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domingo, 12 de abril de 2026

El cantante de la semana 116

Selica Pérez Carpio (Jarafuel, 19.09.1900 - Madrid, 23.05.1984), fuente: Archivo Guillermo Fernández-Shaw, Fundación Juan March
"Dúo de la Beltrana y Fernando", Doña Francisquita, Vives (con Emilio Vendrell, audio)
"Pasacalle de las mantillas", El último romántico, Soutullo y Vert (audio)

AURORA
Lucimos hoy todas las mujeres
la clásica mantilla
de encajes y de blonda,
que es la prenda que más quiero,
la prenda más preciada,
lo mismo que el emblema
glorioso de mi España.
Lucirla quiero.
pues ésta es la ocasión
que sepa el mundo entero
que yo española soy.

TODAS
Mujeres. mujeres españolas,
mujeres madrileñas
debemos ser patriotas.
Y por eso con mantilla
y abanico pericón
a lucir mi garbo vengo
ya decirle a todo el mundo:
¡De España soy!

AURORA
Soy española,
y yo he nacido en Madrid.
Quien no lo sea
debe estar lejos de mí.
Hallaré la pasión
de lograr una ilusión
Voy con mi mantilla a los toros,
voy con mi mantilla al sermón,
y en sus ondas quedan a veces,
como entre las zarzas, prendido un corazón.
Ella sabe de mis tristezas,
ella sabe de mi pasión;
pues la malla de fino encaje
guarda como nadie las penas de amor.

TODAS
Todos me siguen,
todos me miran,
todos me dicen:
Ahí va la gracia e Dios.
Y yo sonrío,
y en mi sonrisa
dicen que pongo
promesas de un amor
Tendrán razón,
será eso amor.

TODOS
Voy con mi mantilla a los toros,
voy con mi mantilla al sermón,
y en sus ondas queda a veces,
como entre las zarzas, prendido un corazón.
Ella sabe de mis tristezas,
ella sabe de mi pasión;
pues la malla de fino encaje
guarda como nadie las penas de amor.

AURORA
Española quiso hacerme Dios,
y de serlo yo orgullosa estoy;
si otra vez volviera yo a nacer,
de esta tierra yo quisiera ser.

TODOS
Es el cielo más azul aquí,
y hasta el sol parece que es mayor;
las mujeres son flor de jardín.
y las flores tienen más olor.

TODAS
Aquí otra vez
quiero nacer,
y aquí también
vivir.
¡Viva Madrid!
Madrid.

José Tellaeche, "Pasacalle de las mantillas" de El último romántico (1928), con música de Reveriano Soutullo y Juan Vert.

jueves, 19 de enero de 2023

Viaje de invierno

Caspar David Friedrich, Arbustos en la nieve (Gebüsch im Schnee), c. 1827-28, Galerie Neue Meister im Albertinum, Dresde 
Julius Patzac interpreta Viaje de invierno (Winterreise) de Franz Schubert (audio)

I
Among twenty snowy mountains,  
The only moving thing  
Was the eye of the blackbird.  
 
II
I was of three minds,  
Like a tree  
In which there are three blackbirds.  
 
III
The blackbird whirled in the autumn winds.  
It was a small part of the pantomime.  
 
IV
A man and a woman  
Are one.  
A man and a woman and a blackbird  
Are one.  

V
I do not know which to prefer,  
The beauty of inflections  
Or the beauty of innuendoes,  
The blackbird whistling  
Or just after.  
 
VI
Icicles filled the long window  
With barbaric glass.  
The shadow of the blackbird  
Crossed it, to and fro.  
The mood  
Traced in the shadow  
An indecipherable cause.  
 
VII
O thin men of Haddam,  
Why do you imagine golden birds?  
Do you not see how the blackbird  
Walks around the feet  
Of the women about you?  
 
VIII
I know noble accents  
And lucid, inescapable rhythms;  
But I know, too,  
That the blackbird is involved  
In what I know.  
 
IX
When the blackbird flew out of sight,  
It marked the edge  
Of one of many circles.  
 
X
At the sight of blackbirds  
Flying in a green light,  
Even the bawds of euphony  
Would cry out sharply.
 
XI
He rode over Connecticut  
In a glass coach.  
Once, a fear pierced him,  
In that he mistook  
The shadow of his equipage  
For blackbirds.  
 
XII
The river is moving.  
The blackbird must be flying.  
 
XIII
It was evening all afternoon.  
It was snowing  
And it was going to snow.  
The blackbird sat  
In the cedar-limbs.
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I
Entre veinte montañas nevadas,
la única cosa que se movía
era el ojo del mirlo.
 
II
Yo tenía tres pensamientos,
como un árbol
en el que hay tres mirlos.

III
El mirlo giraba en los vientos otoñales.
Era una pequeña parte de la pantomima.
 
IV
Un hombre y una mujer
son uno.
Un hombre y una mujer y un mirlo
son uno.
 
V
Yo no sé cuál preferir,
la belleza de las inflexiones
o la belleza de las insinuaciones,
el mirlo silbando
o justo lo de después.

VI
Los carámbanos cubrieron la alargada ventana
con salvaje cristal.
La sombra del mirlo
la cruzó, de un lado a otro.
El ánimo
trazó en la sombra
un motivo indescifrable.
 
VII
Oh, delgados hombres de Haddam,
¿por qué os imagináis pájaros dorados?
¿No veis cómo el mirlo
anda alrededor de los pies
de las mujeres que os rodean?
 
VIII
Yo conozco nobles acentos
y lúcidos, ineludibles ritmos;
pero yo sé, también,
que el mirlo está involucrado
en lo que sé.
 
IX
Cuando el mirlo se perdió de vista,
marcó el borde
de uno de muchos círculos.
 
X
A la vista de los mirlos
volando en una luz verde,
incluso los tratantes de la eufonía
gritarían agudamente.
 
XI
Él viajó sobre Connecticut
en un coche de cristal.
Una vez, un temor lo traspasó,
en eso confundió
la sombra de su equipaje
con mirlos.
 
XII
El río se está moviendo.
El mirlo debe estar volando.
 
XIII
Fue de noche toda la tarde.
Estaba nevando
e iba a seguir nevando.
El mirlo se posó
en las ramas del cedro.

Wallace Stevens, «Trece maneras de mirar un mirlo» (“Thirteen Ways of Looking at a Blackbird”), de Poemas reunidos de Wallace Stevens (The Collected Poems of Wallace Stevens), 1954, trad.: Antonio Erena.