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miércoles, 25 de marzo de 2026

Ayer y hoy 45

Portada de la partitura del tema Strike Up the Band!Que suene la música!) del musical de mismo nombre de Ira y George Gershwin, 1927
We fought in 1917
Rum-ta-ta tum-tum-tum
And drove the tyrant from the scene
Rum-ta-ta tum-tum-tum
We're in a bigger, better war
For your patriotic pastime
We don't know what we're fighting for
But we didn't know the last time
So load the cannon, draw the blade
Rum-ta-ta tum-tum-tum
Come on and join the big parade
Rum-ta-ta tum-tum
Rum-ta-ta tum-tum
Rum-ta-ta tum-tum-tum

Let the drums roll out
Let the trumpet call
While the people shout
"Strike up the band"
Hear the cymbals ring
Callin' one and all
To the martial swing
Strike up the band
There is work to be done, to be done
Let's have fun, fun, fun
Come on you son of a son, of a gun
Take your stand
Fall in line, yea a bow
Come along, let's go
Hey, Leader, strike up the band!
There is work to be done, to be done
Let's have fun, fun, fun
Come on you son of a gun, of a gun
Take your stand
Fall in line, yea a bow
Come on, let's go
Hey, Leader, strike up
Hey, Leader, strike up
Hey, Leader, strike up the band!

Luchamos en 1917,
ra-ta-ta-ta-ta-tan,
y echamos al tirano de la escena,
ra-ta-ta-ta-ta-tan.
Estamos en una guerra más grande y mejor
por vuestra patriótica afición;
no sabemos por qué luchamos,
pero tampoco lo sabíamos la última vez.
Así que carga el cañón, desenvaina la espada,
ra-ta-ta-ta-ta-tan,
vamos y únete al gran desfile,
ran-ta-ta-ta-ta-tan,
ra-ta-ta-ta-ta-tan,
ra-ta-ta-ta-ta-tan-tan.

Que suenen los tambores,
que suene la trompeta
mientras la gente grita:
"que suene la música"
Escucha el sonido de los platillos
llamando a todos
al ritmo marcial,
que suene la música.
Hay trabajo que hacer,
vamos a divertirnos.
Vamos, hijo del hijo de un pistolero
coge tu sitio,
ponte en fila, sí, un saludo,
vamos, vamos.
¡Oye, jefe, que suene la música!
Hay trabajo que hacer,
vamos a divertirnos.
Vamos, hijo de un pistolero,
coge tu sitio,
ponte en fila, sí, un saludo,
vamos, vamos.
Oye, jefe, que suene.
Oye, jefe, que suene.
¡Oye, jefe, que suene la música!

Strike Up the Band!, letra de Ira Gershwin (trad. Antonio Erena)

jueves, 5 de marzo de 2026

Apocalipsis

Alberto Durero, Los cuatro jinetes del Apocalipsis, c. 1498, The Cleveland Museum of Art
Y cuando el Cordero abrió el primero de los siete sellos, miré y oí a uno de los vivientes que decía con voz de trueno: «Ven». Y vi un caballo blanco; el jinete tenía un arco, se le dio una corona y salió como vencedor y para vencer otra vez. Cuando abrió el segundo sello, oí al segundo viviente que decía: «Ven». Salió otro caballo, rojo, y al jinete se le dio poder para quitar la paz de la tierra y hacer que los hombres se degüellen unos a otros; se le dio también una gran espada. Cuando abrió el tercer sello, oí al tercer viviente que decía: «Ven». Y vi un caballo negro; el jinete tenía en la mano una balanza. Y oí como una voz en medio de los cuatro vivientes que decía: «Una medida de trigo, un denario; tres medidas de cebada, un denario; al aceite y al vino no los dañes». Cuando abrió el cuarto sello, oí la voz del cuarto viviente que decía: «Ven». Y vi un caballo amarillento; el jinete se llamaba Muerte, y el Abismo lo seguía. Se les dio potestad sobre la cuarta parte de la tierra, para matar con espada, hambre, epidemias y con las fieras salvajes. Cuando abrió el quinto sello, vi debajo del altar las almas de los degollados por causa de la Palabra de Dios y del testimonio que mantenían. Y gritaban con voz potente: «¿Hasta cuándo, Dueño santo y veraz, vas a estar sin hacer justicia y sin vengar nuestra sangre de los habitantes de la tierra?». A cada uno de ellos se le dio una túnica blanca, y se les dijo que tuvieran paciencia todavía un poco, hasta que se completase el número de sus compañeros y hermanos que iban a ser martirizados igual que ellos. Vi cuando abrió el sexto sello: se produjo un gran terremoto, el sol se puso negro como un sayal de pelo, la luna entera se tiñó de sangre, y las estrellas del cielo cayeron a la tierra como caen los higos de una higuera cuando la sacude un huracán. Desapareció el cielo como un libro que se enrolla, y montes e islas se desplazaron de su lugar. Los reyes de la tierra, los magnates, los generales, los ricos, los poderosos y todos, esclavos y libres, se escondieron en las cuevas y entre las rocas. Y decían a los montes y a las rocas: «Caed sobre nosotros y ocultadnos de la vista del que está sentado en el trono y de la ira del Cordero, porque ha llegado el gran Día de su ira, y ¿quién podrá mantenerse en pie?».

Juan, Apocalipsis, 6

miércoles, 24 de diciembre de 2025

Feliz Navidad 2025 3

"Unos soldados ucranios, el pasado domingo 7 de diciembre en una trinchera cerca de Kostiantinivka", foto: Anatolii Stepanov (REUTERS), fuente: El País, 09.12.25
Madre en la puerta (popular español), Les Petits Chanteurs à la Croix de Bois (audio)

Madre, en la puerta hay un niño
más bello que flor de lirio,
cubierto de blanco lino,
madre, (el) niño tiene frío.
Que venga a la lumbre y se calentará,
¡ay!, que en esta tierra ya no hay caridad,
ya no hay caridad, ya no hay caridad.

Letra cantada por Les Petits Chanteurs à la Croix de Bois

miércoles, 6 de agosto de 2025

Aniversarios 82

Sombra humana grabada en la piedra de los escalones como consecuencia de la caída de la bomba atómica sobre Hiroshima el 6 de agosto de 1945, fotografía: Yoshito Matsushige, fuente: El País, 06.08.25

martes, 17 de enero de 2023

Sarga

Estandarte del obispo don Gonzalo con la Virgen de Gracia, siglo XV, Catedral de Jaén (actualmente en la exposición Vandelvira después de Vandelvira)
Foto: Antonio Erena, 28.12.22
ROMANCE DE DON GONZALO
Día era de San Antón,    
ese santo señalado,
cuando salen de Jaén    
cuatrocientos hijosdalgo
y de Úbeda y Baeza    
se salían otros tantos,
mozos deseosos de honra,    
y los más enamorados.
En brazos de sus amigas    
van todos juramentados
de no volver a Jaén    
sin dar moro en aguinaldo.
La seña que ellos llevaban    
es pendón rabo de gallo;
por capitán se lo llevan    
al obispo don Gonzalo.
Armado de todas armas    
en un caballo alazano,
todos se visten de verde    
el obispo azul y blanco.
Al castillo de la Guardia    
el obispo había llegado.
Sáleselo a recibir    
Mexía, el noble hidalgo:
—Por Dios te ruego, el obispo,    
que no pasedes el vado,
porque los moros son muchos,    
a la Guardia habían llegado;
muerto me han tres caballeros    
de que mucho me ha pesado:
el uno era tío mío,    
el otro mi primo hermano
y el otro es un pajecico    
de los míos más preciado.
—Demos la vuelta, señores,    
demos la vuelta a enterrallos:
haremos a Dios servicio,    
honraremos los cristianos.—
Ellos estando en aquesto,    
llegó don Diego de Haro:
—¡Adelante, caballeros,    
que me llevan el ganado!
Si de algún villano fuera,    
ya lo hubiérades quitado.
Empero alguno está aquí    
que le place de mi daño;
no cumple decir quién es,    
que es el del roquete blanco.—
El obispo que lo oyera,    
dio de espuelas al caballo;
el caballo era ligero,    
saltado había un vallado.
Mas al salir de una cuesta,    
a la asomada de un llano,
vido mucha adarga blanca,   
mucho albornoz colorado
y muchos hierros de lanzas,    
que relucían en el campo.
Metídose había por ellos    
como león denodado:
de tres batallas de moros    
la una ha desbaratado
mediante la buena ayuda    
que en los suyos ha hallado;
aunque algunos de ellos mueren,    
eterna fama han ganado.

miércoles, 26 de octubre de 2022

Fuentes 4

La fuente de Don Sancho en el camino de la Celada, Torredonjimeno
Foto: Antonio Erena (14.10.22)
Casulla del infante don Sancho, exposición «Alfonso X, el legado de un rey precursor»
Museo de Santa Cruz, Toledo. Foto: Antonio Erena (02.06.22)
… pero sucedió otra nueva desgracia. Ésta fue que don Sancho, arzobispo de Toledo, con el triste aviso de esta jornada, juntado que hubo toda la caballería que pudo en Toledo, Madrid, Guadalajara y Talavera, se partió a gran prisa para el Andalucía. Los moros de Granada talaban los campos de Jaén, robaban los ganados, mataban y cautivaban hombres, ponían fuego a los poblados; finalmente, no perdonaban a cosa ninguna que pudiese dañar su furor y saña. A éstos, pues, procuró de acometer el arzobispo con mayor osadía que consejo: hervíale la sangre con la mocedad, deseaba imitar la valentía del rey, su padre, y pretendía quitar a los moros la presa que llevaban. Y dado que los más cuerdos eran de parecer que debían de esperar a don Lope de Haro, que sabían marchaba a toda furia, y que en breve llegaría con buen escuadrón de gente, no era justo ni acertado acometer con tan poca gente todo el ejército enemigo; pero prevaleció el parecer de aquellos que decían, si le esperaban, a juicio de todos sería suya la gloria de la victoria. So color de honra buscaron su daño: trabada la batalla, que se dio cerca de Martos, a los 21 de octubre [de 1275], fácilmente fueron los fieles vencidos, así por ser menos en número como por ser soldados nuevos, y los moros muy ejercitados en el arte militar. La huida fue vergonzosa, los muertos pocos para victoria tan señalada. Prendieron al arzobispo don Sancho, y comoquiera que hubiese diferencia entre los bárbaros sobre de cuál de los reyes sería aquella presa y estuviesen a punto de venir a las manos, Atar, señor de Málaga, con la espada desnuda le pasó de parte a parte, diciendo: «No es justo que sobre la cabeza de este perro haya contienda entre caballeros tan principales». Muerto que fue, le cortaron la cabeza y la mano izquierda, en que tenía el anillo pontifical. Este estrago fue tanto de mayor compasión y lástima, que pudieran los bárbaros ser destruidos en aquella pelea, si los nuestros tuvieran un poco de paciencia y no fueran tan amigos de su honra; porque don Lope de Haro sobrevino poco después, y con su propio escuadrón volvió a la pelea, y con maravillosa osadía forzó a los moros a retirarse, pero no pudo vencerlos a causa de la oscuridad de la noche, que sobrevino. El cuerpo, mano y cabeza del arzobispo don Sancho, todo rescatado a precio de mucho oro, enterraron en la Capilla Real de Toledo, título de Santa Cruz, en que estaban sepultados el emperador don Alonso y su hijo don Sancho el Deseado.

Padre Juan de Mariana, Historia General de España, Libro Decimocuarto, Capítulo Primero (fragmento), en Biblioteca de Autores Españoles, Obras del Padre Juan de Mariana, Tomo I, Rivadeneyra, Madrid, 1854, p. 401 (actualización: Antonio Erena).

martes, 11 de octubre de 2022

Un día cualquiera 9

Manuel Domínguez Sánchez, Séneca, después de abrirse las venas, se mete en un baño y sus amigos, poseídos de dolor, juran odio a Nerón que decretó la muerte de su maestro (1871), Museo del Prado

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miércoles, 22 de abril de 2020

Lecturas 10

Chrétien de Troyes, Perceval o El cuento del Grial, ed. Martín de Riquer,
colección Austral Universal, Espasa Calpe, 1992
Era el tiempo en que los árboles florecen, la hierba, el bosque y los prados verdean, los pájaros cantan dulcemente en su latín por la mañana y toda criatura se inflama de alegría, cuando el hijo de la Dama Viuda se levantó en la Yerma Floresta Solitaria, y sin pereza puso la silla a su corcel, cogió tres venablos y salió así de la morada de su madre. Pensó que iría a ver a los labradores que tenía su madre, que le rastrillaban la avena; tenían doce bueyes y seis rastras. Así se internó en la floresta, y al punto el corazón se le alegró en las entrañas por la dulzura del tiempo y al oír el canto gozoso de los pájaros: todo esto le agradaba. Por la benignidad del tiempo sereno quitó el freno al corcel y lo dejó que paciera por la verde hierba fresca. Y él, que sabía arrojar muy bien los venablos que llevaba, iba en torno disparándolos ora hacia atrás, ora hacia adelante, ora hacia abajo, ora hacia arriba, hasta que oyó venir por el bosque a cinco caballeros armados de todas sus armas. Muy gran ruido hacían las armas de los que llegaban, pues a menudo chocaban con las ramas de las encinas y de los ojaranzos. Las lanzas entrechocaban con los escudos y las lorigas rechinaban; resonaba la madera, resonaba el hierro, tanto de los escudos como de las lorigas.

Chrétien de Troyes, Perceval o El cuento del Grial, ed. Martín de Riquer, «En la yerma floresta solitaria» (comienzo)