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miércoles, 4 de marzo de 2026

Ayer y hoy 44

"Estación de Torredonjimeno (Jaén) a mediados de los 80", foto: José Manuel García, en El Ferrocarril en Andalucía, página de Facebook, 29.01.26
La antigua estación de Torredonjimeno, hoy, foto: Antonio Erena, 03.03.26
"Camino Natural Vía Verde del Aceite", en Vías Verdes, página web de la Fundación de los Ferrocarriles Españoles

jueves, 27 de noviembre de 2025

martes, 17 de diciembre de 2024

Coches 31

Kia Stonic, San Cebrián de Mazote, Valladolid, foto: Antonio Erena, 29.08.24
Chirrían unas manivelas que rastrillan platos. Una rueda pinchada desequilibra la estructura. Hay piedras, cemento, cristales rotos y hasta objetos punzantes. Todos desatan una sobrecogedora sensación de decadencia. Los coches del artista alemán Wolf Vostell invaden el paisaje de Los Barruecos, en Cáceres, y nos trasmiten, desde su confección en torno a los años de la crisis del petróleo, una crítica de la modernidad y una invitación velada a seguir rompiéndolos. En efecto, dan ganas de continuar quebrando ventanas o rajando neumáticos, de participar en una creación que simboliza la destrucción, más allá del espacio que ocupan. Pienso en Vostell al contemplar las fotografías posteriores a la dana; hipnóticamente, he reiterado esa mirada al dique infranqueable que conformaron tantos coches apilados que nadie pudo circular, durante días, por algunas calles valencianas. Un amasijo de acero y plástico salpicado de vidrios hechos añicos bloqueaba el paso y escondía, en el peor de los casos, vidas dentro. Algunas personas fallecieron en sus coches, creyéndolos un lugar impenetrable por el agua que acabaría tragándoselos. Otras descendieron a los garajes para protegerlos de una inundación segura —el coche como el bien más preciado—, sin atender a la trampa mortal que se cernía sobre ellos.

Epítome del avance social transformado en ataúd, frontera entre zonas urbanas y tiempos, quizá se encuentre mutando nuestra noción de la máquina todopoderosa, más cercana, en el transcurso de estas inundaciones, al veneno que al antídoto. Afirmaba Marinetti en el manifiesto futurista que un “coche que ruge es más bello que la Victoria de Samotracia”. A lo largo de la primera mitad del siglo XX, buena parte del arte —especialmente las vanguardias— abrazaron la técnica y el fervor fósil como señales de progreso infinito comandado por el hombre. Elocuente es el manifiesto porque prioriza ese motor rugiente frente a la mismísima cultura griega, presunta cuna de la civilización occidental, pero no fue el único que lo reivindicó, asociado a valores como la libertad e independencia. El fascismo incorporó la innovación tecnológica y la velocidad en su ideario, y cuenta la leyenda que fue Mussolini quien impulsó la fabricación del Fiat Topolino para la clase obrera. Cuando ese coche llegó a España no tardó en causar furor, aunque, como explicó Carmen Martín Gaite, el término pasó a utilizarse para referirse a unos zapatos y las “niñas topolino”, ciertamente esnobs, se convirtieron en mujeres sospechosas de desafiar tímidamente el oscurantismo machista del franquismo. Para cuando apareció el Seat 600, ya se había establecido una correlación que aún perdura en nuestros imaginarios: a mayor consumismo —en cuyo seno destacan los rugidos a gasolina—, mayor percepción de libertad, a pesar de que no se sepa muy bien para qué (si la “libertad” consiste en conducir al trabajo, por ejemplo, habría que cuestionar las condiciones laborales y la mera transacción económica con nuestros cuerpos, no tanto el método de desplazamiento).

Han transcurrido varias décadas desde que aquellos vehículos se deslizasen entre las entrañas del deseo y, a decir de Pasolini, neutralizasen la diversidad cultural e ideológica para provocar una identificación totalizadora con los ideales de la clase dominante. No es casualidad que, desde la institucionalidad franquista, se atribuyese al Seat 600 la capacidad de “acabar con la amenaza comunista”; sin embargo, junto a sus habilidades políticamente desmovilizadoras, el coche-hijo del paradigma único fosilista actual, ha contribuido a modificar significativamente los patrones climáticos y ha moldeado nuestras subjetividades según sus humaredas y volantazos. La reconfiguración del espacio urbano en torno a los aparcamientos y las carreteras, de los centros de trabajo o los lugares residenciales en ciudades cada vez más dispersas, la asimilación de la rapidez o el individualismo… todo ello está relacionado con un encumbramiento del coche que ha fomentado una suerte de orfandad en la mera concepción de otros mundos posibles. No importa que, en la Unión Europea, mueran cada año cientos de miles de personas debido a la contaminación atmosférica —la cual alimenta el vehículo privado—, o que, cada año, nos estallen en las manos nuevos récords de temperatura o extinción de la biodiversidad, el coche renace de entre las cenizas, ineluctable y soberbio.

Así que tal vez vaya siendo hora de arrinconarlo y, encasquetado en su propia mole inservible, condenarlo al desguace de la historia. Permitiría nuevas posibilidades, pensar distintas formas de movilidad —o de estatismo casero—, aunando la conversación cartográfica a la configuración de la cotidianeidad: ¿se puede ir a la guardería caminando, a la oficina?, ¿cuántas horas de encierro al volante me ahorraría si las sustituyo por una apacible lectura en el tren?, ¿cuánto dinero, si comparto el vehículo? Como Vostell, podríamos desterrarlo al museo, y luego abrir alamedas, destripar el asfalto y plantar flores; que la próxima lluvia torrencial calase terrenos verdes en lugar de acelerar su pulsión de muerte sobre el asfalto. Más de un siglo de fascinación con un objeto incoherente en este contexto de emergencia climática ha sido suficiente; las fotos de Valencia, como un augurio, anuncian el destino de cuatro ruedas agonizantes.

Azahara Palomeque, «Tu coche, mi coche, nuestra catástrofe», El País, 17.12.24

lunes, 25 de noviembre de 2024

Excéntricos 35

Felicidad Blanc (Madrid, 03.02.1913 - San Sebastián, 30.10.1990) en la finca familiar de Castrillo de las Piedras, León, fuente: El Mundo, 19.09.24
Felicidad Blanc en el parque del Retiro, Madrid, foto: José Sánchez Martínez, 31.12.1976, Archivo ABC
Mi siglo fue el XIX, todavía en mi niñez se percibía su resplandor, quizás en el sonido de los cascos de los caballos o en la música triste de aquel ciego que tocaba el violín en la esquina de la calle. Por eso en mi vida todo fue un continuo volver hacia atrás, un temor de crecer, te alejarse de aquello. «Ahora voy a estudiar, pero luego soñaré un rato»: esta facilidad para el ensueño me acompañaría siempre. Me salvaría a veces.
En los años de la guerra me refugié en la literatura, convertí en héroes a los que habían escrito aquellos libros y los busqué después como el último refugio. De muy cerca viví lo que ellos eran y, salvo raras excepciones, sólo encontré desilusión.
Pero el siglo XX con su mecánica, la pasión por el dinero, la muerte de tantos ideales, me hizo comprender que nada de lo que yo era o de lo que soy tenía ya valor.
Ahora que las conversaciones se apagan y que la rapidez en aumento nos arrasa a todos, recuerdo mis ensueños de adolescente, las horas brillantes en que todo parecía tan fácil de alcanzar.
Felicidad Blanc, Espejo de sombras, Librería Editorial Argos, 1977, p. 245.

jueves, 7 de diciembre de 2023

Mondo brutto 25

El Papá Noel «más grande de España» instalado en la plaza de las Batallas de Jaén, fuente: Europa Press, 05.12.23
"Tranvía de Jaén: un parking caótico en las vías abandonadas tras una inversión pública de 120 millones", Ginés Donaire, El País, 07.10.23

Nos encontramos en diciembre, el mes en que la ciudad se enardece más y como de derecho en el desorden público; por todas partes se hace ruido y grandes preparativos como si las Saturnales fuesen otra cosa que días laborables. Existe sin embargo alguna diferencia, y paréceme que la señaló bien el que dijo que diciembre duraba antes un mes y ahora dura todo el año. Si te tuviese aquí, con mucho gusto convendría contigo lo que debemos hacer; si habíamos de vivir como de ordinario, ó si, para no aparecer como enemigos de la costumbre, dejaríamos la toga y nos regocijaríamos como los demás. Porque ahora cambiamos de ropa en los días de diversión de la misma manera que se hacía antes cuando la república se encontraba contristada y conmovida. Si te conozco bien, obrarás como amigable componedor, que no quiere mostrarse en estos momentos ni enteramente conforme ni enteramente contrario al vulgo; á no ser quizá que debamos contenernos y privarnos de los placeres en la época en que todo el mundo se lanza á ellos. Nunca puede conocer tan bien su firmeza el espíritu como cuando nada encuentra que pueda arrastrarle ni inclinarle á la disolución. Necesaria es en verdad mucha fortaleza para permanecer seco y sobrio ante un pueblo ebrio y vomitando; así es que ha de tenerse grande temperancia para hacer lo mismo que los demás, pero de manera más decorosa, sin distinguirse ni ocultarse, ni mezclarse tampoco con toda clase de personas; porque puede festejarse el día sin traspasar los justos límites. Por lo demás, tanto deseo probar la firmeza de tu alma, que te aconsejo, según el precepto de grandes personajes, dediques algunos días en los cuales, contento con poca y malísima comida y miserablemente vestido, puedas decir: «¿Es esto lo que tanto temía?» Conveniente es prepararse en la tranquilidad para las cosas más desagradables, y durante los favores de la fortuna disponerse para sus injurias. El soldado, durante la paz, se ejercita en la carrera, lanza el dardo y se fatiga en trabajos inútiles para poder atender á lo necesario. Para no estremecerse en la ocasión, es indispensable ejercitarse de antemano. Esto han hecho muchas personas importantes, que se han sometido á la escasez y pobreza voluntaria durante algunos días y aun meses, á fin de que nunca les sorprendiera lo que con tanta frecuencia habían practicado. No creas que pretendo obligarte solamente á que no comas bien, te alojes como los pobres y adoptes las falsas abstinencias que los ricos han inventado para curar su tedio; pretendo que no tengas mas que un jergón, un saco burdo y sórdido y duro pan: hazlo así tres ó cuatro días y algunas veces más, con objeto de que no sea esto un juego sino verdadera prueba. No puedes figurarte, querido Lucilio, cuan contento estarás cuando veas que por dos óbolos quedas saciado y que no necesitas los socorros de la fortuna, puesto que, á pesar de irritarse en contra tuya, no puede privarte de lo necesario. Pero no te figures entonces que has hecho algo extraordinario; porque no habrás realizado nada que muchos millares de esclavos y muchos millares de pobres no hagan todos los días. Solamente debes congratularte por haberlo hecho sin verte obligado á ello, y siempre te será tan fácil soportar todo esto como ensayarlo algunas veces. Ejercitémonos, pues, y para que la fortuna no nos coja de improviso, hagámonos familiar la pobreza. Seremos ricos con menos temor cuando sepamos que no es mal tan grande ser pobre. Epicuro, aquel gran maestro de la voluptuosidad, tenía días en que no se alimentaba más que á medias, para ver si esto podía disminuir la grande y perfecta voluptuosidad que buscaba, para apreciar cuánto disminuía y si merecía aquello atormentarse mucho: así lo dice en aquellas Epístolas que escribió á Polyceno, siendo magistrado Carino. En estas epístolas se alaba «de alimentarse con menos de un as, y que Metrodoro, que aun no era tan sobrio, lo gastaba entero.» ¿Podrás creer que con tales comidas puede satisfacerse el apetito? Pues existe en ellas hasta voluptuosidad; no aquella voluptuosidad ligera y fugaz que necesita se la mantenga, sino satisfacción sólida y asegurada. No es cosa agradable beber agua y comer polenta ó pan de cebada; pero satisfacción suma es contentarse con él y haberse reducido á cosas que la fortuna más adversa no puede arrebatar. A los criminales destinados al último suplicio se les alimenta mejor y con más esplendidez en la prisión. Pero ¡cuánta grandeza de alma existe en abrazar voluntariamente lo que ni siquiera se soportaría estando reducidos á la más desgraciada extremidad! Esto es embotar los dardos de la fortuna. Empieza, pues, querido Lucilio, á seguir tan laudable costumbre, y elige algunos días para retirarte y familiarizarte con la indigencia; empieza á tener comercio con la pobreza.

«Atrévete á despreciar las riquezas para ser digno de Dios.»

Solamente es digno de Dios el que desprecia las riquezas. No te prohíbo que las poseas, pero quiero que las poseas sin inquietud; lo cual conseguirás si te persuades de que no dejarás de vivir dichoso sin ellas y si las consideras siempre como próximas á perderse.

Pero ya es tiempo de terminar. —Primero paga lo que debes —dirás tú. Te remitiré á Epicuro, y él será quien pague. «El exceso de la cólera engendra la locura.» Debes saber cuan verdadera es esta sentencia, puesto que tienes criados y enemigos. Porque esta pasión, que así procede del amor como del odio, se exacerba contra toda clase de personas, lo mismo en medio de las diversiones que de las ocupaciones graves, por esta razón no debe atenderse tanto á la importancia de la causa que la produce como á la disposición del espíritu que la experimenta; de la misma manera que importa poco que el fuego sea grande, y sí mucho la materia sobre que cae, porque existen cosas tan sólidas que son impenetrables al fuego más activo, y otras, por el contrario, son tan inflamables, que basta una chispa para levantar inmensa hoguera. Así te digo, querido Lucilio, que el término de la cólera excesiva es el furor; es, pues, indispensable evitarla, no solamente atendiendo á la moderación, sino también para conservar la mente sana. Adiós.

Séneca, «Epístola XVIII. De los regocijos del sabio», Epístolas morales, trad. Francisco Navarro y Calvo, Luis Navarro, editor, Madrid, 1884, págs. 50-54.

jueves, 9 de marzo de 2023

Establecimientos 21

Pizzería Vesubio, calle Hortaleza, Madrid, foto: Antonio Erena, 14.02.23

Bar Scania, Avda. de la Paz, Torredonjimeno, foto: Antonio Erena, 8.03.23

martes, 7 de marzo de 2023

Pasajes 7

Pasaje de comunicación entre las líneas 5 y 9 del metro, estación Núñez de Balboa, Madrid, foto: Antonio Erena, 1.03.23

jueves, 10 de noviembre de 2022