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martes, 14 de abril de 2026

Extraterrestres 22 - 3

Patricia Úriz, ex mujer de Koldo García, sale del Tribunal Supremo, foto: Matías Chiofalo, 13.04.26
En 2019, Koldo García Izaguirre y su entonces mujer, Patricia Uriz, mantuvieron una conversación de WhatsApp de esta guisa: “Tengo una pequeña alegría para el día de elecciones”, escribió Koldo. “¿Pase lo que pase?”, dijo Patricia. “Sí”, respondió Koldo. Y añadió, en un mensaje posterior, frustrando la sorpresa: “2.000 txistorras”. Era “pequeña” la alegría.

Cuando estas conversaciones salieron a la luz, incluidas otras en las que Koldo reclamaba a su mujer que guardase las chistorras en “maleta, bolso, abrigo y cartera”, el exasesor de Ábalos dijo que por chistorras se refería a eso: a chistorras. No se puede faltar al respeto de esa forma al Dios Amor. Es preferible contar la verdad al tribunal que decir que, pase lo que pase en las elecciones, le vas a dar una alegría a tu mujer que consiste en regalarle 2.000 chistorras. Tampoco estás mandándole un mensaje muy elegante: en las elecciones europeas qué le vas a regalar, ¿forraje? Y luego mandarla por ahí con las chistorras metidas en el abrigo y en la cartera (¿en qué cartera cabe una chistorra?, ¿no hay que investigar eso?).

A estos hechos se tuvo que enfrentar Patricia Uriz esta mañana en el Tribunal Supremo. Uriz llegó a declarar al Supremo envuelta en misterio (es increíble que hayamos tenido que sufrir todos una pandemia para que unos cuantos, hasta entonces en la inopia, descubriesen la relación de la mascarilla con el anonimato). Ya no es esposa de Koldo, y reclamó no ser grabada ―el juicio solo se retransmite para la prensa― en su declaración. Dijo que no reconocía los mensajes en que su exmarido le hablaba de 2.000 chistorras. Normal. Quién, en un momento de euforia, no le ha dicho a su mujer que le regalaría 2.000 chistorras, y su mujer no quiere ni acordarse de eso: “Mira, mira, ni me hables...”. Y el día de las elecciones generales, ni más ni menos, el día más romántico de la legislatura. Si estar enamorado consiste en que te ofrezcan la luna, por qué no matar con tus propias manos cinco cerdos y ponerte a hacer 2.000 chistorras en el salón esperando las encuestas a pie de urna, “aunque el resultado me da igual”.

No le daba igual el resultado a Uriz y así lo dijo en su declaración, ya que si el PSOE perdía, ella perdía su trabajo, pero Koldo no. Eso implicaba vivir separados, dijo, una en Pamplona y otro en Madrid. ¿Cuántas chistorras hay que atar para unir las dos ciudades y que Koldo agarrase un extremo y Patricia otro, el famoso hilo rojo?

Se juzgan más dramas de lo que parece. Dijo Uriz, por ejemplo, que Koldo compró una vivienda en Benidorm y la puso a nombre de su hija menor de edad. ¿Por qué? Para “dejar fuera de la herencia” a su otro hijo. Claro que sí. Es probable que hasta ni le apeteciera comprarlo. Y raro es que no lo pusiese a nombre del tipo que peor le caía a su hijo. Había que joder al muchacho como fuese. ¿Se imaginan que fuera por eso? ¿Quién no organizó alguna vez una gran fiesta, una fiesta increíble, solo para no invitar a un amigo? Si no lo hiciste, es que no tienes amigos. Por los amigos y por los hijos se hace lo que sea, hasta comprar un piso en Benidorm solo para que el chaval no lo tenga.

Manuel Jabois, «¿Quién no hizo alguna vez una fiesta solo para no invitar a un amigo?», El País, 13.04.26

sábado, 4 de abril de 2026

jueves, 2 de abril de 2026

Jueves Santo 2026

Jerónimo Quijano (atrib.), Santa Cena (c. 1520), Catedral de Jaén, en la exposición "Jaén entre la Edad Media y la Modernidad", Baños del Naranjo, Jaén, foto: Antonio Erena, 13.12.25

lunes, 23 de marzo de 2026

Gastromanía 52

Magdalenas de la pastelería Nuestro Padre Jesús, Jamilena, foto: Antonio Erena, 23.03.26
Primero dije que no; pero luego, sin saber por qué, volví de mi acuerdo. Mandó mi madre por uno de esos bollos, cortos y abultados, que llaman magdalenas, que parece que tienen por molde una valva de concha de peregrino. Y muy pronto, abrumado por el triste día que había pasado y por la perspectiva de otro tan melancólico por venir, me llevé a los labios unas cucharadas de té en el que había echado un trozo de magdalena. Pero en el mismo instante en que aquel trago, con las migas del bollo, tocó mi paladar, me estremecí, fija mi atención en algo extraordinario que ocurría en mi interior. Un placer delicioso me invadió, me aisló, sin noción de lo que lo causaba. Y él me convirtió las vicisitudes de la vida en indiferentes, sus desastres en inofensivos y su brevedad en ilusoria, todo del mismo modo que opera el amor, llenándose de una esencia preciosa; pero, mejor dicho, esa esencia no es que estuviera en mí, es que era yo mismo. Dejé de sentirme mediocre, contingente y mortal. ¿De dónde podría venirme aquella alegría tan fuerte? Me daba cuenta de que iba unida al sabor del té y del bollo, pero le excedía en mucho, y no debía de ser de la misma naturaleza. ¿De dónde venía y qué significaba? ¿Cómo llegar a aprehenderlo? Bebo un segundo trago, que no me dice más que el primero; luego un tercero, que ya me dice un poco menos. Ya es hora de pararse, parece que la virtud del brebaje va aminorándose. Ya se ve claro que la verdad que yo busco no está en él, sino en mí. El brebaje la despertó, pero no sabe cuál es y lo único que puede hacer es repetir indefinidamente, pero cada vez con menos intensidad, ese testimonio que no sé interpretar y que quiero volver a pedirle dentro de un instante y encontrar intacto a mi disposición para llegar a una aclaración decisiva. Dejo la taza y me vuelvo hacia mi alma. Ella es la que tiene que dar con la verdad. ¿Pero cómo? Grave incertidumbre ésta, cuando el alma se siente superada por sí misma, cuando ella, la que busca, es juntamente el país oscuro por donde ha de buscar, sin que le sirva para nada su bagaje. ¿Buscar? No sólo buscar, crear.

Proust, «Por el camino de Swann» (fragmento), En busca del tiempo perdido, trad. Pedro Salinas.

viernes, 30 de enero de 2026

Música popular 215

Kyū Sakamoto (Yokohama, 20.12.1941 - Ueno, 12.08.1985), en Tokio el 22.01.1962, fuente: The Asahi Shimbun (Getty Images)

上を向いて 歩こう
涙が こぼれないように
思い出す春の日 一人ぼっちの夜
上を向いて 歩こう
にじんだ 星をかぞえて
思い出す夏の日 一人ぼっちの夜
幸せは 雲の上に
幸せは 空の上に
上を向いて 歩こう
涙がこぼれないように
泣きながら歩く 一人ぼっちの夜
思い出す秋の日 一人ぼっちの夜
悲しみは 星のかげに
悲しみは 月のかげに
上を向いて 歩こう
涙がこぼれないように
泣きながら歩く 一人ぼっちの夜
一人ぼっちの夜

Caminemos con la frente en alto, 
para que no caigan las lágrimas. 
Recuerdo aquellos días de primavera, 
aquellas noches solitarias. 
Caminemos con la frente en alto, 
contando las estrellas borrosas. 
Recuerdo aquellos días de verano, 
aquellas noches solitarias. 
La felicidad está por encima de las nubes,
la felicidad está por encima del cielo. 
Caminemos con la frente en alto, 
para que no caigan las lágrimas. 
Camino llorando, camino solo, 
recuerdo aquellos días de otoño, 
aquellas noches solitarias. 
Mi tristeza está a la sombra de las estrellas,
mi tristeza está a la sombra de la luna. 
Caminemos con la frente en alto, 
para que no caigan las lágrimas. 
Camino llorando, camino solo, 
recuerdo aquellas noches solitarias,
aquellas noches solitarias.

Kyū Sakamoto, Ue o muite arukō, conocida como Sukiyaki, letra de Rokusuke Ei y música de Hachidai Nakamura, traducción del japonés de Google Traductor.

miércoles, 17 de diciembre de 2025

Lecturas 25 - Gastromanía 49

Manuela García Ortega, La cocina de Jaén y otras cosas, Fondo de Publicaciones El Alcázar, Ciudad Real, 1988 (ilustración de cubierta: Rafael Zabaleta, Bodegón de la cesta, 1952, c. p.)

lunes, 6 de octubre de 2025

Gastromanía 48

Picatostes en agua sal, foto: Antonio Erena, 06.10.25
Lo que en Jaén no tiene pero, como decirse suele, son los alimentos. Son tan baratos como nutritivos. El pan es excelente; y si este pan se moja en agua de sal, y después se fríe con aceite en una sartén formando lo que los inteligentes llamamos picatostes constituye un manjar muy delicado, aunque un tanto manchoso. Los bizcochos son excelentes, basta decirte que son mejores que los de Calatayud [1]. Las yemas más exquisitas que las de la calle de Majaderitos [2], y sobre todo la mitad más baratas; la carne de oveja, no te admires, riquísima; la merluza a pedir de boca, las sardinas excelentes; la fruta delicadísima; así es que en esta ciudad hay también gordos y gordas; pero aquí las gordas no son como en Madrid, aquí son muy amables, y si yo hubiera permanecido más tiempo en Jaén hubiera podido abandonar mi carrera de viajero-curioso y emprender la de viajero-especulador, enseñándome por las provincias como un fenómeno de robustez por cuatro cuartos.

El Amigo Ausente (Antonio Almendros Aguilar), «Carta de un amigo que está de viaje a otro que está en Madrid. Andalucía siglo XIX», en El Guadalbullón, periódico cientifico, agricola, literario e industrial, Jaén, Tomo II, Núm. 7.º, 01.04.1847, p. 105 (actualización y notas: Antonio Erena).

[1] Los de la famosa Pastelería Micheto, fundada en 1770.
[2] La antigua calle Angosta de Majaderitos en Madrid, actual calle de Cádiz, conocida desde antiguo por sus comercios de varias clases, como la Confitería de Pérez, existente en 1853.

lunes, 28 de abril de 2025

Sin palabras 8

Cena romántica, foto: Antonio Erena, 28.04.25
Sopla el viento y los gatos pasan la tarde apostados en las ventanas. Quiero que llueva y haya guíscanos, aunque luego no los encuentre: disponer de un motivo para salir a la montaña cuando me falte la voluntad. También quiero que se achiquen los días: una preferencia que me persigue desde pequeño y que creí que me abandonaría cuando vine a vivir a la sierra. Lo que no quiero son sobresaltos: si justo en este momento Aladino me dijera "pide un deseo", elegiría un invierno tranquilo, que me permitiera franquearlo a la par de la lumbre, sin más quehacer que estar al cuidado de la panocha. En realidad, si lo pienso y dejo asomar al dictador que todos llevamos dentro, me decantaría por un apagón generalizado, que nos obligara a interactuar con los que tenemos cerca; devolverle al boca a boca la propiedad y el tiempo que ahora les prestamos a cualquier majadero o majadera que se sitúa a cientos de kilómetros de nosotros. Porque es cierto que, en la actualidad, las vías de comunicación artificial —sin besos, abrazos y demás milagros carnales— rozan el infinito y nos valen a veces para hacer amigos en Katmandú, Madagascar o en el cabo de Buena Esperanza, pero también lo es que en otras ocasiones nos reportan interlocutores con los que jamás compartiríamos una cerveza en un bar, y que resuelven una red social en una estúpida telaraña.

Andrés Ortiz Tafur, "Telaraña social", en De los últimos deseos, Sílex, 2021, p. 113.