miércoles, 27 de marzo de 2024

Miércoles Santo 2024

Pedro Roldán, Cristo de la Expiración (1680), iglesia de Santiago, Écija
Foto: Antonio Erena, 05.03.24
   Y levantándose por el aire, parecieron cohetes voladores, y los dichos alguaciles, capados de varas, pedían a los gorriones: «¡Favor a la justicia!», quedándose suspensos y atribuyendo la agilidad de los nuevos volatines a sueño, haciendo tan alta punta los dos halcones, salvando a Guadalcázar, del ilustre Marqués de este título, del claro apellido de los Córdobas, que dieron sobre el rollo de Écija, diciéndole el Cojuelo a don Cleofás:
   -Mira qué gentil árbol berroqueño, que suele llevar hombres, como otros fruta.
   -¿Qué columna tan grande es esta? -le preguntó don Cleofás.
   -El celebrado rollo del mundo -le respondió el Cojuelo.
   -Luego ¿esta ciudad es Écija? -le repitió don Cleofás.
   -Esta es Écija, la más fértil población de Andalucía -dijo el Diablillo-, que tiene aquel sol por armas a la entrada de ese hermoso puente, cuyos ojos rasgados lloran a Genil, caudaloso río que tiene su solar en Sierra Nevada, y después, haciendo con el Darro maridaje de cristal, viene a calzar de plata estos hermosos edificios y tanto pueblo de abril y mayo. De aquí fue Garci Sánchez de Badajoz, aquel insigne poeta castellano; y en esta ciudad solamente se coge el algodón, semilla que en toda España no nace, además de otros veinticuatro frutos, sin sembrarlos, de que se vale para vender la gente necesitada; su comarca también es fertilísima. Montilla cae aquí a mano izquierda, habitación de los heroicos marqueses de Priego, Córdobas y Aguilares, de cuya gran casa salió, para honra de España, el que mereció llamarse Gran Capitán por antonomasia, y hoy a su Marqués ilustrísimo se le ha acrecentado la casa de Feria, por morir sin hijos aquel gran portento de Italia, que malogró la Fortuna, de envidia; cuyo gran sucesor, siendo mudo, ocupa a grandezas en silencio elocuente las lenguas de la Fama. Más abajo está Lucena, del Alcaide de los Donceles, Duque de Cardona, en cuyo océano de blasones se anegó la gran casa de Lerma. Luego, Cabra, celebrada por su sima, tan profunda como la antigüedad de sus dueños, pregona con las lenguas de sus almenas que es del ínclito Duque de Sesa y Soma, y que la vive hoy su entendido y bizarro heredero. Luego Osuna se ofrece a la demarcación de estos ilustres edificios, blasonando con tantos maestres Girones la altivez de sus duques; y veintidós leguas de aquí cae la hermosísima Granada, paraíso de Mahoma, que no en vano la defendieron tanto sus valientes africanos españoles, de cuya Alhambra y Alcazaba es alcaide el nobilísimo Marqués de Mondéjar, padre del generoso Conde de Tendilla, Mendozas del Ave María y credo de los caballeros. No nos olvidemos, de camino, de Guadix, ciudad antigua y celebrada por sus melones, y mucho más por el divino ingenio del doctor Mira de Mescua, hijo suyo y arcediano.
   Cuando iba el Cojuelo refiriendo esto, llegaron a la Plaza Mayor de Écija, que es la más insigne de Andalucía, y junto a una fuente que tiene en medio de jaspe, con cuatro ninfas gigantas de alabastro derramando lanzas de cristal…

Luis Vélez de Guevara, El diablo cojuelo, Tranco VI (fragmento), ed. Rodríguez Marín, Madrid, La Lectura, 1918.

martes, 26 de marzo de 2024

Martes Santo 2024

Juan de Reolid (atrib.), Cristo atado a la columna (segundo tercio s. XVI), y El Greco, La oración en el huerto (1605-10), iglesia de Santa María, Andújar, foto: Antonio Erena, 21.03.24

lunes, 25 de marzo de 2024

Lunes Santo 2024

Jóvenes esperando la procesión
Foto: Antonio Erena, Cabra, 24.03.24
   Temprano aún, el vagabundo se mete por Cabra, en su río y al pie de su sierra, la de los montes de trágicos nombres: cerro Lóbrego, cerro de la Horca, cerro de la Camorra. Quizá fuera en la loma que dicen Torre del Puerto donde apuñalaron al mocito del Romance sonámbulo:

Compadre, vengo sangrando

desde los puertos de Cabra.

…………………

¿No ves la herida que tengo

desde el pecho a la garganta?

   En la sierra, a espaldas de la cortada de Camarena y a una legua cumplida de la ciudad, está la sima de Cabra, a la que Casildea de Vandalia, que era muy caprichosa, mandó bajar al caballero del Bosque para que le contase lo que había en sus profundidades. Esta cueva tiene muy ilustre prosapia literaria, y son varios y muy nombrados los autores que la mencionan: por ejemplo, Juan de Padilla, el Cartujano, en Los doze triumphos de los doze Apóstoles; Gonzalo Gómez de Luque, en Celidón de Iberia; Vélez de Guevara, en El diablo cojuelo, y Cervantes, en el Quijote y en El celoso extremeño, entre otros de menor mérito y fama más escasa.
   El vagabundo, que no es ni un científico ni un deportista, no bajó a la sima de Cabra, pero, por quien lo hizo, pudo saber que en sus negras honduras no había más que ranas y, para eso, asustadizas, minúsculas y de ningún lucimiento.
   Cabra es pueblo que florece, violentamente blanco, en el vallecico que forman los cerros de Villa Vieja y de San Juan —que fueron collaciones en el siglo XVI—, con el castillo en uno y, en el otro, la ermita.
   El vagabundo, que no tenía por qué haber entrado por la ventana, se cuela en Cabra por la puerta; un arco enjalbegado bajo el que canta su rumor la fuente. Cabra tiene muy buenas y numerosas aguas; la ciudad bebe de la que cae de la fuente del Río, que no se seca nunca y que tiene caudal para regar la huerta, para llegar a cada casa, para formar el río y para dar y tomar. En la huerta de Cabra nacen el árbol frutal y la dulce batata, el haba tierna y la lechuga fresca, la rica alverja y el nutricio alverjón y el sabroso y socorrido garbanzo. Donde la huerta acaba, comienza el olivar. Por estos andurriales, el Cid Campeador derrotó a los moros granadinos e mesole una pieça de la barva al conde don García Ordóñez, que hacía la guerra con ellos. En término de Monturque hay una cortijada de cien almas que se llama Cid-Toledo. En el río Cabra se pescan bogas de las dos especies: las que dicen del río —como si las otras fueran del monte— y las genileñas, que son más finas y plateadas. Por el monte corren las liebres y los conejos y vuelan las perdices, las codornices, las tórtolas y el zorzal, que es primo del tordillo.
   Cabra es ciudad en la que sus mujeres, bellas como pocas, tienen una rara obsesión que llegó a preocupar al vagabundo: la de la limpieza. Las mujeres de Cabra, no contentas con andar con el cubo de cal durante toda su vida de un lado para otro, sacan brillo a los guijarros de la calle frotándolos con aceite. El blancor y el aseo son, quizá, los dos más nobles monumentos de Cabra, el caserío más pulcro que el vagabundo haya pisado —¡y con qué miedo!— jamás.
   En Cabra nació don Juan Valera —colega, aunque más ilustre, del vagabundo—, probablemente el mejor prosista de todo el XIX español, al lado de Larra, tan distinto. Cabra —la ciudad— y la vecina Doña Mencía —Villabermeja— llenan muy deleitosas páginas de la dilatada obra de don Juan Valera.
   El vagabundo, después de almorzar en el parador de Ordóñez, salió por donde entrara para meterse, poco más allá del río y hacia el norte, por el camino de Montilla. En Moriles, a lo que se ve, el vagabundo no había escarmentado.

Camilo José Cela, «15. Hasta los puertos de Cabra» (fragmento), Primer viaje andaluz, Notas de un vagabundaje. Por Jaén, Córdoba, Sevilla, Huelva y sus tierras, 1959.

miércoles, 27 de diciembre de 2023

Lecturas 19

Sin título, foto: Antonio Erena, 26.12.23
Hoy he subrayado para el futuro. He subrayado para los que lean este ejemplar de la biografía de Anton Bruckner, la que escribiera Eduardo Storni Armanini. Me queda poco de vida y el destino de mi biblioteca es incierto. Dejando aparte algunos títulos de posible interés bibliófilo, que mis herederos ya deben de estar vendiendo, la práctica totalidad de los volúmenes irá a parar a manos de traperos y demás maleantes. Quizá, en el fragor del desconcierto de los mercadillos y tenderetes, algún avispado lector descubra esta irregular obra y comulgue con mis ideas, coincida con mis apreciaciones sobre el organista austríaco que, a su vez, no son especialmente amables con las del autor del libro. Voy a firmar los subrayados o, quizá, mejor, a estampar un exlibris. La vanidad se mantiene incólume en esta cruel postrimería.
 
Francisco Ferrer Lerín, «Subrayado», en El Boomeran(g) blog literario en español, entrada del 26.12.23

viernes, 22 de diciembre de 2023

Rueda

La pareja de ciervos y la rueda del Dharma en el techo del Jokhang, con el Potala al fondo, Lhasa, fuente: Guía de peregrinación mundial (página web)
La rueda de la Fortuna, miniatura en la obra Raccolta di Omelie latine (Colección de homilías en latín), Liguria, s. XV, Biblioteca Nacional de Francia
Rueda de ocho radios, pinturas murales en la iglesia de San Martín de Arbulo, Álava, foto: G. L. M., fuente: El País, 07.08.25

martes, 19 de diciembre de 2023

Desolación 20

Carmen Laffón, El Coto desde Sanlúcar I, Punta de Malandar (1979), Museo Reina Sofía
"Doñana pierde el prestigioso distintivo verde de la mayor organización ambiental del mundo por el declive de su biodiversidad y la mala gestión", Lucía Vallellano, Radio Huelva - Cadena Ser, 18.12.23
Carmen Laffón en el Museo Reina Sofía
Madame Tussauds Doñana (anterior entrada del blog)

NINA.- «¡Gentes! ¡Leones! ¡Aguilas y codornices!... ¡Ciervos astados! ¡Gansos! ¡Arañas! ¡Peces silenciosos que poblabais el agua! ¡Estrellas del mar y demás seres que el ojo humano no alcanza a ver!... ¡Vidas todas, vidas todas, en suma..., que girasteis sobre vuestro triste círculo y os apagasteis!... ¡Hace ya mil siglos que la tierra no contiene ni un solo ser vivo, y que esta pobre luna enciende en vano su farol!... ¡En el prado, ya no despiertan con un grito las grullas, ni se oye el chasquido del escarabajo en la arboleda de los tilos!... ¡Frío, frío!... ¡Vacío, vacío, vacío!... ¡Miedo, miedo, miedo!... (Pausa.) ¡Los cuerpos de los seres vivientes desaparecieron en lo vano, y la materia los transformó en piedra, en agua, en nubes..., mientras sus almas se unían hasta formar una sola!... ¡Esta alma total del universo..., soy yo!... ¡Yo!... ¡En mí vive el alma de Alejandro el Grande, de César, de Shakespeare, de Napoleón y de la última sanguijuela!... ¡En mí, la conciencia humana se unió al instinto de los animales y lo recuerda todo, todo, todo..., volviendo a revivir estas vidas!»... (Aparecen unos fuegos fatuos, semejantes a los que se ven en los pantanos.)

ARKADINA.- (En voz baja.) ¡Es algo decadente!

TREPLEV.- (Con acento suplicante y en tono de reproche.) ¡Mamá!

NINA.- ¡Soy una solitaria! ¡Solo una vez, cada cien años, abro la boca para hablar! ¡Mi voz resuena tristemente en el vacío y nadie me oye!... ¡Tampoco vosotras, pobres lucecitas, me oís!... ¡El putrefacto pantano os hace nacer en la madrugada, y vagáis hasta el amanecer sin pensamiento, sin voluntad y sin percibir el pulso de la vida!... ¡El padre de la escoria eterna..., el diablo, temiendo que renazca en vosotras la vida..., os troca a cada instante (como a las piedras y al agua) en átomos, y os mudáis sin cesar!... ¡Solo en toda la eternidad permanece inmutable…, inalterable un espíritu! (Pausa.) ¡Como un prisionero arrojado a un profundo y vacío pozo!... ¡Y yo no sé dónde estoy, ni lo que me espera!... ¡Lo único que no me ha sido revelado es que, en la lucha cruel y encarnizada con el diablo..., he de vencer y que, tras esto, materia y espíritu se fundirán en maravillosa armonía, comenzando el reinado de la libertad para el universo!... ¡Esto, sin embargo, no acaecerá hasta que, poco a poco, al cabo de una hilera de millares de años, la Luna, el claro Sirius y la Tierra se tornen en polvo!... ¡Entre tanto, todo será horror, horror!... (Pausa. Sobre el lago surgen dos puntos rojos.) ¡He aquí que ya se acerca mi poderoso adversario!... ¡Veo sus terribles ojos, color carmesí!»...

ARKADINA.- Huele a azufre. Tiene que oler así?

TREPLEV.- Sí.

ARKADINA.- (Riendo.) ¡Qué efecto más notable!

TREPLEV.- ¡Mamá!

NINA.- ¡Se aburre sin el hombre!...

POLINA ANDREEVNA.- (A DORN.) ¡Ya se ha quitado usted el sombrero! ¡Póngaselo, si no quiere coger frío!

ARKADINA.- El doctor se ha descubierto ante el diablo!... ¡El padre de la escoria eterna!

TREPLEV.- (Con súbito acaloramiento y fuerte voz.) ¡Se acabó el espectáculo! ¡Basta!... ¡Telón!

Chéjov, La gaviota, Acto Primero (fragmento), trad. E. Podgursky.

martes, 12 de diciembre de 2023

Triples 30

Andrés de Vandelvira (atrib.), portada de la iglesia del convento de Jesús y María, Huete, foto: B25es (Wikipedia), 17.03.12

Andrés de Vandelvira (atrib.), portada norte de la Sacra Capilla de El Salvador, Úbeda, foto: José Luis Filpo Cabana (Wikipedia), 27.01.14

Andrés de Vandelvira (atrib.), portada oeste de la iglesia de San Nicolás de Bari, Úbeda, fuente: Artificis Servicios Turísticos y Culturales (página web)
Museo de Fotografía de Huete, instalado en el convento de Jesús y María

lunes, 11 de diciembre de 2023

Aniversarios 62 - Excéntricos 32

Luis Berenguer (Ferrol, 11.12.1923 - San Fernando, 14.09.1979), fuente: Cadena Ser
El mundo de Luis Berenguer, documental, Servicio de Producciones Audiovisuales de la Diputación de Cádiz, 2023
Fotogramas 186 - Venatoria 5 (anterior entrada del blog)

 Soy cazador como lo fue padre y lo fue abuelo y toda mi sangre desde que se recuerda. La casta, con ser muy principal, no lo es todo, pues hay quien sale a ella y quien no.
     Mi hermano Pepe, que fue el que me crio, hijo de padre y madre como yo, salió más, un estilo, como la gente de madre. Tenía saberes y facultades, pero no llevaba la cacería en el cuerpo y la dejó en cuanto tuvo oportunidad. Cazaba, pero no era cazador. El que lo es vive de eso; el que no lo es, no. En todos los oficios los hay buenos y los hay malos. Hay herrador que, bestia que calza, bestia que deja coja, y hay herrador que calza la coja y la pone buena.
     En todos los oficios pasa esto menos en el mío. Aquí, el que lo hace mal, o se busca otra cosa o se muere de hambre. Con ver mucho hechío de conejo, no se come conejo, ni con ver cabra o corzo en el monte se trinca cabra o corzo. Aquí, quien pierde la ocasión, pierde el día y no se enmienda.
     El Clemente, el encargado de don Gumersindo, vino esta mañana, y al verme en el cuarto dijo de broma:
     —El gandano está todavía en el cepo.
     Para él, el gandano era yo. Lo decía por bromear con una poca mala leche, pero me dio igual, porque el que no cace de la misma forma que el gandano, ni es cazador ni es nada. El gandano caza con hambre y con miedo, por eso lo hace bien. Ni la puntería, ni la ropa, ni las buenas piernas, dan el sentido que hay que tener.
     En el monte sólo viven los flacos, los que andan con el miedo metido por el culo. El ojo confiado no ve, ni la oreja escucha, y la nariz ventea. Al cazador lo amaña el miedo a volver de vacío que es la muerte, y el miedo a la guardería que es la cárcel. El miedo enseña lo mismo a taparse del guarda en un lentisco de a palmo, que a arrimarse a una cabra subida a las piedras. El miedo enseña a llevar la sombra en los riñones, a ser como una piedra en un limpio y un tronco de chaparro en el chaparral. A eso enseña el miedo, que el hambre enseña a todo lo demás.
     Padre, que lo sabía todo y también sabía leer, decía que abuelo era mejor cazador que él porque no tenía libros en la cabeza. Eso decía padre que nunca dejó el monte y que mataba cochinos con los perros y un cuchillo, sin escopeta.
     Por eso es tontera pensar que don Gumersindo o don Senén sean cazadores. ¿Dónde van sin uno, con toda su puntería, sus botellas de agua, su asiento y tantísima pamplina? De mí sé decir que nunca aprendí nada de nadie que llevara las uñas limpias. Pues, ¿y las cosas que ponen ellos en los libros? (…).
 
*
 
     Soy cazador como soy moreno, como la Sinta es bizca. Bueno o malo, es lo mío y apechugo con ello. Además, ¿qué otra cosa podía ser yo? Se engancha el mulo al carro y tira. Yo soy un mulo contento con su carro, y sé muy bien que, quitando el oficio de médico, que es el que hay que respetar, los demás todos son peores que el mío.
     Hay oficios macho y oficios hembra. Oficios que van dando: cazar, sembrar, curar; y oficios que van tomando: guardar, limpiar, divertir.
     Para un tío que hace algo, hay cuatro que chupan. Porque yo cazo, hay guardas en la Zarza y hay guarda en Cabrahigo y en el Tarajal, hay civiles, hay juez. Porque Miguel hace pan, coge espárragos o amontona huevos y anea, hay un recovero, hay un puesto en la plaza, hay guardias civiles y hay juez. Porque Vitilo labra la tierra y siembra su grano, hay camionero, hay marchantes, hay tiendas de montañés, hay civiles y hay juez.
     Hay oficio de médico, como don Celestino, que donde pone la mano la pone Dios; y hay oficio de ésos de los pleitos, como don Senén, que sin ellos nada se perdía, y donde ponen la mano todo se caga.
     Así tendrá que ser porque así ha sido siempre, pero el que tiene oficio hembra que nunca quiera montarse en el que tiene oficio macho. Que un guarda, cuando cumpla con lo suyo, cumpla bien, busque al cazador que le ensucia el campo, pero que nunca olvide por quién come. Cariño le tengo yo al conejo que trinco y al que se me va, porque de él como.
 
Luis Berenguer, El mundo de Juan Lobón, Algaida Editores, 2009, págs. 16-19.

jueves, 7 de diciembre de 2023

Mondo brutto 25

El Papá Noel «más grande de España» instalado en la plaza de las Batallas de Jaén, fuente: Europa Press, 05.12.23
"Tranvía de Jaén: un parking caótico en las vías abandonadas tras una inversión pública de 120 millones", Ginés Donaire, El País, 07.10.23

Nos encontramos en diciembre, el mes en que la ciudad se enardece más y como de derecho en el desorden público; por todas partes se hace ruido y grandes preparativos como si las Saturnales fuesen otra cosa que días laborables. Existe sin embargo alguna diferencia, y paréceme que la señaló bien el que dijo que diciembre duraba antes un mes y ahora dura todo el año. Si te tuviese aquí, con mucho gusto convendría contigo lo que debemos hacer; si habíamos de vivir como de ordinario, ó si, para no aparecer como enemigos de la costumbre, dejaríamos la toga y nos regocijaríamos como los demás. Porque ahora cambiamos de ropa en los días de diversión de la misma manera que se hacía antes cuando la república se encontraba contristada y conmovida. Si te conozco bien, obrarás como amigable componedor, que no quiere mostrarse en estos momentos ni enteramente conforme ni enteramente contrario al vulgo; á no ser quizá que debamos contenernos y privarnos de los placeres en la época en que todo el mundo se lanza á ellos. Nunca puede conocer tan bien su firmeza el espíritu como cuando nada encuentra que pueda arrastrarle ni inclinarle á la disolución. Necesaria es en verdad mucha fortaleza para permanecer seco y sobrio ante un pueblo ebrio y vomitando; así es que ha de tenerse grande temperancia para hacer lo mismo que los demás, pero de manera más decorosa, sin distinguirse ni ocultarse, ni mezclarse tampoco con toda clase de personas; porque puede festejarse el día sin traspasar los justos límites. Por lo demás, tanto deseo probar la firmeza de tu alma, que te aconsejo, según el precepto de grandes personajes, dediques algunos días en los cuales, contento con poca y malísima comida y miserablemente vestido, puedas decir: «¿Es esto lo que tanto temía?» Conveniente es prepararse en la tranquilidad para las cosas más desagradables, y durante los favores de la fortuna disponerse para sus injurias. El soldado, durante la paz, se ejercita en la carrera, lanza el dardo y se fatiga en trabajos inútiles para poder atender á lo necesario. Para no estremecerse en la ocasión, es indispensable ejercitarse de antemano. Esto han hecho muchas personas importantes, que se han sometido á la escasez y pobreza voluntaria durante algunos días y aun meses, á fin de que nunca les sorprendiera lo que con tanta frecuencia habían practicado. No creas que pretendo obligarte solamente á que no comas bien, te alojes como los pobres y adoptes las falsas abstinencias que los ricos han inventado para curar su tedio; pretendo que no tengas mas que un jergón, un saco burdo y sórdido y duro pan: hazlo así tres ó cuatro días y algunas veces más, con objeto de que no sea esto un juego sino verdadera prueba. No puedes figurarte, querido Lucilio, cuan contento estarás cuando veas que por dos óbolos quedas saciado y que no necesitas los socorros de la fortuna, puesto que, á pesar de irritarse en contra tuya, no puede privarte de lo necesario. Pero no te figures entonces que has hecho algo extraordinario; porque no habrás realizado nada que muchos millares de esclavos y muchos millares de pobres no hagan todos los días. Solamente debes congratularte por haberlo hecho sin verte obligado á ello, y siempre te será tan fácil soportar todo esto como ensayarlo algunas veces. Ejercitémonos, pues, y para que la fortuna no nos coja de improviso, hagámonos familiar la pobreza. Seremos ricos con menos temor cuando sepamos que no es mal tan grande ser pobre. Epicuro, aquel gran maestro de la voluptuosidad, tenía días en que no se alimentaba más que á medias, para ver si esto podía disminuir la grande y perfecta voluptuosidad que buscaba, para apreciar cuánto disminuía y si merecía aquello atormentarse mucho: así lo dice en aquellas Epístolas que escribió á Polyceno, siendo magistrado Carino. En estas epístolas se alaba «de alimentarse con menos de un as, y que Metrodoro, que aun no era tan sobrio, lo gastaba entero.» ¿Podrás creer que con tales comidas puede satisfacerse el apetito? Pues existe en ellas hasta voluptuosidad; no aquella voluptuosidad ligera y fugaz que necesita se la mantenga, sino satisfacción sólida y asegurada. No es cosa agradable beber agua y comer polenta ó pan de cebada; pero satisfacción suma es contentarse con él y haberse reducido á cosas que la fortuna más adversa no puede arrebatar. A los criminales destinados al último suplicio se les alimenta mejor y con más esplendidez en la prisión. Pero ¡cuánta grandeza de alma existe en abrazar voluntariamente lo que ni siquiera se soportaría estando reducidos á la más desgraciada extremidad! Esto es embotar los dardos de la fortuna. Empieza, pues, querido Lucilio, á seguir tan laudable costumbre, y elige algunos días para retirarte y familiarizarte con la indigencia; empieza á tener comercio con la pobreza.

«Atrévete á despreciar las riquezas para ser digno de Dios.»

Solamente es digno de Dios el que desprecia las riquezas. No te prohíbo que las poseas, pero quiero que las poseas sin inquietud; lo cual conseguirás si te persuades de que no dejarás de vivir dichoso sin ellas y si las consideras siempre como próximas á perderse.

Pero ya es tiempo de terminar. —Primero paga lo que debes —dirás tú. Te remitiré á Epicuro, y él será quien pague. «El exceso de la cólera engendra la locura.» Debes saber cuan verdadera es esta sentencia, puesto que tienes criados y enemigos. Porque esta pasión, que así procede del amor como del odio, se exacerba contra toda clase de personas, lo mismo en medio de las diversiones que de las ocupaciones graves, por esta razón no debe atenderse tanto á la importancia de la causa que la produce como á la disposición del espíritu que la experimenta; de la misma manera que importa poco que el fuego sea grande, y sí mucho la materia sobre que cae, porque existen cosas tan sólidas que son impenetrables al fuego más activo, y otras, por el contrario, son tan inflamables, que basta una chispa para levantar inmensa hoguera. Así te digo, querido Lucilio, que el término de la cólera excesiva es el furor; es, pues, indispensable evitarla, no solamente atendiendo á la moderación, sino también para conservar la mente sana. Adiós.

Séneca, «Epístola XVIII. De los regocijos del sabio», Epístolas morales, trad. Francisco Navarro y Calvo, Luis Navarro, editor, Madrid, 1884, págs. 50-54.

lunes, 4 de diciembre de 2023

Venatoria 6 - Perritos 36

Jean Daret y Nicasius Bernaerts, Retrato de cazador sentado con sus perros (1661), hoy considerado el primer retrato de cazador de la pintura francesa, en venta en René Millet Tableaux & Dessins