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| El doctor Rafael Martínez Molina (Jaén, 24.12.1816 - 14.03.1888) Fuente: Fototeca del Patrimonio Histórico, Ministerio de Cultura |
lunes, 13 de abril de 2020
Excéntricos 23
domingo, 12 de abril de 2020
Domingo de Resurrección 2020
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| Diego Español, Cristo resucitado, Museo de los Caminos Fuente: Cofradía de la Santa Vera Cruz y Confalón, Astorga |
sábado, 11 de abril de 2020
Sábado Santo 2020 (Fotogramas 123)
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| El Mesías (Il Messia), Roberto Rosellini, 1975 |
viernes, 10 de abril de 2020
Viernes Santo 2020
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| Joaquín Romero Murube (primero a la derecha) en el traslado de la Virgen de la Soledad a la parroquia de San Jerónimo (Sevilla, 28.01.1965), fuente: Pasión en Sevilla |
Viernes Santo. El alma y el
cuerpo están cansados de tanto esplendor. ¿Queda aún otro paso? Sí. Nuestra
Señora de la Soledad. Es
la última. Sale de San Lorenzo, del barrio más puro de Sevilla. Es una
hermandad pobre, humilde. La
Virgen va transida de dolor, del dolor de la soledad, el
dolor más real y aparente de todos los dolores. En el ambiente está ya plasmado
el tedio de la fiesta y la
Soledad pasa un poco entre el dormitar de todos. Va casi sola
en su dolor. Silencio, fin, agotamiento. Los hermanos de la Soledad lloramos está
soledad en que camina nuestra Virgen. Las sillas se apilan informes, contra las
aceras. No nos miran. Por entre la sombra y el silencio de las calles vamos con
Nuestra Virgen de la Soledad
en soledad. ¡Bendita sea!
Joaquín Romero Murube, «La Soledad », de Sevilla en los labios.
jueves, 9 de abril de 2020
miércoles, 8 de abril de 2020
Miércoles Santo 2020
| El paso de la Virgen de las Angustias (Torcuato Ruiz del Peral, 1750) delante de la puerta del Vino de la Alhambra en su procesión del Sábado Santo Foto: Pepe Torres (2015) |
«El
viajero sin problemas, lleno de sonrisas y gritos de locomotoras, va a las
fallas de Valencia. El báquico, a la Semana Santa de Sevilla. El quemado por un ansia
de desnudos, a Málaga. El melancólico y el contemplativo, a Granada, a estar
solo en el aire de albahaca, musgo en sombra y trino de ruiseñor que manan las
viejas colinas junto a la hoguera de azafranes, grises profundos y rosa de
papel secante que son los muros de la Alhambra. A estar solo. En la contemplación de un
ambiente lleno de voces difíciles, en un aire que a fuerza de belleza es casi
pensamiento, en un punto neurálgico de España donde la poesía de meseta de San
Juan de la Cruz
se llena de cedros, de cinamomos, de fuentes, y se hace posible en la mística
española ese aire oriental, ese ciervo vulnerado que asoma, herido de amor, por
el otero.
A
estar solo, con la soledad que se desea tener en Florencia; a comprender cómo
el juego de agua no es allí juego como en Versalles, sino pasión de agua,
agonía de agua.
O
para estar amorosamente acompañado y ver cómo la primavera vibra por dentro de
los árboles, por la piel de las delicadas columnas de mármoles, y cómo suben
por las cañadas arrojando a la nieve, que huye asustada, las bolas amarillas de
los limones.
El
que quiera sentir junto al aliento exterior del toro ese dulce tictac de la
sangre en los labios, vaya al tumulto barroco de la universal Sevilla; el que
quiera estar en una tertulia de fantasmas y hallar quizá una vieja sortija
maravillosa por los paseíllos de su corazón, vaya a la interior, a la oculta
Granada. Desde luego, se encontrará el viajero con la agradable sorpresa de que
en Granada no hay Semana Santa. La Semana Santa no va con el carácter cristiano y
antiespectacular del granadino. Cuando yo era niño, salía algunas veces el
Santo Entierro; algunas veces, porque los ricos granadinos no siempre querían
dar su dinero para este desfile.
Estos
últimos años, con un afán exclusivamente comercial, hicieron procesiones que no
iban con la seriedad, la poesía de la vieja Semana de mi niñez. Entonces era
una Semana Santa de encaje, de canarios volando entre los cirios de los
monumentos, de aire tibio y melancólico como si todo el día hubiera estado
durmiendo sobre las gargantas opulentas de las solteronas granadinas, que pasean
el Jueves Santo con el ansia del militar, del juez, del catedrático forastero
que las lleve a otros sitios. Entonces toda la ciudad era como un lento tiovivo
que entraba y salía de las iglesias sorprendentes de belleza, con una fantasía
gemela de las grutas de la muerte y las apoteosis del teatro. Había altares
sembrados de trigo, altares con cascadas, otros con pobreza y ternura de tiro
al blanco: uno, todo de cañas, como un celestial gallinero de fuegos
artificiales, y otro, inmenso, con la cruel púrpura, el armiño y la suntuosidad
de la poesía de Calderón. En una casa de la calle de la Colcha , que es la calle
donde venden los ataúdes y las coronas de la gente pobre, se reunían los “soldaos” romanos para ensayar. Los “soldaos” no eran cofradía, como los jacarandosos “armaos” de la maravillosa Macarena. Eran gente
alquilada: mozos de cuerda, betuneros, enfermos recién salidos del hospital que
van a ganarse un duro. Llevaban unas barbas rojas de Schopenhauer, de gatos
inflamados, de catedráticos feroces. El capitán era el técnico de marcialidad y
les enseñaba a marcar el ritmo, que era así: “porón..., ¡chas!”, y daban un golpe en el suelo con las lanzas,
de un efecto cómico delicioso. Como muestra del ingenio popular granadino, les
diré que un año no daban los “soldaos” romanos pie con
bola en el ensayo, y estuvieron más de quince días golpeando furiosamente con
las lanzas sin ponerse de acuerdo. Entonces el capitán, desesperado, gritó: “Basta, basta; no golpeen más, que, si siguen así, vamos a
tener que llevar las lanzas en palmatorias”, dicho granadinísimo que han comentado ya varias
generaciones.
Yo
pediría a mis paisanos que restauraran aquella Semana Santa vieja, y
escondieran por buen gusto ese horripilante paso de la Santa Cena y no
profanaran la Alhambra ,
que no es ni será jamás cristiana, con el tatachín de procesiones, donde lo que
creen buen gusto es cursilería, y que sólo sirven para que la muchedumbre
quiebre laureles, pise violetas y se orinen a cientos sobre los ilustres muros
de la poesía.
Granada
debe conservar para ella y para el viajero su Semana Santa interior; tan
interior y tan silenciosa, que yo recuerdo que el aire de la vega entraba,
asombrado, por la calle de la
Gracia y llegaba sin encontrar ruido ni canto hasta la fuente
de la plaza Nueva.
Porque
así será perfecta su primavera de nieve y podrá el viajero inteligente, con la
comunicación que da la fiesta, entablar conversación con sus tipos clásicos. Con
el hombre océano de Ganivet, cuyos ojos están en los secretos lirios del Darro;
con el espectador de crepúsculos que sube con ansias a la azotea; con el
enamorado de la sierra como forma sin que jamás se acerque a ella; con la
hermosísima morena ansiosa de amor que se sienta con su madre en los
jardinillos; con todo un pueblo admirable de contemplativos, que, rodeados de
una belleza natural única, no esperan nada y sólo saben sonreír.
El
viajero poco avisado encontrará con la variación increíble de formas, de paisaje,
de luz y de olor la sensación de que Granada es capital de un reino con arte y
literatura propios, y hallará una curiosa mezcla de la Granada judía y la Granada morisca,
aparentemente fundidas por el cristianismo, pero vivas e insobornables en su misma
ignorancia.
La
prodigiosa mole de la catedral, el gran sello imperial y romano de Carlos V, no
evita la tiendecilla del judío que reza ante una imagen hecha con la plata del candelabro
de los siete brazos, como los sepulcros de los Reyes Católicos no han evitado que
la media luna salga a veces en el pecho de los más finos hijos de Granada. La lucha
sigue oscura y sin expresión...; sin expresión, no, que en la colina roja de la
ciudad hay dos palacios, muertos los dos: la Alhambra y el palacio de
Carlos V, que sostienen el duelo a muerte que late en la conciencia del
granadino actual.
Todo
eso debe mirar el viajero que visite Granada, que se viste en este momento el
largo traje de la primavera. Para las grandes caravanas de turistas
alborotadores y amigos de cabarets y grandes hoteles, esos grupos frívolos que
las gentes del Albaicín llaman “los tíos
turistas”, para
ésos no está abierta el alma de la ciudad».
Federico García Lorca, Pregón (alocución radiofónica) de la Semana Santa
granadina, Unión Radio (Madrid, abril 1936)
martes, 7 de abril de 2020
Martes Santo 2020
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| Córdoba, la cuesta del Bailío Foto: José Luis Sarralde (Guías Viajar, página web) |
Jerusalén del patio y la calleja
si Roma del nivel y la plomada;
meditación en bulto levantada
si llama que en la alberca se refleja;
en andas de ciprés y plata vieja
va la cal de su tarde, ya morada,
gozando, padeciendo la afilada
vacilación de cirios que la aqueja.
Santa Inés en su calle; y en su huerto
la albahaca que sostiene el Martes Santo
de tu Plaza Mayor de los Dolores.
Con ojeras de ver el cielo abierto
transcurre de su dolor a su quebranto
la gente de los ojos almanzores.
Rafael Porlán, A Córdoba
lunes, 6 de abril de 2020
Lunes Santo 2020
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| El Cristo de las Misericordias o del Bambú (atrib. Salvador de Cuéllar, segunda mitad s. XVI) pasa delante de la catedral de Jaén, foto: Antonio Erena, 18.04.11 |
Luchando, cuerpo a cuerpo, con la muerte,
al borde del abismo, estoy clamando
a Dios. Y su silencio, retumbando,
ahoga mi voz en el vacío inerte.
Oh Dios. Si he de morir, quiero tenerte
despierto. Y, noche a noche, no sé cuándo
oirás mi voz. Oh Dios. Estoy hablando
solo. Arañando sombras para verte.
Alzo la mano, y tú me la cercenas.
Abro los ojos: me los sajas vivos.
Sed tengo, y sal se vuelven tus arenas.
Esto es ser hombre: horror a manos llenas.
Ser —y no ser— eternos, fugitivos.
¡Ángel con grandes alas de cadenas!
Blas de Otero, «Hombre», Ángel
fieramente humano (1950)
domingo, 5 de abril de 2020
El músico de la semana 21
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| John Eliot Gardiner (20.04.1943), en el Estudio 1 de la CBC (Canadá) Foto: Alex Waterhouse-Hayward (1981) |
sábado, 4 de abril de 2020
Fotogramas 122
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| La balada de Narayama (Narayama bushikô), Keisuke Kinoshita (1958) |
viernes, 3 de abril de 2020
Dolores 2020
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| La Virgen de los Dolores de Córdoba (Juan Prieto, 1719) Fuente: Wikipedia |
Por los muros de cal y madreselva
ya despierta en abril. Por aquel aire
musical y estrellado. Por aquella
vacilante penumbra de los cirios
y la luna de Córdoba. Sus calles.
Errante su dolor como un aroma
de violetas heridas en el alba.
Soledad y silencio. Sus puñales
refulgentes, vivísimos, clavados
en su transido corazón de Madre…
(Plata desnuda o cálida, entrañable
orfebrería de manos, sostenidas
en lágrimas, vigilias o plegarias,
alzándose infinitas tal humana
pleamar de sufrimiento cada día).
Por esquinas de Córdoba y sangrantes
callejuelas teñidas de crepúsculo…
¡Dolorosa del pálido quebranto
en su divina faz transverberada
por el misterio de la primavera!
Mario López, «Virgen de los Dolores (Córdoba)»,
Museo
simbólico (1982)
jueves, 2 de abril de 2020
Parecidos razonables 24
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| Mujer padaung (jirafa), Chiang Mai, Tailandia (11.02.15) Fuente: Descubriendo el mundo (madoum.wordpress.com) |
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| Cayetana Álvarez de Toledo Foto tomada el 16.03.19, fuente: Wikipedia |
miércoles, 1 de abril de 2020
Ayer y hoy 26
| Dos turistas musulmanas pasan ante la estatua de don Pelayo, rey de Asturias (Domingo Martínez, 1750) Plaza de Oriente, Madrid, foto: Antonio Erena Camacho (18.09.19) |
martes, 31 de marzo de 2020
Casas 15 (confinados 1)
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| La granja de la familia Dickinson en Amherst, Massachusets, donde vivió Emily buena parte de su vida Fuente: Museo Emily Dickinson (página web) |
The
soul selects her own society,
Then shuts the door;
On her divine majority
Obtrude no more.
Then shuts the door;
On her divine majority
Obtrude no more.
Unmoved,
she notes the chariot's pausing
At her low gate;
Unmoved, an emperor is kneeling
Upon her mat.
At her low gate;
Unmoved, an emperor is kneeling
Upon her mat.
I've
known her from an ample nation
Choose one;
Then close the valves of her attention
Like stone.
-------------------------------------------
El alma selecciona su propia sociedad,
Choose one;
Then close the valves of her attention
Like stone.
-------------------------------------------
El alma selecciona su propia sociedad,
luego cierra la puerta;
en su divina mayoría
no más intromisión.
Inmóvil, ella observa los carruajes parándose
ante su verja baja;
inmóvil, un emperador se arrodilla
sobre su estera.
Yo le he conocido a ella, de una vasta nación,
elegir a uno;
luego cerrar las valvas de su atención,
como piedra.
Emily Dickinson, Exclusion
(Exclusión, 1862)
traducción: Antonio Erena
lunes, 30 de marzo de 2020
Miradas 17
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| Antonio Moro, Retrato de Guillermo de Orange, Galería de Maestros Antiguos, Wilhelmshöhe Palace, Kassel |
Entrevista a Alain Touraine, Marc Bassets, El País (29.03.30)
domingo, 29 de marzo de 2020
El músico de la semana 20
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| Frank Peter Zimmermann (27.02.1965) |
sábado, 28 de marzo de 2020
Fotogramas 121
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| La invasión de los ladrones de cuerpos (Invasion of the Body Snatchers), Don Siegel, 1956 |
viernes, 27 de marzo de 2020
Aniversarios 41 - Exilios 9
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| Gregorio Marañón y Posadillo (19.05.1887 - 27.03.1960) |
jueves, 26 de marzo de 2020
Ramón
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| Miguel Ángel Tornero, Sin título (collage), exposición Quemar ramón Galería Juan Silió, Madrid, 2020 |
miércoles, 25 de marzo de 2020
martes, 24 de marzo de 2020
Contagio
| La A-1 con Madrid al fondo desde el puente peatonal de La Moraleja, foto: Antonio Erena Camacho, 23.09.19 |
lunes, 23 de marzo de 2020
Pandemia 2
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| Bazar Home Asia, Torredonjimeno Foto: Antonio Erena Camacho (5.03.20) |
domingo, 22 de marzo de 2020
El músico de la semana 19
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| Regino Sainz de la Maza (7.09.1896 - 26.11.1981) Foto: Alfonso Sánchez Portela |
sábado, 21 de marzo de 2020
Fotogramas 120
viernes, 20 de marzo de 2020
Música popular 96
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| De izq. a der.: Miguel Matamoros, Siro Rodríguez y Rafael Cueto, el Trío Matamoros Fuente: blog Calle Heredia |
Era una cocainómana consuetudinaria
que le entregó su alma a la voluptuosidad
para vivir gozando una vida imaginaria
y no sufrir viviendo una vida de verdad.
La conocí una noche de lúbricos placeres
en una burda infecta de un trágico arrabal,
ella era la elegida entre todas las mujeres
sensuales y lascivas del dios del bacanal.
No quiero más cocaína,
no me quiero envenenar.
Yo quiero vivir, Celina,
sufriendo la vida real.
No quiero coca que me sofoco,
a mí la coca, mamá, me pone loco.
Que es gozar un sufrimiento,
el sufrimiento es el goce;
cuando más grande es el goce
mayor será el sufrimiento.
jueves, 19 de marzo de 2020
Pandemia 1
| Plaza de Castilla, Madrid, agosto 2019 Foto: Antonio Erena Camacho (8.08.19) |
miércoles, 18 de marzo de 2020
Establecimientos 17
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| Pizzería Ay mi madre!, calle de la Palma esquina Santa Lucía, Madrid Foto: Antonio Erena Camacho (7.12.19) |
martes, 17 de marzo de 2020
Último atardecer
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| Vista de la campiña de Torredonjimeno desde el cortijo de Valero o del Prior, foto: Antonio Erena, 12.03.20 |
Siempre me asomo al viso
desde donde columbro
la campiña a lo lejos.
Olivares y olivos
y cortijos de nombres
que han estado de siempre
sonando en mis oídos.
José Antonio Muñoz Rojas
¡Y esta casa tan bella! (fragmento)
miércoles, 25 de diciembre de 2019
Feliz Navidad 2019
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