jueves, 27 de febrero de 2025

Año Austen 1

Portada de Sense and Sensibility (Sentido y sensibilidad o Juicio y sentimiento), primera novela publicada de Jane Austen (1811), fuente: Wikipedia
La familia Dashwood llevaba mucho tiempo asentada en Sussex. Poseían una gran hacienda, y residían en Norland Park, en el centro de sus propiedades, donde habían vivido durante muchas generaciones de una manera tan respetable que, en general, se habían ganado la consideración de sus conocidos de la vecindad. El último propietario de estas tierras fue un hombre soltero, que vivió hasta una edad muy avanzada, y que durante gran parte de su vida tuvo en su hermana una constante compañera y ama de casa. Pero la muerte de ésta, que acaeció diez años antes de la suya propia, trajo consigo grandes cambios; pues, para llenar su vacío, el caballero invitó y recibió en la casa a la familia de su sobrino, el señor Henry Dashwood, el legítimo heredero de las tierras de Norland, y la persona a quien tenía intención de legarlas. En compañía de su sobrino y sobrina, y de los hijos de éstos, pasó agradablemente sus días el venerable anciano. Creció su apego a todos ellos. La atención constante que Henry Dashwood y su esposa dedicaban a sus deseos, no meramente por interés, sino por bondad natural, le dispensó en todos los aspectos la estable comodidad que a su edad podía recibir; y la alegría de los niños le hizo tomar gusto a su existencia.

Jane Austen, comienzo de Juicio y sentimiento, Ediciones Rialp, 1993, pág. 15, trad. Luis Magrinyà.

miércoles, 26 de febrero de 2025

Obituarios 66

Gene Hackman (San Bernardino, 30.01.1930 - Santa Fe, 26.02.2025) en Contra el imperio de la droga (The French Connection), William Friedkin, 1971

lunes, 24 de febrero de 2025

Aniversarios 74

Ilustración (f. 2) en el Libro de la Escuadra y Hermandad de Jesús de Nazareno de Torredonjimeno de 1699, cofradía fundada el 24 de febrero de 1595 (la escuadra 40 años más tarde, en 1635), archivo Antonio Erena Camacho
«En el dulce nombre de Jesus. Cuentan las sagradas escrituras en el Exodo en el cap. 8 [capítulo 17, versículo 8] que caminando el Pueblo hebreo por el desierto a la tierra de promisión donde Dios los llebaba, oppusoseles allí un copioso ejercito del Rey de Amalech, para detenerles el paso. Vinieron a las manos allí un pueblo y el otro y entretanto que la batalla suvió Moyses a un monte en compañía de Aaron su hermano, y de Hur, persona de cuenta y familiar suyo; púsose Moysés en oración pidiendo a Dios diese victoria a su pueblo, y dize el texto que en tanto que Moysés tenía las manos estendidas lebantadas en alto, benía Ysrael y llevava lo mejor de la batalla, assi embajando los brazos y dejando caer las manos benzía Amalech. Y llebánlo peor los hebreos hasta que considerando esto por Arón y Hur ayudaronle a tener los brazos lebantados y las manos alzas. Y así benzió el pueblo Ysraelitico y gozó de los despojos de la batalla. Los Padres Antiguos acostumbraban a orar [con] las manos estendidas y apartados unos de otros. Aora los cristianos cuando hazemos orazión juntamos las manos, y es el misterio que quando oraban las manos estendidas los Padres Antiguos Dios no se havia hecho hombre, no se avian juntado en unidad de personas las dos naturalezas, divina y humana. Mas después de juntas y hecho Dios hombre juntamos las manos horando los cristianos. Esplicando este misterio advierten a esto los Sagrados Doctores que estando Moyses puesto en oración y teniendo lebantados los brazos hacían figura y semejanza de cruz. Y de aquí benían a llebar los hebreos lo mejor de la batalla y benzer a sus enemigos en tanto que Moyses estava de aquella manera, para que se entienda que si quieren los Católicos Cristianos haver victoria de nuestros enemigos a de ser por medio de la Cruz de nuestro Señor y Maestro Jesucristo. Y considerando esto Nos los Vezinos y Moradores de la villa de la Torre de Don Ximeno de la orden de Calatrava en el partido de la Andaluzía deseando exaltar y lebantar la Cruz de Nuestro Dios y Señor Jesucristo nos juntamos y congregamos en la Yglesia de Nuestra Señora de la Piedad y en el Monasterio de monjas de ella que es de la observancia del Glorioso Santo Domingo (...) a hazer Cofradía y Hermandad de nazarenos a ymitación de Jesús esperanza nuestra cuando iba por aquella calle desangrado por la Cruz a cuestas. Y en la dicha Congregación y Cabildo izimos y elegimos Gobernador, Consiliarios, Diputados y Mayordomo a cuio cargo están y an de estar las ynsignias, limosnas y zera y otras cosas de la dicha Cofradía. Y porque para el ornato y buen gobierno de ellos conbiene que aya estatutos y constituciones para que los obserben y guarden los cofrades de la dicha Hermandad y que el gobernador de ellos los haga guardar y cumplir, habiendo tratado y practicado sobre los más conbenientes, estando en la dicha Yglesia Viernes por la tarde, día del Apostol Santo Mathias a veinte y quatro días del mes de febrero del año de nuestro Salbador Jesucristo de mil quinientos y noventa y zinco, hoy a saber».

Inicio del acta fundacional de la Cofradía de Jesús Nazareno de Torredonjimeno, trasladada del libro original de la hermandad al de 1699, en Antonio Erena Camacho, Noticias de la Cofradía de Jesús Nazareno de Torredonjimeno. Cuatrocientos años de una hermandad andaluza, Gráficas La Paz, Torredonjimeno, 2004, págs. 32-33.

jueves, 20 de febrero de 2025

miércoles, 12 de febrero de 2025

Fuentes 12

Placa en As Burgas, Orense, foto: Antonio Erena, 12.02.25

Cando penso que te fuches
negra sombra que me asombras,
ó pe dos meus cabezales
tornas facéndome mofa. 

Cando maxino que es ida
no mesmo sol te me amostras
i eres a estrela que brila
i eres o vento que zoa. 

Si cantan, es ti que cantas
si choran, es ti que choras
i es o marmurio do río
i es a noite, i es a aurora.

En todo estás e ti es todo
pra min i en min mesma moras,
nin me abandonarás nunca,
sombra que sempre me asombras.

*

Cuando pienso que te huyes,
negra sombra que me asombras,
al pie de mis cabezales,
tornas haciéndome mofa.

Si imagino que te has ido,
en el mismo sol te asomas,
y eres la estrella que brilla,
y eres el viento que sopla.

Si cantan, tú eres quien cantas,
si lloran, tú eres quien llora,
y eres murmullo del río
y eres la noche y la aurora.

En todo estás y eres todo,
para mí en mí misma moras,
nunca me abandonarás,
sombra que siempre me asombras.

Rosalía de Castro, «Negra sombra», de Follas novas (1880), traducción: Juan Ramón Jiménez

lunes, 10 de febrero de 2025

Excéntricos 36

Alfonso Rodríguez Castelao (Rianxo, 29.01.1886 - Buenos Aires, 07.01.1950), fábrica de cerámica de Sargadelos, foto: Antonio Erena, 10.02.25

jueves, 6 de febrero de 2025

Casas 26

Casa de los Gramáticos, Brihuega, que fue del periodista y escritor Manuel Leguineche, foto: Antonio Erena, 02.02.25
El temor al atocinamiento ha planeado sobre los intelectuales que eligieron vivir en el campo o en las pequeñas ciudades donde cada rendija tenía una mirada, cada colgadura un oído o cada soplo una lengua. Nada más llegar a Salamanca, Unamuno escribió a un amigo para informarle que si a los dos años de estar ahí se enteraba de que jugaba al tresillo a diario, daba durante una o dos horas vueltas a la plaza y echaba la siesta, le considerase un hombre perdido; pero que si pasado ese tiempo, seguía estudiando, meditando, escribiendo y peleando en pelea pública por la cultura, le considerase allí mucho mejor que en Madrid. Y así ha sido. También a Josep Pla le preocupa sentirse «satisfecho, saturado, catalogado». A Unamuno le parece que las ciudades despersonalizan, desindividualizan. Acepta la vida del pueblo con sus inconvenientes, a los hombres con sus flaquezas. El mejor modo de conocerse para el rector de la Universidad de Salamanca es «chocar, entraña contra entraña, es decir, roca contra roca con un semejante». Se deja llevar por el amor a la paradoja. Conoce a dos hombres que se ven a diario y no se saludan, pero en el fondo se sienten uno atraído por el otro. «Cada uno de ellos es la más constante preocupación del otro. Las más fuertes atracciones son las que toman la apariencia del odio». A don Miguel le atraía la vida provinciana «porque en ella es más fácil descubrir por debajo de una aparente calma la tragedia. Y tanto como odio la comedia, amo la tragedia. Y sobre todo, la tragicomedia». Jules Renard lo tradujo así: «Huir a un pueblo para convertirlo en el centro del mundo». Hacer lo que a uno le da la gana es bueno para la salud. «La felicidad —escribe Kafka— es comprender que el suelo sobre el que te has detenido no puede ser mayor que la extensión cubierta por tus pies».

Estamos como quien dice atemorizados ante la idea de quién llamará a la puerta: el catastro, Hacienda, el agente del Ayuntamiento con una multa, un impuesto, la policía…

Josep Pla, a través de su tío Eduardo, advierte en La calle estrecha sobre los peligros de la vida provinciana, la angustia del tedio, el narcisismo al que se llega a través de la soledad, del ambiente de campanario: «No vayas al café — recomienda— no juegues a cartas. No frecuentes tertulias estúpidas alimentadas por chismorreos pornográficos o insignificantes anécdotas políticas. Si lo haces quedarás asfixiado por el ambiente. Todo lo verás a través de esa atmósfera en una escala infinitamente pequeña. El ambiente pueblerino satisface porque es cómodo, fácil, asequible, porque todo se halla el alcance de la mano. Pero la misma insignificancia de las cosas lo convierte en un soporífero. Uno termina confundiendo a Napoleón con la cabeza de los vigilantes nocturnos y a Mr Churchill con el oficial de secretaría». En fin, que intoxicado de tonterías «las ilusiones se desvanecen, la voluntad se agota, se pierde el sentido del humor y el de la paciencia».

Si eso ocurre es que te has equivocado de pueblo. Hoy las conversaciones de tertulias están plagadas de comadreos, de referencias televisivas. En cambio en un pueblo como Cañizar, apenas si se habla de Isabel Preysler. Interesa más lo más próximo. Se valoran la falta de pretenciosidad, las pequeñas y apasionadas cosas, el ardor con el que cada testarudo defiende sus tesis y sus manías. A esta misma hora en un salón literario se ponen a caldo unos a otros. Si te gusta el campo, la taberna será la caja de resonancia de lo que ha ocurrido en el campo. ¿Es que eso no enriquece? No existe ningún ser humano que esté totalmente desprovisto de interés, creía Pla. Esa originalidad, esa diferencia, esa receptividad y humanidad son las que habrás de aprovechar. Para lo demás está la tele:

                                                        Somos entre tanto felices
                                                        Seven o’clock.
                                                        Todo es bar y delicia oscura
                                                        ¡Televisión!
                                                                                   (Jorge Guillén)

 Manuel Leguineche, La felicidad de la tierra, Alfaguara, 1999, págs. 35-37.

miércoles, 5 de febrero de 2025

Pasajes 9

Portales del Césped
Callejas de los Lucios
Portales de Chapero
Fotos: Antonio Erena, Brihuega, 02.02.25

El viajero piensa que a su amigo el viejo le pasa como a Brihuega —que antes, ¡había que verla!—, y como a todo el mundo y a todas las cosas. El viajero, que hoy prefiere no entristecerse, se levanta, se despide del viejo y tira hacia adelante, por la cuesta abajo. Pasa unos soportales —vigas de madera, como columnas, y un adoquín de piedra, de base— y llega hasta un tenducho abigarrado, vario, tentador, que parece puesto por el Patronato del Turismo.
   El dueño es un viejo zorro, bizco, retaco, maleado, que sabe muy bien dónde le aprieta el zapato. Habla de todo y sobre todo y se las da de poeta y hombre cultivado.
   —Sea usted bienvenido a la casa Portillo.
   —Muchas gracias.
   —La casa Portillo es una casa muy seria.
   —No lo dudo.
   El hombre habla con grandes aspavientos, dando gritos, arrugando la cara, levantando los brazos.
   —Yo soy el célebre cicerone que enseña la población.
   —Muy bien.
   —Aquí son todos muy ignorantes, no saben distinguir.
   —Hombre, habrá de todo.
   —No, señor; no hay de nada. Aquí son todos muy ignorantes, no saben distinguir.
   —Bueno, bueno.
   —Mi nombre es Julio Vacas, aunque me llaman Portillo. En este pueblo cada hijo de vecino tiene su apodo, aquí no se libra nadie. Aquí tenemos un Capazorras, un Tamarón y un Quemado. Aquí hay un Chapitel, un Costelero, un Pincha y un Caganidos. Aquí hay un Monafrita y un Cabezón, un Mahoma y un Padre Eterno, un Caldo y Agua y un Caracuesta, un Chil y Huevo y un Cabrito Ahumado, un Fraysevino, un Insurrecto, un Píoloco y un Mancobolo, un Taconeo, un Futiqui y un Pilatos; aquí, señor mío, no nos privamos de nada.
   —Ya veo, ya.
   —Y a todos juntos nos dicen bufones y borrachos los de los pueblos de al lado.
 
Camilo José Cela, Viaje a la Alcarria, IV, Brihuega (fragmento).

martes, 4 de febrero de 2025

Calles 15

Callejas de los Lucios
Callejón del Ciego
Costanilla de Asenjos
Portales de Chapero
Calle de Camilo José Cela
Calles de Brihuega, fotos: Antonio Erena, 02.02.25
   La carretera describe una gran curva, y después de pasar el cruce, el viajero se encuentra de golpe ante Brihuega, que está en un hoyo. Del cruce salen dos carreteras, además de la que camina el viajero; la de la izquierda, que va a Utande, y la de la derecha, que va a Algora, otra vez en la carretera general.
   Para bajar a Brihuega hay un atajo por el que se corta bastante. El viajero tira por el atajo, lleno de piedras, que parece el cauce seco de una torrentera. A algo más de la mitad del camino se encuentra con un pastorcito que está sentado sobre una piedra, al lado de un muro partido en pedazos, de un muro que no acota nada.
   —Niño, ¿cómo se llama esta bajada?
   El niño no contesta.
   —Oye, que te estoy hablando. Digo que cómo se llama esta bajada.
   El niño está azarado y no sabe lo que hacer. Mira para los pies del viajero, se pone colorado hasta las orejas y se pasa una mano por la rodilla. Después. con un hilo de voz, se decide a contestar:
   —No tiene nombre.
   El viajero da unas perras al niño. El niño, al principio, no quería cogerlas.
   Desde el atajo, Brihuega tiene muy buen aire, con sus murallas y la vieja fábrica de paños, grande y redonda como una plaza de toros. Por detrás del pueblo corre el Tajuña, con sus orillas frondosas y su vega verde.
   Brihuega tiene un color gris azulado, como de humo de cigarro puro. Parece una ciudad antigua, con mucha piedra, con casas bien construidas y árboles corpulentos. La decoración ha cambiado de repente, parece como si se hubiera descorrido un telón.
Camilo José Cela, Viaje a la Alcarria, III, Del Henares al Tajuña (fragmento).