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| José María Aznar disfrazado del Cid Campeador en el castillo de Villafuerte de Esgueva, foto: Luis Magán, 1987 |
martes, 10 de marzo de 2026
Castillos y leones
viernes, 16 de enero de 2026
Bailando 15 (corro)
Y desque la dicha Señora nació, todo el dia y toda la noche nunca las campanas cesaron de repicar de la dicha ciudad, que no parecia sino que todo el estruendo é alegría del mundo estaba dentro de ella; é desque vino la noche el Comendador de Montizon, hermano del dicho Señor, del un cabo con fasta dozientos cavalleros christianos, y de la otra parte el asistente Fernando de Villafañe con otros dozientos cavalleros moriscos con barbas postizas y tiznadas, con muchas trompetas y atavales, y añafiles, con muchas antorchas y faraones, andovieron corriendo, y dando gritos por todas las calles, y vinieron delante de la posada del señor Condestable, estando él con otros muchos cavalleros alto en la torre de ella mirando, y alli escaramuzando un rato y faziendo muchos juegos de guerra. Y esto fecho descavalgaron y entraron en palacio do tantas serian las gentes y danzas, y corros y bayles y juegos y momos y personages y de tantas maneras, que no se daban lugar unos á otros, y todos andaban como locos de plazer. Los cuales plazeres, alegrías, corros y juegos duraron y fueron continuados de su propia voluntad de la gente por ocho dias continuos ó mas, que otra cosa no se facia ni trataba, ni veriades por la dicha ciudad sino plazeres y fiestas y juegos y alegrías de muchas maneras.
«Relacion de los
fechos del mui magnifico é mas virtuoso señor el señor don Miguel Lucas, mui
digno condestable de Castilla», ed. Pascual de Gayangos, Memorial Histórico Español, Academia de la Historia, Madrid, 1855,
págs. 168-169 y 263.
jueves, 16 de octubre de 2025
Templetes 5
martes, 7 de enero de 2025
Familias 5
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| Vista del castillo de Manzanares el Real con la galería de Juan Guas, foto: Antonio Erena, 08.08.23 |
nin en Val de la Gamella,
non vi serrana más bella
que Menga de Manzanares.
Descendiendo'l yelmo Ayuso,
contra Bóvalo tirando,
en ese valle de suso
vi serrana entrar cantando;
saluela, segund es uso,
e dije: «Serrana, estando
oyendo, yo non m'excuso
de facer lo que mandares».
Respondiome con ufana:
«Bien vengades, caballero.
¿Quién vos trae de mañana
por este valle señero?
Ca por toda aquesta llana
yo non dejo andar vaquero,
nin pastora, nin serrana,
sinon Pascual de Bustares.
Pero ya, pues la ventura
por aquí vos ha traído,
convien'en toda figura,
sin ningund otro partido,
que me dedes la cintura,
o entremos a braz partido,
ca dentro en esta espesura
vos quiero luchar dos pares».
Desque vi que non podía
partirme d'allí sin daña,
como aquel que non sabía
de luchar arte nin maña,
con muy grand malenconía,
armele tal guadramaña
que cayó con su porfía
cerca d'unos tomellares.
ni en Navalagamella,
no vi serrana más bella
que Menga de Manzanares.
Descendiendo el Yelmo abajo,
hacia El Boalo marchando,
en ese valle de arriba
vi serrana entrar cantando;
saludela, según es uso,
y dije: «Serrana, estando
oyendo, yo no me excuso
de hacer lo que mandares».
Respondiome muy ufana:
«Bien vengáis, caballero.
¿Quién os trae de mañana
por este valle señero?
Que por toda esta llanura
yo no dejo andar vaquero,
ni pastora, ni serrana,
sino a Pascual de Bustares.
Pero ya, pues la ventura
por aquí os ha traído,
conviene en toda figura,
sin ningún otro partido1,
o entremos a brazo partido,
que dentro en esta espesura
os quiero luchar dos pares2».
partirme de allí sin daño,
como aquel que no sabía
de luchar arte ni maña,
con muy gran melancolía,
armele tal artimaña
que cayó con su porfía3
cerca de unos tomillares.
1. Conviene de todas todas y sin más preámbulo. Partido: juego, competición.
jueves, 24 de octubre de 2024
Emplazado
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| José Casado del Alisal, Últimos momentos de Fernando IV el Emplazado (1860), Palacio del Senado (depósito del Museo del Prado) |
jueves, 25 de julio de 2024
jueves, 27 de junio de 2024
Gracia
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| Egas Cueman, Ángel guerrero o tenante (c. 1477), capilla de Santa Ana, monasterio de Guadalupe, foto: Antonio Erena, 12.06.24 |
lunes, 17 de junio de 2024
Puertas 1
| Guadalupe, arco de Sevilla (interior) |
| Guadalupe, arco del Chorro (exterior) |
| Guadalupe, arco de las Eras (interior) |
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| Guadalupe, arco de San Pedro (exterior) |
Así venido el señor condestable a la villa de Bailén,
como dicho es, acordó de ir a cumplir un voto que había hecho a Nuestra Señora
Santa María de Guadalupe, y partió para ella a cinco días del mes de diciembre
del dicho año, y llevó consigo a la señora condesa, su esposa, y a doña Guiomar
Carrillo, su madre [de su mujer], y a doña Juana, su hermana, y a todos los
suyos, y tomó la vía del puerto del Muradal, y continuaron su camino habiendo
muchos deportes y placeres, hasta que llegó a una villa que se llamaba Herrera
[del Duque], y allí vino el señor Gonzalo Mexía, señor de Santofimia, tío de la
señora condesa, y la señora, su mujer, y sus hijos. Y otro día siguiente
partieron todos para la dicha Señora de Guadalupe, y fueron a comer a Santa
Cecilia [el palacio o granja de Valdefuentes], una casa muy devota suya, y esa
noche el señor condestable, con aquellos señores y señoras, entró en Guadalupe
a dos horas de la noche, con muchas antorchas encendidas, y el señor
condestable fue a descabalgar a la iglesia mayor, do estuvo ciertos días que no
salió del monasterio, cumpliendo su devoción, y asimismo los otros señores y
señoras cumpliendo sus votos, cada uno según lo que en cargo tenían; y después
de haber cumplido sus devociones, el señor condestable tuvo allí en Guadalupe
las fiestas de Navidad y la fiesta de los Reyes.
Venidas las fiestas de la Natividad de Nuestro Señor
Jesucristo de mil y cuatrocientos y sesenta años, el señor condestable, estando
en la dicha villa de Guadalupe, habiendo muchos placeres y haciendo muchas
limosnas y muchas dádivas a unos y a otros, acaeció de venir por allí un
embajador del rey de Francia, que se decía mosén Juan de Fox, el cual era un
muy gentil caballero, mancebo de muy gentil presencia, y había venido por
embajador al rey, nuestro señor. Y asimismo había traído cartas al señor rey de
Portugal, y al señor condestable, y por esta causa vino a Guadalupe. Y el señor
condestable le hizo muy grandes fiestas de combates [convites] y salas, y
danzaron y bailaron, y el dicho caballero danzó con la señora doña Juana,
hermana del dicho señor condestable, que era muy gentil dama y lo sabía bien
hacer. Y después que el dicho embajador allí estuvo algunos días, dijo que,
pues tan cerca se hallaba, era su voluntad ir a ver las ciudades de Sevilla y Córdoba,
y el señor condestable le rogó que a la vuelta se volviese por la villa de
Bailén, donde lo hallaría, y que allí le responderla a las cartas que le había
traído, y el caballero dijo que le placía de lo hacer así y partiose.
Pasadas las dichas fiestas de los Reyes, el señor condestable, con las ya dichas señoras y asimismo el dicho señor Gonzalo Mexía, y su mujer y sus hijos, partieron de Guadalupe, y el señor condestable fue a la dicha villa de Bailén, y el señor Gonzalo Mexía para Santofimia.
«Relacion de los fechos del mui magnifico é mas virtuoso señor el señor don Miguel Lucas, mui digno condestable de Castilla», ed. Pascual de Gayangos, en Memorial Histórico Español, Academia de la Historia, Madrid, 1855, años 1459 y 1460 (fragmentos), actualización: Antonio Erena.
miércoles, 12 de junio de 2024
Templetes 3
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| Interior del humilladero de la Santa Cruz en el camino de Guadalupe, foto: Antonio Erena, 12.06.24 |
tras las Villuercas se ha hundido
el sol. Se ven aureolas
nimbando los altos riscos.
Las aves cruzan los aires
buscando el calor del nido;
en lagunas y praderas
croan ranas, cantan grillos.
Huele a resinas de jara,
a romero, a flor de espino,
arrayanes y poleos,
a mejorana y tomillo.
Sombreado por castaños,
nogales, fresnos, alisos,
como flauta de cristal
suena la canción del río.
Tras de la brega diaria,
vuelve al pueblo el campesino,
y viendo su hogar que humea,
aliviado da un suspiro,
pues sabe que allí le aguardan
amor y fuego encendidos.
Las graves notas del Ángelus
por la campiña ha esparcido
la campana. Resplandece
el lucero vespertino…
Campos de paz, yo os bendigo.
Mis pasiones sosegáis,
sois sedante de mi espíritu.
Cuando cruzo vuestras sendas
y lleno de amor os miro
parece que llevo dentro
del pecho un niño dormido.
martes, 23 de abril de 2024
Sant Jordi
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| Anónimo, San Jorge matando al dragón (c. 1430-1450), Museo Nacional de Arte de Cataluña |
Cuando don Quijote se vio en la campaña rasa, libre y desembarazado de los requiebros de Altisidora, le pareció que estaba en su centro y que los espíritus se le renovaban para proseguir de nuevo el asumpto de sus caballerías, y volviéndose a Sancho le dijo:
—La libertad, Sancho, es uno de los más preciosos dones que a los
hombres dieron los cielos; con ella no pueden igualarse los tesoros que
encierra la tierra ni el mar encubre; por la libertad así
como por la honra se puede y debe aventurar la vida, y, por el contrario, el
cautiverio es el mayor mal que puede venir a los hombres. Digo esto, Sancho,
porque bien has visto el regalo, la abundancia que en este castillo que dejamos
hemos tenido; pues en mitad de aquellos banquetes sazonados y de aquellas
bebidas de nieve me parecía a mí que estaba metido entre las estrechezas
de la hambre, porque no lo gozaba con la libertad que lo gozara si fueran míos,
que las obligaciones de las recompensas de los beneficios y mercedes recebidas
son ataduras que no dejan campear al ánimo libre. ¡Venturoso aquel a quien el
cielo dio un pedazo de pan sin que le quede obligación de agradecerlo a otro
que al mismo cielo!
—Con todo eso —dijo Sancho— que vuesa merced me ha dicho, no es bien que
se quede sin agradecimiento de nuestra parte docientos escudos de oro que en
una bolsilla me dio el mayordomo del duque, que como píctima y confortativo la
llevo puesta sobre el corazón, para lo que se ofreciere, que no siempre hemos
de hallar castillos donde nos regalen, que tal vez toparemos con algunas ventas
donde nos apaleen.
En estos y otros razonamientos iban los andantes, caballero y escudero,
cuando vieron, habiendo andado poco más de una legua, que encima de la yerba de
un pradillo verde, encima de sus capas, estaban comiendo hasta una docena de
hombres vestidos de labradores. Junto a sí tenían unas como sábanas blancas con
que cubrían alguna cosa que debajo estaba: estaban empinadas y tendidas y
de trecho a trecho puestas. Llegó don Quijote a los que comían y,
saludándolos primero cortésmente, les preguntó que qué era lo que aquellos
lienzos cubrían. Uno dellos le respondió:
—Señor, debajo destos lienzos están unas imágines de relieve y
entalladura que han de servir en un retablo que hacemos en nuestra aldea;
llevámoslas cubiertas, porque no se desfloren, y en hombros, porque no se
quiebren.
—Si sois servidos —respondió don Quijote—, holgaría de verlas, pues
imágines que con tanto recato se llevan sin duda deben de ser buenas.
—¡Y cómo si lo son! —dijo otro—. Si no, dígalo lo que cuesta, que en
verdad que no hay ninguna que no esté en más de cincuenta ducados; y porque vea
vuestra merced esta verdad, espere vuestra merced y verla ha por vista de ojos.
Y, levantándose, dejó de comer y fue a quitar la cubierta de la primera
imagen, que mostró ser la de San Jorge puesto a caballo, con una serpiente
enroscada a los pies y la lanza atravesada por la boca, con la fiereza que
suele pintarse. Toda la imagen parecía una ascua de oro, como suele decirse.
Viéndola don Quijote, dijo:
—Este caballero fue uno de los mejores andantes que tuvo la milicia
divina: llamóse don San Jorge y fue además defendedor de doncellas. Veamos
esta otra.
Descubrióla el hombre, y pareció ser la de San Martín puesto a
caballo, que partía la capa con el pobre; y apenas la hubo visto don Quijote,
cuando dijo:
—Este caballero también fue de los aventureros cristianos, y creo que
fue más liberal que valiente, como lo puedes echar de ver, Sancho, en que está
partiendo la capa con el pobre y le da la mitad; y sin duda debía de ser
entonces invierno, que, si no, él se la diera toda, según era de caritativo.
—No debió de ser eso —dijo Sancho—, sino que se debió de atener al refrán
que dicen: que para dar y tener, seso es menester.
Rióse don Quijote y pidió que quitasen otro lienzo, debajo del cual se
descubrió la imagen del Patrón de las Españas a caballo, la espada
ensangrentada, atropellando moros y pisando cabezas; y en viéndola, dijo don
Quijote:
—Este sí que es caballero, y de las escuadras de Cristo: este se llama
don San Diego Matamoros, uno de los más valientes santos y caballeros que tuvo
el mundo y tiene agora el cielo.
Luego descubrieron otro lienzo y pareció que encubría la caída de San
Pablo del caballo abajo, con todas las circunstancias que en el retablo de su
conversión suelen pintarse. Cuando le vido tan al vivo, que dijeran que Cristo
le hablaba y Pablo respondía:
—Este —dijo don Quijote— fue el mayor enemigo que tuvo la Iglesia de
Dios Nuestro Señor en su tiempo y el mayor defensor suyo que tendrá jamás:
caballero andante por la vida y santo a pie quedo por la muerte, trabajador
incansable en la viña del Señor, doctor de las gentes, a quien sirvieron de
escuelas los cielos y de catedrático y maestro que le enseñase el mismo
Jesucristo.
No había más imágines, y, así, mandó don Quijote que las volviesen a cubrir y dijo a los que las llevaban:
—Por buen agüero he tenido, hermanos, haber visto lo que he visto, porque estos santos y caballeros profesaron lo que yo profeso, que es el ejercicio de las armas, sino que la diferencia que hay entre mí y ellos es que ellos fueron santos y pelearon a lo divino y yo soy pecador y peleo a lo humano. Ellos conquistaron el cielo a fuerza de brazos, porque el cielo padece fuerza, y yo hasta agora no sé lo que conquisto a fuerza de mis trabajos; pero si mi Dulcinea del Toboso saliese de los que padece, mejorándose mi ventura y adobándoseme el juicio, podría ser que encaminase mis pasos por mejor camino del que llevo.
—Dios lo oiga y el pecado sea sordo —dijo Sancho a esta ocasión.
Admiráronse los hombres así de la figura como de las razones de don Quijote,
sin entender la mitad de lo que en ellas decir quería. Acabaron de comer,
cargaron con sus imágines y, despidiéndose de don Quijote, siguieron su viaje.
Quedó Sancho de nuevo, como si jamás hubiera conocido a su señor, admirado de lo que sabía, pareciéndole que no debía de haber historia en el mundo ni suceso que no lo tuviese cifrado en la uña y clavado en la memoria…
Cervantes, Don Quijote de la Mancha, Segunda Parte, Capítulo LVIII (fragmento), ed. del Instituto Cervantes dirigida por Francisco Rico, 1998.
lunes, 8 de abril de 2024
Brumas 10
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| La Peña de Martos desde Casa Fuerte, Torredelcampo, foto: Antonio Erena, 05.04.24 |
De la muerte de don Fernando el Cuarto, rey de Castilla.
Todo el orbe cristiano estaba alterado con el desastre y caída de los templarios. Los culpados fueron castigados, los que no tenían culpa quedaron libres, y por decreto de los prelados de Viena se les señalaron pensiones en cada un año de las rentas de los mismos conventos, con que pudiesen pasar su vida; solamente les quitaron el hábito y insignia de aquella orden. […] El infante don Pedro, hermano del rey, nombrado por general contra los moros, llegada la primavera del año de 1312, aprestado su ejército, fue sobre Alcaudete, que, como dijimos arriba, se perdió y le tomaron los moros. El rey fue en pos dél hasta Martos. Allí sucedió una cosa muy notable. Por su mandado dos hermanos Carvajales, Pedro y Juan, fueron presos. Achacábanles la muerte de un caballero de la casa de los Benavides, que mataron en Palencia al salir del palacio real. No se podía averiguar quién fuese el matador; por indicios muchos fueron maltratados. En particular estos caballeros, oído su descargo, fueron condenados de haber cometido aquel crimen contra la majestad, sin ser convencidos en juicio ni confesar ellos el delito; cosa muy peligrosa en semejantes casos. Mandáronlos despeñar de un peñasco que allí hay, sin que ninguno fuese parte para aplacar al rey, por ser intratable cuando se enojaba y no saber refrenarse en la saña. Los cortesanos, por saber muy bien ésta su condición, se aprovechaban della a propósito de malsinar y derribar a los que se les antojaba. Al tiempo que los llevaban a justiciar, a voces se quejaban de que morían injustamente y a gran tuerto; ponían a Dios por testigo, al cielo y a todo el mundo; decían que pues las orejas del rey estaban sordas a sus quejas y descargos, que ellos apelaban para delante el divino tribunal, y citaban al rey para que en él pareciese dentro de treinta días. Estas palabras, que al principio fueran tenidas por vanas, por un notable suceso, que por ventura fue acaso[1], hicieron después reparar y pensar diferentemente. El rey, muy descuidado de lo hecho, se partió para Alcaudete, donde su ejército alojaba; allí le sobrevino una enfermedad tan grande, que fue forzado dar la vuelta a Jaén, bien que los moros movían prática de entregar la villa[2]. Aumentábase el mal de cada día y agravábase la dolencia de suerte, que el rey no podía por sí negociar. Todavía alegre por la nueva que le vino que la villa era tomada, revolvía en su pensamiento nuevas conquistas, cuando un jueves, que se contaron 7 días del mes de setiembre, como después de comer se retirase a dormir, a cabo de rato le hallaron muerto. Falleció en la flor de su edad, que era de veinte y cuatro años y nueve meses, en sazón que sus negocios se encaminaban prósperamente. Tuvo el reino por espacio de diez y siete años, cuatro meses y diez y nueve días, y fue el cuarto de su nombre. Entendióse que su poco orden en el comer y beber le acarrearon la muerte; otros decían que era castigo de Dios, porque desde el día que fue citado hasta la hora de su muerte, cosa maravillosa y extraordinaria, se contaban precisamente treinta días. Por esto entre los reyes de Castilla fue llamado don Fernando el Emplazado. Su cuerpo depositaron en Córdoba, porque a causa de los calores, que todavía duraban, no pudo ser llevado a Sevilla ni a Toledo do tenían los enterramientos reales. Acrecentose la fama y opinión susodicha, concebida en los ánimos del vulgo, por la muerte de dos grandes príncipes, que por semejante razón fallecieron en los dos años próximos siguientes; esto fueron Filipo, rey de Francia, y el papa Clemente[3], ambos citados por los templarios para delante el divino tribunal al tiempo que con fuego y todo género de tormentos los mandaban castigar y perseguían toda aquella religión. Tal era la fama que corría, si verdadera si falsa no se sabe; más es de creer que fuese falsa; lo que sucedió el rey don Fernando nadie pone duda.
Padre Juan de Mariana, Historia General de España, Libro Decimoquinto, Capítulo XI (fragmento), en Biblioteca de Autores Españoles, Obras del Padre Juan de Mariana, Tomo I, Rivadeneyra, Madrid, 1854, págs. 444 y 445 (actualización y notas: Antonio Erena).
viernes, 22 de diciembre de 2023
Rueda
| La pareja de ciervos y la rueda del Dharma en el techo del Jokhang, con el Potala al fondo, Lhasa, fuente: Guía de peregrinación mundial (página web) |
| La rueda de la Fortuna, miniatura en la obra Raccolta di Omelie latine (Colección de homilías en latín), Liguria, s. XV, Biblioteca Nacional de Francia |
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| Rueda de ocho radios, pinturas murales en la iglesia de San Martín de Arbulo, Álava, foto: G. L. M., fuente: El País, 07.08.25 |
jueves, 26 de octubre de 2023
Venatoria 3
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| Juan Pantoja de la Cruz, San Nicolás de Tolentino (1601), Museo del Prado |
sábado, 7 de octubre de 2023
Fotogramas 180
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| Francisco de Asís (Francis of Assisi), Michael Curtiz, 1961 |
jueves, 5 de octubre de 2023
Perritos 35
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| Iglesia de Castillejo de Robledo, Soria, foto: Antonio Erena, 04.08.23 |
Cantar de Mío Cid, Cantar Tercero, versos 2691 - 2704 (versión modernizada de Alberto Montaner Frutos)
martes, 26 de septiembre de 2023
martes, 17 de enero de 2023
Sarga
| Estandarte del obispo don Gonzalo con la Virgen de Gracia, siglo XV, Catedral de Jaén (actualmente en la exposición Vandelvira después de Vandelvira) Foto: Antonio Erena, 28.12.22 |
martes, 22 de noviembre de 2022
miércoles, 26 de octubre de 2022
Fuentes 4
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| La fuente de Don Sancho en el camino de la Celada, Torredonjimeno, foto: Antonio Erena, 14.10.22 |
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| Casulla llamada de don Sancho de Aragón, exposición «Alfonso X, el legado de un rey precursor», museo de Santa Cruz, Toledo, foto: Antonio Erena, 02.06.22 |
Padre Juan de Mariana, Historia General de España, Libro Decimocuarto, Capítulo Primero (fragmento), en Biblioteca de Autores Españoles, Obras del Padre Juan de Mariana, Tomo I, Rivadeneyra, Madrid, 1854, p. 401 (actualización: Antonio Erena).




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