viernes, 13 de marzo de 2026
sábado, 17 de enero de 2026
Aniversarios 68
jueves, 8 de enero de 2026
martes, 4 de noviembre de 2025
Geometrías 13
sábado, 11 de octubre de 2025
Aniversarios 83
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| Antonio Almendros Soto, El arco de San Lorenzo, en Alfonso Sancho Sáez, Almendros Aguilar, una vida y una obra en el Jaén del siglo XIX, Instituto de Estudios Giennenses, Jaén, 1982, p. 47 |
martes, 17 de junio de 2025
Excéntricos 37 - Aniversarios 79
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| Luis Berges Roldán (Jaén, 17.06.1925 - 11.03.2026), fuente: La Contra de Jaén (diario online), 31.05.20 |
viernes, 4 de abril de 2025
Quinto Viernes de Cuaresma - Parecidos razonables 37
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| Fernando Ortiz, Cristo del Amor y Dolorosa (1756-71), Cofradía del Cristo del Amor y Ntra. Sra. de la Caridad, Santuario de la Victoria, Málaga, foto: Antonio Erena, 24.04.24 |
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| Francisco Palma Burgos, boceto para el Cristo del Amor (c. 1952) de Torredonjimeno (c. p., el proyecto incluía la Dolorosa que no se llegó a realizar), archivo Antonio Erena |
lunes, 24 de febrero de 2025
Aniversarios 74
Inicio del acta fundacional de la Cofradía de Jesús Nazareno de Torredonjimeno, trasladada del libro original de la hermandad al de 1699, en Antonio Erena Camacho, Noticias de la Cofradía de Jesús Nazareno de Torredonjimeno. Cuatrocientos años de una hermandad andaluza, Gráficas La Paz, Torredonjimeno, 2004, págs. 32-33.
lunes, 10 de febrero de 2025
Excéntricos 36
jueves, 30 de mayo de 2024
Corpus
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José Garnelo, Procesión del Corpus en Toledo (dibujo para La Ilustración Española y Americana del 15 de junio de 1903), Real Academia de Bellas Artes de San Fernando |
miércoles, 17 de abril de 2024
Silencio (2)
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| José López Arjona (Torredonjimeno, 1910 - 2005), Cartujo leyendo (lápiz, clarión y carboncillo sobre papel continuo, c. 1945, c. p.), foto: Antonio Erena, 16.04.24 |
La palabra ruido aparece muy pronto en Don Quijote de la Mancha. Aludiendo en primera persona a su amarga experiencia de la cárcel, Cervantes dice que en ella “toda incomodidad tiene su asiento y todo triste ruido hace su habitación”. Viejo soldado que había conocido el fragor de las explosiones y los gritos en la batalla de Lepanto, cautivo en Argel durante cinco años, huésped frecuente de las terribles ventas y posadas de los caminos de Castilla y Andalucía, Cervantes era una de esas personas de disposición sosegada que se vio casi siempre acosado por los tristes ruidos del mundo. Por eso celebra tantas veces en su literatura el silencio, y lo califica repetidamente de maravilloso, un refugio y un antídoto contra las estridencias y las cacofonías de una realidad inhóspita. En uno de los capítulos más misteriosos de la Segunda Parte, cuando don Quijote y Sancho se encuentran acogidos en la casa de don Diego de Miranda, el Caballero del Verde Gabán, lo que disfrutan más los dos, además del buen trato y la comida abundante, es el “maravilloso silencio” que reina en ella. Es el silencio lo que prevalece en ese capítulo en el que no hay ninguna peripecia: inventado casi él solo el arte de la novela, Cervantes inventa también esa novela en la que no ocurre casi nada, salvo lo más difícil de contar, que es el fluir cotidiano de la vida, sin tramoya de argumento ni de golpes de efecto, como en una historia de Flaubert o de Chéjov, o en una página de diario de Josep Pla.
Amar el silencio y el sosiego es un
grave inconveniente para quien vive en España. He conocido a japoneses que se
indignan contra ese lugar común tan repetido y al parecer tan infundado de que
España es el país más ruidoso del mundo después de Japón. Si yo escribiera mi
autobiografía, un hilo narrativo constante sería tal vez el de la búsqueda y la
pérdida del silencio, la huida del “mundanal ruido” del poema de Fray Luis,
quien por cierto también padeció la cárcel, y durante más tiempo y con más
rigor que Cervantes. “Con ruido no veo”, dice Juan Ramón Jiménez, otro fugitivo
del mundo en busca del silencio. En una etapa de ese viaje, hace ya muchos
años, recalé con mi familia en un pequeño chalet adosado en la sierra de
Madrid, imaginando veranos de holganza y de laboriosidad sin agobio, en torno a
ese simple paraíso personal que uno desea siempre, un escritorio junto a una
ventana, con una puerta entornada pero nunca cerrada, un lugar tan favorable al
ensimismamiento del trabajo y la lectura como a la contemplación de la belleza
exterior y a los rumores de la vida familiar, que en esa época tenían aún el
timbre agudo de las voces infantiles. Instalé mi escritorio de madera simple,
la estantería para los libros, el ordenador voluminoso de entonces, la repisa
para el equipo de música. El primer día en una nueva casa es como la primera
página de un cuaderno en blanco donde se irá escribiendo la vida. Por la
ventana entraba un fresco de mañana de julio, traspasado por silbidos de
golondrinas, y una luz temprana tamizada por la copa de un gran castaño. Al
fondo de una llanura punteada de encinares se veía la ladera lejana y las
torres y los muros severos de El Escorial.
Justo en el momento en que me
recreaba con el preludio del trabajo estalló como un temblor que sacudía las
paredes y el suelo, y que se convirtió en una vibración rítmica y machacona,
como una máquina gigante, como sonaría la sala de máquinas de un
transatlántico. El ruido formidable venía del otro lado de mi estantería recién
instalada, todavía olorosa a madera, del chalet al que estaba tan estrechamente
adherido el nuestro. Dejé en suspenso en el escritorio la tarea ya imposible y
fui a hablar con los vecinos. Nada más abrirse la puerta de al lado vino como
una tromba el estruendo multiplicado de aquella maquinaria formidable. La dueña
de la casa me informó, con amabilidad y resignación, de que en su hijo
adolescente se había despertado la vocación de DJ, y ella y su marido le habían
hecho, no sin sacrificio, el regalo de un equipo completo de música
electrónica. Frotándose las manos con un gesto de apuro, la señora me prometió
que intentaría convencer al chico de que limitara las horas de estudio y
ensayo, y sugirió que quizás podrían hacer ella y su marido el esfuerzo de
insonorizar la pared que separaba su casa de la nuestra. Nos marchamos al cabo
de poco tiempo, todavía más lejos, a otra casa en un lugar más agreste, junto a
un pinar de donde venía el sonido hondo y rítmico de un pájaro carpintero.
He vivido en un segundo piso donde a
las dos o las tres de la madrugada temblaban las patas de la cama por las ondas
sonoras de un “bar de ambiente” que tenía el llamativo nombre de “VERY VERY
BOY’S”. He leído en el periódico manifiestos firmados por escritores —muchos de
ellos residentes en urbanizaciones lujosas de las afueras— que protestaban
contra las limitaciones del horario nocturno de los bares, mientras en mi casa
del centro de Madrid no era posible dormir ni casi vivir durante los multitudinarios
botellones de los fines de semana. He escalado por los senderos de la Sierra
oyendo el viento y oliendo a romero y he tenido que hacerme a un lado para que
no me atropellara una fila de bárbaros saltando en moto como una patrulla
de Mad Max. En Granada, durante la fiesta del Día de la Cruz, que
en los primeros noventa proliferó durante una semana entera, he vivido bajo el
asedio de altavoces de chiringuitos que emitían atronadoramente sevillanas de
día y de noche, sorteando con dificultad las montañas de basura y los ríos de
vómitos y orines que dejaban los participantes en la juerga. Cuando era niño,
en Semana Santa, después de varios días atronado por tambores y trompetas, me
aliviaba contemplar el paso sigiloso, a la luz de los hachones encendidos, de
la Cofradía del Silencio.
Quizás en España hay todavía más
razones para el exilio acústico que para el político. Franz Kafka le dice a su amada Milena Jesenska en una
carta: “Un silencio como el que yo
necesito no existe en el mundo”. En una crónica de Nacho Sánchez desde Almería
he leído la historia de Rocío Quero, una mujer que se marchó de Sevilla
buscando quietud y silencio en la austeridad admirable del Cabo de Gata, a un
paso del parque natural y del mar, en una urbanización que se llama El Toyo.
Rocío Quero, que en una foto del periódico tiene un aire afable y enérgico, el
pelo rubio despeinado por el viento del mar, vive a quince minutos de su
trabajo, y también muy cerca de Almería. Le gusta dar largos paseos en
bicicleta por esos paisajes que tienen algo todavía de mundo intocado y pasear
a su perro por la playa y las dunas.
Rocío Quero, y todos sus vecinos, han descubierto, con
horror e impotencia, que su paraíso de tranquilidad no es intocable. Con el
apoyo entusiasta de todas las autoridades, desde la Junta de Andalucía hasta
los ayuntamientos de la zona, ese paraje tan lleno de belleza como de
biodiversidad va a ser el emplazamiento, este verano, de un festival de música
electrónica que durará tres días y tres noches y al que asistirán unas cuarenta
mil personas, con el previsible efecto de devastación sobre la calma y el sueño
de los vecinos y el frágil entorno natural en el que hasta ahora habían
encontrado refugio. Sus quejas son recibidas por perfecta indiferencia, porque
uno de los muchos abusos contra los que está indefenso un ciudadano en España
es el abuso del ruido, más aún cuando tiene la disculpa de la brutalidad identitaria
o festiva. Frente a la amenaza de los decibelios no queda otro remedio que la
huida. El maravilloso silencio cervantino es fugaz y siempre está en otra
parte.
Antonio Muñoz Molina, «Maravilloso silencio», El País, 06.04.24.
* * *
lunes, 15 de abril de 2024
Geometrías 2
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| Sin título, foto: Antonio Erena, 14.04.24 |
y desde aquí otra vez
y vuelta a ir de vuelta y sin aliento
y del principio o término del precipicio íntimo
hasta el extremo o medio o resurrecto resto de éste a aquello o de lo opuesto
y rueda que te roe hasta el encuentro
y aquí tampoco está
y desde arriba abajo y desde abajo arriba ávido asqueado
por vivir entre huesos
o del perpetuo estéril desencuentro
a lo demás
de más
o al recomienzo espeso de cerdos contratiempos y destiempos
cuando no al burdo sino de algún complejo herniado en pleno vuelo
cálido o helado
y vuelta y vuelta
a tanta terca tuerca
para entregarse entero o de tres cuartos
harto ya de mitades
y de cuartos
al entrevero exhausto de los lechos deshechos
o darse noche y día sin descanso contra todos los nervios del misterio
del más allá
de acá
mientras se rota quedo ante el fugaz aspecto sempiterno de lo aparente o lo supuesto
y vuelta y vuelta hundido hasta el pescuezo
con todos los sentidos sin sentido
en el sofocatedio
con uñas y con piensos y pellejo
y porque sí nomás.
miércoles, 3 de mayo de 2023
Día de la Cruz
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| Cruz de Mayo en Plaza Larga, dibujo de Julio Cámara Romero (2012) para la novela El secreto del escultor de Antonio Erena |
Caía la tarde y a partir de Plaza Nueva una multitud se agolpaba en la estrecha calle junto al río, rumbo a lo alto del Albaicín. Para evitar los agobios nos desviamos a la izquierda, por un callejón, y a paso lento fuimos trepando hasta alcanzar por fin el mirador de San Nicolás, esta vez no lleno del público de la ocasión anterior del Domingo de Ramos, sino abarrotado de hermanos de la cofradía más numerosa de la ciudad, muy por encima de las de Semana Santa: la del botellón y asimilados, montándose la gran juerga.
—Me encantan estas fiestas populares —comenté en medio de la gente.
—Te lo advertí —rio Esperanza viendo mi cara.
—Eres una gran profeta —le dije.
La agarré y saltamos a un lado para esquivar a unos que se divertían arrojándose el contenido de las litronas, mientras hablaban a gritos por el móvil.
—Hace fresquito. Mira la sierra. Todavía hay bastante nieve. ¡Qué año tan raro! ¡Con el calor que siempre hace en las Cruces! —chilló mi amiga.
Entre la bulla, nos acercamos al pretil de la plaza para contemplar el panorama.
—¡Como me empujen me mato! —gritó Esperanza mirando a la calle, unos metros por debajo.
—Vamos a Plaza Larga a ver la cruz —le sugerí en vista de las circunstancias.
—¿El qué? —dijo Esperanza—. ¡No te oigo! ¡Con este jaleo!
—Que me sigas a un sitio más tranquilo —le contesté, levantando también la voz—. A Plaza Larga, a ver la cruz —repetí.
—Vale, sí, vámonos de aquí. Espero que la hayan montado, con estos vándalos —comentó escéptica.
Sí que estaba la cruz, adornada con flores, macetas, cacharros de cobre y de cerámica, mantones de Manila y otros muchos objetos en abigarrada composición, y, cómo no, con sus tijeras clavadas en un pero o manzana en primer término, para que no le pusiéramos defectos, según la tradición. En uno de los mostradores instalados al aire libre pedimos unas cervezas, bajo los decibelios que atronaban el ambiente, y fuimos luego al mismo restaurante en el que almorzamos el Domingo de Ramos. Después de luchar para conseguir una mesa apartada de los altavoces, en los que también rugían a todo sonar las sevillanas y otras músicas indefinibles, elegimos varias tapas y cenando le conté a Esperanza mis últimos avances. Coincidió con Mario: puras invenciones y fantasías. Tampoco yo me los creía demasiado. Pero ahí estaban las cosas, como dijo Germán, para quién las quisiera ver.
Terminando me pedí un whisky y, mientras enumeraba mentalmente los detalles
de lo que nos quedaba por hacer, para tranquilizarla a ella, y también a mí, le
estuve narrando a mi amiga el origen de la tumultuosa celebración en cuyo ruidoso
meollo nos encontrábamos. Lo había leído unos días antes, para distraer mi
espera en el lejano Madrid. Había nacido la fiesta de un suceso ocurrido en
otro famoso convento granadino, quizás el más bello de la ciudad, el de Santa
Isabel
Antonio Erena Camacho, El secreto del escultor, Gráficas La Paz, Torredonjimeno, 2012, pp. 247-249.
«Adiós a una cruz histórica de Granada», diario Ideal, 1.05.19
martes, 14 de septiembre de 2021
Aniversarios 46 - 14 de septiembre
miércoles, 8 de septiembre de 2021
lunes, 4 de mayo de 2020
Inocente
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| El pangolín, grabado coloreado de Paquien según dibujo de Traviès, Obras completas de Buffon, ed. Hermanos Garnier, Paris, 1855-1857 |
La lucha para evitar la extinción del pangolín, Giavanna Grein, página web de WWF
miércoles, 29 de abril de 2020
Desescalada
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| Cristino Soravilla, dibujo para Don Quijote, Primera Parte, Capítulo II, ed. Hernando, 1962 |
jueves, 23 de abril de 2020
Día del Libro 2020
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| Ilustración (xilografía) para la cabecera del Capítulo XLVIII de la Primera Parte del Quijote, ed. Montaner y Simón, 1880-83 |
miércoles, 27 de marzo de 2019
martes, 5 de marzo de 2019
Martes de Carnaval
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| Mariano José de Larra por Federico de Madrazo, 26.09.1834 (detalle) |
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