming as if speed-burned,
Head-height, clipping the doorway
With their leaden velocity and their butterfly lightness,
Their too much power, their arrow-thwack into the eaves.
 
Every year a first-fling, nearly flying
Misfit flopped in our yard,
Groggily somersaulting to get airborne.
He bat-crawled on his tiny useless feet, tangling his flails
 
Like a broken toy, and thinly
Till I tossed him up — then suddenly he flowed away under
His bowed shoulders of enormous swimming power,
Slid away along levels wobbling
 
On the fine wire they have reduced life to,
And crashed among the raspberries.
Then followed fiery hospital hours
In a kitchen. The moustached goblin savage
 
Nested in a scarf. The bright blank
Blind, like an angel, to my meat-crumbs and flies.
Then eyelids resting. Wasted clingers curled.
The inevitable balsa death.
Finally burial
For the husk
Of my little Apollo —
 
The charred scream
Folded in its huge power.

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15 de mayo. Cerezos en flor. Los vencejos
se materializan en la punta de un largo grito
de aguja. «¡Mira! ¡Han vuelto! ¡Mira!» Y se marchan
en un empinado
 
grito controlado de derrape
alrededor del final de la casa y lejos bajo los cerezos. Se han ido.
De repente, parpadeando en la cumbre del cielo, tres o cuatro juntos,
susurrando frágilmente, se ciernen buscando y escuchando.
 
Para los escalofríos del aire, ¿son demasiado tempranos? Con un arqueo
de potente impulso a la izquierda, luego a la derecha, luego un parpadeo,
se doblan en un deslizamiento, un temblor para el equilibrio,
luego una desaparición a latigazos
 
detrás de los olmos.
Lo han hecho de nuevo,
lo que significa que el globo sigue funcionando, la creación
todavía se despierta renovada, nuestro verano
todavía está todo por venir.
Y aquí están, aquí están de nuevo,
erupciones a través de las piedras del patio
esparciendo el terror de la metralla. Bocas de rana,
gafas de carreras, mafiosos internacionales.
 
Una pelota de tres o cuatro gritos de alambre
montando uno sobre otro
en su retornada rueda de la muerte.
Pasan a toda velocidad, con la espalda recta
 
se desvían en el aire duro, se lanzan sobre el techo
y vuelven a desaparecer. Su trabajo oscuro como un topo,
su lunático, flexible, fugitivo frenesí
y sus cuchillas giratorias
 
brillan en el azul.
Ya no son nuestros.
Las ratas saquearon sus nidos, así que ahora nos rehúyen.
Alrededor de casas más afortunadas, ahora
se amontonan en sus reuniones nocturnas de pista de tierra,
 
compitiendo en sus discordias, gritando como si quemara la velocidad,
a la altura de la cabeza, rozando la puerta de entrada
con su velocidad de plomo y su ligereza de mariposa,
su excesiva potencia, su golpe de flecha contra el alero.
 
Cada año un primer intento, cercano a volar,
incapaz fracasa en nuestro patio,
aturdido en su salto mortal para remontar el vuelo.
Se arrastraba con sus pequeños pies inútiles, enredando sus aletas
 
como un juguete roto y delgado
hasta que lo arrojé hacia arriba. Entonces, de repente, fluyó bajo
sus hombros arqueados de enorme poder de flotación,
se deslizó a lo largo de los niveles tambaleándose
 
en el fino alambre al que ellos han reducido la vida
y se estrelló entre las frambuesas.
Luego siguieron ardientes horas de hospital
en una cocina. El salvaje duende con bigote
 
anidado en una bufanda. El blanco brillante
ciego, como un ángel, a mis migas de carne y moscas.
Luego los párpados descansaron. Las garras inútiles se enroscaron.
La inevitable muerte de la balsa.
Finalmente el entierro
para la cáscara
de mi pequeño Apolo.
 
El grito carbonizado
plegado en su enorme poder.
 
Ted Hugues, “Swifts” («Vencejos»), Seasons Songs: Spring Summer Autumn Winter, The Rainbow  Press, Londres, 1974. Trad.: Antonio Erena