jueves, 30 de enero de 2025

Parecidos razonables 33

Melania Trump (retrato oficial, Régine Mahaux, detalle), fuente: Instagram
Jane Badler como Diana en la serie de televisión V Invasión Extraterrestre (Kenneth Johnson, 1983-85), fuente: Reddit

miércoles, 29 de enero de 2025

Miradas 28

Francisco de Goya, José Moñino y Redondo, I conde de Floridablanca (1783), col. Banco de España, exposición "La tiranía de Cronos", Banco de España, foto: Antonio Erena, 28.01.25

jueves, 23 de enero de 2025

Calles 14

El reloj de Telefónica desde el arranque de la calle Tetuán con la del Carmen, Madrid, foto: Antonio Erena, 22.01.25
El reloj de Telefónica desde el arranque de la calle de Valverde con la de Colón, Madrid, foto: Antonio Erena, 23.01.25
Establecimientos 18, anterior entrada del blog

miércoles, 22 de enero de 2025

Geometrías 9

Sumidero, foto: Antonio Erena, 13.10.24
El remordimiento por algunas tonterías cometidas en el pasado puede no ser estéril si nos sirve para actuar con más cabeza en el presente. Una tontería puede ser también un error, pero en ella hay algo añadido de banal y de superfluo que agrava el daño que produce en vez de aliviarlo. Una disculpa parcial es que los aciertos, los actos de nobleza, el esfuerzo en el trabajo, llevan el sello de lo mejor que cada uno es. La tontería tiende a ser colectiva, no producto de la elección consciente, sino de la sumisión atolondrada o cobarde a una consigna de moda. Algunas de las mayores tonterías de las que me arrepiento en mi vida surgieron no de una apetencia puramente mía, sino del miedo a quedarme atrás en algo que otros celebraban, de la ansiedad por compartir algo prestigioso que flotaba en el aire.

Cuando yo rondaba los 18 años las drogas empezaron a llegar al mundo provinciano en el que me movía, con una leyenda peligrosa y tentadora de clandestinidad que las hacía más atractivas. Asociar la emancipación al consumo de hachís era una tontería colosal, más aún si se la adornaba con la facultad de abrir las “puertas de la percepción” o desatar la creatividad. También se suponía entonces que el alcohol y el tabaco eran herramientas tan necesarias para la literatura como el papel, la pluma y la máquina de escribir. Yo me quedaba hasta las tantas escribiendo a máquina en la mesa camilla de mi casa, al calor declinante del brasero de orujo, y por la mañana mi madre encontraba junto a la máquina y los folios un cenicero lleno de colillas. Con tal método no era probable escribir una obra maestra precoz, aunque sí adquirir una meritoria tos bronquítica antes de los 20 años.

Siendo medroso por naturaleza, el hachís me daba miedo. Empecé a fumarlo por la misma razón por la que había empezado a fumar tabaco unos años antes, por imitar a otros más audaces que yo, y porque de repente todo el mundo lo hacía. Todo el mundo hablaba usando los nuevos términos carcelarios como contraseñas —el costo, el pasote, el talego, etc.— y a mí me daba vergüenza quedarme antiguo, como se quedaron antiguos de repente unos años más tarde las chaquetas de pana, las botas de montañero o metalúrgico y las melenas y las barbas. Eran los últimos setenta, los primeros ochenta, y todo iba muy rápido. Tan rápido que también el hachís se pasó de moda, porque de repente lo nuevo y lo último y reglamentario era la cocaína. Ahora las chaquetas tenían hombreras como de cine negro y los pantalones colgaban flojos y anchos bajo el cinturón, y algunos de los héroes barbudos del zurrón y la pana se habían afeitado hasta dejarse las patillas a la altura de la sien y hacían el gesto coqueto de taparse un orificio de la nariz con el dedo índice y respirar hacia adentro, para indicar que les quedaba algún resto de cocaína esnifada poco antes.

El hachís, la marihuana eran ya antiguallas de tardohippies, o de lo que luego se dio en llamar perroflautas. Lo moderno era la coca. La coca era un símbolo de estatus, como el diseño o los restaurantes de nueva gastronomía en los que celebraban sus grandes o pequeños pelotazos los beneficiarios de aquellos vendavales de dinero público sin freno que traían consigo los magnos proyectos de la era socialista, culminados en las olimpiadas y la Expo de 1992 como despliegues galácticos de fuego de artificio.

Decían que la coca te animaba la vida y exaltaba todas tus facultades, incluidas las eróticas, y además no era adictiva. Partícipe de la tontería de mi época, también la consumí de vez en cuando, sobre todo si me invitaban. En ningún momento pensé por entonces que estaba alimentando un negocio criminal que ya entonces ahogaba en sangre, terror y corrupción a una parte del mundo. A lo que ni yo ni nadie pudo cerrar los ojos fue a los efectos atroces que empezó a tener sobre muchas personas aquella sustancia al parecer tan beneficiosa como inocua, que no dejaba olores cabezones ni muermos como los de hachís, ni rastros de sangre y jeringuillas pisoteadas en algún retrete.

Quizás fue el escarmiento de aquellas antiguas tonterías y adicciones lo que me dejó vacunado contra la que se puso de moda muchos años después y está llegado ahora a su paroxismo destructivo, la de las redes sociales. Como el hachís o la cocaína, vino con el prestigio de una novedad que uno no podía perderse, en la gran ola del mesianismo tecnológico, que también traía su vocabulario, sus propagandistas y gurús, todos ellos disfrazados como jóvenes benefactores bohemios. Ahora parece que Facebook es una distracción de jubilados, como la brisca o el ganchillo, pero hace unos 15 años no abrirse una cuenta o perfil o como ahora se llame era tan imperdonable como no inclinarse a esnifar una raya de coca en una reunión de mangantes de la política o del dinero. Hombre de mi época, pasé unas horas en esa red, y me di cuenta de inmediato de lo fácilmente que podría convertirme en adicto, y de la extraordinaria cantidad de tiempo que me robaba sin darme cuenta y sin fruto alguno. El fundador era por entonces un muchacho majete, con aire de adolescente atolondrado y algo gamberro pero un buenazo, con su sudadera y su desparpajo de recién llegado al college y su simpática consigna, “muévete rápido y rompe cosas”. Vaya si rompieron. El daño que han hecho los señores de la droga se queda en poco comparado con la pandemia de trastornos mentales entre niños y adolescentes que la compañía de este individuo viene fomentando en sus diversas plataformas, cada una más adictiva, más propagadoras a conciencia de ansiedad y mentira.

La droga de Zuckerberg la probé un rato y me dejó el desagrado de los primeros porros. La que ahora trafica con tanto éxito Elon Musk tengo la modesta satisfacción de no haberla probado nunca. Ni una sola vez en mi vida he entrado en Twitter o X, aunque el veneno que expande es tan tóxico que puede dañarlo a uno hasta de lejos. Había que estar en ese sumidero para no perderse nada, para estar informado, porque era lo cool. Siempre el mismo anzuelo. Puedo asegurar que recibo toda la información que necesito, sobre todo en periódicos impresos y digitales y en emisoras de radio. Y además me ahorro la crispación, la agresividad y la inmundicia de ese pozo ciego del que solo me llegan ecos lejanos, aunque desagradables. Habrá quien participe en esa red con honestidad y decencia. Pero la centrifugadora de mentira y de odio que está infectando el mundo por culpa de su influjo, al mismo tiempo que enriquece más inmensamente al botarate aterrador de su dueño, me parece que ahoga cualquier resto de utilidad que quedara en ella. Leo con agrado que la ministra de Trabajo y los responsables de El Mundo Today anuncian su retirada, y me pregunto hasta cuándo periódicos serios, instituciones públicas, servicios esenciales, dirigentes políticos de nuestro país, y de Europa, van a permanecer en ese muladar. Es como si el sistema de comunicaciones de un país, de todo un continente soberano, se le confiara al Chapo Guzmán. El Chapo Guzmán está en una prisión de máxima seguridad, pero Zuckerberg, Bezos y Musk y otros cuantos como ellos forman parte de la corte de babosos oligarcas y bufones de Trump. No hay revuelta liberadora y colectiva que no sea una reacción en cadena de decisiones individuales. En este mundo dominado por fuerzas sobrehumanas y déspotas sin frenos, una de las pocas libertades efectivas que nos quedan es la de cortar de un tajo nuestra dependencia de esos fabricantes de adicciones, hoy mismo, ahora mismo. No hacía falta que Musk alzara compulsivamente el brazo en el saludo nazi para saber a qué atenernos.

Antonio Muñoz Molina, «Invitación a una revuelta», El País, 25.01.25

martes, 21 de enero de 2025

Desubicación

Fotografía antigua de la torre de Boabdil de Porcuna (el coche un Rolls Royce 20/25), pizzería Apadana, calle Pradillo, 6, Madrid, foto: Antonio Erena, 20.01.25
CAPÍTULO IV 
QUE EL REY MAHOMAD BOABDIL FUE PRESO

Los ánimos de los cristianos en breve se conhortaron de la gran tristeza y lloro que les causó aquel desastre, por otro mayor daño que hicieron en los moros, con que su atrevimiento se enfrenó. Peleaban entre sí los dos reyes moros Albohacen [Muley Hacén] y Boabdil con grande pertinacia y porfía; solamente concordaban en el odio implacable y deseo que tenían de hacer mal a los cristianos. Ponían la esperanza de aventajarse contra la parcialidad contraria en perseguir y hacer daño a los nuestros, y por esta vía ganar las voluntades y favor del pueblo. Por esto y por la victoria susodicha que ganó su padre, Boabdil en competencia se resolvió de acometer por otra parte las tierras de cristianos. Juntó un buen número de gente de a caballo y de a pie, así de los suyos como de la parcialidad contraria; hizo entrada por la parte de Écija; llevaba intento y esperanza de apoderarse de Lucena, villa más grande y rica que fuerte. Dióle este consejo Alatar, su suegro, persona que de muy bajo suelo, tanto, que fue mercero, a lo menos esto significa su nombre, por su gran esfuerzo pasó por todos los grados de la milicia y llegó a aquella honra de tener por yerno al rey, además de las muy grandes riquezas que había llegado; y estaba acostumbrado a hacer presas en tierra de cristianos, en particular en la campiña de Lucena.

Diego Fernández de Córdoba, alcaide de los Donceles, que era señor de aquel pueblo, junto con otros lugares que por allí tenía, luego que supo lo que los moros pretendían, advirtió a su tío el conde de Cabra del peligro que corría. A causa del estrago pasado quedaba muy poca gente de a caballo por aquella comarca, fuera de que los moradores de Lucena estaban amedrentados, y los muros no eran bastantes para resistir a los bárbaros. Llegaron los moros a 21 de abril [de 1483]. El alcaide recogió los moradores a la parte mas alta del lugar. Fortificó otrosí con pertrechos, guarneció con soldados, que llegó hasta doscientos de a caballo y ochocientos de a pie de los lugares comarcanos, lo más bajo de la villa, por entender que los moros acometerían por aquella parte. Fue mucho el esfuerzo de los soldados, tanto, que los enemigos perdieron la esperanza de ganar la villa; mas por alguna gente que perdieron en el combate y otros que les hirieron, en venganza volvieron su rabia contra los olivares.

Demás de esto, Amete, abencerraje, con trescientos de a caballo dio la tala a la campiña de Montilla. Tenía éste con el alcaide de Lucena Diego de Córdoba conocimiento y familiaridad a causa que los años pasados los abencerrajes echados de Granada, estuvieron en Córdoba mucho tiempo. Hecho pues lo que le encomendaron, vuelto a Lucena, convidó al alcaide para tener habla con él, con intento, debajo de color de amistad, de ponerle asechanzas y engañarle. Un engaño fue burlado con otro. Dio esperanza el alcaide de rendir el pueblo; con que entretuvo al enemigo hasta tanto que llegase el conde de Cabra. Como el bárbaro supo que se acercaba, alzados sus reales, comenzó a retirarse la vuelta de su tierra con la presa, que era muy grande. Los cercados, avisados de lo que pasaba, salieron de la villa, acometieron a la retaguardia para impedirles el camino y entretenerlos.

Entre tanto, como llegase el conde de Cabra, se determinó cargar a los enemigos, que iban turbados con el miedo, revueltos entre sí y sin ordenanza. Apenas los venideros creerán esto, que con ser los moros diez tantos en número, no pudieron sufrir la primera vista de los contrarios. Dios les quitó el entendimiento; y la fama, como de ordinario acontece, de que el número de los nuestros era mucho mayor los hizo atemorizar. Está un arroyo legua y media de Lucena en el mismo camino real de Loja; las riberas frescas con muchos fresnos, sauces y tarais, y a la sazón por las lluvias del verano llevaba mucha agua; la gente de a pie, pasado el arroyo, se pusieron en huida sin otro ningún cuidado más de llevar la presa delante; la gente de a caballo, aunque atemorizada por la misma causa, hizo rostro. El rey bárbaro procuró animarlos, díjoles: «¿Dónde vais, soldados?¿Qué furor os ha cegado los entendimientos? ¿Por ventura estáis olvidados que estos son los mismos que poco ha fueron vencidos por menor número de los nuestros? Tendréis pues vos y ellos en esta pelea los ánimos que suelen tener los vencedores y vencidos. Mirad por la honra, por vos mismos y por lo que dirá la fama. ¿Pensáis que a las manos entorpecidas pondrán en salvo los pies?» Poco aprovecharon estas palabras.

Marcharon a prisa los cristianos; acometió por el un costado don Alonso de Aguilar, que desde Antequera con cuarenta de a caballo y algunos pocos peones mezclados acudió a la fama del peligro. Los bárbaros, sea que sospechasen que el número era mayor, o lo que yo más creo, por haberlos amedrentado Dios, dieron las espaldas y se pusieron en huida. El rey se apeó de un caballo blanco en que iba aquel día, procuró esconderse entre los árboles y matas de aquel arroyo con deseo de escapar si pudiese. Halláronle allí tres peones, y él mismo porque no le matasen, dio aviso de quién era. Así le prendieron, y el alcaide, que seguía el alcance, le mandó llevar a Lucena. El estrago que hicieron los nuestros hasta la noche en los que huían fue tal, que mataron más de mil de a caballo, y entre ellos al mismo Alatar, viejo de noventa años, y como cuatro mil peones, parte quedaron muertos, parte presos; juntamente les quitaron la presa.

Con el aviso de esta victoria los reyes, que a la sazón se hallaban en Madrid, acordaron partir entre sí los negocios, que eran muy grandes. La reina doña Isabel fue a la raya de Navarra para apresurar lo del casamiento de su hijo, por el gran deseo que tenían de impedir a los franceses la entrada en España y la posesión del reino de Navarra. El rey don Fernando se partió al Andalucía para cuidar de la guerra. Salió de Madrid a 28 de abril; llegado a Córdoba, se trató de hacer la guerra con mayores fuerzas y apercibimientos que antes, en especial que los moros por la prisión del rey Chiquito se tornaron a unir debajo de su rey Albohacen, que volvió al señorío de Granada, dado que muchos de los ciudadanos, aunque sin cabeza, todavía perseveraban en su primera afición, personas a quien ofendía la vejez, crueldad y avaricia de aquel rey.

Juntaron los nuestros a toda diligencia seis mil de a caballo y hasta cuarenta mil infantes; con este ejército volvieron a la guerra, iba por su caudillo el mismo rey don Fernando; hizo destruir los arrabales de Íllora, y tomó por fuerza y echó por el suelo a Tajara, pueblo cerca de Granada, en cuya batería don Enrique Enríquez, tío del rey y mayordomo de la casa real, fue herido, y para curarle le enviaron a Alhama. Después de esto llegaron a la vega de Granada, en que hicieron grande destrozo, quemaron y talaron todo lo que hallaban, y para mayor seguridad de los gastadores, asentaron los reales en un puesto fuerte, desde donde los enviaban guarnecidos de soldados y con escolta a hacer daño en los campos comarcanos, con tanto menor peligro suyo y mayor perjuicio de los enemigos.

El rey Albohacen, por no fiarse de los ciudadanos, no se atrevió a salir de la ciudad, sólo algunos pocos soldados se mostraban por los campos con intento de prender a los que se desmandasen y pelear a su ventaja. Envió otrosí aquel rey desde Granada sus embajadores; prometía si le entregaban a Boabdil, su hijo, que daría en trueque al conde de Cifuentes y otros nueve de los más principales cautivos que tenía; otras condiciones ofrecía para hacer confederación, pero insolentes y demasiadas. Era de su natural feroz, y ensoberbecíale más la victoria que poco antes ganara. El rey don Fernando rechazó las condiciones, ca decía no ser venido para recibir leyes, sino para darlas, y que no había que tratar de paz en tanto que no dejaba las armas.

Los nuestros eran aficionados a Boabdil; el favor y la misericordia tienen a las veces ímpetus vehementes. El marqués de Cádiz y otros no cesaban de persuadir al rey que le pusiese en libertad; que por este medio sustentase los bandos y parcialidades entre aquella gente, cosa muy perjudicial para ellos y muy a propósito para nuestros intentos. Acabadas pues las talas y puesta guarnición en Alhama, y por cabeza don Íñigo López de Mendoza, conde de Tendilla, con orden, no sólo de defender el pueblo, sino también de hacer salidas y robar las tierras comarcanas, el rey don Fernando volvió a Córdoba. Allí por su mandado trajeron el rey preso del castillo de Porcuna, pueblo que los antiguos llamaron Obulco. Como él se vio en presencia del rey, hincó la rodilla y pidióle la mano para besarla. Abrazóle el rey y hablóle con mucha cortesía. Parecióle era justo tenerle respeto y honrarle como a rey, dado que fuese bárbaro y su prisionero. Trataron de concertarse; finalmente, se hizo con estas condiciones: que Boabdil diese en rehenes a su hijo mayor con otros doce hijos de los más principales moros para seguridad que no faltaría en la devoción, obediencia y homenaje del rey de Castilla; mandáronle otrosí que pagase cada un año doce mil escudos de tributo, y viniese a las Cortes del reino cuando fuese avisado; demás de esto, que por espacio de cinco años pusiese en libertad cuatrocientos esclavos cristianos. Con esto le otorgaron libertad y licencia de quedarse en su secta y le enviaron a su tierra.

Padre Juan de Mariana, Historia General de España, Tomo III, ed. Javier Martínez Romeo a partir de la de 1780, págs. 237-239.

viernes, 17 de enero de 2025

viernes, 10 de enero de 2025

Música popular 196

Angelillo (Vallecas, 12.01.1908 - Buenos Aires, 24.11.1973), foto: Ibáñez (Madrid), fuente: todocolección
Angelillo canta en el programa Galas del sábado de RTVE Tengo una hermanilla chicaRomance de la bailaora (guitarra Ramón Montoya) y Dos cruces (vídeo)

Porque nací gitanito
le tengo miedo al trabajo.
Ay leré, leré leré leré, leré leré leré, leré leré leré.
Y en vez de la cuesta arriba
prefiero la cuesta abajo.
Ay leré, leré leré leré, leré leré leré, leré leré, leré leré.

A mí no me importa que la gente al pasar
murmuren que yo nací cansao,
bien saben los pobres que no puedo currelar
porque pa mi cuerpo es un pecao.
Pa poder vivir sin trabajar
se tie que ser gitano y saber equivocar.
Ay leré, leré leré leré, leré leré leré, leré leré leré.

Dijo un dia Faraón:
"Gitanito ha de nacer
quien sin mimbre haga canastos
y hasta pele a los borricos
con tijeras de papel”.
Por la gloria de Cotón,
y por mor del garlochí,
unos viven trabajando
y yo vivo equivocando
al compas del garrotín.
Parecito Faraón,
ties toíta la razón.

Por más que trate la gente
de hablar mal de los gitanos.
Ay leré, leré leré leré, leré leré leré, leré leré leré.
Porque según malas lenguas
tenemos largas las manos,
Ay leré, leré leré leré, leré leré leré, leré leré, leré leré.

Yo sé, caballero, que conmigo no va na,
por ser de mi raza tan honrao,
que nunca en el mundo, se lo puedo asegurar,
a nadie el trabajo le he quitao.
Yo nací sabiendo ya latín,
igual les canto un tango que les bailo un garrotín.
Ay leré, leré leré leré, leré leré leré, leré leré leré.

Dijo un día Faraón:
"Gitanito ha de nacer
quien sin mimbre haga canastos
y hasta pele a los borricos
con tijeras de papel”.
Por la gloria de Cotón
y por mor del garlochí,
unos viven trabajando
y yo vivo equivocando
al compás del garrotín.
Parecito Faraón,
ties toíta la razón.

Paresito Faraón, Benito Ulecia (música) y Hermenegildo Montes (letra), estrenada por Lola Cabello (1940)

jueves, 9 de enero de 2025

Aficiones 30

Antigua etiqueta de vino Ayuso, Villarrobledo, fuente: todocolección

Las voces que el mísero manteado daba fueron tantas, que llegaron a los oídos de su amo, el cual, deteniéndose a escuchar atentamente, creyó que alguna nueva aventura le venía, hasta que claramente conoció que el que gritaba era su escudero; y, volviendo las riendas, con un penado galope llegó a la venta, y, hallándola cerrada, la rodeó por ver si hallaba por donde entrar; pero no hubo llegado a las paredes del corral, que no eran muy altas, cuando vio el mal juego que se le hacía a su escudero. Viole bajar y subir por el aire con tanta gracia y presteza, que, si la cólera le dejara, tengo para mí que se riera. Probó a subir desde el caballo a las bardas, pero estaba tan molido y quebrantado, que aun apearse no pudo, y, así, desde encima del caballo comenzó a decir tantos denuestos y baldones a los que a Sancho manteaban, que no es posible acertar a escribillos; mas no por esto cesaban ellos de su risa y de su obra, ni el volador Sancho dejaba sus quejas, mezcladas, ya con amenazas, ya con ruegos; mas todo aprovechaba poco, ni aprovechó, hasta que de puro cansados le dejaron. Trujéronle allí su asno y, subiéndole encima, le arroparon con su gabán; y la compasiva de Maritornes, viéndole tan fatigado, le pareció ser bien socorrelle con un jarro de agua, y, así, se le trujo del pozo, por ser más frío. Tomóle Sancho y, llevándole a la boca, se paró a las voces que su amo le daba, diciendo:

—Hijo Sancho, no bebas agua; hijo, no la bebas, que te matará. ¿Ves? Aquí tengo el santísimo bálsamo —y enseñábale la alcuza del brebaje—, que con dos gotas que dél bebas sanarás sin duda.

A estas voces volvió Sancho los ojos, como de través, y dijo con otras mayores:

—¿Por dicha hásele olvidado a vuestra merced como yo no soy caballero, o quiere que acabe de vomitar las entrañas que me quedaron de anoche? Guárdese su licor con todos los diablos, y déjeme a mí.

Y el acabar de decir esto y el comenzar a beber todo fue uno; mas como al primer trago vio que era agua, no quiso pasar adelante y rogó a Maritornes que se le trujese de vino, y así lo hizo ella de muy buena voluntad, y lo pagó de su mesmo dinero: porque, en efecto, se dice della que, aunque estaba en aquel trato, tenía unas sombras y lejos de cristiana.

Así como bebió Sancho, dio de los carcaños a su asno y, abriéndole la puerta de la venta de par en par, se salió della, muy contento de no haber pagado nada y de haber salido con su intención, aunque había sido a costa de sus acostumbrados fiadores, que eran sus espaldas. Verdad es que el ventero se quedó con sus alforjas, en pago de lo que se le debía; mas Sancho no las echó menos, según salió turbado. Quiso el ventero atrancar bien la puerta así como le vio fuera, mas no lo consintieron los manteadores, que era gente que, aunque don Quijote fuera verdaderamente de los caballeros andantes de la Tabla Redonda, no le estimaran en dos ardites.

Cervantes, Don Quijote de la Mancha, Primera Parte, Capítulo XVII, edición del Instituto Cervantes dirigida por Francisco Rico, Centro Virtual Cervantes.

martes, 7 de enero de 2025

Familias 5

Vista del castillo de Manzanares el Real con la galería de Juan Guas, foto: Antonio Erena, 08.08.23
"El castillo de Manzanares cierra al público tras volver a las manos de su propietaria", ABC, 07.01.25

Por todos estos pinares                     
nin en Val de la Gamella,                 
non vi serrana más bella                    
que Menga de Manzanares.              
    Descendiendo'l yelmo Ayuso,      
contra Bóvalo tirando,                      
en ese valle de suso               
vi serrana entrar cantando;                
saluela, segund es uso,                      
e dije: «Serrana, estando       
oyendo, yo non m'excuso                 
de facer lo que mandares».               
    Respondiome con ufana:              
«Bien vengades, caballero.               
¿Quién vos trae de mañana
por este valle señero?            
Ca por toda aquesta llana                 
yo non dejo andar vaquero,              
nin pastora, nin serrana,                    
sinon Pascual de Bustares.
    Pero ya, pues la ventura                
por aquí vos ha traído,                      
convien'en toda figura,                     
sin ningund otro partido,                  
que me dedes la cintura,       
o entremos a braz partido,                
ca dentro en esta espesura                
vos quiero luchar dos pares».            
    Desque vi que non podía              
partirme d'allí sin daña,         
como aquel que non sabía                 
de luchar arte nin maña,                    
con muy grand malenconía,              
armele tal guadramaña                      
que cayó con su porfía          
cerca d'unos tomellares.

Por todos estos pinares,                    
ni en Navalagamella,                  
no vi serrana más bella                      
que Menga de Manzanares.              
    Descendiendo el Yelmo abajo,   
hacia El Boalo marchando,                     
en ese valle de arriba              
vi serrana entrar cantando;                
saludela, según es uso,                      
y dije: «Serrana, estando       
oyendo, yo no me excuso                 
de hacer lo que mandares».              
    Respondiome muy ufana:             
«Bien vengáis, caballero.                  
¿Quién os trae de mañana
por este valle señero?            
Que por toda esta llanura                  
yo no dejo andar vaquero,                
ni pastora, ni serrana,            
sino a Pascual de Bustares.
    Pero ya, pues la ventura                
por aquí os ha traído,            
conviene en toda figura,                   
sin ningún otro partido
1,                    
que me deis la cintura,          
o entremos a brazo partido,              
que dentro en esta espesura              
os quiero luchar dos pares2
».            
    De que vi que no podía                 
partirme de allí sin daño,       
como aquel que no sabía                   
de luchar arte ni maña,                      
con muy gran melancolía,                 
armele tal artimaña                
que cayó con su porfía3         
cerca de unos tomillares.

Íñigo López de Mendoza, marqués de Santillana, «Serranilla V. Menga de Manzanares», en Serranillas, Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes (actualización de Antonio Erena).
1. Conviene de todas todas y sin más preámbulo. Partido: juego, competición.
2. Luchar: disputar, aquí con sentido erótico, gozar; pares: veces. En relación con la anterior «sin ningún otro partido», y con la siguiente «de luchar arte ni maña».
3. Porfía: insistencia.

lunes, 6 de enero de 2025

Navidad 2024 y 6

Gilesbertus de Autun, Capitel del sueño de los Reyes Magos (1125-1145), catedral de San Lázaro, Autun, Francia, fuente: Wikimedia Commons
Habiendo nacido Jesús en Belén de Judea en tiempos del rey Herodes, unos magos de Oriente se presentaron en Jerusalén preguntando: «¿Dónde está el Rey de los judíos que ha nacido? Porque hemos visto salir su estrella y venimos a adorarlo». Al enterarse el rey Herodes, se sobresaltó y toda Jerusalén con él; convocó a los sumos sacerdotes y a los escribas del país, y les preguntó dónde tenía que nacer el Mesías. Ellos le contestaron: «En Belén de Judea, porque así lo ha escrito el profeta: “Y tú, Belén, tierra de Judá, no eres ni mucho menos la última de las poblaciones de Judá, pues de ti saldrá un jefe que pastoreará a mi pueblo Israel”». Entonces Herodes llamó en secreto a los magos para que le precisaran el tiempo en que había aparecido la estrella, y los mandó a Belén, diciéndoles: «Id y averiguad cuidadosamente qué hay del niño y, cuando lo encontréis, avisadme, para ir yo también a adorarlo». Ellos, después de oír al rey, se pusieron en camino y, de pronto, la estrella que habían visto salir comenzó a guiarlos hasta que vino a pararse encima de donde estaba el niño. Al ver la estrella, se llenaron de inmensa alegría. Entraron en la casa, vieron al niño con María, su madre, y cayendo de rodillas lo adoraron; después, abriendo sus cofres, le ofrecieron regalos: oro, incienso y mirra. Y habiendo recibido en sueños un oráculo, para que no volvieran a Herodes, se retiraron a su tierra por otro camino.

Mateo 2:1-12 (Biblia de la Conferencia Episcopal Española)

domingo, 5 de enero de 2025

Invierno 5

Pieter Brueghel el Viejo, Paisaje de invierno con patinadores y trampa para pájaros (1565), Museos Reales de Bellas Artes, Bruselas
Copia de Paisaje de invierno... por Pieter Brueghel el Joven en el Museo del Prado

Snow-happy hicks of a boy’s world –
O crunch of bull’s-eyes in the mouth,
O crunch of frost beneath the foot –
If time would only remain furled
In white, and thaw were not for certain
And snow would but stay put, stay put!
 
When the pillar-box wore a white bonnet –
O harmony of roof and hedge,
O parity of sight and thought –
And each flake had your number on it
And lives were round for not a number
But equalled nought, but equalled nought!
 
But now the sphinx must change her shape –
O track that reappears through slush,
O broken riddle, burst grenade –
And lives must be pulled out like tape
To measure something not themselves,
Things not given but made, but made.
 
For now the time of gifts is gone –
O boys that grow, O snows that melt,
O bathos that the years must fill –
Here is dull earth to build upon
Undecorated; we have reached
Twelfth Night or what you will … you will.

Felices paletos en la nieve de un mundo infantil.
¡Oh crujido de caramelos en la boca!
¡Oh crujido de escarcha bajo el pie!
Si el tiempo permaneciera sólo enrollado,
en blanco, y el deshielo no fuera cierto,
y la nieve se quedara quieta, ¡quieta!
 
Cuando el buzón llevaba un gorro blanco.
¡Oh armonía de tejado y seto!
¡Oh paridad de vista y pensamiento!
Y cada copo tenía tu número en él,
y las vidas eran redondas, no para un número
sino que equivalían a nada, ¡equivalían a nada!
 
Pero ahora la esfinge debe cambiar su forma.
¡Oh huella que reaparece a través de la nieve medio derretida!
¡Oh acertijo roto, granada reventada!
Y las vidas deben ser arrancadas como cinta
para medir algo pero no ellas mismas,
cosas no dadas sino hechas, pero hechas.
 
Por ahora el tiempo de los regalos se acabó.
¡Oh chicos que crecen! ¡Oh nieves que se derriten!
¡Oh trivialidades que los años deben llenar!
Aquí hay tierra harta para construir,
sin decorar: hemos llegado a la
Noche de Reyes o lo que quieras... lo harás.

Louis MacNeice, «Noche de Reyes» (“Twelfth Night”), de Holes in the Sky (1948), en Louis MacNeice Collected Poems, ed. Peter Mcdonald, Faber & Faber, 2007 (eBook 2015), trad. Antonio Erena

Patrick Leigh Fermor, El tiempo de los regalos (Casa del Libro)

sábado, 4 de enero de 2025

Invierno 4

Goya, La nevada o El Invierno (1786), Museo del Prado
The room was suddenly rich and the great bay-window was
Spawning snow and pink roses against it
Soundlessly collateral and incompatible:
World is suddener than we fancy it.
 
World is crazier and more of it than we think,
Incorrigibly plural. I peel and portion
A tangerine and spit the pips and feel
The drunkenness of things being various.
 
And the fire flames with a bubbling sound for world
Is more spiteful and gay than one supposes — 
On the tongue on the eyes on the ears in the palms of one's hands —
There is more than glass between the snow and the huge roses.

La habitación se enriqueció de repente y la gran ventana mirador fue
cubierta de nieve y rosas rosadas contra ella
silenciosamente adyacentes e incompatibles:
el mundo es más repentino de lo que imaginamos.
 
El mundo es más loco y más de lo que pensamos,
incorregiblemente plural. Pelo y corto
una mandarina y escupo las pepitas y siento
la embriaguez de las cosas siendo varias.
 
Y el fuego arde con un burbujeante sonido para el mundo,
es más malicioso y alegre de lo que uno supone
—en la lengua, en los ojos, en los oídos, en las palmas de las manos—,
hay más que cristal entre la nieve y las enormes rosas.
 
Louis MacNeice, Snow (Nieve), The Collected Poems of Louis MacNeice, Oxford University Press, 1967, trad. Antonio Erena.