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viernes, 13 de marzo de 2026

Cuarto Viernes de Cuaresma 2026

José de Mora, Ecce Homo, monasterio de Zafra, Granada, sanguina creada por el autor del blog con ChatGPT sobre fotografía propia tomada en la exposición "José de Mora. El barroco espiritual", catedral de Granada, 18.12.25

sábado, 17 de enero de 2026

Aniversarios 68

Juan Crisóstomo de Arriaga (Bilbao, 27.01.1806 - París, 17.01.1826), Sin título (Sesión de música en el Bilbao romántico), 1817, Museo de Bellas Artes de Bilbao. Texto: La musical sensación / Luisa con celeridad / A los quince años de edad / Introduce al corazón / Así de ella con razón / Apolo dijo es honor / Del arte y de Orfeo loor / De las musas compañera / Genio que hoy se venera / Pianista de gran primor. / Juan Crisóstomo de Arriaga a los once años de edad lo dibujó y dedicó a la señorita doña Luisa de Torres y Urquijo. Bilbao 20 de Noviembre de 1817

martes, 4 de noviembre de 2025

Geometrías 13

"Libros con arte. Las vanguardias artísticas en las cubiertas españolas 1910 - 1938" (Colección Alicia García Medina), Colección Roberto Polo. Centro de Arte Moderno y Contemporáneo de Castilla-La Mancha, convento de Santa Fe, Toledo, foto: Antonio Erena, 29.10.25
"Libros con arte" (página web del Centro)

sábado, 11 de octubre de 2025

Aniversarios 83

Antonio Almendros Soto, El arco de San Lorenzo, en Alfonso Sancho Sáez, Almendros Aguilar, una vida  y una obra en el Jaén del siglo XIX, Instituto de Estudios Giennenses, Jaén, 1982, p. 47
R E A L E S   Ó R D E N E S .
     Excmo. Sr.: Vista la comunicación del Inspector de Antigüedades de la provincia de Granada solicitando la conservación de la capilla conocida con el nombre de Arquito de San Lorenzo, en la ciudad de Jaén, la cual parece se trataba de demoler por disposición del Municipio de aquella localidad:
     Vistos los informes que acerca de este particular emiten las Reales Academias de la Historia y la de Bellas Artes de San Fernando:
     Considerando que la capilla de que se trata ostenta una preciosa ornamentación de tracería gótica y alicatados moriscos, y que es una preciosa joya de arte encerrada dentro del torreón anejo al Arco de San Lorenzo:
     Considerando que al mérito artístico de la referida capilla va adherido el recuerdo de hechos históricos y fundaciones piadosas y venerandas, requisitos que exige la ley para que permanezcan incólumes fuera del alcance de impremeditadas mejoras los monumentos que atestigüen las glorias, la fé y la piedad de todos los pueblos civilizados;
   S. M. el Rey (Q. D. G.), de conformidad con lo informado por las citadas Reales Academias de la Historia y la de Bellas Artes de San Fernando, y con lo propuesto por la Dirección general de Instrucción pública, Agricultura é Industria, ha tenido á bien declarar monumento nacional, histórico y artístico, la capilla conocida con el nombre de Arquito de San Lorenzo, de la ciudad de Jaén, y disponer se solicite del Ministerio del digno cargo de V. E. la excepción de la venta de dicho edificio y la cesión del mismo á este de mi cargo para su entrega á la Comisión provincial de Monumentos de dicha ciudad, encargada de su conservación y custodia.
     De Real orden lo digo á V. E. para su conocimiento y efectos consiguientes. Dios guarde á V. E. muchos años.
Madrid 11 de Octubre de 1877.
                                                                                                            C. TORENO.

Sr. Ministro de Hacienda.

Informe que se cita en la anterior comunicación de la Academia
de la Historia.

     «Excmo. Sr.: Cumplo esta Real Academia la honrosa obligación de informar á V. E. acerca de si debe declararse monumento histórico y artístico el Arco de San Lorenzo, de la ciudad de Jaén; punto que somete á su dictamen la Dirección general de Instrucción pública en oficio de 25 de Setiembre próximo pasado.
     A la preciosa capilla que lleva el nombre vulgar de Arquito de San Lorenzo, según se expresa en su erudita representación de 25 de Agosto dirigida á Y. E. el Inspector de Antigüedades de la provincia de Granada D. Manuel Góngora, capilla que ostenta una preciosa ornamentación de tracería gótica y alicatados moriscos, y que es, propiamente hablando, una joya de arte encerrada dentro del adusto torreón anejo al Arco de San Lorenzo, va adherido el recuerdo del célebre Condestable Miguel Lucas de Iranzo, cuya entretenida ó interesante crónica publicó esta Real Academia hace algunos años.
     Después de la trágica muerte de aquel, acaecida en 1473 á consecuencia del motín de la plebe de Jaén contra los judíos refugiado en la Catedral, donde el generoso magnate quiso libertarlos; su familia, esto es, su virtuosa viuda y su hijo Don Luis, abrazó la vida religiosa, consagrándose a actos de caridad y devoción.
     Ella fundó el convento de Santa Isabel la Real de Granada, y pasó muchos años retirada en el de Santa Clara de Écija.
     El D. Luis, marino de los Reyes Católicos, dejando también el siglo, profesó en San Francisco del Monte, y fundó en Jaén el hospital de la Madre de Dios, posteriormente Casa de niños expósitos, la cual celebraba el culto en la capilla del Arco de San Lorenzo, objeto de este informe. Esta capilla fué enriquecida con muy indignes mercedes é indulgencias que para ella obtuvo de Su Santidad el Gran Capitán Gonzalo de Córdova, buen amigo del fundador. Después de ser capilla de aquel piadoso instituto, lo fué del primer Seminario conciliar del Obispado, establecido en aquel mismo edificio de la Casa de expósitos. Estas son, en relación sumarísima, las memorias del monumento que se intenta aniquilar. En él concurren todos los requisitos que señala la ley en los que quiere permanezcan incólume fuera del alcance de desatinadas mejoras de Autoridades populares poco ilustradas, de esas que, como dice el algente decreto de la República, «por un mal entendido celo no vacilan en sembrar de. ruinas el suelo de la patria con mengua de la honra nacional.»
     Previene este decreto que los Gobernadores suspendan inmediatamente la ejecución de las medidas de los Ayuntamientos en que se intenten semejantes destrucciones; pero el Gobernador de Jaén no ha cumplido este sagrado deber á pesar de habérselo preceptuado el telegrama del Sr. Ministro de Fomento.
     Causa rubor que miéntras todos los pueblos civilizados se precian de conservar con religioso respeto los monumentos que atestiguan las glorias, la fé y la piedad de su pasado, y los muestran con justo orgullo á los extraños, obteniendo rendimientos materiales de gran consideración de Tos sacrificios pecuniarios, siempre reproductivos, que se imponen para restaurarlos y hacerlos perpétuos, haya aun en España Autoridades populares que se avergüencen de esos mudos testigos de su antigua cultura, y prefieran la insípida uniformidad mal llamada ornato público á la hermosa variedad que lo antiguo y lo moderno ofrecen en armonioso conjunto.
      La Academia, Excmo. Sr., respeta las atribuciones legítimas que en materia de ornato y policía urbana consigna la ley Municipal vigente; pero sabe también que otras leyes especiales, cuya observancia ha sido inculcada á los Ayuntamientos y á las Autoridades de todas jerarquías bajo una sanción muy severa, y que la Municipalidad de Jaén por lo visto desconoce, ponen los monumentos que interesan á las artes y á la historia pátria en una muy elevada esfera, de excepcional amortización, á donde no es permitido que llegue la piqueta demoledora; y bajo este supuesto, de la reconocida ilustración de V. E. se promete muy confiadamente que tendrá á bien excitar el celo del Sr. Ministro de Hacienda para que se sirva declarar monumento histórico y artístico, y exceptuado por lo tanto de la desamortización y de todo detrimento, el referido Arco de San Lorenzo de Jaén.
     Entiende, por último, esta Academia que seria altamente conveniente que V. E. por su parte se sirviese reiterar al Gobernador de Jaén con toda urgencia y por telegrama la orden de suspender inmediatamente y bajo su responsabilidad la ejecución del derribo, en mal hora acordado por el Ayuntamiento.
      La Academia tiene el honor de devolver á V. E. la comunicación del Sr. Góngora, juntamente con los tres interesantes dibujos que á la misma acompañan.
      V. E. resolverá lo más acertado.
     Dios guarde á V. E. muchos años. Madrid 6 de Octubre de 1877.-==Excmo. Sr.: Pedro Sabau, Secretario.==José Amador de los Rios, Director interino.==Excmo. Sr. Ministro de Fomento.»

Informe de la Real Academia de San Fernando.

     «Excmo. Sr.: No cesa esta Real Academia de ocupar la ilustrada atención de V. E. con reclamaciones; pero es porque tampoco cesa la tiranía tan deplorable de algunas Autoridades populares que parece han declarado guerra á muerte á todo recuerdo de la antigua civilización española.
     Hoy es un temerario proyecto del Ayuntamiento de Jaén el que vuelve á poner en manos de la Academia la pluma denunciadora de tales atentados.
     La Comisión de Monumentos históricos y artísticos de la localidad, movida de un loable celo y cumpliendo un precepto que con sanción ele grave responsabilidad Jo imponen el reglamento de 1865 y el vigente decreto de la República de 16 de Diciembre de 1873, da parte á esta Corporación de haber acordado el referido Ayuntamiento el derribo del histórico Arco de San Lorenzo, cuyo torreón encierra una peregrina joya de estilo gótico morisco, debida sin duda á hábiles manas de ornamentistas mudejares.
     Es una capilla de gran devoción entre aquel pueblo, y la más antigua de la ciudad, donde se halla sepultado Juan de Olid, el fundador de la primera Casa de niños expósitos que hubo en Jaén, y Secretario del célebre Condestable Miguel Lucas de Iranzo.
     La capilla lo era del referido establecimiento benéfico contiguo al arco, y fué enriquecida con indulgencias á petición del Gran Capitán Gonzalo de Córdova, con las cuales acreció su fama, llegando á ser objeto de mandas piadosas en todos los testamentos de las personas calificadas de aquel pueblo.
     Después de sor capilla de la Casa de expósitos, fue capilla del primer Seminario conciliar del Obispado, establecido en el edificio mismo de la fundación piadosa. 
     No es de extrañar, pues, que haya sido por tantos respetada.
   Lo que sí sorprende es que, habiéndola conservado incólume un Ayuntamiento republicano, de aquellos para quienes se dictó el sabio decreto de Noviembre de 1873, una Municipalidad monárquica atente contra su existencia.
     El Arco de San Lorenzo en su aspecto exterior es ya de por sí un objeto de arte digno de respeto.
     Su severa y espaciosa ojiva servía de sostenimiento al ábside de la antigua parroquia de San Lorenzo, hundida en el primer tercio del presente siglo.
     La capilla, que esta dentro del cubo ó torreón de dicho arco, tiene un primoroso altar de alicatado morisco, con dos pináculos flanqueantes de estilo gótico del siglo XV, y un arco escarzano-calcetado del más vistoso efecto.
    Debe, Excmo. Sr., conservarse á toda costa este monumento: en él concurren todos los requisitos que señala la ley, en los que quiere permanezcan incólumes, fuera del alcance de desatinadas mejoras de Autoridades populares poco ilustradas; de esas que, como dice el decreto de la República ya citado, «por un mal entendido celo no vacilan en sembrar de ruinas el sucio de la patria con mengua de la honra nacional.»
     Previene este decreto que los Gobernadores suspendan incidentalmente la ejecución de las medidas de los Ayuntamientos en que se intenten semejantes destrucciones; y que cuando los Gobernadores no cumplan con tan sagrado deber, las Comisiones de Monumentos y las Academias denuncien al Ministerio del digno cargo de V. E. su conducta.
     En este triste caso se hallan la Comisión de Jaén y esta Real Academia, la cual cumple por sí y por su delegada la Comisión provincial lo que les está severa y terminantemente prevenido.
     Al hacerlo así, para obviar trámites dilatorios que podrían retrasar la resolución de la Academia, se promete de V. E. evacúe juntamente el informe que respecto al mérito del monumento prescribe el art. 2.° del mismo decreto.
     No cree la Academia necesario ocupar con más reflexiones el recto é ilustrado ánimo de V. E.; pero al terminar su respetuosa reclamación debe encarecer la necesidad de que la Real orden que de ese departamento emane prohibiendo severamente tocar al histórico Arco de San Lorenzo de Jaén salga con toda la urgencia que reclama el desatentado acuerdo de aquel Ayuntamiento, el cual, no sólo ha resuelto la demolición, sino que además ha anunciado ya en el Boletín oficial para el dia 30 del actual la subasta de los materiales que produzca el derribo.
     Es gran mengua y causa rubor que mientras todos los pueblos civilizados se precian de conservar con religioso respeto los monumentos que atestiguan las glorias, la fé y la piedad de su pasado, y los muestran con justo orgullo á los extraños, y hasta obtienen rendimientos materiales de gran consideración de los sacrificios pecuniarios, siempre reproductivos, que se imponen para restaurarlos y hacerlos perpetuos, haya aun en España Autoridades populares que se avergüencen de esos mudos testigos de su antigua cultura, y procuren acabar con ellos, y prefieran la uniformidad de la desolación y la barbarie disfrazada con el nombre de ornato publico, de que huye el viajero ilustrado, á la hermosa variedad que lo antiguo y lo moderno ofrecen en armónico conjunto.
     V. E. resolverá lo más acertado.
     Dios guarde á V. E. muchos años. Madrid 23 de Setiembre de 1877.==Excmo. Sr.==El Director accidental, Valentín Carderera y Solano,==Excmo. Sr. Ministro de Fomento.»

Gaceta de Madrid, AÑO CCXVI.- Núm. 295. Sábado 20 de Octubre de 1877. Tomo IV.- Pág. 215.

viernes, 4 de abril de 2025

Quinto Viernes de Cuaresma - Parecidos razonables 37

Fernando Ortiz, Cristo del Amor y Dolorosa (1756-71), Cofradía del Cristo del Amor y Ntra. Sra. de la Caridad, Santuario de la Victoria, Málaga, foto: Antonio Erena, 24.04.24
Francisco Palma Burgos, boceto para el Cristo del Amor (c. 1952) de Torredonjimeno (c. p., el proyecto incluía la Dolorosa que no se llegó a realizar), archivo Antonio Erena

lunes, 24 de febrero de 2025

Aniversarios 74

Ilustración (f. 2) en el Libro de la Escuadra y Hermandad de Jesús de Nazareno de Torredonjimeno de 1699, cofradía fundada el 24 de febrero de 1595 (la escuadra 40 años más tarde, en 1635), archivo Antonio Erena Camacho
«En el dulce nombre de Jesus. Cuentan las sagradas escrituras en el Exodo en el cap. 8 [capítulo 17, versículo 8] que caminando el Pueblo hebreo por el desierto a la tierra de promisión donde Dios los llebaba, oppusoseles allí un copioso ejercito del Rey de Amalech, para detenerles el paso. Vinieron a las manos allí un pueblo y el otro y entretanto que la batalla suvió Moyses a un monte en compañía de Aaron su hermano, y de Hur, persona de cuenta y familiar suyo; púsose Moysés en oración pidiendo a Dios diese victoria a su pueblo, y dize el texto que en tanto que Moysés tenía las manos estendidas lebantadas en alto, benía Ysrael y llevava lo mejor de la batalla, assi embajando los brazos y dejando caer las manos benzía Amalech. Y llebánlo peor los hebreos hasta que considerando esto por Arón y Hur ayudaronle a tener los brazos lebantados y las manos alzas. Y así benzió el pueblo Ysraelitico y gozó de los despojos de la batalla. Los Padres Antiguos acostumbraban a orar [con] las manos estendidas y apartados unos de otros. Aora los cristianos cuando hazemos orazión juntamos las manos, y es el misterio que quando oraban las manos estendidas los Padres Antiguos Dios no se havia hecho hombre, no se avian juntado en unidad de personas las dos naturalezas, divina y humana. Mas después de juntas y hecho Dios hombre juntamos las manos horando los cristianos. Esplicando este misterio advierten a esto los Sagrados Doctores que estando Moyses puesto en oración y teniendo lebantados los brazos hacían figura y semejanza de cruz. Y de aquí benían a llebar los hebreos lo mejor de la batalla y benzer a sus enemigos en tanto que Moyses estava de aquella manera, para que se entienda que si quieren los Católicos Cristianos haver victoria de nuestros enemigos a de ser por medio de la Cruz de nuestro Señor y Maestro Jesucristo. Y considerando esto Nos los Vezinos y Moradores de la villa de la Torre de Don Ximeno de la orden de Calatrava en el partido de la Andaluzía deseando exaltar y lebantar la Cruz de Nuestro Dios y Señor Jesucristo nos juntamos y congregamos en la Yglesia de Nuestra Señora de la Piedad y en el Monasterio de monjas de ella que es de la observancia del Glorioso Santo Domingo (...) a hazer Cofradía y Hermandad de nazarenos a ymitación de Jesús esperanza nuestra cuando iba por aquella calle desangrado por la Cruz a cuestas. Y en la dicha Congregación y Cabildo izimos y elegimos Gobernador, Consiliarios, Diputados y Mayordomo a cuio cargo están y an de estar las ynsignias, limosnas y zera y otras cosas de la dicha Cofradía. Y porque para el ornato y buen gobierno de ellos conbiene que aya estatutos y constituciones para que los obserben y guarden los cofrades de la dicha Hermandad y que el gobernador de ellos los haga guardar y cumplir, habiendo tratado y practicado sobre los más conbenientes, estando en la dicha Yglesia Viernes por la tarde, día del Apostol Santo Mathias a veinte y quatro días del mes de febrero del año de nuestro Salbador Jesucristo de mil quinientos y noventa y zinco, hoy a saber».

Inicio del acta fundacional de la Cofradía de Jesús Nazareno de Torredonjimeno, trasladada del libro original de la hermandad al de 1699, en Antonio Erena Camacho, Noticias de la Cofradía de Jesús Nazareno de Torredonjimeno. Cuatrocientos años de una hermandad andaluza, Gráficas La Paz, Torredonjimeno, 2004, págs. 32-33.

lunes, 10 de febrero de 2025

Excéntricos 36

Alfonso Rodríguez Castelao (Rianxo, 29.01.1886 - Buenos Aires, 07.01.1950), fábrica de cerámica de Sargadelos, foto: Antonio Erena, 10.02.25

jueves, 30 de mayo de 2024

miércoles, 17 de abril de 2024

Silencio (2)

José López Arjona (Torredonjimeno, 1910 - 2005), Cartujo leyendo (lápiz, clarión y carboncillo sobre papel continuo, c. 1945, c. p.), foto: Antonio Erena, 16.04.24
Silencio, anterior entrada del blog

La palabra ruido aparece muy pronto en Don Quijote de la Mancha. Aludiendo en primera persona a su amarga experiencia de la cárcel, Cervantes dice que en ella “toda incomodidad tiene su asiento y todo triste ruido hace su habitación”. Viejo soldado que había conocido el fragor de las explosiones y los gritos en la batalla de Lepanto, cautivo en Argel durante cinco años, huésped frecuente de las terribles ventas y posadas de los caminos de Castilla y Andalucía, Cervantes era una de esas personas de disposición sosegada que se vio casi siempre acosado por los tristes ruidos del mundo. Por eso celebra tantas veces en su literatura el silencio, y lo califica repetidamente de maravilloso, un refugio y un antídoto contra las estridencias y las cacofonías de una realidad inhóspita. En uno de los capítulos más misteriosos de la Segunda Parte, cuando don Quijote y Sancho se encuentran acogidos en la casa de don Diego de Miranda, el Caballero del Verde Gabán, lo que disfrutan más los dos, además del buen trato y la comida abundante, es el “maravilloso silencio” que reina en ella. Es el silencio lo que prevalece en ese capítulo en el que no hay ninguna peripecia: inventado casi él solo el arte de la novela, Cervantes inventa también esa novela en la que no ocurre casi nada, salvo lo más difícil de contar, que es el fluir cotidiano de la vida, sin tramoya de argumento ni de golpes de efecto, como en una historia de Flaubert o de Chéjov, o en una página de diario de Josep Pla.

Amar el silencio y el sosiego es un grave inconveniente para quien vive en España. He conocido a japoneses que se indignan contra ese lugar común tan repetido y al parecer tan infundado de que España es el país más ruidoso del mundo después de Japón. Si yo escribiera mi autobiografía, un hilo narrativo constante sería tal vez el de la búsqueda y la pérdida del silencio, la huida del “mundanal ruido” del poema de Fray Luis, quien por cierto también padeció la cárcel, y durante más tiempo y con más rigor que Cervantes. “Con ruido no veo”, dice Juan Ramón Jiménez, otro fugitivo del mundo en busca del silencio. En una etapa de ese viaje, hace ya muchos años, recalé con mi familia en un pequeño chalet adosado en la sierra de Madrid, imaginando veranos de holganza y de laboriosidad sin agobio, en torno a ese simple paraíso personal que uno desea siempre, un escritorio junto a una ventana, con una puerta entornada pero nunca cerrada, un lugar tan favorable al ensimismamiento del trabajo y la lectura como a la contemplación de la belleza exterior y a los rumores de la vida familiar, que en esa época tenían aún el timbre agudo de las voces infantiles. Instalé mi escritorio de madera simple, la estantería para los libros, el ordenador voluminoso de entonces, la repisa para el equipo de música. El primer día en una nueva casa es como la primera página de un cuaderno en blanco donde se irá escribiendo la vida. Por la ventana entraba un fresco de mañana de julio, traspasado por silbidos de golondrinas, y una luz temprana tamizada por la copa de un gran castaño. Al fondo de una llanura punteada de encinares se veía la ladera lejana y las torres y los muros severos de El Escorial.

Justo en el momento en que me recreaba con el preludio del trabajo estalló como un temblor que sacudía las paredes y el suelo, y que se convirtió en una vibración rítmica y machacona, como una máquina gigante, como sonaría la sala de máquinas de un transatlántico. El ruido formidable venía del otro lado de mi estantería recién instalada, todavía olorosa a madera, del chalet al que estaba tan estrechamente adherido el nuestro. Dejé en suspenso en el escritorio la tarea ya imposible y fui a hablar con los vecinos. Nada más abrirse la puerta de al lado vino como una tromba el estruendo multiplicado de aquella maquinaria formidable. La dueña de la casa me informó, con amabilidad y resignación, de que en su hijo adolescente se había despertado la vocación de DJ, y ella y su marido le habían hecho, no sin sacrificio, el regalo de un equipo completo de música electrónica. Frotándose las manos con un gesto de apuro, la señora me prometió que intentaría convencer al chico de que limitara las horas de estudio y ensayo, y sugirió que quizás podrían hacer ella y su marido el esfuerzo de insonorizar la pared que separaba su casa de la nuestra. Nos marchamos al cabo de poco tiempo, todavía más lejos, a otra casa en un lugar más agreste, junto a un pinar de donde venía el sonido hondo y rítmico de un pájaro carpintero.

He vivido en un segundo piso donde a las dos o las tres de la madrugada temblaban las patas de la cama por las ondas sonoras de un “bar de ambiente” que tenía el llamativo nombre de “VERY VERY BOY’S”. He leído en el periódico manifiestos firmados por escritores —muchos de ellos residentes en urbanizaciones lujosas de las afueras— que protestaban contra las limitaciones del horario nocturno de los bares, mientras en mi casa del centro de Madrid no era posible dormir ni casi vivir durante los multitudinarios botellones de los fines de semana. He escalado por los senderos de la Sierra oyendo el viento y oliendo a romero y he tenido que hacerme a un lado para que no me atropellara una fila de bárbaros saltando en moto como una patrulla de Mad Max. En Granada, durante la fiesta del Día de la Cruz, que en los primeros noventa proliferó durante una semana entera, he vivido bajo el asedio de altavoces de chiringuitos que emitían atronadoramente sevillanas de día y de noche, sorteando con dificultad las montañas de basura y los ríos de vómitos y orines que dejaban los participantes en la juerga. Cuando era niño, en Semana Santa, después de varios días atronado por tambores y trompetas, me aliviaba contemplar el paso sigiloso, a la luz de los hachones encendidos, de la Cofradía del Silencio.

Quizás en España hay todavía más razones para el exilio acústico que para el político. Franz Kafka le dice a su amada Milena Jesenska en una carta: “Un silencio como el que yo necesito no existe en el mundo”. En una crónica de Nacho Sánchez desde Almería he leído la historia de Rocío Quero, una mujer que se marchó de Sevilla buscando quietud y silencio en la austeridad admirable del Cabo de Gata, a un paso del parque natural y del mar, en una urbanización que se llama El Toyo. Rocío Quero, que en una foto del periódico tiene un aire afable y enérgico, el pelo rubio despeinado por el viento del mar, vive a quince minutos de su trabajo, y también muy cerca de Almería. Le gusta dar largos paseos en bicicleta por esos paisajes que tienen algo todavía de mundo intocado y pasear a su perro por la playa y las dunas.

Rocío Quero, y todos sus vecinos, han descubierto, con horror e impotencia, que su paraíso de tranquilidad no es intocable. Con el apoyo entusiasta de todas las autoridades, desde la Junta de Andalucía hasta los ayuntamientos de la zona, ese paraje tan lleno de belleza como de biodiversidad va a ser el emplazamiento, este verano, de un festival de música electrónica que durará tres días y tres noches y al que asistirán unas cuarenta mil personas, con el previsible efecto de devastación sobre la calma y el sueño de los vecinos y el frágil entorno natural en el que hasta ahora habían encontrado refugio. Sus quejas son recibidas por perfecta indiferencia, porque uno de los muchos abusos contra los que está indefenso un ciudadano en España es el abuso del ruido, más aún cuando tiene la disculpa de la brutalidad identitaria o festiva. Frente a la amenaza de los decibelios no queda otro remedio que la huida. El maravilloso silencio cervantino es fugaz y siempre está en otra parte.

Antonio Muñoz Molina, «Maravilloso silencio», El País, 06.04.24.

* * *

Fuéronse a comer, y la comida fue tal como don Diego había dicho en el camino que la solía dar a sus convidados: limpia, abundante y sabrosa; pero de lo que más se contentó don Quijote fue del maravilloso silencio que en toda la casa había, que semejaba un monasterio de cartujos. Levantados, pues, los manteles, y dadas gracias a Dios y agua a las manos, don Quijote pidió ahincadamente a don Lorenzo dijese los versos de la justa literaria, a lo que él respondió que, por no parecer de aquellos poetas que cuando les ruegan digan sus versos los niegan y cuando no se los piden los vomitan, «yo diré mi glosa, de la cual no espero premio alguno; que solo por ejercitar el ingenio la he hecho».

Miguel de Cervantes, Don Quijote de la Mancha, Segunda Parte, Capítulo XVIII (fragmento), edición del Instituto Cervantes dirigida por Francisco Rico, 1998.

Día de la Cruz, anterior entrada del blog

lunes, 15 de abril de 2024

Geometrías 2

Sin título, foto: Antonio Erena, 14.04.24
Y para acá o allá
y desde aquí otra vez
y vuelta a ir de vuelta y sin aliento
y del principio o término del precipicio íntimo
hasta el extremo o medio o resurrecto resto de éste a aquello o de lo opuesto
y rueda que te roe hasta el encuentro
y aquí tampoco está
y desde arriba abajo y desde abajo arriba ávido asqueado
por vivir entre huesos
o del perpetuo estéril desencuentro
a lo demás
de más
o al recomienzo espeso de cerdos contratiempos y destiempos
cuando no al burdo sino de algún complejo herniado en pleno vuelo
cálido o helado
y vuelta y vuelta
a tanta terca tuerca
para entregarse entero o de tres cuartos
harto ya de mitades
y de cuartos
al entrevero exhausto de los lechos deshechos
o darse noche y día sin descanso contra todos los nervios del misterio
del más allá
de acá
mientras se rota quedo ante el fugaz aspecto sempiterno de lo aparente o lo supuesto
y vuelta y vuelta hundido hasta el pescuezo
con todos los sentidos sin sentido
en el sofocatedio
con uñas y con piensos y pellejo
y porque sí nomás.

Oliverio Girondo, «Destino», En la masmédula, Losada, 1963.


miércoles, 3 de mayo de 2023

Día de la Cruz

Cruz de Mayo en Plaza Larga, dibujo de Julio Cámara Romero (2012) para la novela El secreto del escultor de Antonio Erena

Caía la tarde y a partir de Plaza Nueva una multitud se agolpaba en la estrecha calle junto al río, rumbo a lo alto del Albaicín. Para evitar los agobios nos desviamos a la izquierda, por un callejón, y a paso lento fuimos trepando hasta alcanzar por fin el mirador de San Nicolás, esta vez no lleno del público de la ocasión anterior del Domingo de Ramos, sino abarrotado de hermanos de la cofradía más numerosa de la ciudad, muy por encima de las de Semana Santa: la del botellón y asimilados, montándose la gran juerga.

Me encantan estas fiestas populares comenté en medio de la gente.

Te lo advertí rio Esperanza viendo mi cara.

Eres una gran profeta le dije.

La agarré y saltamos a un lado para esquivar a unos que se divertían arrojándose el contenido de las litronas, mientras hablaban a gritos por el móvil.

Hace fresquito. Mira la sierra. Todavía hay bastante nieve. ¡Qué año tan raro! ¡Con el calor que siempre hace en las Cruces! chilló mi amiga.

Entre la bulla, nos acercamos al pretil de la plaza para contemplar el panorama.

¡Como me empujen me mato! gritó Esperanza mirando a la calle, unos metros por debajo.

Vamos a Plaza Larga a ver la cruz le sugerí en vista de las circunstancias.

¿El qué? dijo Esperanza. ¡No te oigo! ¡Con este jaleo!

Que me sigas a un sitio más tranquilo le contesté, levantando también la voz. A Plaza Larga, a ver la cruz repetí.

Vale, sí, vámonos de aquí. Espero que la hayan montado, con estos vándalos comentó escéptica.

Sí que estaba la cruz, adornada con flores, macetas, cacharros de cobre y de cerámica, mantones de Manila y otros muchos objetos en abigarrada composición, y, cómo no, con sus tijeras clavadas en un pero o manzana en primer término, para que no le pusiéramos defectos, según la tradición. En uno de los mostradores instalados al aire libre pedimos unas cervezas, bajo los decibelios que atronaban el ambiente, y fuimos luego al mismo restaurante en el que almorzamos el Domingo de Ramos. Después de luchar para conseguir una mesa apartada de los altavoces, en los que también rugían a todo sonar las sevillanas y otras músicas indefinibles, elegimos varias tapas y cenando le conté a Esperanza mis últimos avances. Coincidió con Mario: puras invenciones y fantasías. Tampoco yo me los creía demasiado. Pero ahí estaban las cosas, como dijo Germán, para quién las quisiera ver.

Terminando me pedí un whisky y, mientras enumeraba mentalmente los detalles de lo que nos quedaba por hacer, para tranquilizarla a ella, y también a mí, le estuve narrando a mi amiga el origen de la tumultuosa celebración en cuyo ruidoso meollo nos encontrábamos. Lo había leído unos días antes, para distraer mi espera en el lejano Madrid. Había nacido la fiesta de un suceso ocurrido en otro famoso convento granadino, quizás el más bello de la ciudad, el de Santa Isabel la Real, erigido por la reina Católica sobre parte de lo que había sido el palacio de Aixa, la madre de Boabdil, que se trasladó allí desde la Alhambra tras ser repudiada por su marido, el sultán Muley Hacén, enamorado de la cautiva Isabel de Solís, y que fue conocido desde entonces como Dar al-Horra, «la casa de la señora honesta». Resulta que, no mucho después de su fundación, las monjas habían oído salir voces de una pared y, derribando el muro, habían hallado dentro un trozo de la verdadera cruz de Cristo, un auténtico lignum crucis, desde entonces venerado con fervor por todo el barrio.

Antonio Erena Camacho, El secreto del escultor, Gráficas La Paz, Torredonjimeno, 2012, pp. 247-249.

«Adiós a una cruz histórica de Granada», diario Ideal, 1.05.19

martes, 14 de septiembre de 2021

Aniversarios 46 - 14 de septiembre


Francisco de Quevedo (14.09.1580​ - 8.09.1645), retrato por Francisco Pacheco en El libro de descripción de verdaderos retratos, ilustres  y memorables varones, ed. fasc. de R. Tarasco, Sevilla, 1881-1884 (lit de. Enrique Utrera), fuente: Cervantes Virtual (página web)

Atlante, que en la Cruz sustentas cielo,
Hércules que descansas sumo Atlante,
alivia con tu fuerza el tierno amante
que, humilde, mide con la boca el suelo.
 
Mas no le des ayuda, que recelo
que das prisa a su muerte vigilante;
mas dásela, Simón, que es importante
para la Redención de todo el suelo.
 
Pero si con tus brazos se aligera
la carga, con tu culpa, del manzano,
también añades peso a su madera.
 
Llevar parte del leño soberano
es a la Redención, que los espera,
llevarte tus pecados con tu mano.

Francisco de Quevedo, Soneto XXV, A Simón Cirineo, considerando, que en ayudar a Cristo, se ayudaba a sí

miércoles, 29 de abril de 2020

Desescalada

Cristino Soravilla, dibujo para Don Quijote, Primera Parte, Capítulo II, ed. Hernando, 1962
Pusiéronle la mesa a la puerta de la venta, por el fresco, y trújole el huésped una porción del mal remojado y peor cocido bacallao y un pan tan negro y mugriento como sus armas; pero era materia de grande risa verle comer, porque, como tenía puesta la celada y alzada la visera, no podía poner nada en la boca con sus manos si otro no se lo daba y ponía, y, ansí, una de aquellas señoras servía deste menester. Mas al darle de beber, no fue posible, ni lo fuera si el ventero no horadara una caña, y, puesto el un cabo en la boca, por el otro le iba echando el vino; y todo esto lo recebía en paciencia, a trueco de no romper las cintas de la celada. Estando en esto, llegó acaso a la venta un castrador de puercos, y así como llegó, sonó su silbato de cañas cuatro o cinco veces, con lo cual acabó de confirmar don Quijote que estaba en algún famoso castillo y que le servían con música y que el abadejo eran truchas, el pan candeal, y las rameras damas y el ventero castellano del castillo, y con esto daba por bien empleada su determinación y salida.

Cervantes, Don Quijote, Primera Parte, Capítulo II (fragmento)

jueves, 23 de abril de 2020

Día del Libro 2020

Ilustración (xilografía) para la cabecera del Capítulo XLVIII
de la Primera Parte del Quijote, ed. Montaner y Simón, 1880-83
Yo, a lo menos replicó el Canónigo, he tenido cierta tentación de hacer un libro de caballerías, guardando en él todos los puntos que he significado; y si he de confesar la verdad, tengo escritas más de cien hojas. Y para hacer la experiencia de si correspondían a mi estimación, las he comunicado con hombres apasionados desta leyenda, dotos y discretos, y con otros ignorantes, que sólo atienden al gusto de oír disparates, y de todos he hallado una agradable aprobación; pero, con todo esto, no he proseguido adelante, así por parecerme que hago cosa ajena de mi profesión, como por ver que es más el número de los simples que de los prudentes, y que, puesto que es mejor ser loado de los pocos sabios que burlado de los muchos necios, no quiero sujetarme al confuso juicio del desvanecido vulgo, a quien por la mayor parte toca leer semejantes libros. Pero lo que más me le quitó de las manos, y aun del pensamiento de acabarle, fue un argumento que hice conmigo mesmo, sacado de las comedias que ahora se representan, diciendo: «Si estas que ahora se usan, así las imaginadas como las de historia, todas o las más son conocidos disparates y cosas que no llevan pies ni cabeza, y, con todo eso, el vulgo las oye con gusto, y las tiene y las aprueba por buenas, estando tan lejos de serlo, y los autores que las componen, y los actores que las representan dicen que así han de ser, porque así las quiere el vulgo, y no de otra manera, y que las que llevan traza y siguen la fábula como el arte pide no sirven sino para cuatro discretos que las entienden, y todos los demás se quedan ayunos de entender su artificio, y que a ellos les está mejor ganar de comer con los muchos, que no opinión con los pocos, deste modo vendrá a ser un libro, al cabo de haberme quemado las cejas por guardar los preceptos referidos, y vendré a ser el sastre del cantillo.

Miguel de Cervantes, Don Quijote, Primera Parte, Capítulo XLVIII, «Donde prosigue el canónigo la materia de los libros de caballerías con otras cosas dignas de su ingenio» (fragmento)

martes, 5 de marzo de 2019

Martes de Carnaval

Mariano José de Larra por Federico de Madrazo, 26.09.1834 (detalle)
Otras casas recorrimos, en todas el mismo cuadro: en ninguna nos admiró encontrar intrigas amorosas, madres burladas, chasqueados esposos o solícitos amantes. No soy de aquellos que echan de menos la acción en una buena cantatriz, o alaban la voz de un mal comediante, y por tanto no voy a buscar virtudes a las máscaras. Pero nunca llegué a comprender el afán que por asistir al baile había manifestado tantos días seguidos don Cleto, que hizo toda la noche de una silla cama y del estruendo arrullo; no entiendo todavía a don Jorge cuando dice que estuvo en la función, habiéndole visto desde que entró hasta que salió en derredor de una mesa en un verdadero ecarté. Toda la diferencia estaba en él con respecto a las demás noches, en ganar  o perder vestido de mamarracho. Ni me sé explicar de una manera satisfactoria la razón en que se fundan para creer ellos mismos que se divierten [en] un enjambre de máscaras que vi buscando siempre, y no encontrando jamás, sin hallar a quien embromar ni quien los embrome, que no bailan, que no hablan, que vagan errantes de sala en sala, como si de todas les echaran, imitando el vuelo de la mosca, que parece no tener nunca objeto determinado. ¿Es por ventura un apetito desordenado de hallarse donde se hallan todos, hijo de la pueril vanidad del hombre? ¿Es por aturdirse a sí mismos y creerse felices por espacio de una noche entera? ¿Es por dar a entender que también tienen un interés y una intriga? Algo nos inclinamos a creer lo último, cuando observamos que los más de éstos os dicen, si los habéis conocido: «¡Chitón! ¡Por Dios! No digáis nada a nadie». Seguidlos, y os convenceréis de que no tienen motivos ni para descubrirse ni para taparse. Andan, sudan, gastan, salen quebrantados del baile... nunca empero se les olvida salir los últimos, y decir al despedirse: «¿Mañana es el baile en Solís? Pues hasta mañana». «¿Pasado mañana es en San Bernardino? ¡Diez onzas diera por un billete!»

Mariano José de Larra. «El mundo todo es máscaras. Todo el año es carnaval», artículo publicado en El Pobrecito Hablador. Revista Satírica de Costumbres, n.º 12, marzo de 1833, bajo el seudónimo «El bachiller don Juan Pérez de Munguía» (fragmento).