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jueves, 4 de diciembre de 2025

Otoño 9

Maruja Mallo, Huella, 1929, c. p., Madrid, exposición "Maruja Mallo. Máscara y compás", Museo Reina Sofía, Madrid, foto: Antonio Erena, 08.11.25
                [L]
 
                       
I
 
   En mi pequeño huerto
brilla la sonrosada margarita,
tan fecunda y humilde,
como agreste y sencilla.
 
   Ella borda primores en el césped,
y finge maravillas
entre el fresco verdor de las praderas
do proyectan sus sombras las encinas,
y a orillas de la fuente y del arroyo
que recorre en silencio las umbrías.
 
   Y aun cuando el pie la huella, ella revive
y vuelve a levantarse siempre limpia,
a semejanza de las almas blancas
que en vano quiere ennegrecer la envidia.
 
                          II
 
   Cuando llega diciembre y las lluvias abundan,
ellas con las acacias tornan a florecer,
tan puras y tan frescas y tan llenas de aroma
como aquellas que un tiempo con fervor adoré.
 
   ¡Loca ilusión la mía es en verdad, bien loca
cuando mi propia mano honda tumba les dio!
Y ya no son aquellas en cuyas hojas pálidas
deposité mis besos... ni yo la misma soy.
 
Rosalía de Castro, «En mi pequeño huerto», En las orillas del Sar, edición digital a partir de la edición de Establecimiento tipográfico de Ricardo Fe (Madrid, 1884), cotejada con la edición crítica de Xesús Alonso Montero (Madrid, Cátedra, 1985) y la de Marina Mayoral (Madrid, Castalia, 1976), Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes

domingo, 14 de septiembre de 2025

miércoles, 12 de febrero de 2025

Fuentes 12

Placa en As Burgas, Orense, foto: Antonio Erena, 12.02.25

Cando penso que te fuches
negra sombra que me asombras,
ó pe dos meus cabezales
tornas facéndome mofa. 

Cando maxino que es ida
no mesmo sol te me amostras
i eres a estrela que brila
i eres o vento que zoa. 

Si cantan, es ti que cantas
si choran, es ti que choras
i es o marmurio do río
i es a noite, i es a aurora.

En todo estás e ti es todo
pra min i en min mesma moras,
nin me abandonarás nunca,
sombra que sempre me asombras.

*

Cuando pienso que te huyes,
negra sombra que me asombras,
al pie de mis cabezales,
tornas haciéndome mofa.

Si imagino que te has ido,
en el mismo sol te asomas,
y eres la estrella que brilla,
y eres el viento que sopla.

Si cantan, tú eres quien cantas,
si lloran, tú eres quien llora,
y eres murmullo del río
y eres la noche y la aurora.

En todo estás y eres todo,
para mí en mí misma moras,
nunca me abandonarás,
sombra que siempre me asombras.

Rosalía de Castro, «Negra sombra», de Follas novas (1880), traducción: Juan Ramón Jiménez

lunes, 10 de febrero de 2025

Excéntricos 36

Alfonso Rodríguez Castelao (Rianxo, 29.01.1886 - Buenos Aires, 07.01.1950), fábrica de cerámica de Sargadelos, foto: Antonio Erena, 10.02.25

martes, 31 de diciembre de 2024

miércoles, 23 de noviembre de 2022

Extraterrestres 16

Abel Caballero, alcalde de Vigo
Foto: Rosa González (El Mundo, 3.08.22)
As bolas de sabão que esta criança
Se entretém a largar de uma palhinha
São translucidamente uma filosofia toda.
Claras, inúteis e passageiras como a Natureza,
 
Amigas dos olhos como as coisas,
São aquilo que são
Com uma precisão redondinha e aérea,
E ninguém, nem mesmo a criança que as deixa,
Pretende que elas são mais do que parecem ser.
 
Algumas mal se vêem no ar lúcido.
São como a brisa que passa e mal toca nas flores
E que só sabemos que passa
Porque qualquer coisa se aligeira em nós
E aceita tudo mais nitidamente.
 
Las pompas de jabón que este niño
se entretiene en soltar de una pajita
son traslúcidamente una filosofía toda.
Claras, inútiles y pasajeras como la naturaleza,
 
amigas de los ojos como las cosas,
son aquello que son
con una precisión redondita y aérea,
y nadie, ni el mismo niño que las deja,
pretende que sean más de lo que parecen ser.
 
Algunas mal se ven en el aire lúcido.
Son como la brisa que pasa y apenas toca las flores
y que solo sabemos que pasa
porque alguna cosa se ilumina en nosotros
y acepta todo más nítidamente.
 
Fernando Pessoa, «Las pompas de jabón que este niño»
, Alberto Caeiro, El guardador de rebaños, XXV, trad.: Antonio Erena

martes, 26 de abril de 2022

Nereidas

Fuente de las Nereidas en el claustro gótico del monasterio de Samos, foto: Antonio Erena (08.10.21)

Mientras avisan al padre prior de que andamos por aquí, y siendo quien soy, amigo de las fabulosas imaginaciones, me acerco al patio en que está la fuente de las Nereidas. No corre el agua desde las bocas de las ninfas, que la sequía impone su ley. Quizá le gusten al Padre Feijóo tanto como a mí. Fray Benito las imaginaba en su tiempo en el mar. «Cual nos las pintan los antiguos poetas, tal se hayan hoy en los mares, a reserva de la bocina de los tritones, cuyo eco no ha sido reconocido modernamente»... Ahí tenía el padre maestro en Samos, en la fuente que trajo fray Pedro de Vea, a las flores marinas, acaso Leyagore o Melite, las dulces... Si la fuente ésta, en vez de ser gracia barroca, fuese invención medieval, de los días de las famosas peregrinaciones, ¡qué de leyendas no hubiesen podido surgir en el camino! Y no sería la menor la que contase que las cuatro marinas, habiendo dejado la claridad del mar greco-latino por venir, orillas del Tenebroso arriba, a peregrinar a Santiago remontando Ulla y Sar en un abril—, se habían retirado al regreso, por otros ríos subiendo, hasta este rincón, por el Miño al Neira, por el Neira al Samos. Y aquí hicieron largos ayunos y penitencias, que un monje puso en un códice miniado con pluma de ganso. Me detengo un rato largo rato contemplando las fabulosas oceánidas, y echo de menos, en el tranquilo patio, el canto del agua. ¡Dichosa sequía! Sólo hay una hora de agua al día, pero para los monjes, que no para la boca de estas damas griegas de larga cola. Y echo de menos las suaves, femeninas voces...

Álvaro Cunqueiro, «A visperas en Samos» (fragmento), en El pasajero en Galicia, Tusquets, 1989

jueves, 30 de abril de 2020

Enamorado (confinados 3)

El castillo de Arjonilla con el torreón de Macías, antes de su reconstrucción, fuente: blog Historia de Arjonilla
Prisionero, anterior entrada del blog

Cativo de miña tristura,
ya todos prenden espanto
y preguntan qué ventura
foi que me tormenta tanto.
Mais non sei no mundo amigo
que mais de meu quebranto
diga de esto que vos digo:

Quen ben see nunca debía
al pensar que faz’ folía.

Cuidé sobir en alteza
por cobrar mayor estado,
y caí en tal pobresa
que moiro desamparado
con pesar y con deseio,
¿qué vos direi, malfadado?
Lo que yo he ben obeio.

Cando o loco quer mais alto
sobir prende mayor salto.

Pero que probé sandece
porque me deba pesar,
miña locura así crece
que moiro por en tornar;
pero máis non averéi
si no ver y deseiar,
y por én así diréi:

Quen en cárcel sol’ biver
en cárcel deseia morer.

Miña ventura en demanda
me puso atán dubdada,
que mi corazón me manda
que seia sempre negada,
por máis no saberan
de miña coita lazdrada
y por én así dirán:

Can rabioso y cosa brava
de su señor sé que trava.

Macías el Enamorado, «Cantiga de Macías para su amiga», Antología del Cancionero de Baena, 89 (ed. Jesús L. Serrano Reyes, Baena, 2000)

lunes, 27 de abril de 2020

Cacerolada

Gama de productos Línea Teja de la fábrica Esmaltaciones La Estrella, Logroño
     Aquí llegaban de su plática, y el auditorio, que se componía, además del abad de Naya, del de Boán y del señorito de Limioso, guardaba el silencio de la humillación y la derrota. De repente un espantoso estruendo, formado por los más discordantes y fieros ruidos que pueden desgarrar el tímpano humano, asordó la estancia. Sartenes rascadas con tenedores y cucharas de hierro; tiestos de cocina tocados como címbalos; cacerolas, dentro de las cuales se agitaba en vertiginoso remolino un molinillo de batir chocolate; peroles de cobre en que tañían broncas campanadas fuertes manos de almirez; latas atadas a un cordel y arrastradas por el suelo; trébedes repicados con varillas de hierro, y, por cima de todo, la lúgubre y ronca voz del cuerno, y la horrenda vociferación de muchas gargantas humanas, con esa cavernosidad que comunica a la laringe el exceso de vino en el estómago. Realmente acababan los bienaventurados músicos de agotar una redonda corambre, que en la Casa Consistorial les había brindado la munificencia del secretario. Por entonces aún ignoraban los electores campesinos ciertos refinamientos, y no sabían pedir del vino que hierve y hace espuma, como algunos años después, contentándose con buen tinto empecinado del Borde. Al través de las vidrieras de Barbacana penetraba, junto con el sonido de los hórridos instrumentos y descompasada gritería, vaho vinoso, el olor tabernario de aquella patulea, ebria de algo más que del triunfo. El arcipreste se enderezaba los espejuelos; su rostro congestionado revelaba inquietud. El cura de Boán fruncía el cano entrecejo. Don Eugenio se inclinaba a echarlo todo a broma. El señorito de Limioso, resuelto y tranquilo, se aproximó a la ventana, alzó un visillo y miró.
     La cencerrada proseguía, implacable, frenética, azotando y arañando el aire como una multitud de gatos en celo el tejado donde pelean; súbitamente, de entre el alboroto grotesco se destacó un clamor que en España siempre tiene mucho de trágico: un muera.

Emilia Pardo Bazán, Los pazos de Ulloa, Tomo II, Capítulo XXVI (fragmento)

martes, 23 de julio de 2019

Establecimientos 16

Cervecería Versalles, rua dos Ferradores, Betanzos
Foto: Xavier de Paz, 15.07.19
Under the greenwood tree
Who loves to lie with me,
And turn his merry note
Unto the sweet bird's throat,
Come hither, come hither, come hither:
Here shall he see
No enemy
But winter and rough weather.

Who doth ambition shun,
And loves to live i' the sun,
Seeking the food he eats,
And pleas'd with what he gets,
Come hither, come hither, come hither:
Here shall he see
No enemy
But winter and rough weather.


Bajo el árbol del bosque
quien quiera descansar conmigo,
y ascienda su alegre nota
hasta la garganta del dulce pájaro:
«Ven aquí, ven aquí, ven aquí»;
aquí no encontrará
ningún enemigo,
salvo el invierno y el áspero clima.

Quien evita la ambición
y ama vivir bajo el sol,
buscando el alimento que come
y agradecido con lo que obtiene:
«Ven aquí, ven aquí, ven aquí»;
aquí no encontrará
ningún enemigo,
salvo el invierno y el áspero clima.

William Shakespeare,
«Under the Greenwood Tree» (canción),
As You Like It (Como gustéis)
(trad.: Antonio Erena)