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miércoles, 11 de marzo de 2026

Venatoria 14

Manuel Alcázar y Ruiz (Albacete, 1858 - Madrid, 1914), Perdices acudiendo al reclamo, Real Academia de San Fernando, N.º Inventario L-295
   El celo de la perdiz es el preludio de la primavera; no hay nada tan agradable como presenciar en el campo los poéticos crepúsculos, escuchando oculto entre chaparros, el valiente ¡cuchichí! ¡cuchichí! de la enamorada perdiz; muy joven era yo cuando empecé esta caza, vulgarmente denominada del «cuco»; debuté en las hermosas dehesas de mi padre político, el señor vizconde de Begíjar[1]; generalmente me daban a cazar los peores pájaros que tenían, no se fiaban de entregarme los superiores, por temor de que les hiciera, como novato, alguna «mala faena» y se echaran a perder; sabido es, que en la caza con reclamo un mal tiro descompone un pájaro bueno, así como los buenos tiros arreglan los resabiados o mal tirados. Llegó a ser tal mi afición y puse tanto esmero en aprender, que en un solo año me hice gran «cuquillero», como decía mi suegro; ya no tenían los concurrentes, en la época de caza, inconveniente alguno en que alternara sacando a cazar los buenos pájaros, los medianos y hasta los pollos para que les hiciera buenos tiros e irlos educando; según decían tenía bastante suerte, pero no creo que fuera esto sólo debido a mi buen resultado en dicha caza, a los malos ratos que me daba; yo ponía de mi parte más que el reclamo: jamás hacía un puesto sin haber visto antes las perdices; unas veces me colocaba en sus querencias, otras en las subidas a sus dormitorios y pude observar, por experiencia, que en todas las cazas, pero en ésta sobre las demás, el hombre tiene que poner de su parte bastante inteligencia para el logro de buenos éxitos; esto lo confirma el que en algunas ocasiones, con un mediano pájaro que casi no cantaba, me colocaba en un rebozo donde las perdices se habían dado y con un par de reclamos, al momento las tenía en plaza; tiraba y ¡claro! el pájaro, al tirarle, se enardecía y hacía un buen puesto, con esperanza de tirarle dos o más tiros.
   La primera condición que el reclamo de perdiz ha de tener, es la de ser de «salida»: esto es, levantar el campo y después, aunque no sea gran cosa de «músico», que reciba bien y al ver las perdices en plaza, no bregue y las espante, que no deje de «decirles» hasta que la perdiz esté en la jurisdicción del tiro del puesto y a la vista siempre del reclamo; pues tirar un pájaro que el reclamo no le «diga» y no le vea, es un tiro malísimo: más vale que se quede sin tirar que hacerlo en esas condiciones; el cazador de reclamo debe «cazar el pájaro»: ésta es su misión, no «ir por carne»; tampoco debe salir el cazador cuando tire; y si yerra, no correr detrás de la perdiz que se va herida, esto sorprende el reclamo y le disgusta bastante.
   Al salir del puesto, concluido que haya sido éste, debe apercibir al pájaro, bien tosiendo o haciendo algún ruido que no sea muy extraño y al irse a él para taparlo con la sayuela o cobija, se halagará con palabras o haciéndole castañuelas con los dedos: esto lo tranquiliza y no se botan ni se hacen bregadores a la presencia del amo.

Feliciano del Río Muñoz-Cobo, «Memorias de un cazador. De la perdiz, Arjona, 1914», en Patria: órgano provincial de la Unión Patriótica, Jaén, 25.01.1930, pág. 5 (actualización y nota: Antonio Erena).


[1] Alonso de Contreras y Aranda, II vizconde.

viernes, 6 de marzo de 2026

Tercer Viernes de Cuaresma 2026

José Basurto, Cruz procesional de Jesús Nazareno (plata cincelada, 1677, detalle), Hermandad de Jesús Nazareno, Bujalance, exposición «El legado de la fe», Palacio de la Merced, Córdoba, foto: Antonio Erena, 25.02.26
Sierra de Córdoba. Sierras de Adamuz, de Montoro, de Marmolejo…
Cinta azul de nostalgia desde las barandas de la Ermita de Nuestro Padre Jesús Nazareno, los días claros de invierno, cuando el viento solano bruñe las lejanías y cincela las cruces de piedra de sus atrios.
Viento áspero, diáfano, el más luminoso de todos, el más propicio también para gozar la soledad y el silencio, hermosos, bajo la tensa armonía de los cipreses. De los cipreses y los arcos, cegados a yeso y cal. Herméticos tabiques tras los que suponías las dramáticas tallas de los «santos menores» —San Juan, La Magdalena, La Verónica—, todo el año aguardando su amanecer de Viernes Santo entre penumbras de sacristía o granero.
Verdes siembras de marzo en torno a la Ermita. Refulgentes paredes al abrigo del viento, soleadas, frente al vasto e idílico territorio de olivos de El Chaparral. Ámbito de los lirios a horizontes más turbios en puro azul fundidos. Diadema de palomas para la geografía de la comarca.
Ángelus campesino, tras el vitral plomado del camarín de Cristo, donde exvotos y trenzas de muchachas antiguas sufrían el rubor tenue del crepúsculo y dardos de su melancolía…

Mario López, «La ermita», de Nostalgiario andaluz (1979), en Mario López, Poesía, Diputación de Córdoba, 1997,  p. 211.

miércoles, 28 de enero de 2026

Invierno 7

Previsión meteorológica a día de hoy para Torredonjimeno del 2 al 10 de febrero próximos, fuente: ElTiempo.es (captura de pantalla de móvil)

miércoles, 24 de diciembre de 2025

Feliz Navidad 2025 3

"Unos soldados ucranios, el pasado domingo 7 de diciembre en una trinchera cerca de Kostiantinivka", foto: Anatolii Stepanov (REUTERS), fuente: El País, 09.12.25
Madre en la puerta (popular español), Les Petits Chanteurs à la Croix de Bois (audio)

Madre, en la puerta hay un niño
más bello que flor de lirio,
cubierto de blanco lino,
madre, (el) niño tiene frío.
Que venga a la lumbre y se calentará,
¡ay!, que en esta tierra ya no hay caridad,
ya no hay caridad, ya no hay caridad.

Letra cantada por Les Petits Chanteurs à la Croix de Bois

jueves, 18 de diciembre de 2025

Venatoria 13

Luis Aldehuela, Perdices, fuente: Alcalá Subastas, 19.06.25
Mi compadre Juan de Mata
fue a cazar en el invierno,
con la escopetilla al hombro
y la pólvora en un cuerno.

Al pasar por un arroyillo
tropezó con un palotillo,
y hizo la escopeta ¡pum!

Salieron las perdices
todas a revolotear,
y mi compadre Juan de Mata
no acertó ni a disparar.

Se le mojó la yesca,
se le mojó el mechero,
se le mojó la escopeta,
¡ay, pobre cazador!

Volvióse pa su casa
muy mohíno y cabizbajo,
diciendo entre dientes:
¡No vuelvo a cazar más pájaros!

«Mi compadre Juan de Mata», canción infantil de Jaén, su transcripción musical en María Dolores de Torres (Lola Torres), Cancionero Popular de Jaén, IEG, 1972, pág. 51.

lunes, 17 de marzo de 2025

Aguas de marzo

Josep Pla (Palafrugell, 08.03.1897 - Llofriu, 23.04.1981), en la puerta del Mas Pla, fotografía de cubierta de la revista Destino, N.º 1022, 09.03.57, foto: Dimas
A media tarde se pone a llover —una lluvia fina, densa, menuda, pausada—. No corre ni pizca de aire. El cielo es gris y bajo. Oigo caer la lluvia sobre la tierra y los árboles del jardín. Produce un rumor sordo y lejano —como el del mar en invierno—. Lluvia de marzo, fría, glacial. A medida que va cayendo la tarde, el cielo, de gris, se vuelve de un blanco de gasa —lívido, irreal—. Sobre el pueblo, pesando sobre los tejados, hay un silencio espeso, un silencio que se palpa. El  rumor del agua que cae lo alarga en una música vaga. Sobre este sonsonete, veo flotar mi obsesión del día: ¡Veintiún años!
Ver caer la lluvia, al final, me adormece. No sé qué hacer. Tendría, es evidente, que estudiar, repasar los libros de texto, para sacarme de encima esta pesada carrera de abogado. No hay manera. Si a menudo no puedo resistir la tentación de leer los papeles que encuentro por las calles, ante esta clase de libros la curiosidad se me cierra a cal y canto.
Decido empezar este dietario. Escribiré —lo justo para pasar el rato, a la buena de Dios— lo que se me vaya ocurriendo.

Josep Pla, El cuaderno gris, Unidad Editorial, 1999, págs. 9-10, trad. Dionisio Ridruejo y Gloria de Ros.


domingo, 5 de enero de 2025

Invierno 5

Pieter Brueghel el Viejo, Paisaje de invierno con patinadores y trampa para pájaros (1565), Museos Reales de Bellas Artes, Bruselas
Copia de Paisaje de invierno... por Pieter Brueghel el Joven en el Museo del Prado

Snow-happy hicks of a boy’s world –
O crunch of bull’s-eyes in the mouth,
O crunch of frost beneath the foot –
If time would only remain furled
In white, and thaw were not for certain
And snow would but stay put, stay put!
 
When the pillar-box wore a white bonnet –
O harmony of roof and hedge,
O parity of sight and thought –
And each flake had your number on it
And lives were round for not a number
But equalled nought, but equalled nought!
 
But now the sphinx must change her shape –
O track that reappears through slush,
O broken riddle, burst grenade –
And lives must be pulled out like tape
To measure something not themselves,
Things not given but made, but made.
 
For now the time of gifts is gone –
O boys that grow, O snows that melt,
O bathos that the years must fill –
Here is dull earth to build upon
Undecorated; we have reached
Twelfth Night or what you will … you will.

Felices paletos en la nieve de un mundo infantil.
¡Oh crujido de caramelos en la boca!
¡Oh crujido de escarcha bajo el pie!
Si el tiempo permaneciera sólo enrollado,
en blanco, y el deshielo no fuera cierto,
y la nieve se quedara quieta, ¡quieta!
 
Cuando el buzón llevaba un gorro blanco.
¡Oh armonía de tejado y seto!
¡Oh paridad de vista y pensamiento!
Y cada copo tenía tu número en él,
y las vidas eran redondas, no para un número
sino que equivalían a nada, ¡equivalían a nada!
 
Pero ahora la esfinge debe cambiar su forma.
¡Oh huella que reaparece a través de la nieve medio derretida!
¡Oh acertijo roto, granada reventada!
Y las vidas deben ser arrancadas como cinta
para medir algo pero no ellas mismas,
cosas no dadas sino hechas, pero hechas.
 
Por ahora el tiempo de los regalos se acabó.
¡Oh chicos que crecen! ¡Oh nieves que se derriten!
¡Oh trivialidades que los años deben llenar!
Aquí hay tierra harta para construir,
sin decorar: hemos llegado a la
Noche de Reyes o lo que quieras... lo harás.

Louis MacNeice, «Noche de Reyes» (“Twelfth Night”), de Holes in the Sky (1948), en Louis MacNeice Collected Poems, ed. Peter Mcdonald, Faber & Faber, 2007 (eBook 2015), trad. Antonio Erena

Patrick Leigh Fermor, El tiempo de los regalos (Casa del Libro)

sábado, 4 de enero de 2025

Invierno 4

Goya, La nevada o El Invierno (1786), Museo del Prado
The room was suddenly rich and the great bay-window was
Spawning snow and pink roses against it
Soundlessly collateral and incompatible:
World is suddener than we fancy it.
 
World is crazier and more of it than we think,
Incorrigibly plural. I peel and portion
A tangerine and spit the pips and feel
The drunkenness of things being various.
 
And the fire flames with a bubbling sound for world
Is more spiteful and gay than one supposes — 
On the tongue on the eyes on the ears in the palms of one's hands —
There is more than glass between the snow and the huge roses.

La habitación se enriqueció de repente y la gran ventana mirador fue
cubierta de nieve y rosas rosadas contra ella
silenciosamente adyacentes e incompatibles:
el mundo es más repentino de lo que imaginamos.
 
El mundo es más loco y más de lo que pensamos,
incorregiblemente plural. Pelo y corto
una mandarina y escupo las pepitas y siento
la embriaguez de las cosas siendo varias.
 
Y el fuego arde con un burbujeante sonido para el mundo,
es más malicioso y alegre de lo que uno supone
—en la lengua, en los ojos, en los oídos, en las palmas de las manos—,
hay más que cristal entre la nieve y las enormes rosas.
 
Louis MacNeice, Snow (Nieve), The Collected Poems of Louis MacNeice, Oxford University Press, 1967, trad. Antonio Erena.

viernes, 27 de diciembre de 2024

Invierno 2

Józef Chełmoński, Perdices (Kuropatwy, 1891), Museo Nacional de Varsovia (perdices pardillas, Perdix perdix), fuente: Wikimedia Commons

sábado, 21 de enero de 2023

Fotogramas 161 - Obituarios 53 - Aniversarios 54

En lo más crudo del crudo invierno (In the Bleak Midwinter), Kenneth Branagh, 1995
En lo más crudo del crudo invierno, película completa en español

In the bleak midwinter, frosty wind made moan,
Earth stood hard as iron, water like a stone;
Snow had fallen, snow on snow, snow on snow,
In the bleak midwinter, long ago.
 
Our God, Heaven cannot hold Him, nor earth sustain;
Heaven and earth shall flee away when He comes to reign.
In the bleak midwinter a stable place sufficed
The Lord God Almighty, Jesus Christ.
 
Enough for Him, whom cherubim, worship night and day,
Breastful of milk, and a mangerful of hay;
Enough for Him, whom angels fall before,
The ox and ass and camel which adore.
 
Angels and archangels may have gathered there,
Cherubim and seraphim thronged the air;
But His mother only, in her maiden bliss,
Worshipped the beloved with a kiss.
 
What can I give Him, poor as I am?
If I were a shepherd, I would bring a lamb;
If I were a Wise Man, I would do my part;
Yet what I can I give Him: give my heart.
-------------------------------------------------------------
En el crudo y pleno invierno, el viento helado hacía gemir,
la tierra estaba dura como el hierro, el agua como una piedra;
la nieve había caído, nieve sobre nieve, nieve sobre nieve,
en el crudo y pleno invierno, hace mucho.
 
A nuestro Dios el cielo no puede retenerlo, ni la tierra sostenerlo;
el cielo y la tierra huirán cuando Él venga a reinar.
En el crudo y pleno invierno, un establo bastó
al Señor Dios Todopoderoso, Jesucristo.
 
Fue suficiente para Él, a quien los querubines adoran noche y día,
un pecho con leche y un pesebre lleno de paja;
suficiente para Él, ante quien los ángeles se postran,
el buey y el asno y el camello adorándolo.
 
Ángeles y arcángeles se reunieron allí,
querubines y serafines abarrotaban el aire;
pero sólo su madre, en su dicha de doncella,
adoró al amado con un beso.
 
¿Qué puedo yo darle, pobre como soy?
Si fuera pastor, le llevaría un cordero;
si fuera un Rey Mago, haría mi papel;
pero qué puedo yo darle: darle mi corazón.
 
Christina Rossetti, En el crudo y pleno invierno (In the Bleak Midwinter), 1872, trad.: Antonio Erena

jueves, 19 de enero de 2023

Viaje de invierno

Caspar David Friedrich, Arbustos en la nieve (Gebüsch im Schnee), c. 1827-28, Galerie Neue Meister im Albertinum, Dresde 
Julius Patzac interpreta Viaje de invierno (Winterreise) de Franz Schubert (audio)

I
Among twenty snowy mountains,  
The only moving thing  
Was the eye of the blackbird.  
 
II
I was of three minds,  
Like a tree  
In which there are three blackbirds.  
 
III
The blackbird whirled in the autumn winds.  
It was a small part of the pantomime.  
 
IV
A man and a woman  
Are one.  
A man and a woman and a blackbird  
Are one.  

V
I do not know which to prefer,  
The beauty of inflections  
Or the beauty of innuendoes,  
The blackbird whistling  
Or just after.  
 
VI
Icicles filled the long window  
With barbaric glass.  
The shadow of the blackbird  
Crossed it, to and fro.  
The mood  
Traced in the shadow  
An indecipherable cause.  
 
VII
O thin men of Haddam,  
Why do you imagine golden birds?  
Do you not see how the blackbird  
Walks around the feet  
Of the women about you?  
 
VIII
I know noble accents  
And lucid, inescapable rhythms;  
But I know, too,  
That the blackbird is involved  
In what I know.  
 
IX
When the blackbird flew out of sight,  
It marked the edge  
Of one of many circles.  
 
X
At the sight of blackbirds  
Flying in a green light,  
Even the bawds of euphony  
Would cry out sharply.
 
XI
He rode over Connecticut  
In a glass coach.  
Once, a fear pierced him,  
In that he mistook  
The shadow of his equipage  
For blackbirds.  
 
XII
The river is moving.  
The blackbird must be flying.  
 
XIII
It was evening all afternoon.  
It was snowing  
And it was going to snow.  
The blackbird sat  
In the cedar-limbs.
------------------------------------------------------------
I
Entre veinte montañas nevadas,
la única cosa que se movía
era el ojo del mirlo.
 
II
Yo tenía tres pensamientos,
como un árbol
en el que hay tres mirlos.

III
El mirlo giraba en los vientos otoñales.
Era una pequeña parte de la pantomima.
 
IV
Un hombre y una mujer
son uno.
Un hombre y una mujer y un mirlo
son uno.
 
V
Yo no sé cuál preferir,
la belleza de las inflexiones
o la belleza de las insinuaciones,
el mirlo silbando
o justo lo de después.

VI
Los carámbanos cubrieron la alargada ventana
con salvaje cristal.
La sombra del mirlo
la cruzó, de un lado a otro.
El ánimo
trazó en la sombra
un motivo indescifrable.
 
VII
Oh, delgados hombres de Haddam,
¿por qué os imagináis pájaros dorados?
¿No veis cómo el mirlo
anda alrededor de los pies
de las mujeres que os rodean?
 
VIII
Yo conozco nobles acentos
y lúcidos, ineludibles ritmos;
pero yo sé, también,
que el mirlo está involucrado
en lo que sé.
 
IX
Cuando el mirlo se perdió de vista,
marcó el borde
de uno de muchos círculos.
 
X
A la vista de los mirlos
volando en una luz verde,
incluso los tratantes de la eufonía
gritarían agudamente.
 
XI
Él viajó sobre Connecticut
en un coche de cristal.
Una vez, un temor lo traspasó,
en eso confundió
la sombra de su equipaje
con mirlos.
 
XII
El río se está moviendo.
El mirlo debe estar volando.
 
XIII
Fue de noche toda la tarde.
Estaba nevando
e iba a seguir nevando.
El mirlo se posó
en las ramas del cedro.

Wallace Stevens, «Trece maneras de mirar un mirlo» (“Thirteen Ways of Looking at a Blackbird”), de Poemas reunidos de Wallace Stevens (The Collected Poems of Wallace Stevens), 1954, trad.: Antonio Erena.

jueves, 16 de abril de 2020

Habas (contadas)

Lámina botánica del haba (Vicia faba L.)
Ilustración: José Vicente Santamaría
Abril, anterior entrada del blog

   CXXVIII

   Heme aquí ya, profesor
de lenguas vivas (ayer
maestro de gay-saber,
aprendiz de ruiseñor),
en un pueblo húmedo y frío,
destartalado y sombrío,
entre andaluz y manchego.
Invierno. Cerca del fuego.
Fuera llueve un agua fina,
que ora se trueca en neblina,
ora se torna aguanieve.
Fantástico labrador,
pienso en los campos. ¡Señor
qué bien haces! Llueve, llueve
tu agua constante y menuda
sobre alcaceles y habares,
tu agua muda,
en viñedos y olivares.
Te bendecirán conmigo
los sembradores del trigo;
los que viven de coger
la aceituna;
los que esperan la fortuna
de comer;
los que hogaño,
como antaño,
tienen toda su moneda
en la rueda,
traidora rueda del año.
¡Llueve, llueve; tu neblina
que se torne en aguanieve,
y otra vez en agua fina!
¡Llueve, Señor, llueve, llueve!
   En mi estancia, iluminada
por esta luz invernal
—la tarde gris tamizada
por la lluvia y el cristal—,
sueño y medito.
Clarea
el reloj arrinconado,
y su tic-tic, olvidado
por repetido, golpea.
Tic-tic, tic-tic... Ya te he oído.
Tic-tic, tic-tic... Siempre igual,
monótono y aburrido.
Tic-tic, tic-tic, el latido
de un corazón de metal.
En estos pueblos, ¿se escucha
el latir del tiempo? No.
En estos pueblos se lucha
sin tregua con el reló,
con esa monotonía
que mide un tiempo vacío.
Pero ¿tu hora es la mía?
¿Tu tiempo, reloj, el mío?
(Tic-tic, tic-tic...) Era un día
(Tic-tic, tic-tic) que pasó,
y lo que yo más quería
la muerte se lo llevó.
   Lejos suena un clamoreo
de campanas...
Arrecia el repiqueteo
de la lluvia en las ventanas.
Fantástico labrador,
vuelvo a mis campos. ¡Señor,
cuánto te bendecirán
los sembradores del pan!
Señor, ¿no es tu lluvia ley,
en los campos que ara el buey,
y en los palacios del rey?
¡Oh, agua buena, deja vida
en tu huida!
¡Oh, tú, que vas gota a gota,
fuente a fuente y río a río,
como este tiempo de hastío
corriendo a la mar remota,
en cuanto quiere nacer,
cuanto espera
florecer
al sol de la primavera,
sé piadosa,
que mañana
serás espiga temprana,
prado verde, carne rosa,
y más: razón y locura
y amargura
de querer y no poder
creer, creer y creer!
   Anochece;
el hilo de la bombilla
se enrojece,
luego brilla,
resplandece
poco más que una cerilla.
Dios sabe dónde andarán
mis gafas... entre librotes
revistas y papelotes,
¿quién las encuentra?... Aquí están.
Libros nuevos. Abro uno
de Unamuno.
¡Oh, el dilecto,
predilecto
de esta España que se agita,
porque nace o resucita!
Siempre te ha sido, ¡oh Rector
de Salamanca!, leal
este humilde profesor
de un instituto rural.
Esa tu filosofía
que llamas diletantesca,
voltaria y funambulesca,
gran don Miguel, es la mía.
Agua del buen manantial,
siempre viva,
fugitiva;
poesía, cosa cordial.
¿Constructora?
—No hay cimiento
ni en el alma ni en el viento—.
Bogadora,
marinera,
hacia la mar sin ribera.
Enrique Bergson: Los datos
inmediatos
de la conciencia. ¿Esto es
otro embeleco francés?
Este Bergson es un tuno;
¿verdad, maestro Unamuno?
Bergson no da como aquel
Immanuel
el volatín inmortal;
este endiablado judío
ha hallado el libre albedrío
dentro de su mechinal.
No está mal;
cada sabio, su problema,
y cada loco, su tema.
Algo importa
que en la vida mala y corta
que llevamos
libres o siervos seamos:
mas, si vamos
a la mar,
lo mismo nos ha de dar.
¡Oh, estos pueblos! Reflexiones,
lecturas y acotaciones
pronto dan en lo que son:
bostezos de Salomón.
¿Todo es
soledad de soledades.
vanidad de vanidades,
que dijo el Eclesiastés?
Mi paraguas, mi sombrero,
mi gabán...El aguacero
amaina...Vámonos, pues.
   Es de noche. Se platica
al fondo de una botica.
—Yo no sé,
don José,
cómo son los liberales
tan perros, tan inmorales.
—¡Oh, tranquilícese usté!
Pasados los carnavales,
vendrán los conservadores,
buenos administradores
de su casa.
Todo llega y todo pasa.
Nada eterno:
ni gobierno
que perdure,
ni mal que cien años dure.
—Tras estos tiempos vendrán
otros tiempos y otros y otros,
y lo mismo que nosotros
otros se jorobarán.
Así es la vida, don Juan.
—Es verdad, así es la vida.
—La cebada está crecida.
—Con estas lluvias...
Y van
las habas que es un primor.
—Cierto; para marzo, en flor.
Pero la escarcha, los hielos...
—Y, además, los olivares
están pidiendo a los cielos
aguas a torrentes.
—A mares.
¡Las fatigas, los sudores
que pasan los labradores!
En otro tiempo...
Llovía
también cuando Dios quería.
—Hasta mañana, señores.
   Tic-tic, tic-tic... Ya pasó
un día como otro día,
dice la monotonía
del reloj.
   Sobre mi mesa Los datos
de la conciencia, inmediatos.
No está mal
este yo fundamental,
contingente y libre, a ratos,
creativo, original;
este yo que vive y siente
dentro la carne mortal
¡ay! por saltar impaciente
las bardas de su corral.

                          Baeza, 1913

Antonio Machado, «Poema de un día, Meditaciones rurales», de Campos de Castilla

miércoles, 7 de febrero de 2018

Invierno 1

Nevando en Martos el pasado 6 de enero
Fuente: horajaen.com
Traten otros del gobierno
del mundo y sus monarquías,
mientras gobiernan mis días
mantequillas y pan tierno,
y las mañanas de invierno
naranjada y aguardiente,
y ríase la gente.

Coma en dorada vajilla
el Príncipe mil cuidados,
como píldoras dorados,
que yo en mi pobre mesilla
quiero más una morcilla
que en el asador reviente,
y ríase la gente.

Cuando cubra las montañas
de blanca nieve el enero,
tenga yo lleno el brasero
de bellotas y castañas,
y quien las dulces patrañas
del Rey que rabió me cuente,
y ríase la gente.

Busque muy en hora buena
el mercader nuevos soles,
yo conchas y caracoles
entre la menuda arena,
escuchando a Filomena
sobre el chopo de la fuente,
y ríase la gente.

Pase a medianoche el mar
y arda en amorosa llama
Leandro por ver su dama,
que yo más quiero pasar
del golfo de mi lagar
la blanca o roja corriente,
y ríase la gente.

Pues Amor es tan cruel
que de Píramo y su amada
hace tálamo una espada,
do se juntan ella y él,
sea mi Tisbe un pastel
y la espada sea mi diente,
y ríase la gente.

Luis de Góngora, "Ándeme yo caliente y ríase la gente", Letrillas, 7