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lunes, 29 de junio de 2026

San Pedro y san Pablo


Bernardo de Mora el Joven, San Pedro y San Pablo (detalles, 1701-02, destruidos en la Guerra Civil), Alcalá la Real, tarjetas postales, fotos: F. Suárez, fuente: Todocolección

sábado, 13 de junio de 2026

San Antonio bendito (3)

Diego de Mora, San Antonio de Padua con el Niño Jesús (basílica de la Virgen de las Angustias), exposición "José de Mora. El barroco espiritual", catedral de Granada, foto: Antonio Erena, 18.12.25

viernes, 13 de marzo de 2026

Cuarto Viernes de Cuaresma 2026

José de Mora, Ecce Homo, monasterio de Zafra, Granada, sanguina creada por el autor del blog con ChatGPT sobre fotografía propia tomada en la exposición "José de Mora. El barroco espiritual", catedral de Granada, 18.12.25

jueves, 25 de diciembre de 2025

Feliz Navidad 2025 4

Acuarela creada por el autor con Chat GPT sobre fotografía del barro de José Risueño, Descanso en la huida a Egipto (1712-32, Casa Grande de las Escuelas del Ave María, Granada), tomada en la exposición "José de Mora. El barroco espiritual", catedral de Granada, 18.12.25

lunes, 8 de diciembre de 2025

miércoles, 6 de agosto de 2025

Twins 3

Torcuato Ruiz del Peral, San Justo y San Pastor (1750), iglesia de los Santos Justo y Pastor, Granada, fotografías: Antonio Erena, exposición "Torcuato Ruiz del Peral. El otoño del barroco", Museo de Bellas Artes de Granada, 22.11.24
"Santos Justo y Pastor", en Memoria Hispánica, RAH

miércoles, 28 de mayo de 2025

Barros

Luisa Roldán, la Roldana, San Juan Bautista Niño (1689–1706), Meadows Museum, Dallas
José Risueño, San Juan Bautista Niño (también llamado El Buen Pastor, 1712-1732), iglesia de San Francisco, Priego de Córdoba, fuente: Hermandad de la Columna
"Dos barros de José Risueño", Francisco Ferrer Lerín (blogspot), entrada del 05.10.11

domingo, 25 de mayo de 2025

Domingo de Jesús

Jesús Nazareno regresa a su iglesia de San Francisco, Domingo de Jesús, Priego de Córdoba, foto: Antonio Erena, 25.05.25
Almas piadosas, clamad
Con espíritu sereno:
Padre Jesús Nazareno,
Perdón, clemencia, piedad.
 
            Los honrados ascendientes
Que su nombre nos legaron,
A Jesús nos enseñaron
A venerar reverentes:
Y a fuer de buenos creyentes
Pedimos con humildad.
            Padre Jesús Nazareno,
Perdón, clemencia, piedad.
 
            Por eso le dedicamos
Plegarias, votos, ofrendas,
Que son auténticas prendas
De lo que en Él esperamos:
Por eso todos clamamos
En cualquier necesidad.
            Padre Jesús Nazareno,
Perdón, clemencia, piedad.
 
            Si cuando el Padre padece
Se compadecen sus hijos,
Pongamos los ojos fijos
En la imagen que aparece:
¿Quién no pena y aborrece
De sus culpas la maldad...?
            Padre Jesús Nazareno,
Perdón, clemencia, piedad.
 
            Almas devotas, clamad
Con espíritu sereno;
Padre Jesús Nazareno,
Perdón, clemencia, piedad.
 
            Las imágenes sagradas
Del Nazareno divino,
Están mostrando que vino
Tras de ovejas extraviadas:
En la cruz van figuradas
Que agobia a su Majestad.
            Padre Jesús Nazareno,
Perdón, clemencia, piedad.
 
            Llevaba de muy buen grado
Jesús en la cruz a cuestas,
Las consecuencias funestas
De nuestro enorme pecado:
Y habiéndolas Él cargado,
Nos perdonó la Deidad.
            Padre Jesús Nazareno,
Perdón, clemencia, piedad.
 
            Al que a Jesucristo siga
Con su propia cruz cargado,
Penitente y resignado
El peso se le mitiga:
Para que confíe y diga
(No obstante su indignidad.)
            Padre Jesús Nazareno,
Perdón, clemencia, piedad.
 
            El que tierno se mostrara
Con su dolorida Madre,
Muéstrasenos como Padre
Bajo la cruz en la cara:
Es la expresión viva y clara
De su entrañable bondad.
            Padre Jesús Nazareno,
Perdón, clemencia, piedad.
 
            Es tan noble y desprendido,
De entrañas tan generosas,
Que en las mujeres piadosas
Declinará su plañido:
No lloréis por mí afligidas
No: por vosotras llorad.
            Padre Jesús Nazareno,
Perdón, clemencia, piedad.
 
            ¡Quién fuera tan fervoroso
Como la dicha Verónica
De quien refiere la Crónica
Que limpió su rostro hermoso!
Y la imagen... ¡don precioso!
Mereció su caridad.
            Padre Jesús Nazareno,
Perdón, clemencia, piedad.

Carlos Valverde López, "Gozos a Nuestro Padre Jesús Nazareno" (de su Novena a Nuestro Padre Jesús Nazareno), en Enrique Alcalá Ortiz, Hablan del Nazareno de Priego (edición digital), Priego de Córdoba, 2005, pp. 163-165.

domingo, 16 de marzo de 2025

Domingo de Angustias

José Risueño y Alconchel (atrib.), Virgen de las Angustias (c. 1720), iglesia de San Pedro, Torredonjimeno, foto de principio del s. XX, archivo Antonio Ocaña Ortega

viernes, 4 de octubre de 2024

Francisco y Torcuato

Torcuato Ruiz del Peral, San Francisco de Asís (c. 1740-50), iglesia Mayor de Baza (desaparecido en la Guerra Civil), fuente: Mª Soledad Lázaro Damas, "Consideraciones en torno a la obra y la clientela de Torcuato Ruiz del Peral en Baza", en Boletín del Centro de Estudios Pedro Suárez: Estudios sobre las comarcas de Guadix, Baza y Huéscar, N.º 21, 2008 (Ejemplar dedicado a: Torcuato Ruiz del Peral, 1708-1773), págs. 77-100.
"Torcuato Ruiz del Peral. El otoño del Barroco", exposición en el MBA de Granada

miércoles, 5 de abril de 2023

Miércoles Santo 2023

El Cristo del Consuelo (c. 1700), de José Risueño, en el presbiterio de la iglesia de la abadía del Sacromonte, Granada, retablo de Blas Antonio Moreno con esculturas de Domingo Cabrera (1745-48), fuente: Gente de Paz (página web)

jueves, 8 de diciembre de 2022

jueves, 8 de septiembre de 2022

Coplas

Diego de Mora, Virgen de la Aurora, Montejícar (desaparecida)
Fuente: Conservación Restauración Imaginería Salvador Guzmán Moral (blogspot)
Consolación y Aurora (anteriores entradas del blog)

¡Levántate ya
y verás una rosa encarnada
y un lirio morado
al pie del altar!
 
Y no hay que dudar
que por chica que sea la Hostia
esta Dios entero
sin faltarle na.
 
Llega, pecador,
a la mesa de la Eucaristía
donde te convida
nuestro Salvador.
 
Juan Montijano Chica, Estribillos de las coplas del Rosario de la Aurora de Torredonjimeno, Historia de la Ibérica Tosiria. La actual Torredonjimeno, Madrid, 1983, pág. 201.

miércoles, 8 de abril de 2020

Miércoles Santo 2020

El paso de la Virgen de las Angustias (Torcuato Ruiz del Peral, 1750)
delante de la puerta del Vino de la Alhambra en su procesión del Sábado Santo
Foto: Pepe Torres (2015)
«El viajero sin problemas, lleno de sonrisas y gritos de locomotoras, va a las fallas de Valencia. El báquico, a la Semana Santa de Sevilla. El quemado por un ansia de desnudos, a Málaga. El melancólico y el contemplativo, a Granada, a estar solo en el aire de albahaca, musgo en sombra y trino de ruiseñor que manan las viejas colinas junto a la hoguera de azafranes, grises profundos y rosa de papel secante que son los muros de la Alhambra. A estar solo. En la contemplación de un ambiente lleno de voces difíciles, en un aire que a fuerza de belleza es casi pensamiento, en un punto neurálgico de España donde la poesía de meseta de San Juan de la Cruz se llena de cedros, de cinamomos, de fuentes, y se hace posible en la mística española ese aire oriental, ese ciervo vulnerado que asoma, herido de amor, por el otero.
A estar solo, con la soledad que se desea tener en Florencia; a comprender cómo el juego de agua no es allí juego como en Versalles, sino pasión de agua, agonía de agua.
O para estar amorosamente acompañado y ver cómo la primavera vibra por dentro de los árboles, por la piel de las delicadas columnas de mármoles, y cómo suben por las cañadas arrojando a la nieve, que huye asustada, las bolas amarillas de los limones.
El que quiera sentir junto al aliento exterior del toro ese dulce tictac de la sangre en los labios, vaya al tumulto barroco de la universal Sevilla; el que quiera estar en una tertulia de fantasmas y hallar quizá una vieja sortija maravillosa por los paseíllos de su corazón, vaya a la interior, a la oculta Granada. Desde luego, se encontrará el viajero con la agradable sorpresa de que en Granada no hay Semana Santa. La Semana Santa no va con el carácter cristiano y antiespectacular del granadino. Cuando yo era niño, salía algunas veces el Santo Entierro; algunas veces, porque los ricos granadinos no siempre querían dar su dinero para este desfile.
Estos últimos años, con un afán exclusivamente comercial, hicieron procesiones que no iban con la seriedad, la poesía de la vieja Semana de mi niñez. Entonces era una Semana Santa de encaje, de canarios volando entre los cirios de los monumentos, de aire tibio y melancólico como si todo el día hubiera estado durmiendo sobre las gargantas opulentas de las solteronas granadinas, que pasean el Jueves Santo con el ansia del militar, del juez, del catedrático forastero que las lleve a otros sitios. Entonces toda la ciudad era como un lento tiovivo que entraba y salía de las iglesias sorprendentes de belleza, con una fantasía gemela de las grutas de la muerte y las apoteosis del teatro. Había altares sembrados de trigo, altares con cascadas, otros con pobreza y ternura de tiro al blanco: uno, todo de cañas, como un celestial gallinero de fuegos artificiales, y otro, inmenso, con la cruel púrpura, el armiño y la suntuosidad de la poesía de Calderón. En una casa de la calle de la Colcha, que es la calle donde venden los ataúdes y las coronas de la gente pobre, se reunían los “soldaos” romanos para ensayar. Los “soldaos” no eran cofradía, como los jacarandosos “armaos” de la maravillosa Macarena. Eran gente alquilada: mozos de cuerda, betuneros, enfermos recién salidos del hospital que van a ganarse un duro. Llevaban unas barbas rojas de Schopenhauer, de gatos inflamados, de catedráticos feroces. El capitán era el técnico de marcialidad y les enseñaba a marcar el ritmo, que era así: “porón..., ¡chas!”, y daban un golpe en el suelo con las lanzas, de un efecto cómico delicioso. Como muestra del ingenio popular granadino, les diré que un año no daban los “soldaos” romanos pie con bola en el ensayo, y estuvieron más de quince días golpeando furiosamente con las lanzas sin ponerse de acuerdo. Entonces el capitán, desesperado, gritó: “Basta, basta; no golpeen más, que, si siguen así, vamos a tener que llevar las lanzas en palmatorias”, dicho granadinísimo que han comentado ya varias generaciones.
Yo pediría a mis paisanos que restauraran aquella Semana Santa vieja, y escondieran por buen gusto ese horripilante paso de la Santa Cena y no profanaran la Alhambra, que no es ni será jamás cristiana, con el tatachín de procesiones, donde lo que creen buen gusto es cursilería, y que sólo sirven para que la muchedumbre quiebre laureles, pise violetas y se orinen a cientos sobre los ilustres muros de la poesía.
Granada debe conservar para ella y para el viajero su Semana Santa interior; tan interior y tan silenciosa, que yo recuerdo que el aire de la vega entraba, asombrado, por la calle de la Gracia y llegaba sin encontrar ruido ni canto hasta la fuente de la plaza Nueva.
Porque así será perfecta su primavera de nieve y podrá el viajero inteligente, con la comunicación que da la fiesta, entablar conversación con sus tipos clásicos. Con el hombre océano de Ganivet, cuyos ojos están en los secretos lirios del Darro; con el espectador de crepúsculos que sube con ansias a la azotea; con el enamorado de la sierra como forma sin que jamás se acerque a ella; con la hermosísima morena ansiosa de amor que se sienta con su madre en los jardinillos; con todo un pueblo admirable de contemplativos, que, rodeados de una belleza natural única, no esperan nada y sólo saben sonreír.
El viajero poco avisado encontrará con la variación increíble de formas, de paisaje, de luz y de olor la sensación de que Granada es capital de un reino con arte y literatura propios, y hallará una curiosa mezcla de la Granada judía y la Granada morisca, aparentemente fundidas por el cristianismo, pero vivas e insobornables en su misma ignorancia.
La prodigiosa mole de la catedral, el gran sello imperial y romano de Carlos V, no evita la tiendecilla del judío que reza ante una imagen hecha con la plata del candelabro de los siete brazos, como los sepulcros de los Reyes Católicos no han evitado que la media luna salga a veces en el pecho de los más finos hijos de Granada. La lucha sigue oscura y sin expresión...; sin expresión, no, que en la colina roja de la ciudad hay dos palacios, muertos los dos: la Alhambra y el palacio de Carlos V, que sostienen el duelo a muerte que late en la conciencia del granadino actual.
Todo eso debe mirar el viajero que visite Granada, que se viste en este momento el largo traje de la primavera. Para las grandes caravanas de turistas alborotadores y amigos de cabarets y grandes hoteles, esos grupos frívolos que las gentes del Albaicín llaman “los tíos turistas”, para ésos no está abierta el alma de la ciudad».

Federico García Lorca, Pregón (alocución radiofónica) de la Semana Santa granadina, Unión Radio (Madrid, abril 1936)