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jueves, 26 de febrero de 2026

Geometrías 16

Plaza de Capuchinos, Córdoba, foto: Antonio Erena, 25.02.26
Recinto de silencios. Aljamiada
Plaza de los Dolores. Geometría
de cielo y cal. Tapiada de Andalucía.
Córdoba en soledades cubicada.
 
Cristo de piedra. Muda cruz alzada
sobre los barrios de la torería.
Trágico monumento de agonía.
Rincón de luna y muerte traspasada…
 
Patio de estrellas. Virgen entre lirios
de primavera. Virgen desmayada
bajo el temblor incierto de los cirios.
 
Ámbito de la sombra iluminada.
Huerto interior de ascéticos delirios.
¡Oh aljibe de suspiros encalada!
 
Mario López, “Plaza de los Dolores (Córdoba)”, de Cal muerta. Cielo vivo... (1969)

sábado, 11 de octubre de 2025

Aniversarios 83

Antonio Almendros Soto, El arco de San Lorenzo, en Alfonso Sancho Sáez, Almendros Aguilar, una vida  y una obra en el Jaén del siglo XIX, Instituto de Estudios Giennenses, Jaén, 1982, p. 47
R E A L E S   Ó R D E N E S .
     Excmo. Sr.: Vista la comunicación del Inspector de Antigüedades de la provincia de Granada solicitando la conservación de la capilla conocida con el nombre de Arquito de San Lorenzo, en la ciudad de Jaén, la cual parece se trataba de demoler por disposición del Municipio de aquella localidad:
     Vistos los informes que acerca de este particular emiten las Reales Academias de la Historia y la de Bellas Artes de San Fernando:
     Considerando que la capilla de que se trata ostenta una preciosa ornamentación de tracería gótica y alicatados moriscos, y que es una preciosa joya de arte encerrada dentro del torreón anejo al Arco de San Lorenzo:
     Considerando que al mérito artístico de la referida capilla va adherido el recuerdo de hechos históricos y fundaciones piadosas y venerandas, requisitos que exige la ley para que permanezcan incólumes fuera del alcance de impremeditadas mejoras los monumentos que atestigüen las glorias, la fé y la piedad de todos los pueblos civilizados;
   S. M. el Rey (Q. D. G.), de conformidad con lo informado por las citadas Reales Academias de la Historia y la de Bellas Artes de San Fernando, y con lo propuesto por la Dirección general de Instrucción pública, Agricultura é Industria, ha tenido á bien declarar monumento nacional, histórico y artístico, la capilla conocida con el nombre de Arquito de San Lorenzo, de la ciudad de Jaén, y disponer se solicite del Ministerio del digno cargo de V. E. la excepción de la venta de dicho edificio y la cesión del mismo á este de mi cargo para su entrega á la Comisión provincial de Monumentos de dicha ciudad, encargada de su conservación y custodia.
     De Real orden lo digo á V. E. para su conocimiento y efectos consiguientes. Dios guarde á V. E. muchos años.
Madrid 11 de Octubre de 1877.
                                                                                                            C. TORENO.

Sr. Ministro de Hacienda.

Informe que se cita en la anterior comunicación de la Academia
de la Historia.

     «Excmo. Sr.: Cumplo esta Real Academia la honrosa obligación de informar á V. E. acerca de si debe declararse monumento histórico y artístico el Arco de San Lorenzo, de la ciudad de Jaén; punto que somete á su dictamen la Dirección general de Instrucción pública en oficio de 25 de Setiembre próximo pasado.
     A la preciosa capilla que lleva el nombre vulgar de Arquito de San Lorenzo, según se expresa en su erudita representación de 25 de Agosto dirigida á Y. E. el Inspector de Antigüedades de la provincia de Granada D. Manuel Góngora, capilla que ostenta una preciosa ornamentación de tracería gótica y alicatados moriscos, y que es, propiamente hablando, una joya de arte encerrada dentro del adusto torreón anejo al Arco de San Lorenzo, va adherido el recuerdo del célebre Condestable Miguel Lucas de Iranzo, cuya entretenida ó interesante crónica publicó esta Real Academia hace algunos años.
     Después de la trágica muerte de aquel, acaecida en 1473 á consecuencia del motín de la plebe de Jaén contra los judíos refugiado en la Catedral, donde el generoso magnate quiso libertarlos; su familia, esto es, su virtuosa viuda y su hijo Don Luis, abrazó la vida religiosa, consagrándose a actos de caridad y devoción.
     Ella fundó el convento de Santa Isabel la Real de Granada, y pasó muchos años retirada en el de Santa Clara de Écija.
     El D. Luis, marino de los Reyes Católicos, dejando también el siglo, profesó en San Francisco del Monte, y fundó en Jaén el hospital de la Madre de Dios, posteriormente Casa de niños expósitos, la cual celebraba el culto en la capilla del Arco de San Lorenzo, objeto de este informe. Esta capilla fué enriquecida con muy indignes mercedes é indulgencias que para ella obtuvo de Su Santidad el Gran Capitán Gonzalo de Córdova, buen amigo del fundador. Después de ser capilla de aquel piadoso instituto, lo fué del primer Seminario conciliar del Obispado, establecido en aquel mismo edificio de la Casa de expósitos. Estas son, en relación sumarísima, las memorias del monumento que se intenta aniquilar. En él concurren todos los requisitos que señala la ley en los que quiere permanezcan incólume fuera del alcance de desatinadas mejoras de Autoridades populares poco ilustradas, de esas que, como dice el algente decreto de la República, «por un mal entendido celo no vacilan en sembrar de. ruinas el suelo de la patria con mengua de la honra nacional.»
     Previene este decreto que los Gobernadores suspendan inmediatamente la ejecución de las medidas de los Ayuntamientos en que se intenten semejantes destrucciones; pero el Gobernador de Jaén no ha cumplido este sagrado deber á pesar de habérselo preceptuado el telegrama del Sr. Ministro de Fomento.
     Causa rubor que miéntras todos los pueblos civilizados se precian de conservar con religioso respeto los monumentos que atestiguan las glorias, la fé y la piedad de su pasado, y los muestran con justo orgullo á los extraños, obteniendo rendimientos materiales de gran consideración de Tos sacrificios pecuniarios, siempre reproductivos, que se imponen para restaurarlos y hacerlos perpétuos, haya aun en España Autoridades populares que se avergüencen de esos mudos testigos de su antigua cultura, y prefieran la insípida uniformidad mal llamada ornato público á la hermosa variedad que lo antiguo y lo moderno ofrecen en armonioso conjunto.
      La Academia, Excmo. Sr., respeta las atribuciones legítimas que en materia de ornato y policía urbana consigna la ley Municipal vigente; pero sabe también que otras leyes especiales, cuya observancia ha sido inculcada á los Ayuntamientos y á las Autoridades de todas jerarquías bajo una sanción muy severa, y que la Municipalidad de Jaén por lo visto desconoce, ponen los monumentos que interesan á las artes y á la historia pátria en una muy elevada esfera, de excepcional amortización, á donde no es permitido que llegue la piqueta demoledora; y bajo este supuesto, de la reconocida ilustración de V. E. se promete muy confiadamente que tendrá á bien excitar el celo del Sr. Ministro de Hacienda para que se sirva declarar monumento histórico y artístico, y exceptuado por lo tanto de la desamortización y de todo detrimento, el referido Arco de San Lorenzo de Jaén.
     Entiende, por último, esta Academia que seria altamente conveniente que V. E. por su parte se sirviese reiterar al Gobernador de Jaén con toda urgencia y por telegrama la orden de suspender inmediatamente y bajo su responsabilidad la ejecución del derribo, en mal hora acordado por el Ayuntamiento.
      La Academia tiene el honor de devolver á V. E. la comunicación del Sr. Góngora, juntamente con los tres interesantes dibujos que á la misma acompañan.
      V. E. resolverá lo más acertado.
     Dios guarde á V. E. muchos años. Madrid 6 de Octubre de 1877.-==Excmo. Sr.: Pedro Sabau, Secretario.==José Amador de los Rios, Director interino.==Excmo. Sr. Ministro de Fomento.»

Informe de la Real Academia de San Fernando.

     «Excmo. Sr.: No cesa esta Real Academia de ocupar la ilustrada atención de V. E. con reclamaciones; pero es porque tampoco cesa la tiranía tan deplorable de algunas Autoridades populares que parece han declarado guerra á muerte á todo recuerdo de la antigua civilización española.
     Hoy es un temerario proyecto del Ayuntamiento de Jaén el que vuelve á poner en manos de la Academia la pluma denunciadora de tales atentados.
     La Comisión de Monumentos históricos y artísticos de la localidad, movida de un loable celo y cumpliendo un precepto que con sanción ele grave responsabilidad Jo imponen el reglamento de 1865 y el vigente decreto de la República de 16 de Diciembre de 1873, da parte á esta Corporación de haber acordado el referido Ayuntamiento el derribo del histórico Arco de San Lorenzo, cuyo torreón encierra una peregrina joya de estilo gótico morisco, debida sin duda á hábiles manas de ornamentistas mudejares.
     Es una capilla de gran devoción entre aquel pueblo, y la más antigua de la ciudad, donde se halla sepultado Juan de Olid, el fundador de la primera Casa de niños expósitos que hubo en Jaén, y Secretario del célebre Condestable Miguel Lucas de Iranzo.
     La capilla lo era del referido establecimiento benéfico contiguo al arco, y fué enriquecida con indulgencias á petición del Gran Capitán Gonzalo de Córdova, con las cuales acreció su fama, llegando á ser objeto de mandas piadosas en todos los testamentos de las personas calificadas de aquel pueblo.
     Después de sor capilla de la Casa de expósitos, fue capilla del primer Seminario conciliar del Obispado, establecido en el edificio mismo de la fundación piadosa. 
     No es de extrañar, pues, que haya sido por tantos respetada.
   Lo que sí sorprende es que, habiéndola conservado incólume un Ayuntamiento republicano, de aquellos para quienes se dictó el sabio decreto de Noviembre de 1873, una Municipalidad monárquica atente contra su existencia.
     El Arco de San Lorenzo en su aspecto exterior es ya de por sí un objeto de arte digno de respeto.
     Su severa y espaciosa ojiva servía de sostenimiento al ábside de la antigua parroquia de San Lorenzo, hundida en el primer tercio del presente siglo.
     La capilla, que esta dentro del cubo ó torreón de dicho arco, tiene un primoroso altar de alicatado morisco, con dos pináculos flanqueantes de estilo gótico del siglo XV, y un arco escarzano-calcetado del más vistoso efecto.
    Debe, Excmo. Sr., conservarse á toda costa este monumento: en él concurren todos los requisitos que señala la ley, en los que quiere permanezcan incólumes, fuera del alcance de desatinadas mejoras de Autoridades populares poco ilustradas; de esas que, como dice el decreto de la República ya citado, «por un mal entendido celo no vacilan en sembrar de ruinas el sucio de la patria con mengua de la honra nacional.»
     Previene este decreto que los Gobernadores suspendan incidentalmente la ejecución de las medidas de los Ayuntamientos en que se intenten semejantes destrucciones; y que cuando los Gobernadores no cumplan con tan sagrado deber, las Comisiones de Monumentos y las Academias denuncien al Ministerio del digno cargo de V. E. su conducta.
     En este triste caso se hallan la Comisión de Jaén y esta Real Academia, la cual cumple por sí y por su delegada la Comisión provincial lo que les está severa y terminantemente prevenido.
     Al hacerlo así, para obviar trámites dilatorios que podrían retrasar la resolución de la Academia, se promete de V. E. evacúe juntamente el informe que respecto al mérito del monumento prescribe el art. 2.° del mismo decreto.
     No cree la Academia necesario ocupar con más reflexiones el recto é ilustrado ánimo de V. E.; pero al terminar su respetuosa reclamación debe encarecer la necesidad de que la Real orden que de ese departamento emane prohibiendo severamente tocar al histórico Arco de San Lorenzo de Jaén salga con toda la urgencia que reclama el desatentado acuerdo de aquel Ayuntamiento, el cual, no sólo ha resuelto la demolición, sino que además ha anunciado ya en el Boletín oficial para el dia 30 del actual la subasta de los materiales que produzca el derribo.
     Es gran mengua y causa rubor que mientras todos los pueblos civilizados se precian de conservar con religioso respeto los monumentos que atestiguan las glorias, la fé y la piedad de su pasado, y los muestran con justo orgullo á los extraños, y hasta obtienen rendimientos materiales de gran consideración de los sacrificios pecuniarios, siempre reproductivos, que se imponen para restaurarlos y hacerlos perpetuos, haya aun en España Autoridades populares que se avergüencen de esos mudos testigos de su antigua cultura, y procuren acabar con ellos, y prefieran la uniformidad de la desolación y la barbarie disfrazada con el nombre de ornato publico, de que huye el viajero ilustrado, á la hermosa variedad que lo antiguo y lo moderno ofrecen en armónico conjunto.
     V. E. resolverá lo más acertado.
     Dios guarde á V. E. muchos años. Madrid 23 de Setiembre de 1877.==Excmo. Sr.==El Director accidental, Valentín Carderera y Solano,==Excmo. Sr. Ministro de Fomento.»

Gaceta de Madrid, AÑO CCXVI.- Núm. 295. Sábado 20 de Octubre de 1877. Tomo IV.- Pág. 215.

viernes, 25 de octubre de 2024

Augusta Gemela

José López Arjona, Medallón para el monumento conmemorativo del Bimilenario de la fundación de la Colonia Augusta Gemela Tuccitana (1983), plaza de la Constitución, Torredonjimeno, foto: Antonio Erena, 22.10.24
Presentación del libro Augusta Gemela Ilustrada (página web de la Diputación de Jaén)

martes, 25 de junio de 2024

martes, 14 de mayo de 2024

Geometrías 4

Placa en la plaza del teatro Infanta Leonor de Jaén con texto de Sinesio Delgado, foto: Antonio Erena, 09.05.24
—¿Conque vasté á la tierra del ronquío?
(me había dicho un andaluz muy jaque
que en el camino de Granada tuve
la dicha de encontrarme).
—Sí, señor, á Jaén: ¿quiere usted algo?
—Pues oigasté, compare;
en Jaén hay que ver, ni más ni menos,
que tres cosas notables:
la catedral, la cara é Jesucristo...
—¿Y qué más?
                        —Y el camino pa marcharse.
 
    De modo que era horrible
la impresión que tenía al apearme,
y sólo por quitármela de encima
cuando me vi en Jaén, me eché á la calle.
Será porque yo tengo
propensión muy marcada á equivocarme
ó porque llevo siempre la contraria
ó aprecio de otro modo los detalles,
el caso es que ¡lo juro
por la Virgen del Carmen!
me ha gustado Jaén, y no comprendo
que se vaya contento el que se marche.
La población no es cosa
del otro jueves ni del otro martes;
pero hay muchas peores
que no le ocurre despreciar á nadie.
¡Y es tan alegre aquello!
Hacia Mengíbar, el extenso valle
que ha trasformado el río
en fuente de riqueza incalculable,
y hacia Granada (¡la gentil Granada!)
sirviendo á la ciudad como baluarte
las montañas plomizas
que dora el sol al declinar la tarde,
¡el sol de Andalucía,
que es un sol con corona de brillantes!
Además, entre aquellos
viñedos y olivares
se conserva el genuino, el legendario,
el pintoresco traje
de la nación andaluza, que ha servido
para prestar a la nación carácter.
Los anchos pantalones de campana
que al llegar a la bota se entreabren,
el sombrero redondo
y la manta ceñida con donaire.

    La hermosa catedral, la más moderna
de nuestras catedrales,
obra de fines del pasado siglo,
merece visitarse.
El célebre lagarto, que conservan,
y que es un cocodrilo respetable,
según la tradición, era un demonio
que salió, no se sabe
de dónde ni por qué, tras una santa
y se dio á acometerla con coraje.
Buscó la perseguida
su amparo en una cruz para salvarse,
y ante el lábaro santo
reventó el animal en un instante.
Así me ha referido la leyenda
un andaluz que dice que la sabe,
y así la apunto bajo su palabra
sin meterme en dibujos ni detalles.
    Junto á la catedral, á pocos pasos,
ocupando un perímetro muy grande,
he visto los cimientos de un palacio
que honrará la ciudad cuando se acabe.
    Edificio soberbio, por las trazas,
que la Diputación va á regalarse,
aunque según me han dicho, no está ahora
el país para bromas de esa clase;
pero no es de extrañar,
porque lo mismo sucede en todas partes.

    También ¡es claro! visité el Casino,
que es bueno y elegante
y que demuestra que en Jaén la vida
no es tan pesada como dijo el jaque.

    Es la Cara de Dios, que goza fama
entre nuestras leyendas populares
y de la cual procura
daros Cilla una idea con el lápiz,
un lienzo de pequeñas dimensiones
que representa la sagrada imagen,
encerrado en un marco
de rubíes, zafiros y brillantes;
en fin, un marco digno
de guardar esa joya inestimable.
Me han dicho que valdrá cinco millones
y, al verlo, se comprende que los vale.
    En Jaén, por lo menos,
de su autenticidad no duda nadie,
pues es la misma que quedó en el paño
estampada con lágrimas y sangre.
    La fe es la poesía;
creámoslo también, y Dios nos guarde.
 
                                               23 Junio l888.
 
Sinesio Delgado, «España Cómica (Apuntes de Viaje), XLV. Jaén
», en Obras completas, Tomo Primero, Versos y Prosa, Imprenta de los Hijos de M. G. Hernández, Madrid, 1919, págs. 139 y 140.

martes, 9 de mayo de 2023

Ayer y hoy 31

F. J. Parcerisa y otros, «Jaén», litografía en Recuerdos y Bellezas de España, Reino de Granada, Imprenta Repullés, Madrid, 1850
Jaén, calle Bernabé Soriano (La Carrera), foto: Agustín Garzón Martínez, en Jaén Foto a Foto, Pinterest
     Está sentada Jaén en la falda de un cerro cuya cumbre ocupan las imponentes ruinas de un castillo. Báñanla al oriente las claras aguas del Guadalbullon, y está casi en derredor cercada de huertas y jardines, entre cuyos árboles y flores descuella la oriental palmera. Montes elevados le prestan abrigo y sombra al mediodía; y de ellos como de un fondo dispuesto por el arte se destacan bellamente las torres de sus templos y las agujas de su catedral, suspendida al parecer sobre los techos del contorno.
     Sus calles son estrechas y tortuosas, pero producen un efecto agradable en el ánimo del viajero sus blancas paredes, sus hermosos balcones, cubiertos unos de pámpanos y yedra, recamados otros de madreselva, y adornados todos en los ángulos de sus barandillas con jarras de Andújar, cuya agua guardan del polvo paños orlados de en- cage, sus frescos y deliciosos patios alfombrados de vistosas plantas y animados por el murmullo de fuentes que brotan de esbeltas copas coronadas de flores. La soledad y el silencio que reinan en algunas calles contribuyen á hacer aun mas dulce la impresión de estas bellezas. Se recuerda involuntariamente la vida toda interior de los musulmanes, y hay momentos en que se llega á creer que está aun habitada la ciudad por Zaides y Zulemas.
     No causan una sensación menos viva sus antiguos muros. Están ya medio derribados y confundidos entre casas humildes, que se sentaron en lo alto de sus adarves ó pasaron desdeñosamente sobre sus escombros; mas se levantan aun á trechos grandes lienzos ceñidos de torreones, y se fija con placer la vista en esos restos sombríos, adornados ya por los siglos de yerbas parásitas que agita con dulzura el viento. Levántanse todavía entre ellos puertas que vieron pasar á El Ahmar y á S. Fernando; y sobre sus arcos, ya ogivales como los del Portillo del Arroyo de S. Pedro, ya de herradura como los que tuvo la puerta de Granada y conserva la de Martos misteriosamente ocultos á la espalda de una torre; son tantos los hechos que en un momento puede amontonar la fantasía, que al contemplarlos apenas saben moverse fuera de sus curvas ni la memoria ni los ojos.
     Desde estas puertas trepan las murallas por lo mas alto del cerro hasta enlazarse con las del castillo, defendido de oriente á mediodía por espantosos precipicios. Está ya hoy esta antigua fortaleza medio destruida, desmoronada su cerca, truncada la cabeza de sus cubos y torreones, sin techo sus cuarteles; mas descuellan sobre estas ruinas torres que parecen desafiar el furor de los siglos y las tempestades, y estas hablan todavía en alta voz de la importancia de la obra y de la grandeza de los héroes que la levantaron y defendieron contra las armas de los árabes. La torre del Homenage sobre todo es imponente. Levanta sobre las demas su corona de almenas; y enclavada en medio de las mas altas se presenta aun como la reina del alcázar. Encierra en su interior salas tristes y reducidas; pero hasta en ellas revela grandiosidad y fuerza. Son recios sus muros, bajas y robustas sus bóvedas por arista, grueso el pilar central en que descansan sus ogivas; y al visitarlas causa una sensación profunda hasta el silencio que las ocupa, hasta la mustia y escasa luz que entra por sus troneras, al parecer solo para aumentar el efecto de sus claros y sus sombras. Apenas se entra en estas salas es ya difícil detener el vuelo de la imaginación; pero mucho mas, cuando se pone el pié en la plataforma superior de la torre, donde se cree ver enarbolada la bandera de S. Fernando y oir á uno de los héroes de la edad media gritando de pechos sobre la barbacana: alzad el puente, cubrid de lanzas adarves y torreones, nadie abandone el muro sino con la vida. A vuestros piés están los abismos que han de ser la tumba de vuestros cuerpos antes que el sepulcro de vuestras honras, arrojad en lo profundo á vuestros enemigos.
 
Francisco Pi y Margall. Recuerdos y bellezas de España, Reino de Granada, Capítulo duodécimo. 
«Jaén, Baeza, Úbeda», Imp. Repullés, Madrid, 1850, p. 155-157.

lunes, 27 de marzo de 2023

Osio

Lorenzo Coullaut Valera, Monumento al obispo Osio (1926), Córdoba
Foto: Antonio Erena, 9.03.23
Con más individuación trató Zósimo el punto de la conversión de Constantino en su Libro 2, Capítulo 685, donde dice que, no hallando Constantino modo entre los sacerdotes gentiles para purificar sus manchas por las muertes dadas a su hijo el césar Crispo y a su mujer Fausta, había venido a Roma un egipcio español (esto es, sabio o mago) quien le informó de que la (p. m. 111) ley y religión de los cristianos tenía virtud para borrar cuantos delitos se hubiesen cometido; y, aceptando el emperador la propuesta del egipcio, mudó de religión haciéndose cristiano: egiptius quidam ex Hispania Roman veniens, etc. Habla aquí Zósimo, como pagano, que sintió mal de la conversión de Constantino; pero la noticia que nos da de que fue español el que le instruyó en nuestros misterios y dogmas, junto con lo que queda referido de la familiaridad y aprecio de Constantino a Osio, son manifiesto testimonio de que Osio fue el catequista y maestro del gran Constantino en los misterios y enseñanza de nuestra santa fe; y que, si de este principio se siguió su conversión y los singulares bienes que hizo a la religión cristiana con la paz y acrecentamiento de la Iglesia, todo fue y es debido a Dios, origen y fontal de todo bien, como lo confesamos; pero es inmortal gloria de nuestra España y en especial de nuestra Andalucía el que diese a la Iglesia un héroe tan grande, capaz de desempeñar las divinas disposiciones.
Fr. Juan Lendínez, Augusta Gemela Ilustrada, cap. 20 (fragmento), transcripción: Antonio Erena

jueves, 16 de febrero de 2023

Sueño

 

Juan Figueras, La vida es sueño (1878), relieve en bronce del frontal del pedestal de la estatua de Calderón de la Barca, plaza de Santa Ana, Madrid, foto Antonio Erena, 14.02.23
SEGISMUNDO.—
¡Ay mísero de mí! ¡Y ay infelice!
    Apurar, cielos, pretendo
ya que me tratáis así,
qué delito cometí
contra vosotros naciendo;
aunque si nací, ya entiendo
qué delito he cometido.
Bastante causa ha tenido
vuestra justicia y rigor;
pues el delito mayor
del hombre es haber nacido.
    Sólo quisiera saber,
para apurar mis desvelos
(dejando a una parte, cielos,
el delito de nacer),
qué más os pude ofender,
para castigarme más.
¿No nacieron los demás?
Pues si los demás nacieron,
¿qué privilegios tuvieron
que yo no gocé jamás?
    Nace el ave, y con las galas
que le dan belleza suma,
apenas es flor de pluma,
o ramillete con alas
cuando las etéreas salas
corta con velocidad,
negándose a la piedad
del nido que deja en calma:
¿y teniendo yo más alma,
tengo menos libertad?
    Nace el bruto, y con la piel
que dibujan manchas bellas,
apenas signo es de estrellas,
gracias al docto pincel,
cuando, atrevido y crüel,
la humana necesidad
le enseña a tener crueldad,
monstruo de su laberinto:
¿y yo con mejor distinto
tengo menos libertad?
    Nace el pez, que no respira,
aborto de ovas y lamas,
y apenas bajel de escamas
sobre las ondas se mira,
cuando a todas partes gira,
midiendo la inmensidad
de tanta capacidad
como le da el centro frío:
¿y yo con más albedrío
tengo menos libertad?
    Nace el arroyo, culebra
que entre flores se desata,
y apenas, sierpe de plata,
entre las flores se quiebra,
cuando músico celebra
de las flores la piedad
que le dan la majestad,
el campo abierto a su ida:
¿y teniendo yo más vida
tengo menos libertad?
    En llegando a esta pasión
un volcán, un Etna hecho,
quisiera sacar del pecho
pedazos del corazón.
¿Qué ley, justicia o razón
negar a los hombres sabe
privilegio tan süave,
excepción tan principal,
que Dios le ha dado a un cristal,
a un pez, a un bruto y a un ave?
 
 Calderón de la Barca, La vida es sueño, Jornada I