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miércoles, 13 de mayo de 2026

Columnas

Cayetano de Acosta, columnas del extremo norte de la alameda de Hércules (1764), Sevilla, foto: Antonio Erena, 12.05.26
Hic ubi iam siluas et amoenas fontibus umbras laetaque deliciis adspicis arua nouis,
et coelo eductas operosa mole columnas, non minor Herculea dedicat arte labor,
compluuium commune urbis, miraberis hospes, 
infamisque alto rudere campus erat.
Ordo dedit sumtus, magni praemra Sapatae ingenium et genium sumtibus ipsa dedit. Pro quibus officiis grates urbana uoluptas,
quas pote, pro tanto munere laeta refert
auctori publici decoris, qui reddidit urbi munus aquae, portas, moenia, templa, uias,
dum decumberit.

Aquí donde ahora ves arboledas y sombras amenizadas de fuentes, y un campo exuberante de insólitas delicias, y donde se alzan al cielo estas columnas de prodigiosa mole, construidas a cambio de un esfuerzo que no desdice de las empresas de Hércules, antes estaban (te llenará de asombro, visitante) las estercoleras de toda la ciudad, y un erial infame repleto de escombreras.
El dinero lo ha puesto el Concejo, y el genio y el ingenio se lo ha puesto al dinero nuestro Asistente, el gran Zapata.
Ante tales servicios, el regocijo urbano manifiesta el agradecimiento mayor que le es posible por tamaño regalo al padre de la belleza pública, que ha obsequiado a la ciudad con el regalo del agua, con puertas, murallas, templos, calles... para los restos.

Francisco Pacheco, En la Alameda de Sevilla, en Bartolomé Pozuelo Calero, "El epigrama latino del licenciado Francisco Pacheco a la Alameda de Hércules: Imitación y originalidad", Estudios de la Universidad de Cádiz ofrecidos a la memoria del profesor Braulio Justel Calabozo, Universidad de Cádiz, 1998 (el epigrama se refiere a las columnas romanas del extremo sur de la alameda, colocadas en 1574, las de la foto se hicieron para completarlas)

martes, 12 de mayo de 2026

lunes, 6 de abril de 2026

Ayer y hoy 46

Juan Moreno de Tejada (atrib., sobre dibujo de Luis Paret), Emblema de la Maestranza de Caballería de Sevilla, Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, inv. GR-1301
Cada año se da un paso más; cada temporada, unos pocos avisan de que ese no es el camino, de que el apoyo a la tauromaquia no supone que valga todo para defenderla de sus enemigos, de que esa avalancha de espectadores jaraneros que buscan amortizar el precio de la entrada con la concesión volcánica de trofeos no es la solución. Es más, ese enjambre de pañuelos que blanquea los tendidos puede ser la antesala de una muerte de éxito, esa que esperan, como depredadores al acecho, quienes son conscientes de que esos ‘aficionados modernos’ abandonarán las plazas el día que la seriedad dé paso a un simulacro de corrida y buscarán otro espectáculo más divertido.

Porque la esencia de la fiesta de los toros no reside en la diversión, sino en la emoción. Y un festejo como el celebrado ayer en la plaza sevillana de La Maestranza es una luz roja, un aviso fluorescente de que hay que parar, reflexionar y cambiar el planteamiento antes de que sea tarde.

Sevilla se ha ganado su alto prestigio con conocimiento, sabiduría, ecuanimidad, exigencia, generosidad, silencio y explosión de emociones, también, cuando la épica o la estética han superado los límites de lo que entendemos como nuestras posibilidades humanas.

Ayer, La Maestranza se convirtió en un circo, abarrotada de gente dispuesta a pasarlo bien, al cariño fogoso a su ídolo, a pasar por el alto a un protagonista arrinconado llamado toro, a escenificar una goleada sin balón, y salir de la plaza con la sonrisa en la boca aunque fuera un rictus impostado.

O, quizá, es que, en su voluntad sincera, tan enorme como su desconocimiento, creen que la fiesta es así.

El peligro, no obstante, no reside en el público. Paga y se considera con derecho a hacer con su ánimo y su pañuelo lo que le plazca. El problema anida en el palco, donde se sienta un señor o una señora que preside el festejo. Y presidir significa preservar la autenticidad, tutelar el prestigio y luchar hasta la última gota de sudor por la integridad del espectáculo. Impartir justicia, en una palabra, desde la autoridad y el respeto a la norma.

Pero, no. Ayer, el presidente sucumbió a los ardores enfervorizados de un público jaranero, se olvidó de la exigencia, escondió el Reglamento —aprobó unos toros impresentables— y unió su pañuelo a la bulla blanca a sabiendas de que estaba cometiendo una grave ofensa contra la alta dignidad de la plaza.

Pero no es la primera vez que sucede ni con el mismo presidente. La de ayer es una mala praxis que se está convirtiendo en una norma que se cuela peligrosamente por las rendijas de la afición.

¿Quién nombra los equipos presidenciales de Sevilla? La Junta de Andalucía, que presume, no exenta de razón, de apoyo a la tauromaquia. Ahora tiene, pues, la oportunidad de demostrar que le importa de verdad la permanencia de la fiesta más allá de la retórica vacía de los discursos.

La Maestranza se ‘hunde’, pero no los arcos, ni las gradas, ni los tendidos; se hunde su prestigio, que es algo tan valioso como su historia, su dignidad, su honor…

Y es urgente poner remedio antes de que el mal sea irremediable.

Antonio Lorca, «La Maestranza se ‘hunde’ (y urge poner remedio)», El País, 06.04.26

domingo, 5 de abril de 2026

miércoles, 1 de abril de 2026

Miércoles Santo 2026

Joaquín Sorolla, Nazareno (Sevilla, 1914), Museo Sorolla, Madrid, inv. 10926

Semana Santa en el Sur,
primavera de recuerdos
mientras se acercan los pasos
devotos de un nazareno.
Cádiz se pone a cantar
y entona por sus callejas
una saeta que trae
aires de La Habana Vieja.
Granada, sombra que espera
al Cristo de los Gitanos.
Sacromonte tú lo llevas
en la palma de tus manos.
Engalanada está Córdoba,
olor a incienso y a flores,
por su noche se pasea
la Virgen de los Dolores.
Málaga Cristo de Mena,
Cristo de pasión viviente,
gotas de cera que caen
de los cirios penitentes.
Barrio de San Sebastián,
iglesia de Santiago,
Almería está en la calle,
la Soledad va llorando.
¡Ay Jesús de los Descalzos!
Jaén busca en ti consuelo,
clavel que a tus pies florece,
luz que alumbra sus anhelos.
Huelva caminando sola
ya le habla al Prendimiento,
verso a verso, ola a ola,
el fandango es su lamento.
Y Sevilla,
Sevilla como un espejo,
como un gran sueño que avanza,
la luna guía al cortejo,
el Gran Poder, la Esperanza.
Semana Santa en el Sur,
primavera de recuerdos,
de lágrimas que se pierden
por las orillas del tiempo.
 
Manuel Carlos Sáenz, "Semana Santa en el Sur", Jaén Hoy (diario online), 31.03.26

sábado, 26 de julio de 2025

Aniversarios 81

Antonio Machado (Sevilla, 26.07.1875 - Colliure, 22.02.1939) con su hermano Manuel (Sevilla, 29.08.1874 - Madrid, 19.01.1947), fuente: Pinterest
«Cronología de Antonio Machado», Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes

Mi infancia son recuerdos de un patio de Sevilla,
y un huerto claro donde madura el limonero;
mi juventud, veinte años en tierra de Castilla;
mi historia, algunos casos que recordar no quiero.
Ni un seductor Mañara, ni un Bradomín he sido
—ya conocéis mi torpe aliño indumentario—,
mas recibí la flecha que me asignó Cupido,
y amé cuanto ellas puedan tener de hospitalario.
Hay en mis venas gotas de sangre jacobina,
pero mi verso brota de manantial sereno;
y, más que un hombre al uso que sabe su doctrina,
soy, en el buen sentido de la palabra, bueno.
Adoro la hermosura, y en la moderna estética
corté las viejas rosas del huerto de Ronsard;
mas no amo los afeites de la actual cosmética,
ni soy un ave de esas del nuevo gay-trinar.
Desdeño las romanzas de los tenores huecos
y el coro de los grillos que cantan a la luna.
A distinguir me paro las voces de los ecos,
y escucho solamente, entre las voces, una.
¿Soy clásico o romántico? No sé. Dejar quisiera
mi verso, como deja el capitán su espada:
famosa por la mano viril que la blandiera,
no por el docto oficio del forjador preciada.
Converso con el hombre que siempre va conmigo
—quien habla solo espera hablar a Dios un día—;
mi soliloquio es plática con este buen amigo
que me enseñó el secreto de la filantropía.
Y al cabo, nada os debo; debéisme cuanto he escrito.
A mi trabajo acudo, con mi dinero pago
el traje que me cubre y la mansión que habito,
el pan que me alimenta y el lecho en donde yago.
Y cuando llegue el día del último viaje,
y esté al partir la nave que nunca ha de tornar,
me encontraréis a bordo ligero de equipaje,
casi desnudo, como los hijos de la mar.
 
Antonio Machado, «XCVII. Retrato», de Campos de Castilla (1907-1917), en Poesías Completas, Selecciones Austral, Ed. Espasa Calpe, Madrid, 1975, págs. 136-37.

miércoles, 25 de junio de 2025

Miradas 29

Un grupo de armaos de la Macarena con el antiguo senatus llamado popularmente el Pájaro, foto: Nicolás Müller (1951), fuente: Fotos antiguas de la Semana Santa sevillana (Facebook)

CAPÍTULO 35. De los bienes espirituales sabrosos que distintamente pueden caer en la voluntad. Dice de cuántas maneras sean.
 
1. A cuatro géneros (de bienes) podemos reducir todos los que distintamente pueden dar gozo a la voluntad, conviene a saber: motivos, provocativos, directivos y perfectivos; de los cuales iremos diciendo por su orden, y primero, de los motivos, que son: imágenes y retratos (de Santos, oratorios y ceremonias.

2. Y cuanto a lo que toca a las imágenes y retratos), puede haber mucha vanidad y gozo vano, porque, siendo ellas tan importantes para el culto divino y tan necesarias para mover la voluntad a devoción, como la aprobación y uso que tiene de ellas nuestra Madre la Iglesia (muestra), (por lo cual siempre conviene que nos aprovechemos de ellas para despertar nuestra tibieza), hay muchas personas que ponen su gozo más en la pintura y ornato de ellas que no en lo que representan.

3. El uso de las imágenes para dos principales fines le ordenó la Iglesia, es a saber: para reverenciar a los Santos en ellas, y para mover la voluntad y despertar la devoción por ellas a ellos; y cuanto sirven de esto son provechosas y el uso de ellas necesario. Y, por eso, las que más al propio y vivo están sacadas y más mueven la voluntad a devoción, se han de escoger, poniendo los ojos en esto más que en el valor y curiosidad de la hechura y su ornato. Porque hay, como digo, algunas personas que miran más en la curiosidad de la imagen y valor de ella que en lo que representa; y la devoción interior, que espiritualmente han de enderezar al santo invisible, olvidando luego la imagen, que no sirve más que de motivo, la emplean en el ornato y curiosidad exterior, de manera que se agrade y deleite el sentido y se quede el amor y gozo de la voluntad en aquello. Lo cual totalmente impide al verdadero espíritu, que requiere aniquilación del afecto en todas las cosas particulares.

4. Esto se verá bien por el uso abominable que en estos nuestros tiempos usan algunas personas que, no teniendo ellas aborrecido el traje vano del mundo, adornan a las imágenes con el traje que la gente vana por tiempo va inventando para el cumplimiento de sus pasatiempos y vanidades, y del traje que en ellas es reprendido visten las imágenes, cosa que a ellas fue tan aborrecible, y lo es; procurando en esto el demonio y ellos en el canonizar sus vanidades, poniéndolas en los santos, no sin agraviarles mucho. Y de esta manera, la honesta y grave devoción del alma, que de sí echa y arroja toda vanidad y rastro de ella, ya se les queda en poco más que en ornato de muñecas, no sirviéndose algunos de las imágenes más que de unos ídolos en que tienen puesto su gozo. Y así, veréis algunas personas que no se hartan de añadir imagen a imagen, y que no sea sino de tal y tal suerte y (hechura, y que no estén puestas sino de tal o tal manera, de suerte) que deleite al sentido; y la devoción del corazón es muy poca; y tanto asimiento tienen en esto como Micas en sus ídolos o como Labán, que el uno salió de su casa dando voces porque se los llevaban (Jue. 18, 24), y el otro, habiendo ido mucho camino y muy enojado por ellos, trastornó todas las alhajas de Jacob, buscándolos (Gn. 31, 34).

5. La persona devota de veras en lo invisible principalmente pone su devoción, y pocas imágenes ha menester y de pocas usa, y de aquellas que más se conforman con lo divino que con lo humano, conformándolas a ellas y a sí en ellas con el traje del otro siglo y su condición, y no con este, porque no solamente no le mueve el apetito la figura de este siglo, pero aun no se acuerda por ella de él, teniendo delante los ojos cosa que a él se parezca. Ni (en) esas de que usa tiene asido el corazón, porque, si se las quitan, se pena muy poco; porque la viva imagen busca dentro de sí, que es Cristo crucificado, en el cual antes gusta de que todo se lo quiten y que todo le falte. Hasta los motivos y medios que llegan más a Dios, quitándoselos, queda quieto. Porque mayor perfección del alma es estar con tranquilidad y gozo en la privación de estos motivos que en la posesión con apetito y asimiento de ellos. Que, aunque es bueno gustar de tener aquellas imágenes que ayuden al alma a más devoción (por lo cual se ha de escoger la que más mueve), pero no es perfección estar tan asida a ellas que con propiedad las posea, de manera que, si se las quitaren, se entristezca.

6. Tenga por cierto el alma que, cuanto más asida con propiedad estuviere a la imagen o motivo, tanto menos subirá a Dios su devoción y oración; aunque es verdad que, por estar unas más al propio que otras y excitar más la devoción unas que otras, conviene aficionarse más a unas que a otras por esta causa sólo y no con la propiedad y asimiento que tengo dicho, de manera que lo que ha de llevar el espíritu volando por allí a Dios, olvidando luego eso y esotro, se lo coma todo el sentido, estando todo engolfado en el gozo de los instrumentos, que, habiéndome de servir sólo para ayuda de esto, ya por mi imperfección me sirve para estorbo, y no menos que el asimiento y propiedad de otra cualquiera cosa.
 
San Juan de la Cruz, La subida del Monte Carmelo (1579 - 1583), Libro Tercero, Cap. 35 (fragmento), edición online en Documenta Catholica Omnia.

martes, 24 de junio de 2025

Ayer y hoy 40 - Árboles 1

Juan Martínez Montañés, San Cristóbal con el Niño Jesús (1597-98, realizado con madera de pino de Segura según se estableció en su contrato), iglesia del Salvador, Sevilla, fuente: Sevilla, vida y leyenda (blogspot, entrada del 18.12.21)
Pie del pino Galapán (pino salgareño, Pinus nigra salzmannii), cañada de la Fuenfría, Santiago de la Espada, foto: Antonio Erena, 14.06.25
Al bosque me llevó mi fantasía,
y en su fondo erizado de retamas
hallé un gigante pino, cuyas ramas
eclipsaban la luz del mediodía.
 
Su viejo hendido tronco parecía
reptil informe de ásperas escamas,
y su copa volcán de verdes llamas
que sobre tierra y aire se extendía.
 
Bajo su dulce sombra reclinado
en los goces pensé de la existencia,
y en la felicidad que va a su lado:
 
recordé de los años la sentencia,
até al pino un cordón bien ensebado,
¡y no me estrangulé... por indolencia!

Manuel del Palacio, «Maldita pereza», de Cien sonetos políticos, filosóficos, biográficos, amorosos, tristes y alegres, Imprenta de T. Fortanet, Madrid, 1870.

miércoles, 16 de abril de 2025

Miércoles Santo 2025

Pedro Roldán, Jesús Nazareno (1685-86), Hermandad de la O, Sevilla, fuente: Pinterest
   Sacar un paso de Virgen bien puesto significa un indudable riesgo y un inconsciente derroche. El paso del Cristo es siempre más sencillo y más barato. Sin que yo sepa explicar por qué, lo cierto es que todo lo que se relaciona con el Cristo es menos costoso y complicado que lo de la Virgen. Un paso de Cristo está arreglado con treinta o cuarenta luces y unos manojos de claveles. Ni costosos mantos ni fabulosas alhajas. Hay un Jesús Nazareno con la cruz al hombro, de una cofradía de barrio, que algunos años ha salido en procesión llevando por todo lujo en los puños blancos que cuidadosamente asoman por las bocamangas del hábito unos sencillos gemelos de brillantes. Lo menos que, a juicio de sus pintureros cofrades, se puede llevar para salir decentemente a la calle.
    Hay una sola excepción: El Gran Poder.

Manuel Chaves Nogales, Semana Santa en Sevilla, Almuzara, 2013, págs. 96-97 (publicado originalmente en Ahora, diario gráfico, N.º 1.334, 05.04.1935, págs. 18-19).

martes, 15 de abril de 2025

Via Crucis

Joseph de las Casas, Via Crucis (Estaciones 1 a 14, Sevilla, 1749), planta baja del patio principal del Hospital de Mujeres, Cádiz, fotos de Antonio Erena (10.04.25), excepto la 6 y la 11 de Alfredo García Portillo en Retablo Cerámico, códigos 01773 y 01778

miércoles, 2 de abril de 2025

Francisco de Paula

Francisco Antonio Ruiz Gijón, San Francisco de Paula (atrib., comienzos s. XVIII), santuario de Nuestra Señora de Consolación, Utrera, fuente: Utrera Digital

lunes, 24 de marzo de 2025

Lecturas 22

Manuel Chaves Nogales, Semana Santa en Sevilla, Almuzara, 2013
Democracia, hasta cierto punto
     
     El cabildo de las Hermandades se reúne dos veces al año: una, antes de la Semana Santa, para acordar la salida procesional, y otra, después, para la aprobación de las cuentas. Las Hermandades tienen una constitución democrática, naturalmente, corrompida. Teóricamente, todos los cofrades tienen los mismos deberes y derechos; pero, en realidad, cada cofradía es una organización caciquil perfecta. Lo decimos, no en su daño, sino en su elogio; ya hubiese querido España que su régimen político se hubiese cimentado sobre una fórmula de convivencia como la que disfrutan las Hermandades. Una cosa así hubiese sido lo que, seguramente, soñaron Cánovas, el conde de Romanones o Lerroux.
     Cuando se reúne el cabildo, todos los hermanos tienen voz y voto. Claro está que sólo osa hablar y votar a su antojo quien tiene autoridad para ello. Autoridad quiere decir solvencia económica para pagar 1as deudas que se contraigan, espíritu de sacrificio para trabajar sin remuneración, o bien tradición dentro de la Hermandad. Cuando un capigorrón cualquiera, un hermanuco trashumante e insolvente, toma la palabra en el cabildo y quiere que se haga esto, lo otro o lo de más allá, sólo para ejercitar su democrático derecho como cualquier orador de mitin, no se le hace ningún caso, y si protesta se le hace callar. En la Hermandad se hace siempre lo que quiere el hermano mayor, que muchas veces suele ser un simple cofrade oculto detrás de un aparatoso hermano mayor puramente decorativo.

Manuel Chaves Nogales, Semana Santa en Sevilla, Almuzara, 2013, p. 70 (publicado originalmente en Ahora, diario gráfico, N.º 1.330, 31.03.1935, s. p.)