jueves, 25 de diciembre de 2025

Feliz Navidad 2025 4

Acuarela creada por el autor con Chat GPT sobre fotografía del barro de José Risueño, Descanso en la huida a Egipto (1712-32, Casa Grande de las Escuelas del Ave María, Granada), tomada en la exposición "José de Mora. El barroco espiritual", catedral de Granada, 18.12.25

miércoles, 24 de diciembre de 2025

Feliz Navidad 2025 3

"Unos soldados ucranios, el pasado domingo 7 de diciembre en una trinchera cerca de Kostiantinivka", foto: Anatolii Stepanov (REUTERS), fuente: El País, 09.12.25
Madre en la puerta (popular español), Les Petits Chanteurs à la Croix de Bois (audio)

Madre, en la puerta hay un niño
más bello que flor de lirio,
cubierto de blanco lino,
madre, (el) niño tiene frío.
Que venga a la lumbre y se calentará,
¡ay!, que en esta tierra ya no hay caridad,
ya no hay caridad, ya no hay caridad.

Letra cantada por Les Petits Chanteurs à la Croix de Bois

viernes, 19 de diciembre de 2025

Música popular 212

"Aceituneras. Cuadrilla de Cortinas. Año de 1967", fuente: La Guardia de Jaén (Facebook)

Mare, yo tengo un novio acitunero
que tiene vareando mucho salero,
cuando me ve me dice:
"voy a morir por ti".
Mare, yo tengo un novio acitunero,
que acitunero me gusta a mí.

Dale a la vara,
dale bien que las verdes son las más caras
y las negras pa tí, tipití, tipití tipití.
¡Ay, que con la bizcochera, 
ay, yo voy detrás de ti!
Y mientras tanto te contaré
las penas que paso por tu querer.
 
Cogiendo la acituna él me decía,
con palabritas dulces, que me quería;
se acabó la faena 
y no lo he vuelto a ver...
Cogiendo la acituna y él me decía
que se moría por mi querer.
 
Dale a la vara,
dale bien que las verdes son las más caras,
y las negras pa tí, tipití, tipití tipití.
¡Ay, que con la bizcochera, 
ay, yo voy detrás de ti!
Y mientras tanto te contaré
las penas que paso por tu querer.
 
Gracia de Triana, Los acituneros, N. Callejón, J. Triano y G. Monreal, 1941, versión de la canción popular Yo tengo un novio aceitunero.

jueves, 18 de diciembre de 2025

Venatoria 13

Luis Aldehuela, Perdices, fuente: Alcalá Subastas, 19.06.25
Mi compadre Juan de Mata
fue a cazar en el invierno,
con la escopetilla al hombro
y la pólvora en un cuerno.

Al pasar por un arroyillo
tropezó con un palotillo,
y hizo la escopeta ¡pum!

Salieron las perdices
todas a revolotear,
y mi compadre Juan de Mata
no acertó ni a disparar.

Se le mojó la yesca,
se le mojó el mechero,
se le mojó la escopeta,
¡ay, pobre cazador!

Volvióse pa su casa
muy mohíno y cabizbajo,
diciendo entre dientes:
¡No vuelvo a cazar más pájaros!

«Mi compadre Juan de Mata», canción infantil de Jaén, su transcripción musical en María Dolores de Torres (Lola Torres), Cancionero Popular de Jaén, IEG, 1972, pág. 51.

miércoles, 17 de diciembre de 2025

Lecturas 25 - Gastromanía 49

Manuela García Ortega, La cocina de Jaén y otras cosas, Fondo de Publicaciones El Alcázar, Ciudad Real, 1988 (ilustración de cubierta: Rafael Zabaleta, Bodegón de la cesta, 1952, c. p.)

martes, 16 de diciembre de 2025

Año Austen 4 - Aniversarios 66 - Casas 30

La casa de College Street, n.º 8, donde murió Jane Austen (Steventon, 16.12.1775 - Winchester, 18.07.1817), la de su nacimiento no se conserva, fuente: Country Life (página web)
Capítulo I

   Es una verdad mundialmente reconocida que un hombre soltero, poseedor de una gran fortuna, necesita una esposa. 
   Sin embargo, poco se sabe de los sentimientos u opiniones de un hombre de tales condiciones cuando entra a formar parte de un vecindario. Esta verdad está tan arraigada en las mentes de algunas de las familias que lo rodean, que algunas le consideran de su legítima propiedad y otras de la de sus hijas. 
   —Mi querido señor Bennet —le dijo un día su esposa—, ¿sabías que, por fin, se ha alquilado Netherfield Park? 
   El señor Bennet respondió que no. 
   —Pues así es —insistió ella—; la señora Long ha estado aquí hace un momento y me lo ha contado todo. 
   El señor Bennet no hizo ademán de contestar. 
   —¿No quieres saber quién lo ha alquilado? —se impacientó su esposa. 
   —Eres tú la que quieres contármelo, y yo no tengo inconveniente en oírlo.
   Esta sugerencia le fue suficiente.

Jane Austen, Orgullo y prejuicio (1813), fuente: Weeblebooks (página web)

lunes, 8 de diciembre de 2025

jueves, 4 de diciembre de 2025

Otoño 9

Maruja Mallo, Huella, 1929, c. p., Madrid, exposición "Maruja Mallo. Máscara y compás", Museo Reina Sofía, Madrid, foto: Antonio Erena, 08.11.25
                [L]
 
                       
I
 
   En mi pequeño huerto
brilla la sonrosada margarita,
tan fecunda y humilde,
como agreste y sencilla.
 
   Ella borda primores en el césped,
y finge maravillas
entre el fresco verdor de las praderas
do proyectan sus sombras las encinas,
y a orillas de la fuente y del arroyo
que recorre en silencio las umbrías.
 
   Y aun cuando el pie la huella, ella revive
y vuelve a levantarse siempre limpia,
a semejanza de las almas blancas
que en vano quiere ennegrecer la envidia.
 
                          II
 
   Cuando llega diciembre y las lluvias abundan,
ellas con las acacias tornan a florecer,
tan puras y tan frescas y tan llenas de aroma
como aquellas que un tiempo con fervor adoré.
 
   ¡Loca ilusión la mía es en verdad, bien loca
cuando mi propia mano honda tumba les dio!
Y ya no son aquellas en cuyas hojas pálidas
deposité mis besos... ni yo la misma soy.
 
Rosalía de Castro, «En mi pequeño huerto», En las orillas del Sar, edición digital a partir de la edición de Establecimiento tipográfico de Ricardo Fe (Madrid, 1884), cotejada con la edición crítica de Xesús Alonso Montero (Madrid, Cátedra, 1985) y la de Marina Mayoral (Madrid, Castalia, 1976), Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes

jueves, 27 de noviembre de 2025

miércoles, 26 de noviembre de 2025

lunes, 24 de noviembre de 2025

Mondo brutto 31

Una multitud se dirige por Gran Vía hacia Cibeles para ver el encendido de las luces navideñas, Madrid, foto: Antonio Erena, 22.11.25

María de Orube no puede salir de su casa porque el propietario del edificio ha quitado la rampa que le permitía a ella superar con su silla de ruedas el obstáculo de los escalones del portal. Tampoco puede descansar muchas veces, por el ruido constante de las obras de reforma en los pisos contiguos, y porque la sobresaltan con frecuencia las llamadas y mensajes de los propietarios impacientes por que se marche de esta casa que ha sido la suya desde que era niña, porque el edificio entero lo hizo construir su abuelo en 1928, aunque ella tiene un contrato de alquiler. Es uno de esos edificios nobles del último tramo de la Gran Vía, los que se abren a la bella perspectiva de la plaza de España y de la única periferia no horrenda de Madrid, la que da al Campo del Moro y a la Casa de Campo, y termina en el horizonte azulado del Guadarrama, en el que parece que quedó impresa para siempre la mirada de Velázquez.

En la plaza de España y en los alrededores del Palacio de Oriente se terminó hace pocos años una reforma paisajista de extraordinaria sensibilidad, poblando de plantas autóctonas y de paseos propicios a las caminatas lo que había sido uno de los espantos usuales del urbanismo español, las rampas y avenidas como autopistas que fragmentaban ese espacio de la ciudad y lo hacían invivible e incaminable, y además abolían las vistas que ahora se abren en abanico hacia la calle Ferraz y el templo de Debod, en ese cerro ahora casi campestre donde estuvo hasta el verano de 1936 el cuartel de la Montaña. La reforma hacía posible la secuencia de un paseo por el presente y la naturaleza y además por el tiempo, porque los edificios históricos despliegan ante la mirada una amplitud de más de dos siglos. Arropado por árboles y plantas silvestres, el monumento a Cervantes ya no quedaba perdido como en una desolación de extrarradio. En un ejercicio de la usual brutalidad municipal, el Ayuntamiento derechista de Madrid impuso un gran espacio vacío y sin árboles que ocupa una gran parte de la plaza, y que se alquila para ferias y celebraciones privadas. También impusieron casi a última hora una bandera gigante y un mástil como de cohete espacial de Elon Musk, a fin de informar de que Madrid está en España —y no en Venezuela, supongo—.

No sé si María de Orube puede ver la mancha verde de la plaza de España desde alguna de las ventanas de su casa. Lo que es improbable es que pueda seguir mucho tiempo viviendo en ella. Los nuevos propietarios del edificio, hasta hace poco ocupado por vecinos tan de siempre como María, lo están reformando para dedicarlo entero al alquiler de pisos turísticos. Por ahora carecen de licencia, y en teoría todos los alquileres son de temporada. Pero María oye subir y bajar a cada momento los ascensores, y las voces de gente que llega o sale a deshoras o celebra fiestas hasta la madrugada, y se habrá acostumbrado a ese ruido ominoso que ya es uno de los rasgos acústicos de esta época en las ciudades, el de las ruedas de las maletas que rebotan por las aceras y luego por los corredores de los edificios invadidos.

En un reportaje sobre ella, acompañado por fotos elocuentes de Álvaro García, Álvaro Sánchez-Martín cuenta el cruce de trampas legales y simple negligencia y corrupción con que el Ayuntamiento y la Comunidad están favoreciendo la codicia de los grandes propietarios y los fondos financieros para expulsar de sus viviendas a vecinos que pagan con puntualidad su alquiler y tienen contratos legítimos. Hay una ley de la Comunidad de Madrid llamada de alquileres de temporada, supuestamente ideada para evitar ocupaciones de unos días. Pero la ley tiene una trampa, y es que no indica el tiempo mínimo que se considera temporada, de modo que puede ser lo mismo unos meses que una semana o un día. Cuando María pidió que repusieran la rampa para su silla de ruedas, la respuesta de la propiedad fue terminante: “Si no te gusta, te vas”.

La pregunta es adónde. El Ayuntamiento de Madrid tiene un llamado Plan Reside, cuya finalidad parece ser expulsar a los ya residentes para que turistas con mucho dinero puedan residir en las viviendas desalojadas por ellos. María de Orube tiene 82 años espléndidos, con un pelo blanco luminoso y un cara de gran firmeza ósea, y si se mueve en silla de ruedas no es por una prematura fragilidad de los años, sino porque en 2006 tuvo la mala suerte de encontrarse en la Terminal 4 de Barajas el día en que los criminales de ETA pusieron una bomba, con el gran logro patriótico de matar a dos trabajadores inmigrantes. Uno supondría que la condición de víctima del terrorismo le aseguraría al menos una cierta estabilidad, un grado suficiente de protección en la vida. Pero su indefensión contra el atentado de hace 20 años es muy parecida a la que sufre contra los buitres inmobiliarios que quieren despojarla de un derecho casi tan valioso como el de la vida, tan elemental como el derecho al alimento o la salud, el simple derecho a un refugio personal y seguro contra la intemperie.

Para los ancianos, los enfermos, los discapacitados, los niños, las mujeres embarazadas, los pobres, los sintecho, las personas de alma frágil, una ciudad como Madrid es cada día más inhabitable. Hasta los pájaros y los perros huyen despavoridos del escándalo de los coches y las motos trucadas para irritar más los oídos. Los repartidores de paquetes o de comidas van de un lado a otro sin sosiego en la confusión del tráfico, en la prisa despiadada de las aceras. A las tiendas se les permite mantener a todo volumen la calefacción o el aire acondicionado y las puertas de par en par, con objeto de favorecer más aún el despilfarro de energía. María de Orube, que ha vivido siempre en la Gran Vía, cuando logre salir a la calle no reconocerá nada, como si se viera por error en un país extranjero o futuro. Hay una extraña capacidad española para borrar cualquier rastro del pasado inmediato, una vocación no ya de amnesia sino de cruda lobotomía pública. La Gran Vía que ven los ojos de una persona de su edad es una especie de zafio shopping mall al aire libre, al aire contaminado del tráfico, atufado por los olores de comida basura. Sin políticas serias de vivienda de alquiler social una reforma tan admirable como la de la plaza de España es un acicate para los propietarios de los edificios próximos y una nueva posibilidad gratuita de ocio para los privilegiados.

Quien se siente amenazado por la ciudad privatizada e inhóspita, el viejo, el discapacitado, la embarazada, el que ha de moverse en silla de ruedas y no para de encontrar obstáculos, tienen el reflejo de salir huyendo, de esconderse en el lugar seguro, en el sagrado de su casa. Recluida en ella, María de Orube podrá permitirse el recuerdo de una Gran Vía vecinal y civilizada, con las cafeterías de aire americano, las marquesinas iluminadas y los carteles gigantes de los cines, la Gran Vía de aquellas mujeres enlazadas alegremente del brazo que retrató Català-Roca en una foto memorable de los años cincuenta. Cada uno tiene derecho a su propia forma de nostalgia, igual que a la atmósfera particular de su casa, construida a lo largo de los años con detalles que son como los hilos con que un gusano labra su capullo de seda. Pero a María, igual que a tantos como ella, ya no le queda ni esa madriguera sin la que no es posible la vida. En el techo se anuncian las humedades de una piscina ilegal construida en la última terraza del edificio. Cada llamada de teléfono, cada ruido en la escalera, en el ascensor, es una amenaza. Más grave que no tener dónde caerse muerto es no tener dónde caerse vivo.

Antonio Muñoz Molina, «Quién quedará viviendo aquí», El País, 22.11.25