martes, 31 de diciembre de 2024

viernes, 27 de diciembre de 2024

Invierno 2

Józef Chełmoński, Perdices (Kuropatwy, 1891), Museo Nacional de Varsovia (perdices pardillas, Perdix perdix), fuente: Wikimedia Commons

martes, 24 de diciembre de 2024

Navidad 2024 3

Plaza de Isabel II y Teatro Real, Madrid, foto: Antonio Erena, 17.12.24
Mi hijo mayor tuvo esta semana su primera duda teológica. Dando un paseo nos encontramos con varias ventanas decoradas con estandartes del niño Jesús que le llamaron la atención, así que le recordé que estaban ahí porque en Navidad celebramos que Dios ha nacido. Sin soltarme la mano y desde abajo ―ojalá se pudieran guardar esas miradas―, frunció el ceño y me respondió que no, que Dios no había nacido. Que quien había nacido era Jesús.

Tenía dos opciones: intentar explicarle la Santísima Trinidad a un niño de tres años o pasar por alto lo que acababa de ocurrir y decirle “¡mira, un perro con abrigo!”, táctica que utilizo cuando no me conviene el cariz que está tomando alguna situación. Opté por la primera y, como bien pude, le expliqué que Jesús era el hijo de Dios y Dios encarnado, pero él seguía poniendo pegas. Su argumento final fue que Cristo no podía ser Dios porque era un bebé, y comprendí que el germen de su arrianismo igual no era la incomprensión de la Santísima Trinidad sino que Dios pudiera andar por ahí en pañales. Para mi hijo, que le cuenta a todo el que se preste a escucharle que él ya va al colegio y que su seño se llama Nerea, los bebés son el escalón más bajo de la sociedad, así que, ¿cómo iba a ser Dios uno de ellos?

Esa misma tarde leí una columna de Sergio C. Fanjul en la que exponía dos cuestiones: cómo el capitalismo ha fagocitado el sentido de la Navidad y las consecuencias de la secularización en las generaciones más jóvenes. “Nunca imaginé que iba a requerir tanto esfuerzo que mi hija conociese la antes ubicua figura de Cristo. Más bien pensaba que tendría que protegerla del adoctrinamiento”, confesaba, en la línea de otro artículo en el que Sergio del Molino contaba: “Nunca pensé que me fuera a preocupar algo así, pero sin una cierta familiaridad con el catolicismo (...) casi toda la cultura occidental se vuelve incomprensible”. Cabe preguntarles qué solución proponen. Si es la del laicismo ―relegar la educación religiosa al ámbito privado―, la brecha cultural entre clases se acrecentará, pues, en una sociedad secularizada como la nuestra, sólo los hijos de las clases ilustradas acabarán sabiendo decodificar su propia cultura.

Pero, volviendo a la columna navideña de Fanjul, en ella no daba el paso de relacionar la propuesta económica del liberalismo ―el hedonismo consumista― con la antropológica ―la muerte de Dios, el laicismo, el desencantamiento del mundo―. No sólo los mercaderes han expulsado a Cristo de su cumpleaños; también lo han hecho quienes se empeñan en borrar su nombre y su huella, los de los belenes laicos y el felices fiestas en nombre de la inclusión, que no parecen plantearse que para integrar a alguien a una cultura antes hay que tenerla.

Fanjul no tiene fe, pero eso no le impide entristecerse al observar que casi nadie se acuerda de Cristo en Navidad. Y yo, que no es que empezara a creer en Dios sino a dejar de negar su existencia hace unos años, tengo que decirle que no se preocupe. Que no somos pocos los que, como canta Pablo Martínez, estos días celebramos ese escándalo para los poderosos que es que Dios anduviera en pañales. Que no naciera en un palacio lleno de oro sino en un pesebre. Que se presentara ante nosotros sin cetro, con la fragilidad y la ternura de un recién nacido, señalándonos así el camino. No somos pocos y he de confesarles, aunque los datos me contradigan, que creo que cada día seremos más. Porque es del frío de donde surge la necesidad de una lumbre. Feliz Navidad.

Ana Iris Simón, «Nuestro Dios anduvo en pañales», El País, 21.12.24

lunes, 23 de diciembre de 2024

domingo, 22 de diciembre de 2024

Navidad 2024 1

Cena de Navidad 1979 en el colegio mayor Cardenal Cisneros, Granada; de izquierda a derecha y de arriba a abajo: Gustavo de Castro, Esteban Iglesias (+), Luis Carlos Contreras, Francisco de la Torre, Román Iglesias, Alonso Contreras (+), Pichi Villalta, Antonio Erena, Jesús Pérez, Antonio Pineda, Carlos Chamorro, Jesús Caballero (+) y Rogelio Gadeo

martes, 17 de diciembre de 2024

Coches 31

Kia Stonic, San Cebrián de Mazote, Valladolid, foto: Antonio Erena, 29.08.24
Chirrían unas manivelas que rastrillan platos. Una rueda pinchada desequilibra la estructura. Hay piedras, cemento, cristales rotos y hasta objetos punzantes. Todos desatan una sobrecogedora sensación de decadencia. Los coches del artista alemán Wolf Vostell invaden el paisaje de Los Barruecos, en Cáceres, y nos trasmiten, desde su confección en torno a los años de la crisis del petróleo, una crítica de la modernidad y una invitación velada a seguir rompiéndolos. En efecto, dan ganas de continuar quebrando ventanas o rajando neumáticos, de participar en una creación que simboliza la destrucción, más allá del espacio que ocupan. Pienso en Vostell al contemplar las fotografías posteriores a la dana; hipnóticamente, he reiterado esa mirada al dique infranqueable que conformaron tantos coches apilados que nadie pudo circular, durante días, por algunas calles valencianas. Un amasijo de acero y plástico salpicado de vidrios hechos añicos bloqueaba el paso y escondía, en el peor de los casos, vidas dentro. Algunas personas fallecieron en sus coches, creyéndolos un lugar impenetrable por el agua que acabaría tragándoselos. Otras descendieron a los garajes para protegerlos de una inundación segura —el coche como el bien más preciado—, sin atender a la trampa mortal que se cernía sobre ellos.

Epítome del avance social transformado en ataúd, frontera entre zonas urbanas y tiempos, quizá se encuentre mutando nuestra noción de la máquina todopoderosa, más cercana, en el transcurso de estas inundaciones, al veneno que al antídoto. Afirmaba Marinetti en el manifiesto futurista que un “coche que ruge es más bello que la Victoria de Samotracia”. A lo largo de la primera mitad del siglo XX, buena parte del arte —especialmente las vanguardias— abrazaron la técnica y el fervor fósil como señales de progreso infinito comandado por el hombre. Elocuente es el manifiesto porque prioriza ese motor rugiente frente a la mismísima cultura griega, presunta cuna de la civilización occidental, pero no fue el único que lo reivindicó, asociado a valores como la libertad e independencia. El fascismo incorporó la innovación tecnológica y la velocidad en su ideario, y cuenta la leyenda que fue Mussolini quien impulsó la fabricación del Fiat Topolino para la clase obrera. Cuando ese coche llegó a España no tardó en causar furor, aunque, como explicó Carmen Martín Gaite, el término pasó a utilizarse para referirse a unos zapatos y las “niñas topolino”, ciertamente esnobs, se convirtieron en mujeres sospechosas de desafiar tímidamente el oscurantismo machista del franquismo. Para cuando apareció el Seat 600, ya se había establecido una correlación que aún perdura en nuestros imaginarios: a mayor consumismo —en cuyo seno destacan los rugidos a gasolina—, mayor percepción de libertad, a pesar de que no se sepa muy bien para qué (si la “libertad” consiste en conducir al trabajo, por ejemplo, habría que cuestionar las condiciones laborales y la mera transacción económica con nuestros cuerpos, no tanto el método de desplazamiento).

Han transcurrido varias décadas desde que aquellos vehículos se deslizasen entre las entrañas del deseo y, a decir de Pasolini, neutralizasen la diversidad cultural e ideológica para provocar una identificación totalizadora con los ideales de la clase dominante. No es casualidad que, desde la institucionalidad franquista, se atribuyese al Seat 600 la capacidad de “acabar con la amenaza comunista”; sin embargo, junto a sus habilidades políticamente desmovilizadoras, el coche-hijo del paradigma único fosilista actual, ha contribuido a modificar significativamente los patrones climáticos y ha moldeado nuestras subjetividades según sus humaredas y volantazos. La reconfiguración del espacio urbano en torno a los aparcamientos y las carreteras, de los centros de trabajo o los lugares residenciales en ciudades cada vez más dispersas, la asimilación de la rapidez o el individualismo… todo ello está relacionado con un encumbramiento del coche que ha fomentado una suerte de orfandad en la mera concepción de otros mundos posibles. No importa que, en la Unión Europea, mueran cada año cientos de miles de personas debido a la contaminación atmosférica —la cual alimenta el vehículo privado—, o que, cada año, nos estallen en las manos nuevos récords de temperatura o extinción de la biodiversidad, el coche renace de entre las cenizas, ineluctable y soberbio.

Así que tal vez vaya siendo hora de arrinconarlo y, encasquetado en su propia mole inservible, condenarlo al desguace de la historia. Permitiría nuevas posibilidades, pensar distintas formas de movilidad —o de estatismo casero—, aunando la conversación cartográfica a la configuración de la cotidianeidad: ¿se puede ir a la guardería caminando, a la oficina?, ¿cuántas horas de encierro al volante me ahorraría si las sustituyo por una apacible lectura en el tren?, ¿cuánto dinero, si comparto el vehículo? Como Vostell, podríamos desterrarlo al museo, y luego abrir alamedas, destripar el asfalto y plantar flores; que la próxima lluvia torrencial calase terrenos verdes en lugar de acelerar su pulsión de muerte sobre el asfalto. Más de un siglo de fascinación con un objeto incoherente en este contexto de emergencia climática ha sido suficiente; las fotos de Valencia, como un augurio, anuncian el destino de cuatro ruedas agonizantes.

Azahara Palomeque, «Tu coche, mi coche, nuestra catástrofe», El País, 17.12.24

viernes, 13 de diciembre de 2024

Aniversarios 70

Mario Míguez (Madrid, 20.04.1962 - 13.12.2017), fuente: Editorial Renacimiento
Lecturas 2 - Obituarios 26, anterior entrada del blog

No era yo el cazador
aunque entraba en los bosques interiores
que creía ser míos,
altivo y orgulloso, vanamente seguro.
No era yo el cazador,
aunque quise atraparte como al ciervo o la liebre
cuando huyen por los sotos, o en el aire a la garza.
 
Así, grácil y rápido,
te mostrabas de súbito un instante
brevísimo, dejando tu belleza,
tu sorpresa fugaz,
al ojo fascinado, al corazón
inquieto de aventura.
No era yo el cazador.
Fue un error cada intento.
Perdí todas mis flechas y mis fuerzas.
Jamás me fue posible
saber tus escondrijos o guaridas.
Y cómo me engañaba así buscándote.
 
Eras tú el cazador,
paciente, cauto,
oculto desde siempre,
y yo la presa esquiva que acechabas.
Eras tú el cazador:
porque fuiste el arquero transformado en saeta
que llevaste el veneno de la vida
de un disparo infalible a mi costado;
porque fuiste el montero transformado en lebrel
que clavaste los dientes en mi carne, sanándola;
porque fuiste el cetrero transformado en halcón
que me hincaste las garras en los ojos
para darme los tuyos,
y que en mi corazón hundiste el pico
haciendo que sangrara,
vaciándome de sangre para darme la tuya.
 
Eras tú el cazador:
el Señor de los bosques.
Tú que siempre eres pobre y desnudo y hambriento
me estabas vigilando a mí, tu presa,
con ojos invisibles
desde toda mi vida
y morías herido de amor entre el ramaje.
 
Mario Míguez, «El cazador», en el libro del mismo título, Pre-Textos, 2008

jueves, 12 de diciembre de 2024

Twins 1

Luisa Roldán con Luis Antonio y Tomás de los Arcos, San Servando y San Germán (1687, catedral de Cádiz, la policromía posterior), exposición "Luisa Roldán. Escultora real", Valladolid, fotos: Antonio Erena, 11.12.24

martes, 10 de diciembre de 2024

domingo, 8 de diciembre de 2024

Limpia

Gregorio Fernández, La Inmaculada Concepción, c. 1630, Monasterio de Santa Clara, Monforte de Lemos, fuente: exposición "Darse la mano. Escultura y color en el Siglo de Oro", Museo Nacional del Prado, 19.11.2024 - 02.03.2025
"Una cofradía del siglo XVI con 200 miembros secretos y jiennenses dispuestos a "defender la limpia concepción de la Virgen", Antonio Cañada, Jaén Hoy, 08.12.24
Pura, anterior entrada del blog

El músico de la semana 92

Aldo Ciccolini (Nápoles, 15.08.1925 - París, 01.02.2015), foto: Aldo Neuvecelle
Aldo Ciccolini, Ravel, Concierto para piano y orquesta en sol mayor, Orquesta de la RAI de Milán, dir. A.Tamayo, Conservatorio de Milán, 1993 (vídeo)

miércoles, 4 de diciembre de 2024

Festón

Jarrón con festones (segunda mitad s. XVIII), plaza de Pamplona, jardín del Príncipe, Aranjuez, foto: Antonio Erena, 30.11.24
Del fértil seno de la madre España               
nace el altivo Tajo en breve cuna;                 
y, creciendo con rápida fortuna,                   
ceden los pinos a su adulta saña.                  
 
Si rompe cerros, si florestas baña,                
río es el Tajo; su corriente es una,                 
sea en la vega, anchísima laguna,                 
sea sierpe que enrosca la montaña.               
 
Miradle de Aranjuez en los vergeles,           
vedle desde la cántara extremeña;                
contempladle al llegar al Océano...               
 
Y así del alma, en cálidos rieles,                   
la idea brota, y rauda se despeña,                 
río caudal del pensamiento humano.
 
Antonio Ros de Olano, Progresión, en Poesías de Antonio Ros de Olano; con un prólogo de D. Pedro A. de Alarcón, Madrid, Imprenta y Fundición de M. Tello, 1886, fuente: Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes.

martes, 3 de diciembre de 2024

Ríos 8

Río Tajo, al fondo el Embarcadero Real, Aranjuez, foto: Antonio Erena, 30.11.24
Breve o inverno virá com sua branca
        Nudez vestir os campos.
As lareiras serão as nossas pátrias
        E os contos que contarmos
Assentados ao pé do seu calor
        Valerão as canções
Com que outrora entre as verdes ervas rijas
        Dizíamos ao sol
O ave atque vale triste e alegre,
        Solenes e carpindo.
Por ora o outono está connosco ainda.
        Se ele nos não agrada
A memória do estio cotejemos
        Com a esperança hiemal.
E entre essas dádivas memoradas
        Como um rio passemos.
 
Pronto el invierno vendrá con su blanca
        desnudez vistiendo los campos.
Las chimeneas serán nuestras patrias
        y los cuentos que vamos a contar.
Sentados al pie de su calor,
        valdrán la pena las canciones
conque otrora, entre las verdes hierbas duras,
        decíamos al sol.
El pájaro, no obstante, está triste y feliz,
        solemne y lloroso.
Por ahora, el otoño sigue con nosotros.
        Si él no nos agrada
el recuerdo del verano comparemos
        con esperanza invernal.
Y entre esas dádivas recordadas
        como un río pasemos.

Fernando Pessoa, «Breve o inverno virá com sua branca» (17.07.1914), Poemas de Ricardo Reis, Edição Crítica de Luiz Fagundes Duarte, Lisboa, Imprensa Nacional - Casa da Moeda, 1994,  p. 41 (trad. Antonio Erena).

lunes, 2 de diciembre de 2024

Ayer y hoy 39

Santiago Rusiñol, Grupo de cipreses. Glorieta, IV, 1908, Meadows Museum, Dallas
Glorieta o cenador de Rusiñol, jardín del Príncipe, Aranjuez, foto: Antonio Erena, 30.11.24