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jueves, 20 de noviembre de 2025

Fuentes 15


Fuente Canapé (década 1940), Santuario de Covadonga, construida por Luis Menéndez-Pidal sobre los restos del canapé del abad Campomanes de 1777 (detalle de la parte posterior), foto: Antonio Erena, 25.08.25

lunes, 27 de octubre de 2025

Excéntricos 39

Eduardo Mendoza (Barcelona, 11.01.1943) llega al Hotel de la Reconquista de Oviedo, foto Iván Martínez,19.10.25
Majestades, Princesa, Alteza, autoridades, miembros del jurado, familiares, amigos, señoras y señores.
Este premio ha sido para mí una sorpresa, un honor, una alegría y también un incentivo, porque yo, si no me miro al espejo, todavía me considero una joven promesa de la Narrativa Española.
Lo último que se pierde no es la esperanza, sino la vanidad.
Pero sé que no me han premiado a mí, que no merezco gran cosa, sino a mi obra, y una obra es la suma de muchos factores.
Tuve la suerte de nacer y criarme rodeado de libros y de personas que me leyeron en voz alta, pusieron a mi disposición una amplia biblioteca, me estimularon y me orientaron.
En el colegio recibí una educación estricta, tediosa y opresiva. Tenazmente me inculcaron las virtudes del trabajo, el ahorro y el decoro, gracias a lo cual salí vago, malgastador y un poco golfo, tres cosas malas en sí, pero buenas para escribir novelas.
Crecí en Barcelona, una ciudad de tamaño medio, cálida y soleada, tranquila laboriosa y conservadora, cuna de santos infantiles y abuelos entrañables. También un ciudad portuaria, viciosa y canalla. Yendo de la una a la otra y buceando en bibliotecas y hemerotecas descubrí que Barcelona tenía además un interesante pasado turbulento y criminal, del que me apropié para escribir mis novelas. Las ciudades, como las novelas, son de todos y no son de nadie.
El resto lo debo a los amigos, los maestros, las personas que me quieren, algunas aquí presentes: mi mujer, mis hijos, mi familia, mis editores, mis agentes, tantos y tantas que para nombrarlos no necesitaría tres o cuatro minutos, sino tres o cuatro horas.
Lo demás es mérito mío. Ya está bien de modestia. Alguien me ha llamado proveedor de felicidad. Es el mejor elogio que he recibido en mi vida y me gustaría que fuera cierto, aunque sea en dosis homeopáticas. Pero si alguna felicidad he dado a mis lectores, ellos me la han devuelto con creces con su lealtad, su complicidad y su cariño.
No soy optimista ni pesimista, porque no sirvo para prever el futuro, pero no me gusta el mundo tal como lo veo, quizá porque he tenido la suerte de vivir una larga etapa excepcional de relativa paz, estabilidad y bienestar. A mi edad, preferiría disfrutar de lo que hay y no andar quejándome de lo que falta, pero me temo que no podrá ser.
Por lo demás, los años me han hecho valorar sobre todas las cosas el respeto. Y si algo me han enseñado es que todo es relativo. O quizá no.
Se me acaba el tiempo.
Hace ahora un año justo, en este mismo lugar, mi amigo Juan Manuel Serrat acabó su intervención con una hermosa canción. Como ustedes seguramente preferirán que yo no haga lo mismo, sólo me queda expresar una vez más, sinceramente conmovido, mi gratitud.
 
Discurso de Eduardo Mendoza en la entrega de los Premios Princesa de Asturias 2025, (Oviedo, 24.10.25)

miércoles, 14 de diciembre de 2022

Eolo

Eolo, seguidor de Rubens, p. s. XVII
Museo de Bellas Artes de Asturias (depósito del Museo del Prado)
Martin de Vos, El Aire, s. XVI, Museo del Prado

—Abuela, dime otro cuento.
—¿Y rezar…?
            —Luego, en cenando.
—Anda, empieza;  yo a la lumbre
voy a añadir estos palos
y estas támaras… ¡qué gozo!
Vamos, abuelita.
            —¡Vamos!
Creyeron en una peste
campestres y ciudadanos
que el aire estaba mal…
y no iban descaminados.
Sobre la Pandera, mientras,
sobre el Almodóvar y el Hacho,
se estaba una nube negra
cual si la hubieran clavado.
Se les mete en la cabeza
que de allí les viene el daño,
y se van en procesión
a esos vecinos peñascos
y a Dios le piden que sople,
con la fuerza de su agrado,
viento de salud, que libre
a la ciudad del contagio.
Tanto le dijeron: «Sopla
y sopla y sopla», que al cabo
Dios dijo: «¡Allá va eso!».
Y sopló con brío tanto
que bajaron más de ciento
por las quebradas rodando.
Y hubo «cardenales-papas»
y chichones como tarros.
Huyó la peste, y quedó
para que, de cuando en cuando,
tuerza en las torres las cruces,
eche las tejas abajo,
toque campanas a vuelo,
paraguas vuelva y harapos,
abra las puertas del centro
del hermoso Santuario,
lleve sombreros y gorras
hacia los países altos
y las miradas curiosas
hacia los «países bajos»,
derrumbe las casas viejas
y estrelle a algún ciudadano
un cefirillo con fuerza
de setenta mil caballos.
—¡Pues mejor era la peste!
—No digas eso, muchacho;
Dios sólo del bien y del mal
tiene el secreto sellado.
Quizás por el viento rudo
es este pueblo más sano,
y es el precursor del agua
que fertiliza los campos.
 
Antonio Almendros Aguilar, 
«El viento», de Flor de la Infancia, 1868

miércoles, 1 de abril de 2020

Ayer y hoy 26

Dos turistas musulmanas pasan ante la estatua de don Pelayo, rey de Asturias (Domingo Martínez, 1750)
Plaza de Oriente, Madrid, foto: Antonio Erena Camacho (18.09.19)

miércoles, 27 de septiembre de 2017

Locus amoenus 6

Durango y Darío subido a un fresno del prado Molín junto al río Sella, Avalle, concejo de Parres, Asturias, foto: Mercedes Ochoa