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Manuel López Garabal, La invocación a San Silvestre (1954), Facultad de Geografía e Historia, Universidad de Santiago de Compostela |
martes, 31 de diciembre de 2024
Nochevieja 2024
lunes, 30 de diciembre de 2024
domingo, 29 de diciembre de 2024
El músico de la semana 93
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Pablo Sáinz-Villegas (Logroño, 16.06.1977), fuente: La Rioja (diario online), 03.04.23 |
sábado, 28 de diciembre de 2024
Inocentes
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José Ginés, "Niños muertos" (1789-94, del grupo La degollación de los inocentes por Herodes), Real Academia de San Fernando, Madrid |
viernes, 27 de diciembre de 2024
Invierno 2
jueves, 26 de diciembre de 2024
Navidad 2024 5
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Pedro de Orrente, Adoración de los pastores (1622), Museo de Bellas Artes de Murcia |
miércoles, 25 de diciembre de 2024
Navidad 2024 4
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Luisa Roldán y Tomás de los Arcos, Virgen de la Leche, (c. 1689-1706, MNE), exposición "Luisa Roldán. Escultora real", Palacio de Viana, Valladolid, foto: Antonio Erena, 11.12.24 |
martes, 24 de diciembre de 2024
Navidad 2024 3
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Plaza de Isabel II y Teatro Real, Madrid, foto: Antonio Erena, 17.12.24 |
Tenía dos opciones: intentar
explicarle la Santísima Trinidad a un niño de tres años o pasar por alto lo que
acababa de ocurrir y decirle “¡mira, un perro con abrigo!”, táctica que utilizo
cuando no me conviene el cariz que está tomando alguna situación. Opté por la
primera y, como bien pude, le expliqué que Jesús era el hijo de Dios y Dios
encarnado, pero él seguía poniendo pegas. Su argumento final fue que Cristo no
podía ser Dios porque era un bebé, y comprendí que el germen de su arrianismo
igual no era la incomprensión de la Santísima Trinidad sino que Dios pudiera
andar por ahí en pañales. Para mi hijo, que le cuenta a todo el que se preste a
escucharle que él ya va al colegio y que su seño se llama
Nerea, los bebés son el escalón más bajo de la sociedad, así que, ¿cómo iba a
ser Dios uno de ellos?
Esa misma tarde leí una columna de Sergio C.
Fanjul en la que exponía dos cuestiones: cómo el capitalismo ha
fagocitado el sentido de la Navidad y las consecuencias de la secularización en
las generaciones más jóvenes. “Nunca imaginé que iba a requerir tanto esfuerzo
que mi hija conociese la antes ubicua figura de Cristo. Más bien pensaba que
tendría que protegerla del adoctrinamiento”, confesaba, en la línea de otro artículo en el que
Sergio del Molino contaba: “Nunca pensé que me fuera a
preocupar algo así, pero sin una cierta familiaridad con el catolicismo (...)
casi toda la cultura occidental se vuelve incomprensible”. Cabe preguntarles
qué solución proponen. Si es la del laicismo ―relegar la educación religiosa al
ámbito privado―, la brecha cultural entre clases se acrecentará, pues, en una
sociedad secularizada como la nuestra, sólo los hijos de las clases ilustradas
acabarán sabiendo decodificar su propia cultura.
Pero, volviendo a la columna
navideña de Fanjul, en ella no daba el paso de relacionar la propuesta
económica del liberalismo ―el hedonismo consumista― con la antropológica ―la
muerte de Dios, el laicismo, el desencantamiento del mundo―. No sólo los mercaderes
han expulsado a Cristo de su cumpleaños; también lo han hecho quienes se
empeñan en borrar su nombre y su huella, los de los belenes laicos y el felices
fiestas en nombre de la inclusión, que no parecen plantearse que para integrar
a alguien a una cultura antes hay que tenerla.
Fanjul no tiene fe, pero eso no le impide entristecerse al observar que casi nadie se acuerda de Cristo en Navidad. Y yo, que no es que empezara a creer en Dios sino a dejar de negar su existencia hace unos años, tengo que decirle que no se preocupe. Que no somos pocos los que, como canta Pablo Martínez, estos días celebramos ese escándalo para los poderosos que es que Dios anduviera en pañales. Que no naciera en un palacio lleno de oro sino en un pesebre. Que se presentara ante nosotros sin cetro, con la fragilidad y la ternura de un recién nacido, señalándonos así el camino. No somos pocos y he de confesarles, aunque los datos me contradigan, que creo que cada día seremos más. Porque es del frío de donde surge la necesidad de una lumbre. Feliz Navidad.
Ana Iris Simón, «Nuestro Dios anduvo en pañales», El País, 21.12.24
lunes, 23 de diciembre de 2024
Navidad 2024 2
domingo, 22 de diciembre de 2024
Navidad 2024 1
martes, 17 de diciembre de 2024
Coches 31
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Kia Stonic, San Cebrián de Mazote, Valladolid, foto: Antonio Erena, 29.08.24 |
Epítome del avance social
transformado en ataúd, frontera entre zonas urbanas y tiempos, quizá se
encuentre mutando nuestra noción de la máquina todopoderosa, más cercana, en el
transcurso de estas inundaciones, al veneno que al antídoto. Afirmaba Marinetti
en el manifiesto futurista que un “coche que ruge es más bello que la Victoria
de Samotracia”. A lo largo de la primera mitad del siglo XX, buena parte del
arte —especialmente las vanguardias— abrazaron la técnica y el fervor fósil
como señales de progreso infinito comandado por el hombre. Elocuente es el
manifiesto porque prioriza ese motor rugiente frente a la mismísima cultura
griega, presunta cuna de la civilización occidental, pero no fue el único que
lo reivindicó, asociado a valores como la libertad e independencia. El fascismo
incorporó la innovación tecnológica y la velocidad en su ideario, y cuenta la
leyenda que fue Mussolini quien impulsó la fabricación del Fiat Topolino para la clase obrera.
Cuando ese coche llegó a España no tardó en causar furor, aunque, como explicó
Carmen Martín Gaite, el término pasó a utilizarse para referirse a unos zapatos
y las “niñas topolino”, ciertamente esnobs, se convirtieron en mujeres sospechosas
de desafiar tímidamente el oscurantismo machista del franquismo. Para
cuando apareció el Seat 600,
ya se había establecido una correlación que aún perdura en nuestros
imaginarios: a mayor consumismo —en cuyo seno destacan los rugidos a gasolina—,
mayor percepción de libertad, a pesar de que no se sepa muy bien para qué (si
la “libertad” consiste en conducir al trabajo, por ejemplo, habría que cuestionar
las condiciones laborales y la mera transacción económica con nuestros cuerpos,
no tanto el método de desplazamiento).
Han transcurrido varias décadas
desde que aquellos vehículos se deslizasen entre las entrañas del deseo y, a
decir de Pasolini, neutralizasen la diversidad cultural e ideológica para
provocar una identificación totalizadora con los ideales de la clase dominante.
No es casualidad que, desde la institucionalidad
franquista, se atribuyese al Seat 600 la capacidad de “acabar
con la amenaza comunista”; sin embargo, junto a sus habilidades políticamente
desmovilizadoras, el coche-hijo del paradigma único fosilista actual, ha
contribuido a modificar significativamente los patrones climáticos y ha
moldeado nuestras subjetividades según sus humaredas y volantazos. La
reconfiguración del espacio urbano en torno a los aparcamientos y las
carreteras, de los centros de trabajo o los lugares residenciales en ciudades
cada vez más dispersas, la asimilación de la rapidez o el individualismo… todo
ello está relacionado con un encumbramiento del coche que ha fomentado una
suerte de orfandad en la mera concepción de otros mundos posibles. No importa
que, en la Unión Europea, mueran cada año cientos de miles de personas debido a
la contaminación atmosférica —la
cual alimenta el vehículo privado—, o que, cada año, nos estallen en las manos
nuevos récords de temperatura o extinción de la biodiversidad,
el coche renace de entre las cenizas, ineluctable y soberbio.
Así que tal vez vaya siendo hora de
arrinconarlo y, encasquetado en su propia mole inservible, condenarlo al
desguace de la historia. Permitiría nuevas posibilidades, pensar distintas
formas de movilidad —o de estatismo casero—, aunando la conversación
cartográfica a la configuración de la cotidianeidad: ¿se puede ir a la
guardería caminando, a la oficina?, ¿cuántas horas de encierro al volante me
ahorraría si las sustituyo por una apacible lectura en el tren?, ¿cuánto
dinero, si comparto el vehículo? Como Vostell, podríamos desterrarlo al museo,
y luego abrir alamedas, destripar el asfalto y plantar flores; que la próxima
lluvia torrencial calase terrenos verdes en lugar de acelerar su pulsión de
muerte sobre el asfalto. Más de un siglo de fascinación con un objeto
incoherente en este contexto de emergencia climática ha sido suficiente; las
fotos de Valencia, como un augurio, anuncian el destino de cuatro ruedas
agonizantes.
Azahara Palomeque, «Tu coche, mi coche, nuestra catástrofe», El País, 17.12.24
lunes, 16 de diciembre de 2024
viernes, 13 de diciembre de 2024
Aniversarios 70
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Mario Míguez (Madrid, 20.04.1962 - 13.12.2017), fuente: Editorial Renacimiento |
aunque entraba en los bosques interiores
que creía ser míos,
altivo y orgulloso, vanamente seguro.
No era yo el cazador,
aunque quise atraparte como al ciervo o la liebre
cuando huyen por los sotos, o en el aire a la garza.
te mostrabas de súbito un instante
brevísimo, dejando tu belleza,
tu sorpresa fugaz,
al ojo fascinado, al corazón
inquieto de aventura.
No era yo el cazador.
Fue un error cada intento.
Perdí todas mis flechas y mis fuerzas.
Jamás me fue posible
saber tus escondrijos o guaridas.
Y cómo me engañaba así buscándote.
paciente, cauto,
oculto desde siempre,
y yo la presa esquiva que acechabas.
Eras tú el cazador:
porque fuiste el arquero transformado en saeta
que llevaste el veneno de la vida
de un disparo infalible a mi costado;
porque fuiste el montero transformado en lebrel
que clavaste los dientes en mi carne, sanándola;
porque fuiste el cetrero transformado en halcón
que me hincaste las garras en los ojos
para darme los tuyos,
y que en mi corazón hundiste el pico
haciendo que sangrara,
vaciándome de sangre para darme la tuya.
el Señor de los bosques.
Tú que siempre eres pobre y desnudo y hambriento
me estabas vigilando a mí, tu presa,
con ojos invisibles
desde toda mi vida
y morías herido de amor entre el ramaje.
jueves, 12 de diciembre de 2024
Twins 1
miércoles, 11 de diciembre de 2024
martes, 10 de diciembre de 2024
Perritos 40
lunes, 9 de diciembre de 2024
Ida y vuelta
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Puente sobre la A1, atardecer, foto: Antonio Erena, 04.12.24 |
domingo, 8 de diciembre de 2024
Limpia
Pura, anterior entrada del blog
El músico de la semana 92
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Aldo Ciccolini (Nápoles, 15.08.1925 - París, 01.02.2015), foto: Aldo Neuvecelle |
sábado, 7 de diciembre de 2024
Fotogramas 208
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Sopa de ganso (Duck Soup), Leo McCarey, 1933 |
viernes, 6 de diciembre de 2024
Música popular 195
Sister Rosetta Tharpe & Lucky Millinder and his Orchestra, Shout Sister Shout!, 1941 (vídeo)
jueves, 5 de diciembre de 2024
Gansos
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Ocas o gansos domésticos (Anser anser), ribera del Tajo, Aranjuez, foto: Antonio Erena, 30.11.24 |
miércoles, 4 de diciembre de 2024
Festón
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Jarrón con festones (segunda mitad s. XVIII), plaza de Pamplona, jardín del Príncipe, Aranjuez, foto: Antonio Erena, 30.11.24 |
nace el altivo Tajo en breve cuna;
y, creciendo con rápida fortuna,
ceden los pinos a su adulta saña.
río es el Tajo; su corriente es una,
sea en la vega, anchísima laguna,
sea sierpe que enrosca la montaña.
vedle desde la cántara extremeña;
contempladle al llegar al Océano...
la idea brota, y rauda se despeña,
río caudal del pensamiento humano.
martes, 3 de diciembre de 2024
Ríos 8
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Río Tajo, al fondo el Embarcadero Real, Aranjuez, foto: Antonio Erena, 30.11.24 |
Nudez vestir os campos.
As lareiras serão as nossas pátrias
E os contos que contarmos
Assentados ao pé do seu calor
Valerão as canções
Com que outrora entre as verdes ervas rijas
Dizíamos ao sol
O ave atque vale triste e alegre,
Solenes e carpindo.
Por ora o outono está connosco ainda.
Se ele nos não agrada
A memória do estio cotejemos
Com a esperança hiemal.
E entre essas dádivas memoradas
Como um rio passemos.
Pronto el invierno vendrá con su blanca
desnudez vistiendo los campos.
Las chimeneas serán nuestras patrias
y los cuentos que vamos a contar.
Sentados al pie de su calor,
valdrán la pena las canciones
conque otrora, entre las verdes hierbas duras,
decíamos al sol.
El pájaro, no obstante, está triste y feliz,
solemne y lloroso.
Por ahora, el otoño sigue con nosotros.
Si él no nos agrada
el recuerdo del verano comparemos
con esperanza invernal.
Y entre esas dádivas recordadas
como un río pasemos.
Fernando Pessoa, «Breve o inverno virá com sua branca» (17.07.1914), Poemas de Ricardo Reis, Edição Crítica de Luiz Fagundes Duarte, Lisboa, Imprensa Nacional - Casa da Moeda, 1994, p. 41 (trad. Antonio Erena).