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| Stevie Wonder (13.05.1950) en 1972 Fuente: SamuelSounds (wordpress, entrada del 18.11.19 ) |
viernes, 13 de mayo de 2022
Música popular 114 - Aniversarios 49
jueves, 12 de mayo de 2022
miércoles, 11 de mayo de 2022
Aniversarios 48 -- Excéntricos 26
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| Francisco Umbral (11.05.32 - 28.08.07) Fuente: el mercuriodigital.es (05.02.15) |
martes, 10 de mayo de 2022
lunes, 9 de mayo de 2022
Ejemplo
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| Marisol Galdón (03.08.1962), fuente: Wikipedia |
Marisol Galdón: “Muchos están
jodidos como yo y solo muestran su cara ideal”
La comunicadora y actriz, que publicó un vídeo pidiendo empleo, denuncia la perversidad de un mercado que excluye a las mayores y confiesa la dureza de vivir en la precariedad y la pobreza cuando se ha tenido casi todo
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Charlando ambas sentadas en el salón de su bonito
adosado con vistas al bellísimo campo alcarreño, cuesta creer que Marisol
Galdón esté tan mal económicamente como para haber publicado hace unos meses un
vídeo pidiendo trabajo y confesar, hoy, que sigue pasándolas canutas y no le
llegan ofertas. Primer prejuicio a revisar. La casa, llena de lozanísimas
plantas y estantes atestados de libros viejos, es alquilada; su casero,
comprensivo, le ha aplazado y rebajado la renta, y la inquilina completa sus
escuetos ingresos con ayudas de amigos. Galdón, amable y locuacísima, luce primorosamente vestida,
teñida y maquillada. Segundo prejuicio: se tiñe y se maquilla ella sola, y el
modelito que ha elegido para las fotos, divino, es de hace décadas. Prejuicios
fuera: la pobreza y la precariedad no implican siempre pasar hambre ni llevar
harapos. Y ella es la primera en saberlo.
¿Cuándo
empezó a torcérsele el carro, laboralmente hablando?
En realidad,
muy pronto. Después del boom de los programas Plastic y Peligrosamente juntas, en los noventa, me
llamaron como opinadora en Telecinco, como jurado en programas de
entretenimiento y cosas así. No me llenaba profesionalmente, pero pagaban bien,
aunque jamás me hice rica. La ruina llegó con la crisis de 2008, en la que
bajaron brutalmente las tarifas, y, sobre todo, con la pandemia. Se paró todo.
No me salía nada. Tuve que vender mi casa, pagar deudas. Llegó un momento en
que no vi otra salida que grabar y subir el vídeo.
¿Cuánto le
costó publicarlo?
Muchísimo.
Es durísimo salir del armario de la pobreza, y más en una época y una profesión
en las que mandan el postureo y la impostura. Alucinarías con la cantidad de
colegas que están tan jodidos como yo y solo muestran su cara ideal.
También hay
gente que lo pasa bastante peor que usted.
Claro, yo no
estoy en guerra encerrada en un sótano en Ucrania ni me han mutilado el
clítoris ni paso hambre. Pero necesito trabajar y nadie me contrata. Y luego
está la dictadura esa de la autoayuda y el autoempleo. “Emprende, emprende”, te
dicen. Reinvéntate. Yo escribo libros, tengo un blog, acabo de rodar un corto,
me invento mil cosas, pero de eso no vivo. Estoy harta de ese discurso. A la
mierda la resiliencia. Al final, te culpan a ti de no darte trabajo.
¿Cómo es ser
pobre cuando se ha vivido confortablemente?
Muy duro.
Yo, modestamente, lo he tenido todo. Te vas empobreciendo, vas teniendo que
dejar de hacer cosas. Parecerá frívolo, pero es una derrota íntima, por
ejemplo, tener que dejar de usar cremas buenas por una del súper, y
racionándola. Y lo de mendigar a los amigos... Es todo no, no, no.
¿Qué es
ahora un lujo para usted?
Un libro.
Hace siglos que no me compro uno, es de lo que peor llevo.
Un libro
cuesta unos 20 euros.
Sí, pero son
20 euros que quito a la compra y las facturas. Mi único lujo es Spotify. Nueve
euros al mes, incluso en los peores tiempos. Habrá quien no lo entienda, pero
sin música me muero.
En el vídeo
se ofrece de periodista, DJ, presentadora de eventos, guionista. ¿Está al día
en todos esos frentes?
Soy muy
buena haciendo todo eso. Ya lo he hecho y ahora, a mi edad, lo haría muchísimo
mejor. Tengo experiencia, poso, aplomo. Pero no me quieren. Ese es el drama.
¿No se le
caen los anillos por nada?
Nunca.
Porque, además, estoy sola. No tengo padres ni hijos ni pareja. No tengo a
nadie. Por eso me endeudé como una loca antes de pedir ayuda a los amigos. El
tiempo pasa, la gente te dice que cómo puede ser, si eres muy potente. Y tú
dices, seré potente, pero en un mundo impotente. Y te metes en un pozo muy
negro. El año pasado por estas fechas casi termino como Verónica Forqué.
¿De verdad
pensó en suicidarse?
Sí, sin
dramas, además, porque siempre he pensado que la vida le pertenece a uno y a
nadie le importa lo que hagas. De niña te enseñan cosas maravillosas como la
bondad y luego sales al mundo y ves que son patrañas, que todo es mentira. Y si
eres buena persona, lo pasas mal. Cuando te vas estrellando contra una valla y
otra, y no lo logras, te desesperas. Yo me valoro mucho a mí misma. Demasiadas
cosas he hecho ya por debajo de mis posibilidades. Entonces, si este mundo no
está interesado en mí, dices, como Fernán Gómez: “Idos todos a la mierda”.
¿Por qué no
lo hizo?
Porque me
concedieron una ayuda de 400 euros de AISGE (Sociedad de Gestión de Derechos de
Imagen de Intérpretes), de la que soy socia. Y me salieron de puta chamba unas
secuencias en la serie Sentimos las molestias. Del Estado no he
recibido nada. Esas ayudas a mí me salvaron la vida. Con eso voy tirando.
Ha dicho que
no tiene a nadie. ¿Cómo lleva la soledad?
En mi
fórmula de la felicidad, y cada uno tiene la suya, entra la soledad. Es
maravillosa si una está a gusto consigo misma. Desconozco el aburrimiento.
Estoy todo el día haciendo cosas. He vivido en pareja ocho años con el primero,
cuatro con el segundo, y con el tercero no llegó ni a dos, y cada uno en su
casa. Ahora hace 20 años que no tengo novio. Necesito mi mundo, mi espacio, mi
rollo.
¿Ha
renunciado al amor?
El amor ha
renunciado a mí, lastimosamente, y eso sí me sabe mal. Cuando hice el
monólogo Me río por no follar, que hablaba del sexo y las mujeres maduras, decía que me
había hartado de follar y lo que quería era hacer el amor. Pero no es así: se
puede hacer el amor con alguien de quien no estás enamorado. Y follar, también.
Eso sigue operativo y lubricado. Las menopáusicas no somos mujeres de segunda
clase como quieren hacernos creer. Al revés, para mí fue una liberación.
¿Y las
arrugas?
Pero, ¿cómo
me preguntas eso?
Bueno, yo
las llevo regular.
Porque el
puto patriarcado nos ha vendido que un hombre maduro da igual que tenga
arrugas, tripa, canas. Lo importante es su sabiduría y su experiencia. Y que
las mujeres podemos ser sabias, pero qué mal se nos ve pasada una edad. Ese es
el problema en que nos han metido y caemos como idiotas. ¿Cómo permitimos que
nos mangoneen así? Aunque reconozco que el código de barras me tiene frita.
Será por la crema del súper [bromea].
¿Se siente
una culpable de no encontrar trabajo?
La culpa lo
único que hace es meternos veneno y tenernos controlados. Pero sí. Cuando eres
autocrítica, lo primero que haces es culpabilizarte. Siempre pienso qué habré
hecho mal, en qué la habré cagado. Pero eso es perverso. Este mundo no me
merece. Tienen a una tía como yo, superválida, que puede hacer mil cosas en un
montón de frentes, y no les interesa. Esa es la realidad.
Hace ya ocho
meses que publicó su videocurrículo. ¿Ha merecido la pena?
Aquello se
hizo viral, me puso en el mapa y me salieron bolillos, entrevistas, alguna
cosilla, sí, pero es todo tan precario y tan puntual que no acabo de salir del
hoyo. Lo digo otra vez desde aquí: necesito trabajar ya. Tuve que darme de baja
en la Seguridad Social por no poder pagarla y necesito cotizar para cobrar
pensión. Hace poco me ofrecieron ir [al reality] Supervivientes. Les agradecí la atención,
pero debí de mostrar tan poco entusiasmo que no me volvieron a llamar. Soy una
mujer madura y talentosa a la que no le dan trabajo. De petarda me habría ido
mejor.
'MARISOL AL
DESNUDO'
Así se titula el cortometraje que ha rodado Marisol Galdón (Barcelona, 59 años) sobre su vida actual y las razones que la llevaron, en septiembre de 2021, a colgar un vídeo en Twitter relatando su abultado currículo y pidiendo trabajo. En él, no se le ve un centímetro de más de piel, pero Galdón se desnuda confesando sus más íntimos sentimientos: los de una mujer en plenitud obligada al ostracismo y la precariedad por un mercado de trabajo que la ignora. Marisol, rostro popularísimo en la televisión de los noventa y los primeros dos mil, estudió Periodismo, aunque su auténtica vocación hubiera sido ser directora de cine para narrar historias. Acaba de publicar su tercer libro, un trepidante thriller titulado Cumbres tenebrosas, y de aparecer como actriz en la serie Sentimos las molestias, junto a Antonio Resines, Miguel Rellán y Fiorella Faltoyano. Sigue buscando trabajo.
Luz Sánchez-Mellado, Gente con Luz, EL PAÍS , 08.05.22
domingo, 8 de mayo de 2022
El músico de la semana 36 - Pandemia 15
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| Fernando Puchol (1941 - 31.12.2020) en 1982 Fuente: El Periòdic |
sábado, 7 de mayo de 2022
Fotogramas 139
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| Francis Ford Coppola, Rebeldes (The Outsiders), 1983 |
Her hardest hue to hold.
Her early leaf’s a flower;
But only so an hour.
Then leaf subsides to leaf.
So Eden sank to grief,
So dawn goes down to day.
Nothing gold can stay.
El primer verde de la naturaleza es oro,
su tono más difícil de mantener.
Su temprana hoja es una flor;
pero sólo por una hora.
Luego la hoja se reduce a hoja.
Así el Edén se hundió en el dolor,
así el amanecer pasa a día.
Nada de oro puede permanecer.
Robert Frost, Nothing Gold Can Stay (trad. Antonio Erena)
viernes, 6 de mayo de 2022
Música popular 113
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| Chavela Vargas ( 17.04.1919 - 5.08.2012) Foto: Carlos Ysunza Nieto |
jueves, 5 de mayo de 2022
Amadores
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| José Romero Benítez, San Amador de Martos, catedral de Jaén Foto: Zarateman (Wikipedia) |
Nació Amador en Tucci, de padres cristianos, en el siglo IX de la venida de Cristo (tiempo en que España estaba dominada de los moros). Ignórase como se llamaron sus padres, pero sabemos por el santo historiador de su martirio que tuvo otros hermanos; y como en Córdoba florecían los estudios y letras sagradas entre los cristianos, especialmente en los monasterios, y el santo, joven, se inclinaba a cultivar sus potencias con la instrucción de las ciencias, pasó a la corte siguiéndole sus hermanos y padre. Y aplicado al estudio aprovechó mucho no sólo en la literatura, sino en descubrir grandes fondos de prudencia y honestidad, por lo que inclinándose a vida casta y al servicio de las iglesias fue ordenado en los grados eclesiásticos hasta subir al honor de presbítero.
Vivían al mismo tiempo en Córdoba otros varones ilustres, fervorosos en fe y cristiandad, desprendidos del [175] siglo y enamorados de los bienes eternos; y, como cada ave busca a su semejante, con éstos se acompañaba Amador para volar con su ejemplo a las alturas. Los amigos más íntimos que tuvo fueron un hermano de san Pablo Diácono y pariente de san Eulogio que se llamaba Luis, y un monje cuyo nombre era Pedro. Estos tres, uniéndose como ascuas inflamadas en el amor de Dios, se encendían más y más cada día en el fuego de nuestra sagrada religión contra las sombras del mahometanismo; y, cuando ya el celo de la casa de Dios no los permitía callar ni estar encerrados en las suyas, salieron confederados al público para anunciar las verdades del Evangelio contra la superstición de Mahoma.
Presentáronse voluntariamente al juez de los enemigos de la fe. Y en vista de que Amador era sacerdote y que san Eulogio lo pone en primer lugar, no hay duda que éste fuese el que llevó la mano y voz, haciendo en nombre de sus hermanos la solemne y heroica confesión de la fe que les movía a desengañar a los que iban fuera del camino de la verdad que es Cristo nuestro Señor, publicando sus misterios divinos sin miedo de padecer cuantos tormentos sugiriese el enemigo a sus aliados y manifestando los engaños del Corán y de Mahoma, su perverso compositor. Y que en contestación y defensa de nuestra santa ley y sus verdades estaban prontos a dar la vida por Cristo. Así se cumplió. Porque [176] al oír el tirano juez en nuestros santos la misma confesión que habían hecho poco antes otros a quienes había martirizado, y no pudiendo tolerar manifestasen la inmundicia y abominaciones de su falso profeta Mahoma, mandó que sin detención fuesen degollados. Lo que entendido por los santos con singular júbilo de sus almas y empleando sus labios en divinas alabanzas, se ejecutó con la sentencia en sus sagradas gargantas, recibiendo el golpe del alfanje con constancia invencible. Fue su glorioso triunfo en el día último del mes de abril, corriendo entonces la era de 893, año de 855, y reinando Mahomad, hijo de Abderramán II. Y en el mismo día celebra el Martirologio Romano su memoria y reza de ellos Córdoba, por haber sido ilustrada con la sangre gloriosamente derramada por estos tres campeones.
El obispado de Jaén celebra con rito doble a san Amador, por caer en su recinto la patria de este sacerdote santo, pero eligió para su festividad el día 5 de mayo, por estar introducido antecedentemente otro culto en dicho día último de abril. La villa de Martos, gloriosa madre y patria de san Amador, le tiene elegido por uno de sus patronos. Y como a tal le tiene dedicado templo, que hoy es iglesia parroquial con título de Santa Ana y San Amador. Y en ella se celebran anualmente dos solemnes festividades: la una en el día del martirio, [177] a costa y con asistencia de su muy ilustre ayuntamiento. Y la otra, en el expresado día 5, a devoción de la muy noble cofradía que a su nombre está congregada en su iglesia. Disfrutando esta dichosa villa la protección de este su glorioso hijo con muchos y repetidos beneficios y milagros con que corresponde a la devoción de sus paisanos.
En ninguna parte se sabe haya carne o hueso de este glorioso santo; y, aunque en esta villa se venera un hueso con título y denominación de san Amador, es de aquellos que llamamos bautizados, que se traen de la ciudad de Roma para premiar la devoción cristiana. Su sagrado cuerpo fue arrojado con los de sus compañeros al río Guadalquivir, no habiendo querido Dios dar indicios del sitio en que yacía el cuerpo de su digno ministro, según escribe su historiador san Eulogio. Creyendo persevere en tumba de cristal por no ser digno el mundo de tratarlo; pero desde el profundo del elemento cristalino, no olvida este gigante de la gracia a los que con fe le invocan y desde allí clama mejor y más sonora su voz que aquéllos que refiere Job: Gigantes gemunt sub aquis (Job, 26). Alcanzando a sus devotos la divina piedad como en todas sus tribulaciones lo experimenta esta villa ilustre.
Fray Juan Lendínez, Augusta Gemela Ilustrada, Capítulo 30, «Trata del glorioso martirio de san Amador y del destierro del abad Sansón a Tucci» (fragmento), manuscrito, 1778. Transcripción: Antonio Erena.
miércoles, 4 de mayo de 2022
Solitario
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| Luis Aldehuela, Monumento a Solitario, carretera Andújar-Puertollano, km 27 Foto: Antonio Erena (29.04.22) |
martes, 3 de mayo de 2022
Aniversarios 47
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| Portada del documento del Voto de la Pascua de Mayo (copia existente en el Archivo Parroquial de Santa María) |
lunes, 2 de mayo de 2022
Madrid
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| Isabel Díaz Ayuso Foto: Miguel Ángel Molina |
«Para que lo sepas todo, hijo... La causa de que
al fin de la jornada nos encontremos tan desguarnecidos, es que esta pobre
Pilar no me ha ayudado maldita cosa. Nunca supo más que gastar y gastar.
¿Ganaba yo mil? Pues ella a darse vida de mil y quinientos. Apretaba yo, y
conforme me veía apretando, saltaba ella a los dos mil. De este modo ¿qué
quieres que resulte? Miseria, vejez triste, y que le mantengan a uno sus yernos
poco menos que de limosna. Me preguntarás que dónde han ido a parar mis
ahorros. Derrama, hijo, tu imaginación por los teatros de esta pequeña Babel,
por sus tiendas, por sus increíbles y desproporcionados lujos, y encontrarás en
todas partes alguna gota de mi sangre. Dirás que me faltó carácter, y te
responderé que ahí está el quid. Es el mal madrileño, esta indolencia, esta enervación que nos lleva a ser
tolerantes con las infracciones de toda ley, así moral como económica, y a no
ocuparnos de nada grave, con tal de que no nos falte el teatrito o la tertulia
para pasar el rato de noche, el carruajito para zarandearnos, la buena ropa
para pintarla por ahí, los trapitos de novedad para que a nuestras mujeres y a
nuestras hijas las llamen elegantes y distinguidas, y aquí paro de contar, porque no acabaría.
Galdós, Lo prohibido, Tomo II, Cap. XXIV, III (fragmento)
domingo, 1 de mayo de 2022
sábado, 30 de abril de 2022
Fotogramas 138
viernes, 29 de abril de 2022
La flor de la jara
jueves, 28 de abril de 2022
Panel
miércoles, 27 de abril de 2022
Marquesina
martes, 26 de abril de 2022
Nereidas
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| Fuente de las Nereidas en el claustro gótico del monasterio de Samos, foto: Antonio Erena (08.10.21) |
Mientras avisan al padre prior de que andamos por aquí, y siendo quien soy, amigo de las fabulosas imaginaciones, me acerco al patio en que está la fuente de las Nereidas. No corre el agua desde las bocas de las ninfas, que la sequía impone su ley. Quizá le gusten al Padre Feijóo tanto como a mí. Fray Benito las imaginaba en su tiempo en el mar. «Cual nos las pintan los antiguos poetas, tal se hayan hoy en los mares, a reserva de la bocina de los tritones, cuyo eco no ha sido reconocido modernamente»... Ahí tenía el padre maestro en Samos, en la fuente que trajo fray Pedro de Vea, a las flores marinas, acaso Leyagore o Melite, las dulces... Si la fuente ésta, en vez de ser gracia barroca, fuese invención medieval, de los días de las famosas peregrinaciones, ¡qué de leyendas no hubiesen podido surgir en el camino! Y no sería la menor la que contase que las cuatro marinas, habiendo dejado la claridad del mar greco-latino por venir, orillas del Tenebroso arriba, a peregrinar a Santiago —remontando Ulla y Sar en un abril—, se habían retirado al regreso, por otros ríos subiendo, hasta este rincón, por el Miño al Neira, por el Neira al Samos. Y aquí hicieron largos ayunos y penitencias, que un monje puso en un códice miniado con pluma de ganso. Me detengo un rato largo rato contemplando las fabulosas oceánidas, y echo de menos, en el tranquilo patio, el canto del agua. ¡Dichosa sequía! Sólo hay una hora de agua al día, pero para los monjes, que no para la boca de estas damas griegas de larga cola. Y echo de menos las suaves, femeninas voces...
Álvaro Cunqueiro, «A visperas en Samos» (fragmento), en El pasajero en Galicia, Tusquets, 1989
lunes, 25 de abril de 2022
domingo, 24 de abril de 2022
Ayer y hoy 28
sábado, 23 de abril de 2022
Locus amoenus 15
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| La ribera del río Jándula en Lugar Nuevo, Andújar Foto: José Joaquín Quesada (23.04.22) |
lunes, 25 de octubre de 2021
Calles 5
| Tranvía en la calle Escuelas, Granada Fuente: Junta de Andalucía (página web) |
"No puede haber civilización sin ciudades", escribe Saul Bellow, "pero hay ciudades sin civilización". Él se refiere a Chicago, la ciudad de los terribles inviernos sin misericordia de la gran Depresión; yo leo la novela en la que vienen esas palabras, The Adventures of Augie March, una mañana de agosto, en Madrid, sentado al fresco de los plátanos y los magnolios gigantes del paseo del Prado, que es una de las islas más indudables de civilización que pueden encontrarse en una ciudad europea, y por donde paso tantas veces camino de algunas de las instituciones más civilizadas que conozco: el Museo del Prado, la Real Academia, el Thyssen, el Botánico, el Reina Sofía, las librerías de viejo de la cuesta de Moyano, sin olvidar el añadido más reciente, la extraordinaria sede de la Fundación La Caixa, con su jardín vertical y sus viejos muros de ladrillo como suspendidos en el aire, una nave industrial de hace un siglo levantada sin peso en la ciudad del presente.
Uno de los rasgos de la civilización es que siempre es más frágil de lo que parece y siempre está amenazada. Un poco más arriba del paseo del Prado y del de Recoletos se abrió en la ciudad en los primeros años setenta el cráter imperdonable de la plaza de Colón, que no es una plaza sino un descampado sin alma de torres especulativas y tráfico como de autopista, con algo de urbanismo apocalíptico suramericano. En el paseo del Prado y en Recoletos se puede caminar siempre al amparo de los árboles: en Colón uno se ve arrojado a una intemperie de sol homicida o de vientos invernales, arreado en manadas para cruzar a toda prisa los pasos de cebra. La llamada plaza de Colón es una muestra infame de lo que estaban haciendo con las ciudades los planificadores, los teóricos del urbanismo y los grandes expertos en los años sesenta y setenta, cuando la capitulación institucional ante los intereses de los especuladores y de los fabricantes de coches aún se revestía con la máscara conveniente de la modernidad, del progreso implacable. Le Corbusier y sus discípulos alumbraban el camino del porvenir, que más que un camino resultaba ser una gran trama de autopistas. Hasta bien entrado el siglo XX las tecnologías del transporte colectivo se habían integrado sin quebranto en el tejido de las ciudades y habían contribuido a su expansión orgánica: las líneas de metro y de tranvías permitían el nacimiento de nuevos vecindarios hechos a la medida de los pasos humanos; los tranvías circulaban con la misma eficacia por las calles sinuosas de los cascos antiguos y por las perspectivas despejadas en las que las ciudades se abrían al campo. Cuando yo llegué a Granada, en 1974, acababan de clausurarse las líneas de tranvías, que comunicaban el centro de la ciudad con la Vega del Genil y con las estribaciones de Sierra Nevada. En Granada todavía quedan nostálgicos del tranvía de la Sierra, construido por un ingeniero ilustrado que se llamaba Santa Cruz, al que fusilaron los matarifes falangistas en el verano de 1936. Uno tomaba el tranvía en una acera arbolada de la ciudad y subía en él por la orilla del Genil hasta las laderas colosales del Veleta.
Los terribles expertos dictaminaron que cualquier obstáculo que se interpusiera a la circulación de los coches merecía acabar en los mismos basureros de la Historia a los que según Trotski estaban condenados quienes se resistieran a la revolución soviética. Para el advenimiento de la nueva civilización las ciudades resultaban un enojoso obstáculo. No sólo estaban hechas de calles estrechas y de edificios vulgares agregados a lo largo de épocas diversas: también estaban habitadas. Y la gente que las habitaba vivía y trabajaba en un desorden que sacaba de quicio a los entendidos, partidarios de que cada cosa se hiciera racionalmente en su sitio, de acuerdo con los planes utópicos que ellos mismos diseñaban, llenos de preocupación paternal por el bienestar de ese populacho, pero poco amigos de observar de cerca cómo eran sus vidas. El remedio contra los males, desde luego verdaderos, del hacinamiento y la pobreza, era el derribo, y tras él la autopista y la imposición del coche. A la destrucción de los barrios populares de Nueva York el planificador urbano Robert Moses le daba un nombre inapelable, aunque también involuntariamente siniestro: "La guadaña del progreso".
En los primeros años cincuenta la guadaña del progreso se disponía a llevarse por delante algunos de los lugares más civilizados de Manhattan: una autopista de diez carriles iba a atravesar el Soho, Little Italy, Chinatown y el Lower East Side. Uno nunca llega a saber de verdad lo precaria que es la civilización, lo peligroso que es dar nada por supuesto: para agradecer de corazón la delicia de pasear por Washington Square, distraerse mirando a los músicos o a los saltimbanquis callejeros o a los jugadores de ajedrez, sentarse en el césped y distinguir las primeras torres de la Quinta Avenida por encima de las copas de los árboles, conviene tener presente que todo eso estuvo a punto de ser destruido hace ahora cincuenta años, porque justo por ese lugar Robert Moses había decretado que pasaría otra autopista. La guadaña del progreso no actúa por capricho: si el tráfico ha de fluir a tanta velocidad como sea posible a través de la isla, lo racional, lo inevitable, es abrirle paso.
Washington Square no fue salvada por ningún arquitecto. Ningún experto en urbanismo alzó entonces su voz contra lo que hoy nos parece un delito inconcebible. Washington Square existe ahora gracias a una mujer, Jane Jacobs, tan poco experta en nada que ni siquiera tenía un título universitario. Vivía cerca, en la calle Hudson, en el corazón del Village, y llevaba a sus hijos a jugar a la plaza. Sus primeras camaradas en la sublevación urbana fueron las madres de los amigos de sus hijos, "unas cuantas locas con carritos de niños", según dijo Robert Moses, con la furia despectiva de los grandes expertos cuando alguien sin más cualificación que el sentido común se atreve a llevarles la contraria. En 1961, cuando Washington Square y las calles del Village ya no corrían peligro gracias al movimiento de rebeldía iniciado por ella, Jane Jacobs escribió su hermoso manifiesto en defensa de las ciudades caminadas y vividas, The Death and Life of Great American Cities. Murió el año pasado, una anciana diminuta y bravía comprometida hasta el final en la defensa de esa forma frágil y necesaria de vida en común que es la civilización y que no puede existir sin las ciudades. Un libro recién salido -Wrestling with Moses, de Anthony Flint- cuenta la crónica de su rebelión y conmemora su legado. En el corazón desventrado de Madrid, lleno de zanjas y de máquinas empeñadas en obras demenciales por culpa de un alcalde ebrio de megalomanía y de despilfarro que ahora amenaza insensatamente el paseo del Prado, yo me acuerdo de Jane Jacobs y me pregunto melancólicamente si sería posible aquí una rebelión como la suya, un levantamiento cívico que salve a Madrid de expertos y de políticos y de especuladores y le permita ser una ciudad civilizada.
Antonio Muñoz Molina, "Ciudades sin civilización", Babelia, El País, 22.08.09
domingo, 24 de octubre de 2021
sábado, 23 de octubre de 2021
Fotogramas 137
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| Las aventuras de Tom Sawyer (The Adventures of Tom Sawyer), Norman Taurog, 1938 |
Llega un momento en la vida de todo muchacho
rectamente constituido en que siente un devorador deseo de ir a cualquier parte
y excavar en busca de tesoros. Un día, repentinamente, le entró a Tom ese
deseo. Se echó a la calle para buscar a Joe Harper, pero fracasó
en su empeño. Después trató de encontrar a Ben Rogers: se había ido
de pesca. Entonces se topó con Huck Finn, el de las Manos Rojas. Huck serviría
para el caso. Tom se lo llevó a un lugar apartado y le explicó el asunto
confidencialmente. Huck estaba presto. Huck estaba
siempre presto para echar una mano en cualquier empresa que ofreciese
entretenimiento sin exigir capital, pues tenía una abrumadora superabundancia
de esa clase de tiempo que no es oro.
-¿Qué?, ¿los hay por todos los lados?
-No, no los hay. Están escondidos en los sitios más
raros...: unas veces, en islas; otras, en cofres carcomidos, debajo de la punta
de una rama de un árbol muy viejo, justo donde su sombra cae a medianoche; pero
la mayor parte, en el suelo de casas encantadas.
-Pues los bandidos, por supuesto. ¿Quiénes creías que
iban a ser? ¿Superintendentes de escuelas dominicales?
-No sé. Si fuera mío el dinero no lo escondería. Me lo
gastaría para pasarlo en grande.
-Lo mismo haría yo, pero a los ladrones no les da por
ahí siempre lo esconden y allí lo dejan.
-¿Y no vuelven más a buscarlo?
-No; creen que van a volver, pero casi siempre se les
olvidan las señales o se mueren. De todos modos, allí se queda mucho tiempo, y
se pone roñoso; y después alguno se encuentra un papel amarillento donde dice
cómo se han de encontrar las señales..., un papel que hay que estar descifrando
casi una semana porque casi todo son signos y jeroglíficos.
-Jeroglíficos...: dibujos y cosas, ¿sabes?, que parece
que no quieren decir nada.
-¿Tienes tú algún papel de ésos, Tom?
-Pues, entonces, ¿cómo vas a encontrar las señales?
-No necesito señales. Siempre lo entierran debajo del
piso de casas de duendes, o en una isla, o debajo de un árbol seco que tenga
una rama que sobresalga. Bueno; pues ya hemos rebuscado un poco por la isla
de Jackson, y podemos hacer la prueba otra vez; y ahí tenemos aquella casa vieja
encantada junto al arroyo de la destilería, y la mar de árboles con ramas
secas..., ¡carretadas de ellos!
-Pues entonces, ¿cómo saber a cuál te has de tirar?
-Pues a todos ellos.
-¡Pero eso se lleva todo el verano!
-Bueno, ¿y qué más da? Suponte que te encuentras un
caldero de cobre con cien dólares dentro, todos enmohecidos, o un arca podrida
llena de diamantes ¿Y entonces?
A Huck le relampaguearon los ojos.
-Eso es cosa rica, ¡de primera! Que me den los cien
dólares y no necesito diamantes.
-Muy bien. Pero ten por cierto que yo no voy a tirar
los diamantes. Los hay que valen hasta veinte dólares cada uno. Casi no hay
ninguno, escasamente, que no valga cerca de un dólar.
-Ya lo creo; cualquiera te lo puede decir. ¿Nunca hasta
visto ninguno, Huck?
-Los reyes los tienen a espuertas.
-No conozco a ningún rey, Tom.
-Me figuro que no. Pero si tú fueras a Europa verías
manadas de ellos brincando por todas partes.
-¿Brincar?... ¡Eres un mastuerzo! ¡No!
-Y entonces ¿por qué lo dices?
-¡Narices! Quiero decir que los verías... sin brincar,
por supuesto; ¿para qué necesitan brincar? Lo que quiero que comprendas es que
los verías esparcidos por todas partes, ¿sabes?, así como si no fuera cosa especial.
Como aquel Ricardo el de la joroba.
-Ricardo... ¿cómo se llamaba de apellido?
-No tenía más nombre que ése. Los reyes no tienen más
que nombre de pila.
-Pues mira, si eso les gusta, Tom, bien está; pero yo
no quiero ser un rey y tener nada más que el nombre de pila, como si fuera un
negro. Pero dime: ¿dónde vamos a cavar primero?
-Pues no lo sé. Suponte que nos enredamos primero con
aquel árbol viejo que hay en la cuesta al otro lado del arroyo de la
destilería.
Así, pues, se agenciaron un pico inválido y una pala, y emprendieron su primera caminata de tres millas. Llegaron sofocados y jadeantes, y se tumbaron a la sombra de un olmo vecino, para descansar y fumarse una pipa.
Mark Twain, Las aventuras de Tom Sawyer, Capítulo XXV (fragmento, Espasa-Calpe, S. A., Madrid)
viernes, 22 de octubre de 2021
Música popular 112
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| Rita Pavone (23.08.1945) Fuente: last.fm (página web) |
jueves, 21 de octubre de 2021
Pandemia 14
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| Juan Antonio Salvador Carmona, Baile en máscara (según el óleo de Paret) Museo del Prado |
miércoles, 20 de octubre de 2021
Obituarios 46
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| Edita Gruberova (23.12.1946 -18.10.2021) Fuente: Forma es vacío, vacío es forma (blogspot) |
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